Este sitio es dos cosas a la vez: un grupo vivo, que se reúne cada semana en Valencia, y el archivo de un movimiento que lleva más de ciento veinte años. Eso significa muchos artículos, y ninguna manera obvia de saber por dónde entrar. Esta página es esa manera.
Si solo tienes cinco minutos
Empieza por qué es el esperanto y por dónde estamos ahora: Kafo-Kunveno, el café en esperanto de cada miércoles por la mañana en la Estación del Norte. Si quieres venir no hace falta saber el idioma, ni avisar con tiempo; si lo que buscas es el encuentro del jueves por la tarde, escríbenos y te lo confirmamos.
Si tienes preguntas
Las que nos hacen una y otra vez —si es una lengua artificial, cuánta gente lo habla, si el inglés no lo hace inútil, si ha fracasado, quién manda— están contestadas en preguntas frecuentes, con la respuesta honesta y no la entusiasta: cuando algo no se puede demostrar, lo decimos.
Y si lo que te frena es una palabra —diglosia, fina venko, krokodili, una sigla como KER o HEF—, el glosario las explica en dos o tres líneas cada una, con la fuente y el artículo donde se cuenta más.
La página gemela mira hacia dentro: «Esperanto: sí, pero…» repasa las afirmaciones que usamos nosotros —dieciséis reglas, dos millones de hablantes, diez veces más fácil, ayuda a aprender lenguas, trae la paz— y dice, de cada una, qué hay de cierto y qué hay que matizar, con la fuente al lado. No es una página contra el esperanto: es una revisión de la propaganda esperantista hecha desde dentro.
Una de ellas tiene artículo aparte, porque la respuesta es más larga y menos cómoda de lo que parece: ¿el esperanto ayuda a aprender otros idiomas? Setenta años de estudios, leídos en lugar de citados, y lo que queda no es que haga ir más rápido, sino que iguala al grupo.
Hay otra en la misma situación: si el esperanto vendría a sustituir las lenguas de cada uno. La respuesta corta es que no, porque la propuesta es funcionar como «lengua internacional auxiliar»; «Auxiliar»: la palabra que Zamenhof casi no usaba muestra que ese adjetivo garantiza menos de lo que parece. Casi no es de Zamenhof —aparece una sola vez en toda la Originala Verkaro—, lo definió un círculo salido del congreso de matemáticos de París, y el prólogo de 1887 pedía que la lengua fuera «oficial» en los países con más de una nacionalidad.
El nombre mismo tiene historia: Un nombre «del todo ilógico» explica que «Esperanto» era el seudónimo del autor, que la lengua se llamaba Lingvo Internacia y que, en 1890, Zamenhof escribió que el nombre no tenía ninguna lógica y que, aun así, no lo cambiaría.
Una persona que vale la pena conocer entera es Claude Piron: traductor de la ONU y de la OMS, psicoterapeuta, novelista bajo el seudónimo Johan Valano y autor del libro que más se ha usado para aprender la lengua, Gerda malaperis! Claude Piron: el traductor de la ONU que escribió «Gerda malaperis!» repasa toda la obra —las novelas, La bona lingvo, la comparación de cinco soluciones al problema lingüístico con trece criterios— y se detiene en su ensayo sobre las reacciones psicológicas ante el esperanto: qué dice, qué no prueba (no es un estudio empírico, y lo escribe un partidario) y cómo llegó al español hacia 1996, por la web de una asociación obrera esperantista.
Y si lo que buscas no es la respuesta a una pregunta sino la herramienta para juzgarlas, hay dos artículos gemelos. Los argumentos sobre el esperanto, uno por uno coge quince argumentos —cinco que se usan en contra, seis a favor y cuatro que usamos igual los dos lados— y los desmonta en premisas y conclusión, para ver qué prueba cada uno y qué no. El patrón que sale es siempre el mismo: casi todos parten de una observación cierta y casi todos concluyen más de lo que ella permite. Y Por qué nos convencen hace la pregunta de detrás: por qué un argumento débil nos parece bueno. La respuesta no es que los esperantistas razonen mal, es que quien se queda es observable y quien se va desaparece de las fuentes que el movimiento produce — y los mismos mecanismos también funcionan en quien tiene decidido que todo esto es una tontería.
