Cómo volvió el esperanto después de la guerra: la reconstrucción, ciudad por ciudad

El gobierno autorizó la Federación Española de Esperanto en diciembre de 1947, con sede en Valencia, pero ese permiso no hizo volver el movimiento de golpe. Cada ciudad volvió a su manera y a su ritmo. En Zaragoza, el grupo Frateco no había llegado a cerrar y sobrevivió con una directiva hecha de católicos para que el gobernador no la vetara. En Manresa y en Sabadell el esperanto reapareció como sección de una sociedad de lenguas y de una de excursionismo. En Bilbao, la gente volvió a encontrarse antes de que el grupo tuviera permiso, y en Gijón la autoridad lo denegó hasta 1958. En Zamora, los cuatro jóvenes que habían organizado el esperanto habían sido asesinados, y bajo el franquismo no volvió a haber ningún grupo.

La nueva Federación, además, tuvo en puestos de responsabilidad a gente de los dos bandos de la guerra: un vicepresidente sevillano de «profundas convicciones católicas» y, haciendo el boletín número tras número, el hombre que durante la guerra había redactado el boletín de propaganda republicana en esperanto y que al acabarla había ido a la cárcel.

«Jen, kiel statas nun Esperanto en Hispanio» —así está ahora el esperanto en España—: el inventario que el Boletín de la Federación Esperantista Española publicó en diciembre de 1950, ciudad por ciudad, tres años después de la legalización. Núm. 24, p. 195.
«Jen, kiel statas nun Esperanto en Hispanio» —así está ahora el esperanto en España—: el inventario que el Boletín de la Federación Esperantista Española publicó en diciembre de 1950, ciudad por ciudad, tres años después de la legalización. Núm. 24, p. 195.

En resumen: cómo volvió

Leído en conjunto, lo que documentan las fuentes tiene tres fases, cuatro vías y dos tipos de protagonistas. La división en fases es nuestra; los hechos de cada una están contados y citados más abajo.

Tres fases.

  • 1946-1949: lo que sobrevive o se esconde. Antes del permiso, o al margen de él, están Frateco en Zaragoza, que no había cerrado, un curso libre en la universidad de La Laguna, el Lingua Club de Manresa y, según Marco Botella, encuentros informales en Bilbao.
  • 1947-1951: un paraguas estatal. En diciembre de 1947 el gobierno autoriza la Federación Española de Esperanto, con sede en Valencia. Desde 1949 publica el Boletín, que vuelve a unir a los grupos, y en 1951 celebra en Terrassa el primer congreso de la posguerra.
  • Los años cincuenta: ciudad por ciudad. Los grupos locales se legalizan uno a uno, cuando el gobernador de cada provincia lo permite: Bilbao en 1953, Gijón en 1958. Y los congresos anuales llevan el movimiento allí donde no había grupo, como Málaga en 1959 y Pontevedra en 1960. La etapa se cierra cuando la Federación se va a Zaragoza, en 1962-1963.

Cuatro vías. Un grupo que no cierra y que elige una directiva que el gobernador no vete (Zaragoza). Una sección dentro de otra entidad —una sociedad de lenguas, de excursionismo, la universidad— (Manresa, Sabadell, La Laguna). Un grupo propio, cuando llega el permiso (Valencia, Madrid, Bilbao). Y un congreso estatal donde todavía no hay nada (Málaga, Pontevedra).

Dos tipos de protagonistas. Los católicos y la gente bien vista por el régimen abrían puertas: un vicepresidente sevillano de «profundas convicciones católicas», la junta católica de Frateco, un rector que cedía la universidad, un arzobispo en el congreso de IKUE. Pero el trabajo diario lo hacían también los vencidos: el Boletín lo redactaba el antiguo redactor del boletín republicano Popola Fronto, y el curso de La Laguna lo daba un maestro salido de los campos de concentración.

Dónde no volvió. En Zamora, los organizadores habían sido asesinados y bajo el franquismo no hubo grupo. En Galicia, la reanudación no llega hasta el congreso de Pontevedra de 1960, y en Teruel el Boletín de aquellos años solo recoge personas sueltas.

