Volapük: la lengua internacional que triunfó antes que el esperanto — y casi desapareció

Antes del esperanto hubo otra lengua internacional que parecía destinada a triunfar. Tenía clubes en numerosos países, revistas, manuales, profesores acreditados y congresos internacionales. En 1889, sus hablantes llegaron a celebrar en París un congreso íntegramente en aquella lengua. No era el esperanto. Era el Volapük.

Los miembros de la Academia Internacional del Volapük hacia 1887, con Johann Martin Schleyer en el centro. Fotocollage conservado en el Bildarchiv Austria.
Los miembros de la Academia Internacional del Volapük hacia 1887, con Johann Martin Schleyer en el centro. Fotocollage conservado en el Bildarchiv Austria.

Y su éxito fue tan espectacular como su declive. En menos de una década pasó de ser el primer gran movimiento internacional en torno a una lengua planificada a quedar dividido por discusiones sobre gramática, vocabulario y, sobre todo, sobre una pregunta que el esperanto tendría que afrontar inmediatamente después: cuando una lengua creada por una persona ya tiene una comunidad de hablantes, ¿de quién es la lengua? El creador del Volapük, Johann Martin Schleyer, tenía una respuesta bastante clara.

Seguía siendo, en última instancia, suya. Una parte importante de los volapükistas pensaba que ya no. Aquel desacuerdo no explica por sí solo la caída del Volapük, pero contribuyó decisivamente a una fractura de la que el movimiento ya no se recuperaría. Y Zamenhof tenía el ejemplo delante de los ojos cuando empezó a decidir cómo debía gobernarse el esperanto.

Un sacerdote alemán inventa una lengua mundial

Johann Martin Schleyer nació en 1831 en el Gran Ducado de Baden, en la actual Alemania. Era sacerdote católico y tenía un interés extraordinario por las lenguas. Entre 1879 y 1880 empezó a publicar el sistema que acabaría denominando Volapük. El nombre ya muestra muy bien cómo funcionaba su vocabulario. Procede aproximadamente de dos palabras inglesas —worldvol y speakpük— unidas mediante una vocal de genitivo, vol-a-pük: literalmente, «lengua del mundo».

Pero el ejemplo también muestra uno de los problemas que posteriormente se le reprocharían. Las raíces provenían a menudo de lenguas europeas, especialmente del inglés, pero Schleyer las modificaba tanto para adaptarlas a su sistema fonológico que muchas dejaban de ser fácilmente reconocibles. world se convertía en vol; speak, en pük; brother, en blod; friend, en flen; great, en glet, y rain acabaría apareciendo como lilöm. El Volapük era, por lo tanto, una lengua a posteriori: reutilizaba material de lenguas existentes. Pero no buscaba necesariamente que una persona reconociera inmediatamente las palabras internacionales que ya conocía.

¿Por qué deformaba tanto las palabras?

Schleyer tenía sus motivos. Intentaba construir raíces cortas, fáciles de combinar y adaptadas a una fonología que consideraba internacional. También estaba obsesionado con evitar determinados sonidos que, según él, resultarían difíciles para algunos pueblos. El caso más famoso es la r. Schleyer consideraba que podía ser problemática, particularmente para los chinos, y la sustituyó muchas veces por otras consonantes.

De ahí brother → blod o friend → flen. Paradójicamente, la lengua conservaba en cambio ä, ö, ü, vocales particularmente familiares a los germanohablantes pero de ninguna manera universales. Un estudio histórico reciente sobre el Volapük señala precisamente esta contradicción: muchas decisiones que Schleyer presentaba como fonéticamente internacionales respondían más a sus propias intuiciones y preferencias que a evidencia lingüística.

Una gramática regular… pero no necesariamente simple

El Volapük era extraordinariamente sistemático. Eso no significa que fuera sencillo. Los sustantivos tenían cuatro casos:

Caso vol — mundo
nominativo vol
genitivo vola
dativo vole
acusativo voli

El plural añadía una -s: vols, volas, voles, volis. El sistema era regular y predecible. Pero los verbos podían acumular una cantidad considerable de información mediante prefijos y sufijos: persona, número, tiempo, aspecto, voz y, en determinadas formas de tercera persona, incluso el género del sujeto. Un manual de 1888 mostraba con orgullo que una sola palabra podía equivaler a toda una expresión inglesa.

