Qué dicen del esperanto 108.009 libros

Hemos buscado la palabra «esperanto» en 108.009 libros —101.509 en castellano y 6.500 en catalán— y después hemos mirado, uno por uno, los 2.912 pasajes donde aparece. No para contarlos: para saber qué dicen. La respuesta corta es que la literatura nos cita mucho más de lo que creemos, y casi nunca para hablar de nosotros.

Cada punto es uno de los 108.009 libros analizados, en el orden del corpus; los 1.423 que mencionan el esperanto están en verde.
Cada punto es uno de los 108.009 libros analizados, en el orden del corpus; los 1.423 que mencionan el esperanto están en verde.

Los números

libros con «esperanto» proporción
Castellano 101.509 1.343 1,3 %
Catalán 6.500 151 2,3 %
Total 108.009 1.494 1,4 %

Un libro de cada setenta y dos. Dicho de otro modo: si tienes una biblioteca de mil volúmenes, hay una docena larga de libros que hablan de esperanto y no lo sabes.

De los 1.494 hallazgos, 71 son falsos: la palabra aparece por errata. El mejor es de una novela romántica —«papá ha llegado y nos está esperanto abajo»— y los demás suelen ser el participio esperante, que nuestra búsqueda no sabía distinguir. Quedan 1.423 menciones reales.

Nueve maneras de citar el esperanto

Aquí viene la parte interesante. Cada párrafo se ha clasificado según qué hace la mención dentro del texto. El resultado no es el que un esperantista esperaría:

Tipo de mención Castellano Catalán
Metáfora («el esperanto de X») 297 (23,3 %) 11 (7,3 %)
Historia y biografía 251 (19,7 %) 59 (39,3 %)
Dentro de la trama 166 (13,0 %) 23 (15,3 %)
Chiste 144 (11,3 %) 13 (8,7 %)
Reflexión lingüística 115 (9,0 %) 15 (10,0 %)
Lista tópica de idiomas 101 (7,9 %) 15 (10,0 %)
Otros 79 (6,2 %) 3 (2,0 %)
Nombre propio (una calle, un bar…) 68 (5,3 %) 5 (3,3 %)
Ideal universalista 52 (4,1 %) 6 (4,0 %)

La categoría más numerosa en castellano no habla del esperanto. Habla de otra cosa usando el esperanto.

«El esperanto de…»: la metáfora que se nos ha ido de las manos

Casi una de cada cuatro menciones en castellano tiene esta forma. La palabra ha dejado de designar una lengua para convertirse en una unidad de medida de la universalidad: si quieres decir que algo se entiende en todas partes, dices que es el esperanto de aquello.

El dinero es un esperanto que entiende todo el mundo. — Carlos Bassas, El honor es una mortaja

El fútbol es el esperanto de las conversaciones entre hombres. — Martín Kohan, Fuera de lugar

Abba es el esperanto de la felicidad, y […] las Naciones Unidas deberían poner sus canciones en las asambleas generales. — Gayle Forman, Sólo un día

…el lenguaje de los intermitentes, ese esperanto de señales luminosas. — Luis del Val, La transición perpetua

Y también el esperanto erótico de las noches de Benidorm (Umbral), el esperanto federal del Imperio austrohúngaro (Wagenstein), «el lenguaje del pecado […], el esperanto original» (Joe Hill), el «esperanto de la queja» de los cuerpos que sufren (Finkielkraut) o el «esperanto científico y filosófico» que Gramsci le reprocha al pensamiento que se olvida de la historia.

Es un elogio paradójico. Nadie diría que algo es «el volapük de X»: la metáfora funciona precisamente porque el lector sabe qué es el esperanto y qué pretendía. Pero funciona en pasado: se cita el proyecto, no la lengua.

En catalán, memoria; en castellano, metáfora

El contraste entre los dos corpus es el hallazgo que no esperábamos. En catalán la categoría dominante, con diferencia, es la historia: casi el 40 % de las menciones. No son metáforas, sino gente con nombre y apellidos.

…on els burgesos gaudien de l’òpera al Liceu mentre la CNT ensenyava esperanto als seus milers d’afiliats. — Toni Soler, 14 d’abril. Macià contra Companys

Aparecen Joan Amades —fundador de la sección de esperanto del Ateneu Enciclopèdic Popular en 1906 y de la Federació Catalana d’Esperantistes en 1910—, Frederic Pujulà i Vallès con Homes artificials, la Kataluna Antologio… Es decir: el movimiento esperantista forma parte de la historia cultural que esos libros cuentan. En el corpus en castellano, mucho más internacional y con mucha más traducción, el esperanto llega a menudo como idea abstracta.

Conviene decirlo con honestidad: los dos corpus no son del todo comparables. El catalán es más pequeño y con más producción propia, y hay una nota biográfica de Amades que se repite idéntica en trece libros del mismo editor. Pero ni quitándola cambia la forma del cuadro.

