Ci, el pronombre que nació fuera del uso

Zamenhof escribió que lo mejor habría sido ci para uno y vi para muchos, y explicó por qué renunciaba a ello

El esperanto no distingue entre «tú» y «vosotros»: vi vale para una persona y para cincuenta. Tiene desde el primer momento un pronombre exclusivamente singular, ci, pero en el uso ordinario casi nadie lo usa. La parte que casi nunca se cuenta es que el desuso no fue un accidente del uso: en 1888, un año después de publicar la lengua, Zamenhof ya escribía que esa palabra «casi nunca se usa», y en 1908 explicó por escrito que el sistema ideal habría sido ci para el singular y vi para el plural, y por qué no lo podía implantar. Ochenta años después, el Boletín de la Federación Española de Esperanto acogió una polémica de tres números sobre si había que resucitarlo — e imprimió, tres páginas después del artículo que lo daba por muerto, un poema que hace trece usos de él.

A la izquierda, el artículo de Bernard Golden «Faktoj pri la neuzado de "ci"» en el Boletín 280 (mayo-junio de 1987); a la derecha, tres páginas después, el «Poezia Angulo» del mismo número con el Bàrbara de Prévert traducido por Daniel Luez, donde ci y sus formas aparecen trece veces.
A la izquierda, el artículo de Bernard Golden «Faktoj pri la neuzado de "ci"» en el Boletín 280 (mayo-junio de 1987); a la derecha, tres páginas después, el «Poezia Angulo» del mismo número con el Bàrbara de Prévert traducido por Daniel Luez, donde ci y sus formas aparecen trece veces.

El hecho gramatical

La regla 5 de la gramática del Fundamento de Esperanto —el texto de 1905 que fija la base intocable de la lengua— enumera los pronombres personales y no hay ninguno que sea exclusivamente de segunda persona del singular. Hay un solo pronombre para el interlocutor, sea uno o sean muchos, y las propias versiones oficiales del Fundamento lo dicen sin rodeos: la versión inglesa lo glosa «vi, «thou», «you»» y la francesa, «vi (vous, tu, toi)». Las tres formas francesas, en una.

Esto quiere decir que «Ĉu vi venos?» puede ser «¿vienes?» o «¿venís?», y que la frase no lo dice. En una conversación cara a cara rara vez importa; en un chat de grupo, en un correo a varias personas o en una traducción literaria, a veces sí.

La solución que usa la lengua no es gramatical sino léxica: se añade lo que haga falta —vi ambaŭ (los dos), vi ĉiuj (todos vosotros), vi du—. No es un parche moderno de usuarios desesperados: es la solución que recomienda Zamenhof, con esos mismos ejemplos, en 1908.

El pronombre nació jubilado

Ci existe. Designa específicamente a un interlocutor singular —los vocabularios del Fundamento lo traducen «tu», «toi», thou, du, ты— y se declina como los demás: cin, cia.

Ya en 1888, solo un año después de publicarse la lengua, su autor lo daba prácticamente por ausente del uso. En el Dua Libro, el libro que Zamenhof publicó al año siguiente del lanzamiento de la lengua, el ejercicio 4 explica el sistema y añade un paréntesis:

««Vi» ni diras egale al unu persono aŭ objekto kaj al multaj; tio ĉi estas farita pro oportuneco, ĉar, parolante kun iu, ni ofte ne scias, kiel diri al li: «vi» aŭ «ci» («ci» signifas la duan personon de l’ ununombro; sed tiu ĉi vorto estas trovata sole en la plena vortaro; en la lingvo mem ĝi preskaŭ nenian estas uzata).»

Vi» se lo decimos igual a una persona o a un objeto que a muchos; esto se ha hecho por comodidad, porque, hablando con alguien, a menudo no sabemos cómo dirigirnos a él: «vi» o «ci» («ci» significa la segunda persona del singular; pero esta palabra solo se encuentra en el vocabulario completo; en la lengua misma casi nunca se usa).)

