La entrevista del Boletín de la Federación Española de Esperanto, mayo-junio de 1982
En 1931, un maestro de veintidós años destinado en Sollana se preparaba una oposición cuando alguien le puso en las manos un librito que se llamaba La llave del Esperanto. Cincuenta y un años después, el boletín de la Federación le hacía contar cómo había ido. La respuesta es la biografía esperantista de Félix Navarro Clemente —«don Félix» para tres generaciones de alumnos de Valencia— y, de paso, la crónica de cómo se enseñaba esperanto en este país cuando no había ni materiales ni dinero ni permiso.

El coro infantil escolar «Esperanto» y su maestro, en la calle, el día del certamen de villancicos. La fotografía ilustraba la entrevista en el Boletín de la Federación Española de Esperanto n.º 251 (mayo-junio de 1982) con el pie «Nia samideano kaj siaj gelernantoj okaze de Kristnaskkanta konkuro» — «Nuestro compañero y sus alumnos con motivo del concurso de villancicos».
Qué es este documento
Cada año, desde 1980, el Boletín de la Federación publicaba una entrevista bajo el título «Esperanto sur lia vojo» —«El esperanto en su camino»—. No era una sección inocente: la serie anticipaba, de forma encubierta, el nombre de la premiada con el premio «Klara Silbernik», que Luis M. Hernández Yzal había creado en 1975 para recompensar simbólicamente a la mujer de un esperantista destacado, con una medalla grabada con el busto de la mujer de Zamenhof. El propio boletín lo explicaba en el número siguiente. El entrevistado de 1982 fue don Félix; la premiada, su mujer —aquella alumna del curso de Gandía de 1933 que él mismo menciona en la respuesta.
La entrevista ocupa las páginas 4 a 6 del número 251 (mayo-junio de 1982) y la firma «V. H. Ll.». Está escrita en esperanto: aquí la damos traducida al castellano, y la versión en esperanto de esta entrada conserva el texto original.
La entrevista
Hoy presentamos, bajo ese título, a un compañero entusiasta que durante muchos años ha enseñado Esperanto sin parar en diversas ciudades, a la vez que daba a conocer a sus alumnos el espíritu humanista de la lengua de Zamenhof, su Idea Interna. Se trata de nuestro buen amigo, el profesor jubilado señor Félix Navarro Clemente, de Valencia, que, pese a sus 73 años, se muestra mentalmente ágil ante nuestras preguntas. El señor Navarro dedica de buen grado todo el tiempo de que dispone a la difusión del Esperanto, cosa que, según dice él, le hace el efecto de un medicamento rejuvenecedor. He aquí los recuerdos de su protagonismo esperantista:
¿Querría describir la historia de su vida esperantista? Sí, de muy buen grado. En 1931 ejercía en Sollana, un pueblo cerca de Valencia. No recuerdo cómo, alguien me dio la llamada llave, La llave del Esperanto. Entonces me preparaba para el ascenso de categoría oficial. Aunque no tenía tiempo libre, hojeé el librito y me llamó la atención. Después aprendí solo la Lengua Internacional con el Curso Práctico de Esperanto, escrito por R. Duyós y V. Inglada, editorial J. Espasa.
El primer curso de Esperanto lo hice en Utiel, en verano, en la institución Cámara Agrícola. En aquella ocasión me presentó el delegado de UEA de allí, el señor Generoso Planells. En Gandía, en 1933, llevé dos cursos de Esperanto: el primero, para mis jóvenes colegas —diez maestros interinos—, donde conocí a una señorita que con el tiempo fue mi prometida, y después mi actual mujer; el segundo lo expliqué en la «escuela nocturna», con licencia para ello de su director. Además, participé en una campaña semanal de propaganda del Esperanto por «Radio Gandía», donde me hice amigo del destacado compañero Rafael Vizcaíno. Pero fue durante el congreso internacional de SAT, celebrado en Valencia en 1934, cuando, prendado de la utilidad práctica del Esperanto y consciente del bien que su Idea Interna comporta implícitamente para la humanidad, me entusiasmé al máximo por la lengua, y desde entonces he sembrado, siembro y sembraré con más constancia la creación zamenhofiana, que he dado a conocer como profesor de cursos. Con el mismo objetivo, tras un trabajo obstinado y paciente, conseguí ir publicando mi curso de Esperanto en el boletín de la importante «Caja de Ahorros de Valencia», institución que tiene miles de empleados.