El permiso de 1947 fue un punto de inflexión legal, pero no el fin del control: todavía en 1953 las juntas de Frateco se hacían con un policía en el estrado, y en Gijón la autoridad denegó el permiso al grupo, que no se reconoció hasta 1958.

El mapa de 1950

La mejor fotografía contemporánea de aquella reanudación la publicó la propia Federación. En diciembre de 1950, el Boletín núm. 24 —el boletín que la Federación hacía en Valencia desde 1949— dedica una página sin firma a repasar cómo estaba el movimiento. En traducción nuestra del esperanto:

  • Madrid: «la diligente actividad de nuestro ferviente compañero López Herrero, con otros colaboradores activos, ha conseguido formar un círculo y organizar un curso, cuyos frutos ya maduran».
  • Zaragoza: «se sostiene firme sobre pies fuertes el Grupo Esperantista Frateco, el único de toda España que no ha dejado de funcionar durante más de treinta años; ahora se hacen dos cursos».
  • Barcelona, «antiguo bastión del esperantismo»: la lengua «también empieza a brotar en las viejas ramas. Ya funcionan algunos cursos».
  • Terrassa: el esfuerzo del veterano Sebastián Chaler ha dado a la ciudad suficiente peso para que la Federación la elija «sin dudar» para el primer congreso español de la posguerra.
  • Santander y Bilbao «se mueven con habilidad y acierto».
  • Andalucía, «con Sevilla a la cabeza»: varios amigos «siembran constantemente» las ideas del esperanto.
  • Canarias: un «círculo escogido de gente competente», con el nombre de Régulo Pérez, muestra la utilidad del esperanto «incluso en los medios universitarios».
  • País Valenciano: además de la capital, «se pueden mencionar los nombres de Castellón y de Callosa de Segura», y en Cheste, «conocida con razón como la Meca del esperantismo», el movimiento «vuelve a brillar con su antigua fama».
  • Valencia: «con más de cien miembros, donde se acaba de fundar el grupo de la ciudad, siguen funcionando los cursos», se organizan excursiones, se acoge a los esperantistas extranjeros y «se ha subarrendado un local bonito para la enseñanza y las conferencias».

Tres años después de la legalización, pues, había actividad en una decena de lugares. El resto de este artículo cuenta cómo llegó cada uno, y dónde no se llegó.

Mapa de la primera actividad en grupo documentada después de la guerra, ciudad por ciudad, con los datos de la tabla de abajo. Azul oscuro: el grupo no llegó a cerrar (Zaragoza). Naranja: actividad dentro de otra entidad o sin permiso; la flecha lleva al año del reconocimiento legal. Verde: grupo o sede propia. Morado: la reanudación llega con un congreso estatal. Círculo vacío: ningún grupo documentado, con personas sueltas en Sevilla y nada en Zamora. Contornos de Natural Earth.
Mapa de la primera actividad en grupo documentada después de la guerra, ciudad por ciudad, con los datos de la tabla de abajo. Azul oscuro: el grupo no llegó a cerrar (Zaragoza). Naranja: actividad dentro de otra entidad o sin permiso; la flecha lleva al año del reconocimiento legal. Verde: grupo o sede propia. Morado: la reanudación llega con un congreso estatal. Círculo vacío: ningún grupo documentado, con personas sueltas en Sevilla y nada en Zamora. Contornos de Natural Earth.

Ciudad Primera actividad colectiva documentada Por qué vía
Zaragoza el grupo no cierra; curso discreto en abril de 1948 la sociedad Frateco, con una directiva católica
La Laguna curso libre en la universidad, 1946-47 Juan Régulo Pérez, maestro depurado y encarcelado
Manresa Lingua Club, octubre de 1947 una sociedad de lenguas
Valencia sede de la Federación desde 1947; Boletín desde 1949 la organización estatal
Sabadell sección esperantista de una sociedad excursionista, enero de 1950 una entidad de excursionismo
Cheste acto en el teatro, 22 de enero de 1950 los veteranos del pueblo
Madrid círculo y curso, 1950 López Herrero; radio universitaria desde 1952
Terrassa primer congreso de la posguerra, julio de 1951 el grupo local y Sebastián Chaler
Bilbao encuentros informales, 1946 (según Marco Botella); grupo refundado, 1953 primero la gente, después el permiso
Gijón actividad sin permiso en los cincuenta; grupo reconocido, 1958 entidades que lo cubrían
Sevilla «avanzados los años cuarenta», según la asociación sevillana; el Boletín sitúa allí amigos sueltos en 1950 Federico Rivelles y unos pocos más, sin grupo
Galicia congreso de Pontevedra, 1960 un congreso estatal
Zamora ninguno bajo el franquismo —

La tabla no dice que antes de cada fecha no hubiera nadie que hablara esperanto o que guardara sus libros. Dice cuándo hay un documento de actividad en grupo.