Conviene leer bien la razón que da: no es el número, es el tratamiento. El problema que Zamenhof dice estar resolviendo es que, hablando con alguien, no sabemos si tocaría tutearlo o no.

Diecisiete años después, el Fundamento hace algo curioso: deja ci fuera de la lista de pronombres de la gramática, pero lo enseña igualmente en el Ekzercaro, la colección de ejercicios que forma parte del mismo texto intocable. El § 16 empieza así:

«Mi legas. ― Ci skribas (anstataŭ „ci” oni uzas ordinare „vi”). ― Li estas knabo, kaj ŝi estas knabino.»

(Yo leo. ― Tú escribes (en lugar de «ci» se usa ordinariamente «vi»). ― Él es un chico, y ella es una chica.)

El vocabulario de ese mismo párrafo registra la entrada «ci — tu, toi | thou | du | ты | ty». O sea: la lengua presenta el pronombre y, dentro del mismo paréntesis, avisa de que no se usa. Es un caso raro de palabra que entra en el texto fundamental ya con la esquela puesta.

Esa asimetría entre las tres partes del Fundamento no es una curiosidad inofensiva. Es uno de los dos agujeros que Marcos Cramer, miembro de la Academia de Esperanto, señaló ochenta años más tarde para defender que la lista de pronombres del texto fundacional no está cerrada y que, por tanto, añadir uno nuevo —ri— no es antifundamental: si el Ekzercaro y el Universala Vortaro introducen uno que la gramática no enumera, la gramática no es un inventario completo. De ese debate hicimos un artículo entero.

1908: Zamenhof explica qué habría sido mejor

La pieza central es una de las Lingvaj Respondoj, las respuestas que Zamenhof publicaba en la prensa esperantista resolviendo dudas de uso. La titulada «Pri la pronomo «ci»» salió en febrero de 1908 en La Revuo, la revista mensual en esperanto que la editorial Hachette publicaba en París, y dice mucho más de lo que se suele citar:

«La neuzado de «ci» tute ne estas senkonscia imitado de la ekzistantaj lingvoj, — kontraŭe, ĝi estas specialaĵo de la lingvo Esperanto, specialaĵo bazita sur pure praktikaj konsideroj kaj esploroj. La plej bona maniero kompreneble estus, se ni al pli-ol-unu personoj dirus «vi» kaj al unu persono ĉiam «ci»; sed ĉiuj nuntempaj kulturaj popoloj tiel alkutimiĝis al la ideo, ke «ci» enhavas en si ion senrespektan, ke ni neniam povus postuli de la Esperantistoj, ke ili al ĉiu unu persono diru «ci»; ni devus sekve havi apartan pronomon de ĝentileco (kaj tia pronomo efektive ekzistis en Esperanto antaŭ la jaro 1878).»

(El no uso de «ci» no es en absoluto una imitación inconsciente de las lenguas existentes — al contrario, es una particularidad de la lengua esperanto, basada en consideraciones e indagaciones puramente prácticas. Lo mejor sería, evidentemente, que a más de una persona le dijéramos «vi» y a una sola persona siempre «ci»; pero todos los pueblos cultos actuales se han acostumbrado tanto a la idea de que «ci» contiene en sí algo irrespetuoso, que nunca podríamos exigir a los esperantistas que a cada persona individual le dijeran «ci»; tendríamos que tener, por tanto, un pronombre de cortesía aparte (y tal pronombre existió efectivamente en esperanto antes del año 1878).)

Tres cosas hay, en ese párrafo, que suelen pasar desapercibidas.

La primera es la principal: la distinción singular/plural que el esperanto no hace, Zamenhof la consideraba la mejor solución. No renunció a ella porque le pareciera innecesaria, sino porque arrastraba una carga social que no controlaba. Quien hoy propone ci para el singular y vi para el plural no está innovando: está volviendo a una opción que el autor examinó y descartó con la razón escrita.