En Valencia, adonde me trasladé en 1953, las cuatro paredes de la escuela donde daba clase estaban completamente cubiertas de postales y cartas de los cinco continentes. Esa correspondencia, recibida por mis alumnos de Esperanto, resultó pedagógicamente muy útil para dar a conocer el país correspondiente a mis discípulos de la enseñanza general básica. De esa actividad mía aislada por el Esperanto no sabía nada ningún compañero valenciano, hasta que uno de mis «alumnos de contabilidad» de la «escuela nocturna» (también les dedicaba un cuarto de hora de Esperanto), un joven muy hablador, visitó el Grupo Esperanto de Valencia. Sorprendió a todos hablando nuestro idioma, pero aún más cuando explicó que aprendía Esperanto en la «escuela nocturna» de la institución de allí «Patronato de la Juventud Obrera».
Esa anécdota me hizo contactar con el Grupo Esperanto local, y desde entonces mi coro infantil escolar «Esperanto» participó cada año en el aniversario del nacimiento de nuestro Maestro (véase en el Boletín de la HEF, enero-febrero de 1970, página 13) hasta mi jubilación, en 1973. Con el mismo coro infantil «Esperanto», y con la intención de hacer propaganda de la lengua, tuve la alegría de concursar, con una pieza musical adecuada titulada «La tago de la Kristnask’», en el Concurso de Villancicos que se organizaba oficialmente en el «Teatro Principal de Valencia».
Como ha dicho, ha enseñado la Lengua Internacional en lugares diversos. ¿Quiere contarnos su experiencia y su opinión sobre todo lo que tiene que ver con los cursos de Esperanto? Sí. Es comprensible que cada profesor de cursos de Esperanto tenga su propia manera de enseñar y su sistema preferido. Personalmente he experimentado que las lecciones deben presentarse tan fácilmente como sea posible, para que los alumnos las comprendan enseguida. Los ejercicios, orales o escritos, que sean tan vivos y alegres como se pueda, y, naturalmente, lo más simples posible. El profesor pedirá, cuando haga falta, una respuesta colectiva sobre el significado de alguna frase elegida o de algún chiste de la lección correspondiente, para animar así a los cursillistas. Poco a poco, que se vayan repitiendo más a menudo las respuestas individuales. Aprender de memoria canciones en Esperanto, con texto sencillo, ayuda mucho a adquirir el vocabulario necesario, igual que empezar a cartearse con extranjeros, ayudados al principio por el profesor, que además debe procurar continuamente despertarles el entusiasmo, para lo cual ayudará informarles de los últimos éxitos del Esperanto, etc., en España y en el extranjero.
Habría que preparar concienzudamente futuros enseñantes y, si es posible, profesores de Esperanto. Esa tarea es de hecho muy difícil, fatigosa, y exige mucho tiempo, con esperantistas de buena voluntad dispuestos a ofrecer horas queridas de su vida, gratis, por nuestro alto ideal. Sería modélico, óptimo, que cada enseñante poseyera con mérito el diploma de Esperanto de profesor, pero siempre y en todas partes, por desgracia, no se dispone por ejemplo de un… ¡Andreo Cseh o similares! En Chestre se enseñó Esperanto… ¿algún profesor universitario? No: un simple labrador, el recordado Francisco Máñez, ¡que esperantizó todo el pueblo!
Por eso, después de mi primera lección, siempre digo a mis alumnos: si pensáis que el Esperanto merece ser difundido, invitad a vuestros amigos interesados a venir a clase; pero si por alguna razón no pueden venir, entonces explicadles vosotros mismos, según lo que sabéis, esta lección, y seguid adelante — y por eso os llamo simbólicamente profesores. Sobre la aplicación exitosa de ese procedimiento puedo citar unos cuantos lugares: Buñol, Manises, Universidad Laboral de Cheste…
¿Quiere describir alguna otra anécdota de su vida esperantista? Sí, pasó en Mallorca. Unos alumnos del Colegio Nacional de Rafelguaraf (Valencia) viajaban para celebrar que habían terminado los estudios. Allí se encontraron con unos jóvenes japoneses. Con sonrisas y mucha simpatía se saludaron los unos a los otros. Una japonesa guapa fotografió al grupo. […] pidió la dirección de la chica española. Yo estaba allí y aproveché la ocasión para hablar de la utilidad de la Lengua Internacional.
Oportunamente, esta joven recibió una fotografía con un escrito japonés en un trozo de papel. Pero ¿qué significaban aquellos signos extraños? ¿Quién desvelaría el misterio? Un asunto irresoluble para muchísimas personas, pero un problema muy fácil para cualquier esperantista.
Los jóvenes, curiosos, recordaron que yo hablo Esperanto. Me enviaron aquel papel enigmático. En un anuario busqué una dirección, escribí a Japón y enseguida recibí una carta larga, gentil y amable, además de la solución del enigma: ¡LA DIRECCIÓN DE QUIEN LA HABÍA ENVIADO!