Si quieres picotear
Hay una página hecha para leerla a trozos: curiosidades sobre el esperanto, casi doscientas entradas agrupadas por temas —la lengua, Zamenhof, la política, la represión, los congresos, la tecnología, el género, los mitos—. No es una lista de anécdotas simpáticas: cada sección termina diciendo de dónde sale lo que afirma, y cuando algo no se ha podido comprobar también lo dice.
La historia larga
El grupo se fundó en 1903 y la sociedad española nació con él. Todo eso, con las fuentes al lado de cada fecha, está en la historia del esperanto en Valencia: la visita de Zamenhof en 1909, la cátedra universitaria de 1918, la calle que lleva su nombre desde 1934 —y la lápida de 1923 que es todavía más antigua—, la persecución, los quince años en que la Federación Española tuvo la sede aquí y los congresos organizados desde aquí.
De cuando la sede estaba aquí es también la riada de 1957, contada por los esperantistas que la sufrieron, con la colecta que el movimiento hizo para los socios damnificados; y sesenta y siete años después, en la DANA de 2024, el grupo volvió a contarse, esta vez por WhatsApp.
Cómo volvió el movimiento después de la guerra en el resto de España —Zaragoza, Manresa, Bilbao, La Laguna, Gijón, y Zamora, donde no volvió— lo contamos ciudad por ciudad, y por qué la rama que sobrevivió fue la católica, en ¿Por qué había tantos católicos en el esperantismo español de posguerra?.
Lo más grande que ha hecho el grupo es de 1993: el 78.º Congreso Universal de Esperanto, 1.863 inscritos de 65 países en el Palau de la Música, organizado por cuarenta voluntarios que lo consiguieron todo pidiéndolo. El artículo cuenta también las dos cosas que no salen en los álbumes: los visados que las embajadas españolas negaron a los congresistas del Este y de África —el presidente del comité lo denunció en la prensa— y la cuota que, según el comité local, dejó fuera a la mitad de los que iban a venir.
De la época en que el movimiento era una potencia local salen historias que no caben en una cronología: cuando se quemó el Museo de Historia Natural de la Universidad, en 1932, las vitrinas se volvieron a llenar con material que llegó de Ginebra, Zúrich, París y Londres porque alguien había escrito cartas en esperanto. Y los congresos de aquellos años tenían misa en esperanto y elección de «Fraŭlino Esperanto» en el programa oficial. De la relación entre la lengua y las religiones sale un caso que casi nadie cuenta entero: una fe que recomienda el esperanto desde 1911 y que nunca lo ha adoptado.
Y la red sirvió para algo más que para congresos. En 1920, acabada la Primera Guerra Mundial, los esperantistas trajeron a España a centenares de niños austriacos que pasaban hambre, y quien lo organizó en todo el territorio valenciano era un labrador de Cheste. Todo empieza con una carta llegada de Graz que publicó El Pueblo, y acaba con los catorce niños que vivieron en el pueblo y las trece casas que los pidieron —dos de ellas exigiendo por escrito que el niño no fuera católico.
Y una pregunta que atraviesa todo el archivo: cómo es que algo de esto se ha conservado. El boticario que quería guardarlo todo cuenta cómo tres coleccionistas de Sant Pau d’Ordal, Moià y Budapest dedicaron cuarenta años a catalogar las 14.143 publicaciones periódicas que ha tenido el esperanto, y qué acabó pasando con el museo que guardaba una parte de ellas.
Y el esperanto no fue solo cosa de particulares: hubo un Estado que lo convirtió en canal oficial. El esperanto en la comunicación exterior de China cuenta cómo Pekín sostuvo durante medio siglo una revista, una radio y una red de distribución en esperanto —en 1979 imprimía 11.000 ejemplares y 10.000 salían del país—, y por qué un Estado decidió que una comunidad tan pequeña merecía infraestructura propia.
Todo el material histórico incorporado a posteriori está recogido en la categoría Historia y en la etiqueta historia.