La legalización de 1947 no lo abrió todo

La noticia del permiso llegó a Valencia el 15 de diciembre de 1947, el día de Zamenhof, cuando los esperantistas de la ciudad se sentaban a la mesa para celebrarlo. Lo cuenta el primer número del Boletín, un año después: «reunidos para festejar, el 15 de Diciembre, la memoria de nuestro inolvidable Fundador, llegó la noticia» (núm. 1, p. 1).

La idea de una federación estatal había venido de Sevilla. Federico Rivelles Giménez, que en la primera junta elegida sería vicepresidente (Boletín núm. 13, enero de 1950), escribió primero a Frateco, de Zaragoza, porque era «la única sociedad esperantista autorizada oficialmente en el país», y le propuso que encabezara la petición al gobierno. La directiva zaragozana lo rechazó por unanimidad, «que la situación política de nuestra ciudad no estaba todavía suficientemente madura para dar ese paso». Lo cuenta Antonio Marco Botella, que fue protagonista de ello, en Un siglo de Esperanto en Aragón (2000), donde describe a Rivelles como «persona muy afecta al régimen». El sociólogo Roberto Garvía lo presenta en Lengua y utopía (2022, p. 11) como «el sevillano Federico Ribelles Giménez, de profundas convicciones católicas», quien «inició todos los contactos para reavivar el esperantismo». Al final, la petición la presentaron los valencianos.

El permiso estatal no valía para los grupos de cada ciudad, que seguían dependiendo del gobernador civil de su provincia. Marco Botella escribe que, enseguida, grupos de varias provincias, «como por ejemplo Alicante», le pidieron la autorización y recibieron «un no rotundo», y que todavía en 1951 «en algunas capitales de provincia los respectivos Gobernadores aun se negaban a autorizar la refundación de Grupos de Esperanto». La cronología que el Boletín publicó en 1981 resume así el año 1948: «se organizan varias secciones de esperanto dentro de asociaciones culturales y deportivas» (núm. 248, p. 9). Es la fórmula que se ve en Manresa, en Sabadell y en Gijón.

Zaragoza: el grupo que no cerró

En Aragón, cuenta Marco Botella, al empezar la guerra se cerraron todos los grupos de esperanto menos uno: «Hubo una sola excepción en toda la España «nacional», Frateco de Zaragoza, que ciertamente quedó totalmente paralizado». El Boletín de 1950 lo dice de otra manera: Frateco era el único grupo de España «que no ha dejado de funcionar» en treinta años.

La razón que da Marco Botella es el presidente del grupo, Ramón de Salas Bonal, «que como comandante del ejército, y además ocupando un alto cargo de orden público de Zaragoza», paró a quienes querían cerrarlo. Salas era comandante de caballería retirado, había dejado la presidencia de Frateco en 1937 para ir al frente y murió allí en 1938; el Boletín Oficial del Estado del 13 de octubre de 1938 (p. 1789) lo asciende a teniente coronel a título póstumo: «el Comandante de Caballería, retirado, don Ramón de Salas Bonal, que murió gloriosamente en acción de guerra». La ponencia de José Antonio del Barrio y Ulrich Lins sobre el esperanto en la Guerra Civil (2006) lo hace coronel y gobernador militar; no hemos encontrado ningún documento que lo diga.

La protección no duró. El 10 de noviembre de 1941, según Marco Botella, una veintena de jóvenes falangistas entraron en el local, rompieron documentos y libros de la biblioteca y se llevaron el libro de actas y la lista de socios. De este asalto solo existe su testimonio.