¿Qué mensaje enviaría a los esperantistas de nuestro país para que colaboren de la manera más positiva en la oficialización final del Esperanto en España? A muchos compañeros les recomendaría la lectura de la poesía zamenhofiana «La Vojo». Después de releerla y meditarla, que cada cual actúe en consecuencia. Que el Esperanto sea para nosotros como el aire, que se necesita para vivir. Que cada cual se esfuerce en introducir nuestra lengua en todos los ambientes: escultismo, Cruz Roja, partidos políticos, escuelas, institutos, etc. Hay que hacer crecer sí o sí el número de compañeros, para que sea enorme. Entonces, solo entonces, las instituciones oficiales reconocerán nuestra fuerza, nuestra importancia, cosa que en última instancia hará que el Gobierno considere positivamente la oficialización de la Lengua Internacional.
Finalmente, rogaría que cada compañero, individualmente, piense y se responda estas preguntas: 1) ¿De veras opino YO (yo, no los demás!) que nuestro idioma es útil y a la vez lleva un ideal noble?; 2) ¿Qué hago YO para difundirlo?; 3) ¿Qué podría hacer YO con ese fin?; 4) ¿Por qué no lo hago YO? (¡porque quien quiere, puede!); 5) Así pues, que YO sea…
Entrevistó V. H. Ll.

«S-ro Navarro Clemente kaj edzino» —el señor Navarro Clemente y su mujer—, la fotografía que abría la entrevista. La reproducción del boletín tiene la cara de él redibujada a mano: el semitono se perdió en la impresión y alguien le volvió a trazar los ojos, las cejas y el perfil.
Lo que los papeles confirman
Casi todo lo que cuenta don Félix se puede seguir en otros documentos, y eso es poco frecuente en un testimonio de memoria dictado a los setenta y tres años.
- Los cursos del Patronato los reconoció la Federación el 18 de diciembre de 1971, cuando le dio el premio «Francisco Máñez» —el labrador de Cheste que él cita en esta misma entrevista— «por su destacada contribución a la difusión del Esperanto como enseñante de nuestra lengua en las Escuelas del Patronato de la Juventud Obrera de Valencia, durante más de veinte años consecutivos».
- El coro infantil aparece en los boletines locales de 1969 y 1970 dirigiendo la misa cantada en esperanto de la fiesta de Zamenhof, y en diciembre de 1960 los niños del curso del Grupo Escolar «Teodoro Llorente» ya declamaban en esperanto, presentados por él.
- La remisión que él mismo hace al Boletín de enero-febrero de 1970, página 13, es exacta: allí está la fotografía del presidente Juan Devís entregándole el pergamino de agradecimiento del Grupo, con el doctor Rafael Herrero al lado.
- El alumno hablador no tiene nombre en los papeles, y probablemente no lo tendrá nunca.
Lo que la entrevista no dice, porque todavía no había pasado, es que cuatro años después don Félix se pondría delante de un micrófono: desde marzo de 1986 escribió y presentó Esperanto en la radio en Radio Klara, del que se conservan diez programas con la transcripción completa. Ni que llenaría el boletín del grupo de partituras copiadas a mano, ni que en 1987 el Grupo le publicaría el Curso práctico elemental de Esperanto. Tenía setenta y ocho años cuando empezó en la radio y ochenta y cuatro cuando sacó el Esperanta kanzonaro.
Si tenéis materiales, fotografías o recuerdos de don Félix —o fuisteis alumno suyo—, escribidnos.
Fuentes: Boletín de la Federación Española de Esperanto n.º 251 (mayo-junio de 1982), pág. 4-6, entrevista «Esperanto sur lia vojo» firmada «V. H. Ll.», de donde salen el texto y las dos fotografías; n.º 255 (enero-febrero de 1983), pág. 8, para el premio «Klara Silbernik» y su funcionamiento; n.º 189 (enero-febrero de 1972), pág. 5, para el premio «Francisco Máñez»; n.º 177 (enero-febrero de 1970), pág. 13, para el pergamino. Valencia Luno n.º 12 (diciembre de 1960), 3 (1969) y 4 (1970). Los boletines de la HEF se pueden consultar en Gazetoteko. La traducción del esperanto es nuestra; el texto original se conserva en la versión en esperanto de esta entrada. Los puntos suspensivos entre corchetes marcan una línea que la impresión del boletín dejó ilegible.
Entrada incorporada retrospectivamente el 1 de septiembre de 2026. La fecha de la entrada corresponde al documento original.
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