Las personas
Los nombres, con fechas y fuentes, están en Biografías —el fichero del grupo, que crece cada mes—. Seis tienen biografía propia, con todas las fuentes: Arquímedes Ballester, el restaurador que llevó el esperanto a Alcoy; Enric Baltasar, el único valenciano que ha presidido TEJO; Augusto Casquero; Dennis Keefe, Esperantista del Año 2011; Félix Navarro, el maestro que enseñaba esperanto a sus alumnos, y Darío Rodríguez López de Silva, que desde Madrid conectaba el grupo con el mundo y defendió hasta el final la entrada de la KEA en la UEA. Y en Efemérides, lo que pasó cada día del año, con el nacimiento de cada persona y el artículo que habla de ello. En el Índice de nombres, toda la gente que aparece a menudo en la web, también la de fuera del grupo, con los artículos donde sale. Para leer otro: Aŭgusto Casquero, que murió en 2023 después de medio siglo enseñando esperanto; Pascual Pont Martínez, que vio en él una herramienta para pensar el mundo; o Jau «el Holandés», poeta y músico, que presentó su poemario Las camelias del amanecer en una entrevista de radio un año antes de morir. Alicia Ballester cuenta cómo era el Liceo de Madrid antes de que ella y Casquero vinieran a Valencia: cuatro locales, clases cada día en tres turnos y un coro que cantaba habaneras en esperanto.
Y todavía hay huecos: seis fotografías de los años sesenta esperan que alguien ponga nombre a los jóvenes que aparecen en ellas.
Y antes de todo eso, la lengua que ganó primero: el Volapük tenía clubes, revistas y congresos cuando el esperanto todavía no existía, y se deshizo en una década discutiendo una pregunta que su creador no quería responder: de quién es una lengua cuando ya tiene hablantes. Esa pregunta le tocó al esperanto tres veces, y los tres artículos se leen como una serie: la reforma de 1894, que Zamenhof propuso y sus lectores rechazaron por votación; la escisión de Ido en 1907, cuando una comisión internacional dictaminó que el esperanto era la mejor base pero había que enmendarlo; y quién gobierna el esperanto, que cuenta cómo se construyó la Akademio y por qué su autor renunció a mandar en ella. La serie se cierra con quien pagó el precio de aquella estabilidad: Kabe, el mejor prosista de la primera generación, que dejó el esperanto sin explicaciones y le regaló un verbo a la lengua —y qué le encontraba mal, reconstruido a partir de los textos que dejó. Y como Kabe no fue un caso aislado, por qué la gente se va reúne un siglo de gente del movimiento explicando por qué se marchaba —de Lanti en 1922 a Camacho en 2013—, y encuentra que casi nadie dejaba la lengua: dejaban el movimiento. De ese siglo, el caso mejor escrito tiene artículo propio: la lengua zombi sigue veinte años de Jorge Camacho —uno de los mejores poetas de la lengua— desmontando el esperantismo desde dentro sin llegar a marcharse nunca. La pelea, sin embargo, viene de mucho antes: la estrella, la bandera y el melón recupera la polémica que el boletín de la Federación acogió en 1993 —el propio Camacho pidiendo que se jubilara la estrella verde, y el presidente de la Kultura Asocio Esperantista contestándole— y, de paso, encuentra que de dónde sale la estrella verde no lo sabe nadie: la carta en que Zamenhof lo explica empieza diciendo que ya no se acuerda.
La misma pregunta —quién tiene autoridad para fijar una lengua— no es exclusiva de las lenguas planificadas, y aquí la tenemos en casa: dos academias y una lengua explica por qué el valenciano tiene dos normativas, cuál de las dos obliga a la Administración, qué separa realmente las Normas del Puig de las de Castellón y qué cuesta mantener dos a la vez. Es el caso más cercano que tenemos de lo que el esperanto discutía en 1894 y en 1907, pero con leyes, escuelas y presupuestos de por medio.
Y dos nombres de fuera del grupo, que se leen mejor juntos: Białystok, la ciudad de cuatro lenguas y cuatro comunidades donde creció Zamenhof y que él mismo señaló como el origen del esperanto, y sus tres hijos —Adam, Zofia y Lidia—, asesinados entre 1940 y 1942 sin que ninguno llegara al final de la guerra. Nuestro boletín ya contaba esto último en un párrafo en 1983; el artículo lo cuenta de nuevo con las fuentes comprobadas y con los puntos en los que no acaban de coincidir. De la Varsovia en la que vivían queda una voz de aquellos días: los últimos 54 segundos de Polskie Radio, el último comunicado de la radio polaca antes de la ocupación, el 30 de septiembre de 1939. Y entre ambas cosas hay una tercera que casi nunca se cuenta: antes del esperanto, Zamenhof fue activista del primer sionismo y propuso una patria judía a orillas del Misisipi; después intentó dos veces darle al movimiento una doctrina moral, y las dos se la rechazaron.