Esta característica resume bien el problema. El Volapük podía ser muy regular y a la vez muy complejo. Las dos cosas no son contradictorias. Una lengua puede tener cuarenta reglas perfectamente regulares y seguir exigiendo más esfuerzo que otra que tenga veinte.

El experimento funciona

A pesar de estas dificultades, el Volapük tuvo un éxito extraordinario. En 1884 celebró su primer congreso internacional, en Friedrichshafen. En 1887, el segundo, en Múnich. Y en 1889, el tercero, en París. Los dos primeros congresos todavía utilizaron principalmente el alemán como lengua de trabajo. Pero el tercero se desarrolló en Volapük. Eso era importantísimo. Demostraba que una lengua que una persona había creado hacía solo una década podía convertirse realmente en instrumento de comunicación entre hablantes de diferentes países.

En 1889 había alrededor de 250–280 clubes, numerosas publicaciones periódicas y centenares de manuales en muchas lenguas. Un estudio académico reciente contabiliza más de mil diplomas expedidos a personas consideradas capacitadas para enseñar Volapük. Las fuentes del movimiento llegaban a hablar de centenares de miles de simpatizantes e incluso de cerca de un millón, aunque estas cifras de miembros o adherentes deben tratarse con prudencia.

Cuando Zamenhof publica el primer libro del esperanto en 1887, por lo tanto, no aparece en un desierto. El Volapük ya existía. Y estaba triunfando.

1887: el Volapük llega a la cima mientras nace el esperanto

La coincidencia cronológica es espectacular. En 1887:

  • el Volapük celebra su segundo congreso internacional;
  • crea una Academia;
  • sigue expandiéndose rápidamente;

y, al mismo tiempo:

  • Zamenhof publica en Varsovia el primer manual de su Lingvo Internacia.

El esperanto nace, por lo tanto, mientras su gran predecesor está en plena expansión. Durante algunos años los dos proyectos coexisten. De hecho, inicialmente no había ninguna razón evidente para pensar que el esperanto acabaría sobreviviendo y el Volapük se convertiría en una curiosidad histórica. Si alguien hubiera apostado en 1887 por la lengua con más posibilidades inmediatas, probablemente habría elegido Volapük.

El problema inevitable: los hablantes empiezan a tener opiniones

Pero el éxito modifica una lengua planificada. Cuando solo existe el creador, todas las decisiones son fáciles: el creador decide. Cuando aparecen miles de usuarios, entre ellos profesores, traductores y lingüistas, ocurre algo inevitable: empiezan a detectar problemas. Algunos consideraban el Volapük excesivamente complejo. Otros criticaban que las raíces internacionales quedaran tan deformadas que ya no proporcionaban la ventaja de ser reconocibles.

Otros querían modificar determinadas formas gramaticales. Y aparecía una pregunta institucional mucho más peligrosa: ¿quién tenía derecho a hacerlo?

Schleyer no consideraba que hubiera dejado de ser su lengua

Aquí encontramos una de las diferencias más importantes entre la historia del Volapük y la posterior historia del esperanto. Schleyer mantuvo un control muy fuerte sobre el movimiento. Se presentaba como Datuval, el «gran inventor», y ocupaba la posición de jefe supremo de la comunidad. Y, más importante todavía, se reservaba la última palabra sobre la lengua. La bibliografía académica describe explícitamente que conservaba derecho de veto sobre las decisiones lingüísticas. Un estudio reciente relaciona esta estructura jerárquica con su concepción católica de la autoridad: Schleyer imaginaba una comunidad internacional unificada, pero con una dirección clara y un creador situado en la cima.

Eso podía funcionar mientras la comunidad coincidía con él. El problema empezaba cuando dejaba de coincidir.

