Este sitio es dos cosas a la vez: un grupo vivo, que se reúne cada semana en Valencia, y el archivo de un movimiento que lleva más de ciento veinte años. Eso significa muchos artículos, y ninguna manera obvia de saber por dónde entrar. Esta página es esa manera.
Si solo tienes cinco minutos
Empieza por qué es el esperanto y por dónde estamos ahora: Kafo-Kunveno, el café en esperanto de cada miércoles por la mañana en la Estación del Norte. Si quieres venir no hace falta saber el idioma, ni avisar con tiempo; si lo que buscas es el encuentro del jueves por la tarde, escríbenos y te lo confirmamos.
La historia larga
El grupo se fundó en 1903 y la sociedad española nació con él. Todo eso, con las fuentes al lado de cada fecha, está en la historia del esperanto en Valencia: la visita de Zamenhof en 1909, la cátedra universitaria de 1918, la calle que lleva su nombre desde 1934, la persecución, los quince años en que la Federación Española tuvo la sede aquí y los congresos organizados desde aquí. La página de esperanto en Valencia 1909-1939 se detiene en el periodo que la guerra cortó.
De la época en que el movimiento era una potencia local salen historias que no caben en una cronología: cuando se quemó el Museo de Historia Natural de la Universidad, en 1932, las vitrinas se volvieron a llenar con material que llegó de Ginebra, Zúrich, París y Londres porque alguien había escrito cartas en esperanto. Y los congresos de aquellos años tenían misa en esperanto y elección de «Fraŭlino Esperanto» en el programa oficial.
Y una pregunta que atraviesa todo el archivo: cómo es que algo de esto se ha conservado. El boticario que quería guardarlo todo cuenta cómo tres coleccionistas de Sant Pau d’Ordal, Moià y Budapest dedicaron cuarenta años a catalogar las 14.143 publicaciones periódicas que ha tenido el esperanto, y qué acabó pasando con el museo que guardaba una parte de ellas.
Todo el material histórico incorporado a posteriori está recogido en la categoría Archivo y en la etiqueta historia.
Las personas
Los nombres, con fechas y fuentes, están en Biografías —el fichero del grupo, que crece cada mes. Para leer uno: Aŭgusto Casquero, que murió en 2023 después de medio siglo enseñando esperanto; Pascual Pont Martínez, que vio en él una herramienta para pensar el mundo; o Jau «el Holandés», poeta y músico, que presentó su poemario Las camelias del amanecer en una entrevista de radio un año antes de morir. Alicia Ballester cuenta cómo era el Liceo de Madrid antes de que ella y Casquero vinieran a Valencia: cuatro locales, clases cada día en tres turnos y un coro que cantaba habaneras en esperanto.
Y todavía hay huecos: seis fotografías de los años sesenta esperan que alguien ponga nombre a los jóvenes que aparecen en ellas.
Y antes de todo eso, la lengua que ganó primero: el Volapük tenía clubes, revistas y congresos cuando el esperanto todavía no existía, y se deshizo en una década discutiendo una pregunta que su creador no quería responder: de quién es una lengua cuando ya tiene hablantes. Esa pregunta le tocó al esperanto tres veces, y los tres artículos se leen como una serie: la reforma de 1894, que Zamenhof propuso y sus lectores rechazaron por votación; la escisión de Ido en 1907, cuando una comisión internacional dictaminó que el esperanto era la mejor base pero había que enmendarlo; y quién gobierna el esperanto, que cuenta cómo se construyó la Akademio y por qué su autor renunció a mandar en ella. La serie se cierra con quien pagó el precio de aquella estabilidad: Kabe, el mejor prosista de la primera generación, que dejó el esperanto sin explicaciones y le regaló un verbo a la lengua —y qué le encontraba mal, reconstruido a partir de los textos que dejó.
Y dos nombres de fuera del grupo, que se leen mejor juntos: Białystok, la ciudad de cuatro lenguas y cuatro comunidades donde creció Zamenhof y que él mismo señaló como el origen del esperanto, y sus tres hijos —Adam, Zofia y Lidia—, asesinados entre 1940 y 1942 sin que ninguno llegara al final de la guerra. Nuestro boletín ya contaba esto último en un párrafo en 1983; el artículo lo cuenta de nuevo con las fuentes comprobadas y con los puntos en los que no acaban de coincidir.