Las mujeres que el movimiento no contaba
Durante casi treinta años, el esperantismo español dio una medalla anual a la esposa de un esperantista destacado —no por mérito propio, sino por haberlo secundado a él— y el premio nació, precisamente, el Año Internacional de la Mujer. Otro artículo cuenta la historia de Femina, la única revista feminista que existió en esperanto, y por qué el grupo no llegó a comprarla.
De ese mismo mundo sale ri, el pronombre sin marca de género que una revista feminista hecha desde la oficina central de la UEA puso en circulación entre 1979 y 1986. El artículo lo cuenta entero: quién lo propuso, qué decían las que estaban en contra —que también eran feministas— y cómo se usa hoy.
Esa revista era Sekso kaj Egaleco, y ahora la tenemos entera: los dieciocho ejemplares transcritos, de 1979 a 1988, con el texto buscable junto al facsímil de cada número.
Y antes de todo eso estuvo Maria Julivert, la profesora de esperanto de El Vendrell que en los años diez y veinte escribía en la prensa, con nombre y apellido, sobre el esperanto, la paz y la igualdad de las mujeres. Murió pobre y olvidada en 1968; la charla de Gisela Alcón Vidal en el congreso catalán de 2026, que el artículo trae en vídeo, cuenta cómo se ha recuperado su memoria.
Bajo el franquismo
El esperantismo fue una red internacional que atravesaba fronteras cuando las fronteras estaban cerradas, y sabía perfectamente dónde estaban los límites. El caso más claro es el de Jean Pelletier, un francés que venía a menudo a Valencia y que en 1937 había publicado un libro sobre los seis meses que pasó en una prisión de Franco: lo recibían en el movimiento, pero en casa preferían no tenerlo.
Quien presidía esa red desde Valencia era el médico Rafael Herrero: treinta años dando cursos y ocho presidiendo la Federación Española, que tuvo la sede aquí hasta que en 1963 se fue a Zaragoza porque en Valencia no se encontró sucesor.
El mecanismo —una comunidad pequeña que se queda sin sus espacios y que años después vuelve a organizarse como puede— no fue solo de aquí. En Chile, los cursos de esperanto de la universidad duraron hasta septiembre de 1973, y el profesor que los daba, Daniel Zanelli, acabó en la nómina oficial de víctimas de la dictadura.
El grupo de ahora
Los cafés semanales, la sede y su reforma, las comidas, el Día del Esperanto cada 26 de julio, el Esperanto-Plaĝo y los congresos —el de Cullera en 2015 se llenó de jóvenes, y el de Cheste en 2024 lo organizó un comité local de socios del grupo y de Lum Radio— están todos en la categoría Actividades. La relación con la Universitat de València tiene capítulo propio, desde la cátedra de 1918 hasta la portada de www.uv.es en esperanto entre 1997 y 2000.
El esperanto y los movimientos sociales
Hay una parte de nuestra historia que no pasa ni por las aulas ni por los congresos, sino por los sindicatos y por los centros sociales. Viene de lejos: en los años treinta, el impresor Luis Hernández Lahuerta presidía en Valencia el congreso de SAT, la asociación del esperantismo obrero, y durante la guerra hizo Popola Fronto, el boletín en esperanto del bando republicano. En 2008 fue la CGT de Valencia quien pidió un curso de esperanto para su biblioteca libertaria —lo pidió el sindicato, no la asociación—. Entre 2006 y 2010 el grupo montó parada en la Feria Alternativa de Valencia, y el 5 de junio de 2010 hizo allí una mesa redonda que Ràdio Malva grabó y que aquí está transcrita. Y el 9 de noviembre de 2010, la presentación de la historia del esperanto en los Països Catalans en el Centre Octubre recibió amenazas que movieron a un sindicato a pedir asistencia: el acto se celebró con la sala llena, y la crónica que publicó el movimiento no dijo nada de ellas.