La Academia del Volapük

En el congreso de Múnich de 1887 se creó una Academia Internacional del Volapük. La idea era aparentemente muy sensata. Si la lengua ya tenía una comunidad internacional, necesitaba una institución capaz de:

  • estudiarla;
  • conservarla;
  • desarrollar su vocabulario;
  • y resolver problemas lingüísticos.

Entre las figuras más importantes de la nueva etapa apareció Auguste Kerckhoffs, lingüista y criptógrafo neerlandés establecido en Francia. Kerckhoffs era un partidario entusiasta de la lengua. Pero también pensaba que había que reformarla. Y ahí empezó una disputa que acabaría siendo existencial.

¿Cuántos votos vale el creador de una lengua?

La pregunta puede parecer cómica, pero el conflicto llegó literalmente a ese nivel. Schleyer reclamaba el derecho de veto sobre las decisiones de la Academia. Los académicos no querían aceptarlo. En un intento de compromiso, se propuso que el voto de Schleyer valiera tres veces el de un académico ordinario. Era un reconocimiento extraordinario de su condición de creador. Pero no le concedía lo que él consideraba esencial: el derecho a anular una decisión de la institución.

La mayoría de la Academia rechazó, por lo tanto, el veto que Schleyer reclamaba. Una historia contemporánea del movimiento describe el conflicto exactamente en estos términos: tres votos para el creador, sí; poder de veto, no. La diferencia era filosófica. Para Schleyer:

Yo he creado la lengua; la Academia me ayuda a administrarla.

Para los reformistas:

Tú has creado la lengua, pero ahora existe una comunidad que la habla.

Las dos concepciones no podían coexistir fácilmente.

1889: el congreso que demostró el éxito del Volapük y empezó a destruir su unidad

El tercer congreso internacional se reunió en París en agosto de 1889. Fue, en un sentido, el gran triunfo del proyecto. Las sesiones se podían desarrollar en Volapük. La lengua funcionaba. Pero políticamente el movimiento se estaba rompiendo. Kerckhoffs y otros académicos querían poder revisar vocabulario y gramática. Schleyer consideraba que estaban excediendo sus atribuciones. La disputa se había hecho pública antes incluso del congreso. Schleyer llegó a declarar inválidas anticipadamente la reunión y sus futuras decisiones y convocó por separado a los académicos que le eran fieles.

La Academia, por su parte, aprobó unos estatutos que le atribuían la función de completar y mejorar la gramática y el vocabulario. Schleyer no aceptó aquella pérdida de control. El resultado fue una escisión.

La paradoja del autor

Schleyer había conseguido algo extraordinario. Había creado una lengua. Después había creado una comunidad internacional a su alrededor. Pero precisamente el éxito provocaba una transformación que parecía difícil de aceptar: si la comunidad era real, la lengua ya no podía funcionar exactamente como una obra privada. Una novela sigue perteneciendo a su autor aunque la lean un millón de personas.

Una lengua funciona de otra manera. En el momento en que miles de personas empiezan a utilizarla para crear frases que el fundador nunca había imaginado, aparece una tensión inevitable entre autoría y propiedad social. El Volapük fue probablemente la primera lengua planificada que experimentó este problema a gran escala. El problema no es exclusivo de las lenguas. Un siglo después, el software se encontró con la misma pregunta —de quién es una obra que una comunidad entera usa, modifica y mantiene— y le dio la respuesta contraria a la de Schleyer: licencias que autorizan expresamente a cualquiera a estudiarla, cambiarla y redistribuirla. La comparación entre el software libre y el esperanto es habitual entre los esperantistas valencianos, aunque normalmente por otra semejanza: Joan Català, informático especializado en software libre y profesor voluntario del grupo, la hacía así en 2013 en Ràdio Malva, desde la Fira Alternativa de València: «promocionar también el software libre, que es una trayectoria igual que el mundo del esperanto: es lo mismo, la gente no lo conoce y piensa que no existe».