Cuando en 1947 Frateco renovó la directiva, cada nombre tenía que pasar por el Gobierno Civil. La junta que salió, presidida por José Orós Gimeno, tenía once miembros, entre ellos el médico Fernando de la Puente y el cura Emilio Pérez, y Marco Botella explica el criterio: «Todos los directivos eran de marcada tendencia católica, lo que ofrecía una garantía de que no iban a ser vetados por la autoridad». Ni así: en 1948 el gobernador todavía no autorizó la junta general, y el curso que se hizo en abril de aquel año no se anunció en ninguna parte. La primera junta general de la posguerra la autorizó el Jefe Superior de Policía el 29 de enero de 1950, «con la presencia obligada de un policía en el estrado».

Los jóvenes, y la policía a las tres de la madrugada

En 1949 llegó a Zaragoza Antonio Marco Botella, nacido en 1921 en Callosa de Segura (Bajo Segura). Con José Guio y Salvador Morales hizo propaganda en la Sociedad de Montañeros de Aragón y llenó cursos de dos horas en días alternos. Lo que cuenta de aquellos cursos lo vivió él: la policía visitaba a los alumnos en casa «entre las dos y tres de la madrugada», y quien recibía la visita ya no volvía a clase. En 1950, siempre según él, los cursos se anunciaron por primera vez desde la guerra en Heraldo de Aragón y El Noticiero.

En septiembre de 1950, según Marco Botella, se fundó en Zaragoza la asociación católica de esperantistas, presidida por Fernando de la Puente. El Boletín la presenta en enero de 1951 como «nova organizo»: la Katolika Esperantista Hispana Asocio (KEHA), en la calle de Zurita, 13 (núm. 25, p. 209). La historia de la unión internacional de esperantistas católicos (IKUE) la hace nacer en 1952, en el congreso eucarístico de Barcelona; el Boletín ya hablaba de ella un año antes.

Un rector y un arzobispo

Miguel Sancho Izquierdo (Calanda, 1890 – Zaragoza, 1988) había sido diputado de la CEDA —la coalición de la derecha católica durante la República— por Teruel en 1933 y en 1936, fue concejal de Zaragoza de 1939 a 1944 y rector de la universidad de 1941 a 1954 (Ayuntamiento de Zaragoza; Universidad Carlos III). Y era esperantista desde joven: el Boletín recuerda que «una vez incluso fue secretario» de Frateco. Cuando Zaragoza organizó el congreso español de 1954, el rector ofreció las salas de la universidad y de la Facultad de Medicina para la apertura y las sesiones de trabajo (núm. 64, p. 36).

Del 20 al 24 de julio de 1956, Zaragoza acogió el 26.º congreso de IKUE, con 209 congresistas; lo habían organizado De la Puente y Pedro Marqueta. El arzobispo Casimiro Morcillo dijo allí la misa y habló en la sesión de apertura «en y sobre el esperanto» (núm. 92, p. 318-319). Quince años después, en el obituario del arzobispo, el Boletín añadía que él mismo había presidido la sesión y que había aprendido esperanto de seminarista (núm. 186, 1971). Marco Botella hace una lectura propia: el presidente y el vicepresidente de Frateco, que encabezaban el comité organizador, «movilizaron a todos los elementos conservadores esperantistas que hasta ese momento aun no habían decidido incorporarse».

A finales de 1961, Sancho Izquierdo ya era presidente de Frateco y vicepresidente de la Federación (núm. 130). Aceptó la presidencia, y en diciembre de 1962 el Boletín anunciaba que la Federación se iba de Valencia a Zaragoza (núm. 135). El gobierno lo aprobó a principios de 1963 (núm. 136, p. 490), y el primer Boletín hecho en Zaragoza es el de septiembre de 1963 (núm. 137).

Valencia: la sede federal, con gente de los dos bandos

Valencia fue la sede de la Federación de 1947 a 1963, y el grupo de la ciudad, el que más gente tenía en 1950. Cómo se vivió eso aquí —la horchatería de la calle de Ruzafa que hacía de sede, el congreso de 1952, la radio— lo contamos en la historia del esperanto en Valencia, y no lo repetimos.