La segunda es el motivo de la renuncia, y es sociológico, no lingüístico. Como en las lenguas europeas el tú familiar puede resultar ofensivo, un ci obligatorio para todo el mundo habría obligado a inventar un pronombre de cortesía — y entonces el esperanto habría heredado el sistema entero de jerarquía social que el francés, el alemán o el ruso obligan a elegir en cada frase. Zamenhof continúa la respuesta explicando que esa «forma de cortesía» es a menudo «muy embarazosa» para quien habla y para quien escucha.

La tercera es una nota de pasada que vale por sí sola: antes de 1878 el esperanto sí tenía pronombre de cortesía. Se refiere a lo que hoy se llama protoesperanto: la versión de la lengua que había construido de adolescente, nueve años anterior a la que publicó en 1887.

Y al final están los remedios, que son los mismos que se usan hoy:

«Por forigi ĉiujn ĉi tiujn embarasojn, ekzistas nur unu rimedo: diri al ĉiu, ĉiuj kaj ĉio nur «vi». Malkompreniĝon tio ĉi neniam povas kaŭzi, ĉar en la tre maloftaj okazoj de neklareco ni povas ja precizigi nian parolon, dirante «vi, sinjoro», aŭ «vi ĉiuj», «vi ambaŭ» k.t.p.»

(Para quitar todos estos embarazos solo hay un remedio: decir a todos, a todo y a todo el mundo únicamente «vi». Esto no puede causar nunca ningún malentendido, porque en los casos muy raros de falta de claridad podemos precisar lo que decimos, diciendo «vi, sinjoro», o «vi ĉiuj», «vi ambaŭ», etcétera.)

Nótese el «tre maloftaj». Zamenhof no niega la ambigüedad: la considera rara y reparable. Es una afirmación empírica, y por tanto discutible, y es exactamente el punto donde la discusión sigue abierta.

Un corpus oral: 24.280 palabras, ningún ci

Uno de los pocos datos cuantitativos que existen sobre el esperanto hablado es antiguo, y es revelador. En 1979, Zlatko Tišljar grabó con un magnetófono pequeño conversaciones y sesiones informales en dos encuentros: el Congreso Universal de Lucerna y el Congreso Juvenil de Austerlitz. De ahí salió el Frekvencmorfemaro de Parolata Esperanto, su tesis de diplomatura en Zagreb, publicada por Internacia Kultura Servo, y de ahí sale el método de Zagreb.

El corpus son unas 60.000 palabras grabadas, de las cuales 24.280 transcritas y procesadas por ordenador: 1.350 morfemas, siete tipos de situación —conversaciones privadas, sesiones de comité, sesiones del comité juvenil, conversaciones entre jóvenes, conversaciones familiares, charlas en congresos infantiles y entrevistas— y hablantes de catorce lenguas maternas. El propio Tišljar advertía ahí que el material no garantiza una representatividad absoluta.

En esa lista, vi aparece 643 veces y ocupa el decimocuarto lugar de frecuencia. Ci no aparece ni una sola vez, y es Golden quien lo subraya: ni en las conversaciones domésticas, ni entre jóvenes, ni leyendo cuentos a niños.

Con 24.280 palabras no se demuestra que una palabra no exista en la lengua hablada; lo que se puede decir es que el resultado es coherente con un uso oral extraordinariamente raro. Vale la pena, eso sí, una nota sobre las fuentes: los relatos que Tišljar escribió treinta y cinco años después sitúan las grabaciones solo en Lucerna y dan otras cifras de lo transcrito —«ĉirkaŭ 25.000» y 24.600 palabras—, mientras que la descripción detallada de arriba viene de quien leyó el libro original. La de Golden en 1987 —niños, grupos familiares, catorce lenguas maternas— coincide con ese original, y no con el recuerdo posterior del autor.

La polémica del Boletín, 1987-1990

Aquí es donde la historia deja de ser un capítulo de manual y se vuelve nuestra.