Pero sería demasiado fácil culpar de todo a Schleyer

La historia es más complicada. El Volapük no desapareció simplemente porque su creador fuera autoritario. Había también problemas propiamente lingüísticos. La gramática, aunque regular, era considerablemente compleja. El sistema verbal permitía acumular una gran cantidad de morfología. El vocabulario modificaba tanto muchas raíces internacionales que desaprovechaba parcialmente una ventaja evidente de una lengua auxiliar: que un europeo pudiera reconocer palabras que ya conocía.

Un diccionario contemporáneo explicaba, por ejemplo, con total normalidad transformaciones como world → vol speak → pük brother → blod friend → flen great → glet y señalaba que la r era especialmente evitada. Para Schleyer, eso hacía el sistema más universal. Para muchos de sus usuarios, lo hacía menos reconocible.

¿Una lengua internacional demasiado personal?

Aquí aparece una contradicción interesante. Schleyer quería crear una lengua para toda la humanidad. Pero algunas de las decisiones fundamentales dependían fuertemente de:

  • su propia intuición fonética;
  • su concepción de la precisión;
  • su preferencia por determinadas estructuras;
  • y su propia idea de cómo debía gobernarse el movimiento.

Es el peligro de cualquier proyecto fuertemente personalista. Una sola persona puede crear un sistema extraordinariamente coherente porque no necesita negociar cada decisión. Pero la misma característica puede convertirse en un obstáculo cuando el sistema crece. Lo que facilita la creación inicial puede dificultar la institucionalización posterior.

Los reformistas tampoco salvaron el proyecto

Esto también es importante. No podemos contar la historia como:

Schleyer era conservador, los reformistas tenían razón y si los hubiera dejado actuar el Volapük habría triunfado.

No lo sabemos. Después de la ruptura, la Academia continuó reformando la lengua. Bajo la dirección posterior de Waldemar Rosenberger, las modificaciones se hicieron tan profundas que el resultado acabó convirtiéndose prácticamente en otra lengua: Idiom Neutral. Es una ironía considerable. Schleyer temía que, si perdía el control, los reformistas dejarían de hablar Volapük. Y una parte de ellos acabó efectivamente transformándolo hasta crear un sistema diferente.

Por lo tanto, Schleyer había identificado un riesgo real. El problema es que su respuesta autoritaria tampoco lo resolvió.

El Volapük no muere de repente

Hablar de «la muerte del Volapük» es útil narrativamente, pero históricamente conviene matizarlo. No desaparece en 1887 cuando nace el esperanto. Ni tampoco desaparece completamente en 1889. Lo que ocurre es un declive muy rápido durante los primeros años de la década de 1890. Muchos clubes desaparecen. Las publicaciones pierden lectores. Una parte de los partidarios busca otros proyectos. El esperanto empieza a aparecer precisamente en aquel espacio.

Pero el Volapük nunca se extingue del todo. Continúa existiendo una comunidad reducida. Y en el siglo XX todavía experimentará una reforma importante.

Arie de Jong: ¿el Volapük que Schleyer no había querido permitir?

En las décadas posteriores, el neerlandés Arie de Jong emprendió una revisión profunda de la lengua. Su reforma, consolidada alrededor de 1931, simplificaba aspectos gramaticales y hacía muchas raíces más reconocibles. Entre otras cosas, reintroducía la r que Schleyer había evitado. Así, algunas formas especialmente opacas adquirieron un aspecto más internacional. Este Volapük nulik, el «nuevo Volapük», es esencialmente la forma que sigue utilizando la reducida comunidad volapükista actual.

Y eso proporciona una última ironía: la lengua acabó siendo reformada de todas maneras. Pero cuando eso ocurrió ya había perdido prácticamente toda la posición internacional que había conseguido.

Y mientras tanto aparece el esperanto

Cuando Zamenhof publica el Unua Libro en 1887, había podido observar al menos una parte de la experiencia del Volapük. Y muy pronto tendría delante el desenlace. La secuencia es extraordinaria:

  • 1879–1880 — Schleyer crea el Volapük.
  • 1887 — el Volapük celebra su segundo congreso y crea una Academia.
  • 1887 — Zamenhof publica el primer libro del esperanto.
  • 1889 — el Volapük celebra en París un congreso íntegramente en la lengua, pero el conflicto Schleyer–Academia estalla definitivamente.
  • principios de los 1890 — el movimiento se fragmenta y entra en declive.
  • 1894el esperanto sufre su propia gran crisis reformista.