Las mujeres que el movimiento no contaba
Durante casi treinta años, el esperantismo español dio una medalla anual a la esposa de un esperantista destacado —no por mérito propio, sino por haberlo secundado a él— y el premio nació, precisamente, el Año Internacional de la Mujer. Otro artículo cuenta la historia de Femina, la única revista feminista que existió en esperanto, y por qué el grupo no llegó a comprarla.
De ese mismo mundo sale ri, el pronombre sin marca de género que una revista feminista hecha desde la oficina central de la UEA puso en circulación entre 1979 y 1986. El artículo lo cuenta entero: quién lo propuso, qué decían las que estaban en contra —que también eran feministas— y cómo se usa hoy.
Bajo el franquismo
El esperantismo fue una red internacional que atravesaba fronteras cuando las fronteras estaban cerradas, y sabía perfectamente dónde estaban los límites. El caso más claro es el de Jean Pelletier, un francés que venía a menudo a Valencia y que en 1937 había publicado un libro sobre los seis meses que pasó en una prisión de Franco: lo recibían en el movimiento, pero en casa preferían no tenerlo.
Quien presidía esa red desde Valencia era el médico Rafael Herrero: treinta años dando cursos y ocho presidiendo la Federación Española, que tuvo la sede aquí hasta que en 1962 se fue a Zaragoza porque en Valencia no se encontró sucesor.
El grupo de ahora
Los cafés semanales, la sede y su reforma, las comidas, el Día del Esperanto cada 26 de julio, el Esperanto-Plaĝo y los congresos —el de Cullera en 2015 se llenó de jóvenes— están todos en la categoría Actividades. La relación con la Universitat de València tiene capítulo propio, desde la cátedra de 1918 hasta la portada de www.uv.es en esperanto entre 1997 y 2000.
En los medios
Cada vez que un periodista se ha ocupado de nosotros lo hemos guardado: radio, televisión y prensa, desde 1994 hasta ahora, en En los medios y en la etiqueta Medios. El fondo más grande es el de Radio Klara: diez programas enteros recuperados de Esperanto en la radio, que Félix Navarro Clemente presentaba desde 1986, con la transcripción completa. Del propio Navarro tenemos la entrevista que le hizo el boletín de la Federación en 1982, donde cuenta cómo llegó al esperanto siendo maestro en Sollana en 1931 y cómo lo enseñó durante cincuenta años, y su biografía completa: el coro infantil que cantaba en esperanto, el método que se fabricó él mismo y las partituras que copiaba a mano para el boletín.
Aprenderlo
Si lo que quieres es el idioma, la puerta es Aprende esperanto, y los materiales de nuestro curso desde cero son gratuitos. Hay también una lista de los mejores recursos en línea según quien los usa y, cada año, becas para estudiarlo en la UNED. Los cursos que hemos hecho, desde 2011, están en la etiqueta curso.
Los libros y la cultura
Buscamos la palabra «esperanto» en 108.009 libros y leímos los 2.912 pasajes donde aparece, uno por uno; el resultado es un catálogo consultable de las 1.423 obras que hablan de él de verdad. Las traducciones —Estellés en esperanto, entre otras— están en la categoría Cultura.
Nuestro boletín, de 1960 hasta hoy
Valencia Luno es la memoria del Grupo: las asambleas, los cursos, los muertos, los congresos y los chistes de sesenta años, y para tramos largos es la única fuente que habla de ello. Está entero y en texto, número a número —por épocas, y cada ejemplar se abre en un desplegable con su portada y el enlace al facsímil—. Si buscas una fecha, un nombre o una actividad concreta, ahí es donde más probablemente estará.
Y a partir de aquí
Cada artículo lleva su categoría y sus etiquetas, y cada etiqueta es una lista completa: historia, Medios, investigación, curso, Cheste. Si buscas una persona o un pueblo concreto, prueba primero por la etiqueta.
Y si tienes algo que aquí falta —una fotografía, una carta, un recorte, un recuerdo—, escríbenos. Buena parte de lo que hay en estas páginas ha llegado exactamente así.
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