En mayo-junio de 1987, el Boletín de la Federación Española de Esperanto publicó en las páginas 4-6 el artículo «Faktoj pri la neuzado de «ci»», de Bernard Golden. Es la pieza que aporta el dato de Tišljar, y su argumento es de hechos, no de gusto: el esperantista Espartako Gabalda había escrito en Venezuela Stelo que si los esperantistas no tutean es «simplemente porque se les oculta la existencia misma de ci», y Golden se va a mirarlo en los manuales. Repasa el de W. J. Downes, miembro de la Academia de Esperanto —la institución que vela por la lengua desde 1905—, el de István Szerdahelyi, el especialista húngaro en didáctica de la lengua, y el 30 nap alatt eszperantóul de Jozefo Horváth. Los tres explican el pronombre y los tres avisan de que no se usa. No hay ninguna conspiración: hay una nota al pie repetida durante un siglo.

El artículo de Bernard Golden en el Boletín 280 continúa con la comparación entre el texto español de Doña Bárbara y la traducción de Fernando de Diego, donde todos los «tú» del original se vuelven vi.
El artículo de Bernard Golden en el Boletín 280 continúa con la comparación entre el texto español de Doña Bárbara y la traducción de Fernando de Diego, donde todos los «tú» del original se vuelven vi.

La segunda mitad del artículo es una prueba de traducción: pone en columnas un diálogo de Doña Bárbara, de Rómulo Gallegos, y la versión en esperanto de Fernando de Diego, y cuenta. En el original hay tres pronombres de tuteo y siete flexiones verbales; en la traducción, seis vi y un via, y el diálogo entre dos antiguos compañeros de universidad funciona igual. «Volved a leer la traducción sustituyendo vi por ci» —propone—. «¿Es más significativa? ¿La entendéis más a fondo? ¿O vuestros oídos vibran por el constante e irritante ci-ci-ado

Y ahora viene lo mejor del número. Tres páginas después, en el «Poezia Angulo», el mismo Boletín publica el Bàrbara de Jacques Prévert traducido por Daniel Luez — y el poema es un tratado de ci de arriba abajo. No es una casualidad irónica cualquiera: la traducción literaria con ci era precisamente lo que Golden combatía, y lo que citaba a Piron para desautorizar. Trece formas del pronombre, incluyendo la que mejor explica por qué alguien lo querría:

Kaj ne koleru al mi ke mi cidiras cin Mi diras ci al ĉiuj kiujn mi amas Eĉ se mi vidis ilin nur unufoje

(Y no te enfades conmigo porque te tutee digo «tú» a todos los que quiero aunque solo los haya visto una vez.)

Golden lo había visto venir: en su artículo, en el mismo número, lamenta irónicamente que ni el señor Gabalda ni «el humano poeta Jacques Prévert» participaran en la encuesta de Tišljar. La redacción imprimió las dos cosas sin comentario.

La réplica

En enero-febrero de 1990, el Boletín n.º 294 publicó la apología. Alberto Franco Ramírez, en «Konsideroj pri la pronomo «ci»», no defiende el retorno del tuteo sino otra cosa, más fina: que ci es una forma marcada frente a vi, que es la no marcada.

«Konsideroj pri la pronomo "ci"», de Alberto Franco Ramírez, en el Boletín 294 (enero-febrero de 1990).
«Konsideroj pri la pronomo "ci"», de Alberto Franco Ramírez, en el Boletín 294 (enero-febrero de 1990).

«Per komenca alproksimiĝo kaj dank’al kontrasto kun aliaj lingvoj (ekzemple la angla, en ĝia mezepoka stadio), ni povus lanĉi la konkludon, ke la pronom[o] «ci» posedas «markitan» rangon rilate sian partneron «vi». «Ci» do okazas en tiaj situoj, kie «vi», pro sia ordinara karaktero, ne ludas la deziritan rolon.»

(Por una primera aproximación y gracias al contraste con otras lenguas (por ejemplo el inglés, en su etapa medieval), podríamos lanzar la conclusión de que el pronombre «ci» posee un rango «marcado» respecto de su compañero «vi». «Ci» se da, pues, en aquellas situaciones en que «vi», por su carácter ordinario, no desempeña el papel deseado.)