La proximidad cronológica es demasiado importante para ignorarla. Cuando los esperantistas de 1894 empezaron a discutir si había que rediseñar el esperanto, acababan de ver cómo el gran predecesor había entrado en crisis precisamente por una batalla sobre reformas y autoridad lingüística.

Zamenhof aprenderá una lección diferente

El problema del Volapük admitía dos diagnósticos opuestos. Uno podía pensar:

Schleyer fracasó porque no permitió reformar la lengua.

Pero también:

el Volapük fracasó porque una vez abierta la puerta de las reformas, la comunidad acabó fragmentándose.

Las dos interpretaciones contienen una parte de verdad. Y Zamenhof intentará encontrar una tercera vía. No conservará para sí un poder absoluto comparable al que Schleyer reclamaba. Al contrario: progresivamente renunciará a la propiedad personal sobre la lengua. Pero tampoco permitirá que el esperanto pueda ser rediseñado indefinidamente por sucesivas generaciones de reformistas. La solución acabará siendo una combinación muy particular: un Fundamento estable que ni siquiera Zamenhof puede modificar unilateralmente y una institución colegiada que gestione la evolución de la lengua.

Pero antes de llegar allí, el esperanto tenía que pasar por su propia crisis.

1894: el esperanto se enfrenta al mismo problema

Solo cinco años después del congreso de París del Volapük, Zamenhof someterá a los esperantistas una reforma profundísima de su propia lengua. Se planteará eliminar:

  • el acusativo;
  • el artículo;
  • los circunflejos;
  • la concordancia adjetival;
  • parte del sistema regular de correlativos;

e incluso llegará a considerar un sufijo específico para el masculino, dejando las raíces de parentesco sin marca de género. Los esperantistas votarán. Y decidirán mayoritariamente no reformar la lengua. Aquella experiencia tendrá una consecuencia mucho más importante que la conservación de unas terminaciones concretas: Zamenhof empezará a desarrollar anticuerpos contra el reformismo.

El precedente que explica la Academia de Esperanto

La historia del Volapük también ayuda a entender una decisión posterior que, sin este contexto, podría parecer simplemente burocrática. En 1905, el esperanto crea el Lingva Komitato. En 1908, dentro de él aparece una Akademio más reducida. La pregunta era prácticamente la misma que había destruido la unidad del Volapük: ¿quién decide sobre la lengua? Pero la respuesta esperantista será muy diferente.

Zamenhof no conservará un veto absoluto. Él mismo acabará insistiendo en que puede dar opiniones lingüísticas como cualquier esperantista competente, pero que cuando hace falta una decisión institucional corresponde al Lingva Komitato. Eso es casi lo contrario del modelo Schleyer. Schleyer:

la comunidad puede asesorar al creador.

Esperanto:

el creador se convierte progresivamente en un miembro prestigioso de la comunidad.

¿Aprendió el esperanto de los errores del Volapük?

Es difícil demostrar qué importancia exacta tuvo el precedente del Volapük en cada decisión institucional de Zamenhof. No deberíamos convertir una influencia plausible en una explicación monocausal. Pero la coincidencia histórica es evidente. Zamenhof no necesitaba imaginar hipotéticamente qué podía pasar cuando:

  • una lengua internacional crece muy rápidamente;
  • aparecen usuarios que exigen reformas;
  • el creador quiere conservar la autoridad;
  • la Academia reivindica el derecho a decidir;
  • y las dos partes acaban proclamando versiones incompatibles de la legitimidad.

Acababa de pasar. El Volapük había sido el primer gran experimento. Y también la primera gran advertencia. Una biografía académica alemana de Schleyer llega a presentar expresamente el esperanto como un proyecto que pudo beneficiarse de los errores institucionales de su predecesor, particularmente de la necesidad de encontrar una base lingüística estable.