Lo que interesa aquí es quién había. La Federación Española de Esperanto lo dice en su historia institucional: «Participaron en ella personas que habían combatido en el bando nacional y también personas identificadas con el bando perdedor, que habían ya recuperado la libertad». Garvía lo describe en la presentación de su libro como un «lugar de encuentro y reconciliación».

El caso más claro de los vencidos es Luis Hernández Lahuerta. Durante la guerra había redactado Popola Fronto, el boletín en esperanto con el que el Grupo Laborista Esperantista de Valencia difundía en el extranjero la posición republicana, y al acabarla fue a la cárcel. Desde 1949 redactó el Boletín de la Federación; lo dejó en diciembre de 1953, lo retomó en 1957 y lo llevó hasta 1960, un año antes de morir (núm. 60; núm. 248, p. 9-12).

El otro acto público valenciano de aquellos primeros años fue fuera de la capital. El 22 de enero de 1950 una expedición de esperantistas de Valencia llenó el teatro de Cheste, donde los niños los saludaban en esperanto por la calle: lo contamos en «Ya vuelven a sonar los claros clarines», con la crónica que publicó el Boletín.

Cataluña: secciones dentro de otras sociedades

En Manresa el esperanto volvió como una lengua entre otras. El Lingua Club nació en 1947 —la primera reunión es del 5 de octubre— como «sociedad políglota», y El Pou de la Gallina cuenta su origen («II Setmana d’amistat francomanresana a Lingua Club»): uno de los iniciadores, Modest Tuset, daba clases «a l’acadèmia del procurador Josep Pla Casasayas, ben relacionat amb les autoritats franquistes del moment, que van facilitar-ne la legalització». Pla era procurador de los tribunales (Espluga, 2023, p. 93, n. 7). La cronología del Boletín de 1981 lo llama «la única asociación de esperanto oficial en Cataluña».

En Sabadell fue una sociedad excursionista. El 22 de enero de 1950, el mismo día del acto de Cheste, se inauguró allí un curso en la «recién fundada Sección Esperantista de la Sociedad Excursionista «Mar y Tierra»», con más de cien asistentes y cuarenta alumnos, según la crónica de Sebastián Chaler (Boletín núm. 14). La Associació Catalana d’Esperanto sitúa ahí el primer curso de la posguerra en la ciudad.

Terrassa organizó del 28 al 30 de julio de 1951 el 12.º Congreso Español de Esperanto, «este primer Congreso de la postguerra», con 258 asistentes de 307 inscritos. El Boletín lo recibió como el cumplimiento del «deseo anhelado de los esperantistas españoles de mostrarse en público, después de una larga pausa de quince años» (núm. 32-33). Todavía en febrero de aquel año lo anunciaba «mientras se recibe la conformidad oficial de la Superioridad» (núm. 26).

En Barcelona, el grupo Stelo de Paco hacía cursos y un boletín que en mayo de 1954 iba ya por el número 8 (núm. 65). Los encuentros anuales de los esperantistas de la zona empezaron el 1 de mayo de 1957 en Sabadell como «encuentro provincial de Barcelona» (núm. 102); el de 1973, en Calella, ya se llamó «15.º Encuentro Esperantista Catalán» (núm. 197).

Durante la guerra, el esperanto había servido en Cataluña de propaganda oficial: el Comisariado de Propaganda de la Generalitat publicó comunicados de prensa en esperanto, organizó la exposición Cincuenta años de esperanto y patrocinó un comité esperantista antifascista, «uno de los pocos casos en el mundo en el que un gobierno utilizó el esperanto en su propaganda» (Boquera y Medina, 2020, p. 338-340).

Bilbao: primero la gente, después el permiso

Según Marco Botella, en 1946 «los esperantistas se reunían dos veces por semana para pasear por la Plaza Nueva y practicar el Esperanto», y aquel año Juan Muro empezó un curso en la escuela de sordomudos. El grupo no volvió a existir legalmente hasta 1953. En enero de aquel año el Boletín informaba: «Se ha refundado el grupo con más de sesenta miembros, y por primera vez después de la guerra funciona un curso con mucha asistencia», en un piso que había cedido el delegado provincial de ciegos (núm. 49). Marco Botella data la refundación el 3 de mayo de 1953, y la cronología del grupo bilbaíno habla de «nueva legalización» aquel año. En agosto se hizo allí el 14.º Congreso Español.