De ahí saca los usos que le reconoce: traducir un thou inglés antiguo, marcar la pertenencia a un colectivo, crear un efecto literario, o señalar un trato especial. Y es él quien, de pasada, deja la crítica más dura contra sus propios aliados: los «ciumantoj» españoles que usan ci simplemente como el castellano hacen algo imposible de internacionalizar — «¿que el resto del mundo aprenda español para usar bien el pronombre?».

En mayo-junio-julio de 1990, en el n.º 296, Golden contestó con «Refuto de pledado por la uzo de «ci»», y es una pieza de una beligerancia notable: abre comparando el pronombre con una moneda falsa que siempre vuelve, califica a los partidarios de «obstina bando», y cierra con una cita que descubre cuál era en el fondo el argumento:

«Ne preteratentu la vorton «demokrata» en tiu citaĵo. Ĝi klarigas, kial la diferenciga uzo de «ci/vi» neniam enradikiĝis en Esperanto.»

(No paséis por alto la palabra «democrático» en esa cita. Explica por qué el uso diferenciador de «ci/vi» no ha arraigado nunca en esperanto.)

La cita es de la poeta neerlandesa Rejna de Jong, en una reseña en la revista Esperanto de abril de 1989: «nia demokrata vi servas admirinde ankaŭ en la plej intimaj rilatoj» — nuestro vi democrático sirve admirablemente también en las relaciones más íntimas. Y Golden le suma Richard Schulz: «La cortesía no es cuestión de un pronombre especial ni de un prefijo. Es cuestión de comportamiento».

En su refutación desfila, además, todo el peso de la esperantología del siglo: Kálmán Kalocsay («el pronombre ci Zamenhof lo mató justo después de su nacimiento… que descanse en paz», 1931), Gaston Waringhien y Claude Piron, que aporta el argumento más práctico de todos: en las grabaciones de conversación espontánea ci no aparece, o sea que un personaje que lo use en un libro no habla como habla la gente.

Dónde sí aparece

Que no se use no quiere decir que no se encuentre. En los boletines que hemos vaciado, ci aparece siempre en uno de estos tres lugares, y ninguno de ellos es una conversación:

  • En poesía. Aparte del Prévert, el Boletín 233 trae unos versos a una fraŭlino: «Kial ci, fraŭlino, la pord’ ne malfermas? … Kial kiam tagiĝo vekas birdojn, florojn, ci dormanta estas?».
  • Para traducir el tú de otra lengua. En el Boletín 89, explicando el origen del nombre del Tibidabo: «tibi, signifanta al ci, kaj dabo… tio estas, «mi donos al ci»». Es literalmente lo que hace el Ekzercaro: presentar el pronombre para que el lector entienda qué hay al otro lado.
  • Hablando a quien no puede contestar. En el Boletín 180, unas memorias de infancia donde el niño arenga a los caracoles que hace correr sobre una tabla: «Kaj ci, hezitulo, ne oblikve sed rekte alcele! Kaj ci, inerta, antaŭen!».

Poesía, metalenguaje y apóstrofe. Es exactamente el repertorio de una palabra que ha quedado fuera de la lengua viva y sobrevive como recurso de estilo.

Cómo está la cosa ahora

La descripción gramatical actual es de una brevedad que lo dice todo. El PMEG —el Plena Manlibro de Esperanta Gramatiko de Bertilo Wennergren, la gramática descriptiva de referencia— despacha el pronombre en una frase:

«Teorie ekzistas ankaŭ la pronomo ci ≈ «la alparolato» (unu-nombra), sed ci normale ne estas uzata. Oni uzas vi kaj unu-nombre kaj multe-nombre.»

(Teóricamente existe también el pronombre ci ≈ «el interlocutor» (singular), pero ci normalmente no se usa. Se usa vi tanto en singular como en plural.)

Ciento treinta y ocho años después, el estado de la cuestión es el mismo que describió el Dua Libro en 1888. Pocos elementos de una lengua tienen una biografía tan estable.