Pero el esperanto también podía aprender la lección equivocada

Aquí aparece la parte más interesante. Ante el desastre del Volapük, una comunidad podía llegar a una conclusión muy conservadora:

No volvamos a tocar nunca la lengua.

Y eso también tiene un coste. Una lengua planificada puede contener decisiones mejorables. Puede aparecer un traductor brillante que detecte una incoherencia. Un lingüista puede proponer una solución objetivamente más sistemática. El uso puede demostrar que una forma original era poco práctica. Si el trauma de la reforma es demasiado fuerte, la lengua puede protegerse tanto contra la fragmentación que también se proteja contra la mejora.

Esta tensión será importante en la historia posterior del esperanto. Y aparecerá con especial fuerza en una figura fascinante: Kazimierz Bein, Kabe. Uno de los mejores usuarios de la lengua llegará a considerar determinadas reformas «absolutamente inevitables». Pero se encontrará con un Zamenhof que ya había visto la crisis de 1894 y que, en 1905, había llegado a considerar la estabilidad más importante que la perfección.

¿Fracasó el Volapük?

La respuesta depende de lo que consideremos éxito. Si el objetivo era convertirse en la lengua auxiliar internacional de la humanidad: sí, claramente fracasó. Pero si preguntamos qué demostró, la respuesta es muy diferente. El Volapük demostró por primera vez a gran escala que:

  • personas de muchos países estaban dispuestas a estudiar una lengua artificial;
  • podía crearse una red internacional de clubes;
  • podían publicarse revistas y manuales;
  • podían formarse profesores;
  • podía existir correspondencia internacional;
  • y, sobre todo, una lengua inventada podía llegar a hablarse realmente en un congreso internacional.

Eso no era nada evidente en 1879. Schleyer demostró que el proyecto general era posible. Zamenhof no tuvo que inventar la idea de que una lengua planificada podía generar un movimiento internacional. Ya tenía un precedente. Lo que tenía que intentar era evitar que su proyecto acabara de la misma manera.

La primera gran lección de las lenguas planificadas

La historia del Volapük deja una lección que va mucho más allá de su gramática. Una lengua planificada tiene dos momentos radicalmente diferentes. en el primero, alguien crea la lengua; en el segundo, otras personas empiezan a hablarla. Y no está nada claro que la misma estructura de poder sirva para los dos momentos. Durante la creación, una autoridad única puede proporcionar:

  • coherencia;
  • rapidez;
  • sistematicidad.

Pero cuando aparece una comunidad, aquella misma autoridad puede convertirse en:

  • rigidez;
  • personalismo;
  • incapacidad para incorporar experiencia de uso.

Schleyer no consiguió resolver satisfactoriamente esta transición. Zamenhof lo intentaría de otra manera. Renunciaría progresivamente a ser el dueño del esperanto. Pero, después de observar qué podían hacer las reformas sucesivas, también intentaría impedir que cualquier otra persona pudiera convertirse en el nuevo dueño. Y de aquella tensión entre creador, comunidad, estabilidad y reforma nacería buena parte de la arquitectura institucional que todavía gobierna el esperanto actual.


Fuentes principales

El estudio académico «The Volapük Qur’an: language, scripture, and nineteenth-century German universalist provincialism», de Johanna Pink (Language & History, 2024), reconstruye la creación del Volapük, su composición lingüística, la expansión internacional, el control ejercido por Schleyer y el conflicto que contribuyó al declive del movimiento.

El Hand-book of Volapük de Charles E. Sprague (1888) permite comprobar directamente la gramática y los mecanismos con los que las raíces inglesas, alemanas, francesas y latinas eran adaptadas al sistema. La reconstrucción histórica contemporánea International Language: Past, Present & Future, de W. J. Clark (1907), describe la disputa constitucional entre Schleyer y la Academia, incluyendo el compromiso que concedía tres votos al creador pero le negaba el derecho de veto.

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