Cómo funciona una asociación
Dos artículos sobre algo de lo que casi no se escribe: si el voluntariado que sostiene una entidad como esta es sostenible para quien lo hace. Un voluntariado sostenible parte del tema del congreso universal de Graz de 2026 y de nuestro boletín —que en 1971 ya daba por hecho que los organizadores de congresos acaban exhaustos— y termina con diecinueve pautas. Quién tiene las llaves es la parte práctica: la cadena de trámites que va del acta al banco, una plantilla de inventario y qué hacer cuando compartir una contraseña es inevitable, y el calendario de obligaciones que nadie debería guardar en la cabeza. Y El informe que se escribe todo el año propone que el trabajo de documentar el año no se acumule en la semana de la asamblea.
Y dos artículos sobre las entidades que hemos tenido además del grupo: la Federación Valenciana de Esperanto, fundada en Alicante en 1989, que tuvo el congreso anual como actividad casi única hasta que dejó de convocarse, y la Asociación Valenciana de Esperanto, inscrita en Oliva en 2013 y rota seis semanas después por un desacuerdo que es el de siempre: si una asociación de esperanto debe llevar, además, un compromiso político.
De aquella federación sale una historia que no se parece a nada: en 1990, un directivo suyo, presidente de la asociación de Murcia, acordó con una organización de Moscú una sociedad mixta para comerciar con el bloque del Este en esperanto —vídeos turísticos para la televisión rusa, tiendas de ropa en la Alemania del Este, exportación de fruta—. Y si lo que quieres es entender por dentro una semana de congreso, Cómo es por dentro un congreso juvenil de esperanto desmonta el programa, las asambleas y la gufujo con una crónica valenciana de 1982 junto al programa de 2026.
Cuántos somos
La pregunta que más nos hacen, y la que menos respuesta tiene: ¿cuánta gente habla realmente esperanto? Repasamos de dónde salen los famosos dos millones —de un redondeo que Sidney Culbert hizo en 1988 y que él mismo decía que podía ser el doble—, qué han dado los demás intentos de contarnos, y qué dimensión tienen los indicadores que sí se pueden contar: congresos, socios de UEA, Pasporta Servo, certificados y editores de la Wikipedia. A partir de ahí proponemos algo: contarnos de verdad, con Pasporta Servo. Y, de propina, la papeleta de 1887 con la que Zamenhof intentó reunir diez millones de promesas.
Antes de contar, eso sí, conviene saber qué contamos: ¿esperantista, esperantófono o hablante de esperanto? muestra que la misma palabra designa a quien habla la lengua, a quien la defiende y a quien solo paga la cuota —también en las biografías de este archivo—, y las mil maneras de ser esperantista recorre los perfiles que caben bajo la etiqueta. Y el salto del perfil individual al colectivo también tiene nombre: ¿esperantismo sin esperantofonía? reúne medio siglo de boletines diagnosticando grupos que defienden la lengua sin hablarla, y mira qué se puede medir de verdad. El caso extremo viene de fuera: en 1968 una plataforma frente a Rímini hizo oficial el esperanto sin tener ningún hablante.
Una cosa es contar hablantes y otra contar organizaciones, y ahí la diferencia entre preguntar y comprobar se ve con claridad: cuando TEJO —la organización mundial de la juventud esperantista— dejó de preguntar a sus secciones nacionales si estaban activas y las puntuó por señales comprobables, de treinta y una no quedó ninguna activa. Tres años después, el recuento de 2016, firmado por un valenciano, proponía dar de baja trece países de la lista. Y si lo que se mira es quién cuenta como joven, el límite de edad de TEJO ha pasado de 25 o 26 años a 35 en tres décadas, cada vez después de una caída de socios.
Y si la pregunta es si el movimiento puede pagarse, la respuesta también está publicada: el director general de UEA calculó en 2018 que, sin las rentas y las extracciones de su propio patrimonio, la asociación habría perdido dinero todos los años entre 1998 y 2016 —2.056.872,66 € de subvenciones internas en diecinueve años.