Vale la pena decir qué queda y qué no. Queda una asimetría real: el esperanto no marca gramaticalmente el número de la segunda persona. El inglés ofrece un paralelo que invita a pensar: tras perder la distinción entre thou y you, varias variedades han acabado creando plurales nuevos —y’all, youse, you guys—. Y queda un hecho documentado: la solución que hoy se propone como novedad fue examinada y descartada por el autor, por razones que escribió.

Lo que no queda es la idea de que ci fuera ocultado u olvidado. Desde los manuales que repasó Golden hasta el PMEG de ahora, todos lo explican y todos dicen lo mismo. El pronombre no se ha perdido: se ha leído.

Una nota sobre las fechas

Golden, en su artículo del Boletín 296, cita el artículo de Franco Ramírez como ««Boletín» n-ro 294, 1989». La portada del número 294 dice «JANUARO – FEBRUARO 1990», y la del 296, «MAJO – JUNIO – JULIO 1990». Hemos datado los dos números por la portada. La cosa no afecta a nada de lo que ahí se discute, pero hace que cualquier referencia a «Boletín 294 (1989)» que se encuentre citada por ahí deba leerse como un error de fecha, no como un número distinto.

Fuentes: L. L. Zamenhof, Dua Libro de l’ Lingvo Internacia, 1888, ejercicio 4. Fundamento de Esperanto, 1905: gramática, regla 5 y Ekzercaro, § 16. L. L. Zamenhof, «Pri la pronomo «ci»», Lingvaj Respondoj, respuesta 28, La Revuo, febrero de 1908 (texto completo de la edición de 1925). Bertilo Wennergren, Plena Manlibro de Esperanta Gramatiko, «Personaj pronomoj». Bernard Golden, «Faktoj pri la neuzado de «ci»», Boletín de la Hispana Esperanto-Federacio, n.º 280, mayo-junio de 1987, pp. 4-6, y «Refuto de pledado por la uzo de «ci»», n.º 296, mayo-julio de 1990, pp. 9-10, con su bibliografía de ocho artículos publicados entre 1983 y 1989 en La Brita Esperantisto, Venezuela Stelo, Dia Regno, Hungara Vivo, Fonto, Preludo y Esperanto Aktuell. Alberto Franco Ramírez, «Konsideroj pri la pronomo «ci»», n.º 294, enero-febrero de 1990, pp. 10-11. Jacques Prévert, «Bàrbara», traducción de Daniel Luez, n.º 280, p. 7. Usos de ci en la prensa esperantista española: n.º 89, n.º 180 y n.º 233. La descripción del corpus viene de Pierfrancesco Naccarato, L’esperanto: la storia, la comunità, le problematiche, la lingua, tesis de sociolingüística, Università degli Studi di Bologna, curso 2008-2009, § 1.4.2, que cita la edición original de Zlatko Tišljar, Frekvencmorfemaro de parolata Esperanto, Internacia Kultura Servo, Zagreb, 1981 — no hemos visto ese libro. Los relatos posteriores del propio Tišljar, con cifras y lugares que no coinciden del todo: Baza Listo — historio kaj sekvojĉirkaŭ 25.000», y con la lista entera de los morfemas), «Fine kreita baza vortlisto por komencantaj kursoj», Eŭropa Bulteno n.º 151, agosto de 2015, pp. 11-12 del PDF (24.600) y Lernmetodo laŭ la frekvencmorfemaro de parolata Esperanto, ipernity, 22 de agosto de 2015 (24.280; la página original ya no es accesible y citamos la copia del Internet Archive). Las citas de Kalocsay (Lingvo, Stilo, Formo, 1931, p. 91), Waringhien, Piron, Rejna de Jong y Richard Schulz se reproducen tal como las cita Golden: no hemos consultado los originales. Las traducciones al español son nuestras.

Véase también

Esta entrada todavía no tiene ningún comentario. Sé la primera persona en comentarla desde el fediverso.