El tono: la ironía es la segunda actitud

Tono de la mención Castellano Catalán
Neutro 600 (47,1 %) 56 (37,3 %)
Irónico 335 (26,3 %) 40 (26,7 %)
Positivo 235 (18,5 %) 46 (30,7 %)
Negativo 103 (8,1 %) 8 (5,3 %)

Una de cada cuatro menciones tiene tono irónico, y la proporción es clavada en las dos lenguas. No siempre llega a chiste —eso es una categoría aparte, el 11 %—, pero el repertorio de la broma es sorprendentemente estable: la lengua que no habla nadie, el excéntrico que la estudia, la frialdad del idioma artificial.

Esperanto. — Idioma universal que no conoce nadie. — Enrique Jardiel Poncela, La mujer como elemento indispensable para la respiración

—¡Qué disparate, Michelle! ¡El esperanto, esa lengua creada por Zamenhof en 1887… y abandonada por todo el mundo en ese mismo año! — Jorge Maronna y Luis María Pescetti, Copyright

¿Ha pensado alguien en una película en esperanto? ¡Sería esperantosa! — Ramón Gómez de la Serna, Greguerías

…era poco probable que un esperantista que se golpease el pulgar con un martillo gritase «¡Excremento!». — Poul Anderson, La patrulla del tiempo

El tono abiertamente hostil, en cambio, es raro: un 8 % en castellano y un 5 % en catalán. Y cuando aparece, a menudo viene de quien cabría esperar. Hitler, en un discurso, desprecia «los idiomas esperantistas de la paz, de la comprensión entre los pueblos». En los ensayos contemporáneos la crítica es otra: el esperanto como símbolo del uniformismo. Bernard Maris acusa a los economistas de construir «un esperanto económico que funda todo en lo gris e insípido de un pensamiento único».

Positivo e irónico no siempre se excluyen, por cierto. Muchas de las menciones más afectuosas son burlas tiernas: el esperantista como persona buena, entusiasta y algo ingenua, siempre acompañada del vegetarianismo y el pacifismo. Adam Hochschild lo cuenta sin broma y el retrato duele:

Cualquiera que hubiese pertenecido a un movimiento no estrictamente español (vegetarianos, esperantistas, maestros de las escuelas Montessori o miembros del Rotary Club) era inmediatamente sospechoso. — Adam Hochschild, España en el corazón

Los libros donde el esperanto es el protagonista

De las 1.423 menciones, 1.190 (el 84 %) son una mención de pasada, y tres cuartas partes de los libros solo dicen la palabra una vez. Solo 25 libros tratan el esperanto como elemento central. Algunos son previsibles —la biografía de Zamenhof El hombre que desafió a Babel, el manual Sabe usted esperanto de Jorge Hess, o el propio Gerda malaperis! de Claude Piron, incluido en el corpus castellano—, pero el resto no lo son en absoluto:

  • Umberto Eco, La búsqueda de la lengua perfecta (26 menciones).
  • Varlam Shalámov, La orilla izquierda: un preso del Gulag explica por qué está allí. «Es que soy esperantista. […] Y la condena fue también por el esperanto
  • Cynthia Ozick, Cuentos reunidos, con un congreso universal en Ginebra antes de la guerra.
  • Amos Oz, Entre amigos, donde el esperantista del kibutz tiene la biblioteca en seis idiomas.
  • Marina Tsvietáieva, en sus diarios de 1917: «Cuando habla del esperanto, en sus ojos refulge una leve locura.»
  • Enric Larreula, Terres verges, en catalán: «Ara escriuré el meu diari en esperanto. Així em servirà per practicar-lo.»

Y la cita que nos ha parecido más bonita de las 1.423, de La meva Ucraïna de Victoria Belim:

El meu home i jo crèiem que algun dia l’esperanto seria la llengua universal —va dir—. En canvi, va ser la llengua de dos. La fèiem servir quan no volíem que ens entenguessin els altres. Però el meu marit va morir i l’esperanto se’m mor a dins.

Cómo se ha hecho

Se ha buscado la raíz esperant- con los sufijos que corresponden a la lengua y no al verbo esperar, más Zamenhof. De cada coincidencia se ha mirado el contexto, primero para separar las menciones reales de los falsos positivos, y después para distinguir una referencia de pasada de una obra donde el esperanto pesa de verdad.

La clasificación de cada libro —tipo de mención, tono, importancia dentro de la obra e interés de la referencia— se ha hecho con ayuda de un modelo de lenguaje. Conviene saberlo para leer las cifras con la prudencia que merecen: están revisadas a mano las citas que aparecen en este artículo, no las 1.423 clasificaciones.

No es una muestra representativa de la literatura universal, sino de dos corpus concretos, con sus propios sesgos. Pero son lo bastante grandes como para que el dibujo se vea.

El catálogo completo

Los 1.423 resultados, agrupados por tipo y con su ficha y clasificación, están en el catálogo completo. Se puede recorrer por categorías: los chistes todos juntos hacen reír, y las metáforas todas juntas hacen pensar.

Las citas de este artículo y del catálogo son fragmentos breves de obras ya divulgadas, reproducidos con indicación de autor y título, con finalidad de análisis y comentario y sin ánimo de lucro, al amparo del artículo 32.1 del texto refundido de la Ley de propiedad intelectual. Si eres titular de derechos y consideras que alguna cita excede ese límite, escríbenos a valencia@esperanto.es antes que nada: la retiraremos sin discusión y lo antes posible.


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