¿De dónde sale, entonces, el dinero del esperantismo? De tres sitios, y cada uno tiene aquí su artículo con las cifras. Del patrimonio heredado, que es lo que cuenta ese cálculo del déficit y que se ha ido gastando. De Bruselas: la Comisión Europea ha pagado 1.630.032 € a entidades esperantistas entre 2007 y 2024, y hoy esa subvención paga dos tercios de los sueldos de la UEA — el año que no llega, como le ha pasado a TEJO en 2026, la organización se queda sin la mitad del presupuesto. Y de las cuotas de los socios, que son la parte más pequeña y la que menos crece: qué cuesta ser socio, quién la paga y qué es el fondo que paga la cuota de quienes no pueden, lo contamos en Qué recibe un grupo local de la UEA.
En los medios
Cada vez que un periodista se ha ocupado de nosotros lo hemos guardado: radio, televisión y prensa, desde 1994 hasta ahora, en En los medios y en la etiqueta Medios. El fondo más grande es el de Radio Klara: diez programas enteros recuperados de Esperanto en la radio, que Félix Navarro Clemente presentaba desde 1986, con la transcripción completa. Del propio Navarro tenemos la entrevista que le hizo el boletín de la Federación en 1982, donde cuenta cómo llegó al esperanto siendo maestro en Sollana en 1931 y cómo lo enseñó durante cincuenta años, y su biografía completa: el coro infantil que cantaba en esperanto, el método que se fabricó él mismo y las partituras que copiaba a mano para el boletín.
Aprenderlo
Si lo que quieres es el idioma, la puerta es Aprende esperanto, y los materiales de nuestro curso desde cero son gratuitos. Hay también una lista de los mejores recursos en línea según quien los usa y, cada año, becas para estudiarlo en la UNED. Si lo que buscas es una clase con profesor, la lista de cursos de esperanto recoge los que están abiertos ahora mismo, en línea y presenciales, aquí y fuera. Y para practicarlo, «Dónde hablar esperanto» reúne los grupos, las listas de correo y las redes donde se habla, de aquí y de todo el mundo. Toda la docencia que hemos impartido —desde las clases de Caplliure en el Instituto de Idiomas de la Universidad, en los años treinta, hasta el curso de Cheste de este martes— está reunida en «La docencia del grupo», con el curso de 1998 en la Facultad de Filología, el primero de España con valor académico oficial. Los anuncios sueltos, en la etiqueta curso. De uno de aquellos cursos ha quedado un documento excepcional: Zodiako, la revista que los alumnos de la Universidad Laboral de Cheste mecanografiaron en esperanto en 1978, con una encuesta donde contestan ellos mismos qué les parece la lengua que están aprendiendo. Y si quieres acreditar el nivel, se puede certificar el esperanto de B1 a C2: qué exámenes hay, quién los expide y qué significa aquí la palabra «oficial». Y si quieres ver hasta dónde puede llegar un certificado, en Hungría fue durante veinte años la llave del título universitario.
Y si te quedas a medio camino, tampoco estarás solo: «Los eternos principiantes» explica por qué el movimiento produce tanta gente que lleva veinte años empezando —nuestro boletín ya les dedicaba una sección en los años ochenta— y qué es lo que hace pasar del primer escalón, que no es estudiar más gramática. Y si lo que buscas es contacto diario con la lengua, la Esperanta Retradio publica desde 2011 una pieza de audio de unos cinco minutos cada día con el texto entero al lado, que es exactamente lo que permite escuchar y leer a la vez cuando todavía no se entiende todo a la primera.
Antes de empezar, sin embargo, vale la pena leer lo que nadie suele decir en un folleto. Y si lo que buscas es la trampa concreta en la que caemos los que venimos del castellano y del valenciano —que medio vocabulario nos suena y por eso nos confiamos—, hay dos páginas de consulta: falsos amigos, las palabras que no significan lo que parece, y errores típicos, los calcos y los idiotismos que se nos escapan. «¿Fácil, para quién?» desmonta el eslogan de siempre: la fonética del esperanto sí es objetivamente regular —una letra, un sonido, y el acento siempre en el mismo sitio—, pero la dificultad de una lengua la hacen también la distancia respecto a la lengua que ya hablas y las ocasiones que tendrás de usarla, y eso lo explica mejor el valenciano en Valencia que cualquier gramática. Y «¿Por qué se dice martelo pero ŝraŭbilo?» enseña dónde acaba exactamente la famosa regularidad: la forma es sistemática, el significado solo en parte, y las «16 reglas» son un resumen brillante, no la lengua entera. El mismo borde se ve en los nombres de países: «¿Por qué francoj pero kanadanoj?» cuenta por qué de Kanado sale kanadano pero de franco sale Francujo, y cómo el boletín de la Federación se peleó con ello desde 1949. Y la lista de pronombres, que parece completa, también tiene su borde: «Ci, el pronombre que nació fuera del uso» cuenta por qué la lengua no distingue «tú» de «vosotros», que Zamenhof sabía que eso era una pérdida y lo escribió en 1908, y cómo el boletín de la Federación se peleó por ello entre 1987 y 1990. La discusión más larga de todas, sin embargo, fue por dos letras: «-ata o -ita» cuenta cómo una pregunta sobre los participios pasivos duró de 1932 a 1967, dividió a la Academia y acabó en votación, y qué publicó el boletín español mientras pasaba. Y si lo que te preocupa es el otro extremo —que una lengua planificada no pueda ser nunca visceral—, «Insultar en esperanto» reúne los dos diccionarios de palabrotas que tiene la lengua, el concurso de juramentos que juzgó un académico y el mecanismo con el que cualquier palabra puede degradarse.