Madrid: un círculo, y una radio universitaria

En Madrid, en diciembre de 1950 estaban el círculo y el curso de López Herrero que recoge el Boletín. El libro del congreso español de 1987, que tenemos reproducido, data en 1950 el Madrida Esperanto-Grupo, en 1951 Hispana Esperanto Aŭroro, de los esperantistas ciegos, y en 1953 el Madrida Esperanto-Klubo; también dice que los cursos volvieron en 1951, cuando el Boletín ya hablaba de ellos un año antes.

El 9 de enero de 1952 se estrenó Anteno Esperantista en Radio SEU, la emisora del sindicato universitario oficial del régimen: se emitía los miércoles a las 20.30 y la hacía Darío Rodríguez López de Silva (núm. 37). La emisora dejó de hacerla en febrero de 1954 (núm. 67). Madrid acogió el congreso español de 1957 y, en 1968, el Congreso Universal de Esperanto.

La Laguna: la universidad, con un represaliado de profesor

La actividad en grupo más temprana de todas las de este artículo es anterior a la legalización, y la hacía un represaliado. Juan Régulo Pérez había sido separado del cuerpo de maestros en 1936 y había pasado de 1937 a 1939 por «cárceles y campos de concentración de Canarias, la Península y Marruecos», según su biografía en la Serta gratulatoria in honorem Juan Régulo (Universidad de La Laguna, 1985, p. 9-10); Garvía añade que era de la UGT (p. 12). En 1941 llegó a La Laguna, y en el curso 1946-47 dio en la universidad un curso libre de esperanto. Se conserva la foto: «Asistentes a lecciones libres de Esperanto en el curso 1946-47, 2º cuatrimestre», con Régulo de profesor y, entre los alumnos, el exrector Jesús Maynar (La Laguna Ahora, 2014). La asociación esperantista de la universidad data el primer curso en 1948, que es cuando la Facultad lo hizo oficial.

No fue una línea recta. En abril de 1951, el Boletín hablaba de un «largo silencio, causado por la supresión del curso de esperanto de la universidad» (núm. 28, p. 30), y en abril de 1952 el curso se retomaba con autorización oficial (núm. 42, p. 379). Aquel mismo año Régulo empezó a editar libros en esperanto con el sello Stafeto (núm. 49): en unos veinticinco años salieron «casi cien títulos» (Federación Española de Esperanto).

Gijón: un grupo sin permiso

La historia de la asociación esperantista asturiana (Heleco 84, 2009, p. 34) cuenta que en Gijón había un círculo que funcionaba sin existencia oficial, y que «kiam Alberto Menéndez intencis legalizi tiun grupon, la koncerna aŭtoritato rifuzis tion argumentante ke al tiu grupo mankis taŭgan socian sidejon»: la autoridad lo rechazó porque no tenían un local social adecuado. Para organizar el congreso español de 1955 se acogieron a un grupo esperantista creado dentro del Centro Asturiano —el Boletín da su dirección en el paseo de Begoña—, pero el 15 de febrero de 1955 la directiva de esa entidad lo disolvió y prohibió allí toda actividad esperantista. El congreso se hizo igualmente, del 23 al 27 de julio (Boletín núm. 80). El Grupo Esperantista Jovellanos pidió el reconocimiento al Ateneo Jovellanos el 19 de abril de 1958: se lo dieron, pero sin local para las clases.

Sevilla y Málaga

La Asociación Sevillana de Esperanto dice que la actividad «se renueva avanzado los años cuarenta. Pero la autentica renovación viene con los años setenta». Aparte de Rivelles, en la junta de la Federación de 1952 había otro sevillano, José María Arias de Reyna Ferrero (núm. 37).

Cuando la Federación llevó el congreso a Málaga en agosto de 1959, el Boletín reconocía que en la ciudad no había grupo: solo «un número muy reducido de jóvenes alumnos alrededor de un solo profesor, aunque diligente», Eleuterio Moreno García. Y explicaba por qué lo había llevado allí: era la «inauguración de una nueva etapa, en un territorio casi nuevo, de nuestros esfuerzos por tener contacto, cada año, con pueblos y autoridades por toda la geografía del país» (núm. 117). Hacía más de treinta años que no había un congreso en Andalucía.

Galicia, Zamora y Teruel

La Enciclopedia Galega Universal sitúa el núcleo esperantista gallego en A Coruña a principios de siglo y en Ferrol durante la República, explica la depuración de muchos de sus miembros después del golpe militar y data la reanudación en tres congresos: «O esperanto rexurdiu coa celebración dos congresos de Pontevedra (1960), Vigo (1972) e Ferrol (1976)». El de Pontevedra, del 21 al 23 de julio de 1960, llegó nueve años después del de Terrassa.

En Zamora no hubo reanudación. El estudio de Carlos Coca Durán (Anuario del Instituto de Estudios Zamoranos Florián de Ocampo, 39, 2024) lo dice sin matices: «Los cuatro jóvenes organizadores (Amado Hernández, Engracia del Río, Antonio Pertejo y Esperanto Luis) fueron asesinados por los voluntarios y autoridades golpistas» (p. 301), y «las únicas noticias que hubo del esperanto en Zamora, durante la etapa franquista, fueron las breves crónicas sobre los congresos de la Federación Española y anécdotas que salieron en la prensa local» (p. 302). Quiénes eran y cómo los mataron lo contamos en Zamora, 1936: los esperantistas que no volvieron.

Teruel había tenido grupo desde 1903, con canónigos y escolapios entre los fundadores, según el trabajo de Serafín Aldecoa que se presentó en Valencia en 2022. Del período 1949-1962, el Boletín solo recoge allí esperantistas sueltos, como los de Mosqueruela en 1953-1954, y ningún grupo. Eso es lo que dice el boletín, no necesariamente todo lo que hubo.

Los congresos, un mapa de la reanudación

Después del de Barcelona de 1936 no hubo ninguno en quince años. La serie recomienza así, según la Federación y el Boletín de cada año:

Núm. Año Ciudad
12.º 1951 Terrassa
13.º 1952 Valencia
14.º 1953 Bilbao
15.º 1954 Zaragoza
16.º 1955 Gijón
17.º 1956 Barcelona
18.º 1957 Madrid
19.º 1958 Castellón
20.º 1959 Málaga
21.º 1960 Pontevedra
22.º 1961 Palma
23.º 1962 Valladolid

Marco Botella explica qué se quería del primero: reunir a todos los que «sin distinción de credos e ideologías, activábamos ya a cara descubierta en el país», y «dar confianza a todos aquellos de nuestros colegas que aun no se atrevían a declarar su condición de esperantistas». La crónica de Málaga de 1959 dice lo mismo desde arriba: el congreso servía para llegar allí donde todavía no había movimiento.

Quién la hizo, la reconstrucción

Las fuentes que han escrito sobre la reanudación la atribuyen sobre todo al amparo de los círculos católicos: del Barrio y Lins, Patricia Merello Guzmán (Ámbitos, 44, 2019, p. 193) y Marco Botella. Los casos de este artículo muestran una realidad más variada: el curso más antiguo lo dio en La Laguna un afiliado a la UGT salido de la cárcel, el Boletín de la Federación lo hacía el antiguo redactor de Popola Fronto, y en Manresa y en Sabadell el esperanto volvió dentro de sociedades de lenguas y de excursionismo. Por qué la presencia católica es tan visible, y qué pasaba al mismo tiempo en el resto de Europa, lo analizamos en ¿Por qué había tantos católicos en el esperantismo español de posguerra?

Las fuentes, y lo que vale cada una

Buena parte de esta historia la conocemos por Antonio Marco Botella, nacido en 1921, que la vivió en Zaragoza y la escribió entre 2000 y 2014. Es la única fuente para cosas que ningún documento administrativo recogería —las visitas de la policía, las conversaciones de las directivas—, pero es memoria escrita medio siglo después. Allí donde el Boletín de la época dice algo distinto, lo hemos puesto al lado.