Y si lo que haces es enseñarlo, hay una red internacional de docentes con revista propia desde 1908: «La revista pedagógica que se escribe en esperanto» cuenta qué son ILEI y su Internacia Pedagogia Revuo, cuánta gente las sostiene de verdad —690 socios en todo el mundo, 294 ejemplares en papel— y qué pinta todo eso aquí: el congreso mundial de la liga se celebró en Valencia en 1993, y su vicesecretario era un maestro de escuela pública de Callosa de Segura. Todo lo que la revista ha publicado desde 1908, artículo por artículo y con la cita hecha, está en el índice de la Internacia Pedagogia Revuo.
Los libros y la cultura
Buscamos la palabra «esperanto» en 108.009 libros y leímos los 2.912 pasajes donde aparece, uno por uno; el resultado es un catálogo consultable de las 1.423 obras que hablan de él de verdad. Las traducciones —Estellés en esperanto, entre otras— están en la categoría Cultura.
Y al revés: ¿de qué tratan los libros escritos en esperanto? Clasificamos uno por uno los 7.227 del catálogo de la UEA, y dos de cada cinco tratan del propio esperanto, dos son literatura y la ciencia no llega al 4 %.
Y hay una biblioteca de verdad. En la plaza de Maguncia —el edificio que en el barrio se conoce como «Tres Forques»— la Biblioteca Histórica y la Hemeroteca Municipal guardan 1.411 registros de esperanto: la biblioteca del movimiento esperantista valenciano, desaparecida en la guerra y reencontrada décadas después en cajas en un sótano del Ayuntamiento. La lista entera, con enlace a cada ficha del catálogo municipal, está en Catálogo: el esperanto en la plaza de Maguncia.
Nuestro boletín, de 1960 hasta hoy
Valencia Luno es la memoria del Grupo: las asambleas, los cursos, los muertos, los congresos y los chistes de sesenta años, y para tramos largos es la única fuente que habla de ello. Está entero y en texto, número a número —por épocas, y cada ejemplar se abre en un desplegable con su portada y el enlace al facsímil—. Si buscas una fecha, un nombre o una actividad concreta, ahí es donde más probablemente estará.
Y no es el único documento que alojamos entero. El libro del 47.º Congreso Español de Esperanto (Madrid, 1987) —el del centenario de la lengua— está transcrito página a página: el programa, la historia del esperantismo madrileño escrita por el Liceo, la lista de las 48 asociaciones federadas y, abriendo el volumen, el retrato oficial de Juan Carlos I como patrono de honor.
También están enteros los 77 números que la biblioteca del grupo conserva del KAE-Informilo, el boletín de la Kultura Asocio Esperantista, la asociación de esperanto de Sabadell: de 1988 a 1999 y de 2000 a 2011. El resto de colecciones, en Publicaciones.
Y a partir de aquí
Cada artículo lleva su categoría y sus etiquetas, y cada etiqueta es una lista completa: historia, Medios, investigación, curso, Cheste. Si buscas una persona o un pueblo concreto, prueba primero por la etiqueta.
Y si tienes algo que aquí falta —una fotografía, una carta, un recorte, un recuerdo—, escríbenos. Buena parte de lo que hay en estas páginas ha llegado exactamente así.
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