Las fuentes no se ponen de acuerdo en unas cuantas cosas, y las damos todas:

  • Cuándo nació la Federación. El Boletín de diciembre de 1949 celebra «dos años» de existencia legal (1947); el de diciembre de 1962 cuenta «trece» desde la fundación (1949); en 1988 se celebró el cuarenta aniversario (1948); y Garvía, en la introducción de su libro, data el permiso el 15 de diciembre de 1946.
  • Cuándo se fundó la asociación católica: septiembre de 1950 (Marco Botella), enero de 1951 o antes (Boletín), 1952 (IKUE).
  • Cuándo se refundó el grupo de Bilbao: enero de 1953 o antes (Boletín), 3 de mayo de 1953 (Marco Botella).
  • Cuándo volvieron los cursos a Madrid: 1950 (Boletín), 1951 (libro de 1987).
  • Cuándo se fue la Federación a Zaragoza: decidido en 1962, efectivo en 1963.
  • El grado de Ramón de Salas: comandante retirado, según el BOE; coronel y gobernador militar, según del Barrio y Lins.

Fuentes. Boletín de la Federación Esperantista Española, en la colección de Gazetoteko y en la Bitoteko: núm. 1 (enero de 1949), 13 y 14 (enero y febrero de 1950), 24 (diciembre de 1950), 25, 26, 28 y 32-33 (1951), 37 y 42 (1952), 49 y 60 (1953), 64, 65 y 67 (1954), 80 (1955), 92 (1956), 102 (1957), 117 (1959), 130 y 135 (1962), 136 y 137 (1963), 186 (1971), 197 (1973) y 248 (1981, «Nia historio (1947-1981)», p. 9-12, compilada por S. Aragay). Antonio Marco Botella, Un siglo de Esperanto en Aragón (2000), capítulos 1937-1953 y 1954-1962; «Esperanto y «Memoria Histórica»» (2014); El Esperanto en el País Vasco, 1946-1964. Roberto Garvía Soto, Lengua y utopía. El movimiento esperantista en España (1890-1936), Editorial Universidad de Granada, 2022 (muestra, p. 9-17). José Antonio del Barrio y Ulrich Lins, «La utilización del Esperanto durante la Guerra Civil Española» (2006). Patricia Merello Guzmán, «El esperanto en los medios periodísticos: una aproximación a la historia esperantista de España», Ámbitos 44 (2019), p. 181-199. Boletín Oficial del Estado núm. 105, 13 de octubre de 1938, p. 1789. Miguel Sancho Izquierdo: Ayuntamiento de Zaragoza y Universidad Carlos III. N. Hoen, Historio de IKUE 1903-1983, cap. 15. Federación Española de Esperanto, «El esperanto en España», «Congreso Español de Esperanto» y «Las bibliotecas». J. S., «II Setmana d’amistat francomanresana a Lingua Club (1962)», El Pou de la Gallina, 2025. Xavier Espluga, «Obituari: Jaume Medina (1949-2023)», Anuari de Filologia. Antiqva et Mediaevalia 13 (2023). Associació Catalana d’Esperanto, «Nia historio». Ester Boquera Diago y Alfons Medina Cambrón, «La evolución de la propaganda de la Generalitat de Cataluña durante la Guerra Civil», Historia y Comunicación Social 25:2 (2020), p. 333-343. Grupo Esperantista de Bilbao, «El Esperanto en nuestra región en fechas» (copia de 2004). Lupe Sanz Bueno (red.), libro del 47.º Congreso Español, Madrid 1987, p. 12-14. A. y M. Régulo Rodríguez, «Datos biográficos», Serta gratulatoria in honorem Juan Régulo, I, Universidad de La Laguna, 1985, p. 9-10. Fernando Clavijo Batlle, «Manuela Marrero, in memoriam», La Laguna Ahora, 14 de junio de 2014. Asociación Universitaria para el Desarrollo y Promoción del Esperanto, Universidad de La Laguna. Astura Esperanto-Asocio, «Astura Esperanta Asocio Centjara», Heleco 84 (2009), p. 11-91. Asociación Sevillana de Esperanto, «Historia del esperanto en Sevilla». Enciclopedia Galega Universal, «esperanto». Carlos Coca Durán, «El esperanto en Zamora. La lengua auxiliar de la utopía», Anuario del Instituto de Estudios Zamoranos Florián de Ocampo 39 (2024), p. 287-308. Serafín Aldecoa, presentación de Esperanto y esperantistas de Teruel (2022).