Que esperanto quiere decir «el que espera» lo sabe todo el mundo. Que su autor lo consideraba un nombre «del todo ilógico», no tanto. En 1890, cuando unos cuantos lectores le pidieron que lo cambiara, Ludwik Lejzer Zamenhof respondió que, si tuvieran que inventarlo a propósito, «sin duda» encontrarían uno «mucho más adecuado y más lógico». No lo tocó por una razón práctica: el público ya lo conocía, y cambiarlo sería empezar de cero.
El nombre, además, no se eligió a propósito. El libro de 1887 presentaba una Lingvo Internacia, «lengua internacional», y «Doktoro Esperanto» era solo el seudónimo del autor. Fueron los primeros usuarios quienes lo pasaron a la lengua, y en los escritos de Zamenhof el cambio se puede seguir año a año: hasta 1888, «Esperanto» solo es una firma; entre 1889 y 1895, «la lengua Esperanto» ya supera a «la lengua internacional» de tres a uno.

Portada de la edición francesa del primer manual, Varsovia, 1887: «Dr. Esperanto. Langue Internationale. Préface et manuel complet». «Esperanto» es el nombre del autor; el de la lengua es «Langue Internationale».
La portada francesa de 1887. «Dr. Esperanto» es quien firma; la lengua se llama «Langue Internationale». Debajo, un lema del autor que, leído hoy, tiene gracia: «Pour qu’une langue soit universelle — il ne suffit pas de lui en donner le nom» («Para que una lengua sea universal no basta con ponerle el nombre»).
Zamenhof lo dijo antes: «un nombre mucho más adecuado y más lógico»
La respuesta salió en La Esperantisto, la primera revista escrita en esperanto, de la que Zamenhof fue redactor, en el número 12 de 1890. Un lector de Boguĉar, en Rusia, le había preguntado por carta si no convenía cambiar el nombre de la lengua, y como «esa misma pregunta» le había llegado de unas cuantas personas más, la contestó en público. La transcripción está en Vikifontaro (la Wikisource en esperanto):
«Se ni volus intence elpensi ian nomon por nia lingvo, ni povus sendube trovi multe pli konvenan kaj pli logikan nomon ol “Esperanto”; sed la nomo de nia lingvo ne estas elpensita […]. La nomo “Esperanto” estas per si mem tute senlogika; sed en sensignifa kondiĉa nomo kial ni bezonas logikon?»
Es decir: «Si quisiéramos inventar a propósito un nombre para nuestra lengua, sin duda podríamos encontrar uno mucho más adecuado y más lógico que «Esperanto»; pero el nombre de nuestra lengua no es inventado […]. El nombre «Esperanto» es en sí mismo del todo ilógico; pero en un nombre convencional, que no significa nada, ¿para qué necesitamos la lógica?».
El motivo para no cambiarlo, en la misma respuesta, era práctico: «cambiar ahora el nombre de nuestra lengua sería muy perjudicial, porque el público pensará que es alguna lengua nueva». Con cada cambio, escribía, «tendremos que empezar de nuevo la batalla contra la indiferencia».
La respuesta se incluyó, casi entera, en las Lingvaj Respondoj, la recopilación de las consultas lingüísticas que contestó Zamenhof.
1887: una lengua sin nombre y un autor con seudónimo
El primer manual se publicó en Varsovia el 26 de julio de 1887, en ruso, y antes de acabar el año ya había versiones en polaco, francés y alemán (Korĵenkov, La Ondo de Esperanto): «casi a la vez en varias lenguas», como recordaría Zamenhof en 1893. La versión francesa se titulaba Dr. Esperanto. Langue Internationale. Préface et manuel complet (digitalización en Wikimedia Commons). La lengua no tenía nombre propio: era «la lengua internacional». La tarjeta de promesa que llevaba el manual lo deja claro. Quien la firmaba se comprometía a aprender «la proponitan de d-ro Esperanto lingvon internacian», «la lengua internacional propuesta por el doctor Esperanto» (texto en el Tekstaro).
El segundo libro, de 1888, todavía se titulaba Dua Libro de l’ lingvo Internacia, «segundo libro de la lengua internacional». En el anexo de ese mismo año, Zamenhof reproducía la opinión de un crítico que hablaba de «D-ro S*, kiu skribas sub la nomo de d-ro Esperanto», «el doctor S*, que escribe con el nombre de doctor Esperanto» (Aldono al la Dua Libro).
El seudónimo es una palabra de la propia lengua: esper- (esperar), -ant- (participio presente activo) y -o (sustantivo). Esperanto es «el que espera».
De firma a nombre de lengua, en cifras
La Originala Verkaro, la recopilación de escritos, cartas y discursos de Zamenhof que Johannes Dietterle publicó en 1929, está digitalizada en el Tekstaro de Esperanto, un corpus de textos en esperanto preparado para hacer búsquedas. Cada texto lleva la fecha y la procedencia, de modo que se puede contar cómo llama Zamenhof a la lengua en cada época:
| período | textos | «lingvo internacia» | «lingvo Esperanto» | «Esperanto», sin «doktoro» delante |
|---|---|---|---|---|
| 1887–1888 | 6 | 2 | 0 | 3, las tres como firma |
| 1889–1895 | 211 | 38 | 113 | 224 |
| 1896–1917 | 258 | 52 | 21 | 196 |
Las dos cosas que dice la tabla son claras. En las cartas de 1887 y 1888, «Esperanto» es solo la firma: «Kun estimo Esperanto», «Con aprecio, Esperanto». En 1889 ya es el nombre de la lengua. El primer texto de la recopilación de ese año es el prólogo de un vocabulario titulado vortaro de la lingvo “Esperanto”, con el nombre todavía entre comillas, y en todo el período 1889–1895 «la lengua Esperanto» supera a «la lengua internacional» por 113 a 38. Más adelante, cuando ya nadie dudaba de qué idioma se hablaba, «Esperanto» a secas tomó el relevo de la fórmula «lingvo Esperanto».
Hay que leer la tabla por lo que es. La Originala Verkaro no contiene todo lo que escribió Zamenhof, sino lo que Dietterle pudo reunir, y de los dos primeros años solo hay seis textos. La tabla mide cómo hablaba Zamenhof, no sus lectores: el cambio, según él mismo, lo hicieron los usuarios antes que él.
Por qué ganó: era el único nombre que distinguía
La respuesta de 1890 explica cómo se produjo el cambio, y es la misma historia que se ha contado después, pero de primera mano. La lengua se llamaba «la lengua internacional propuesta por Esperanto». Por comodidad, la gente empezó a decir «lengua de Esperanto» (die Esperanto-Sprache, en alemán). Las otras fórmulas que se probaron, «la lengua internacional» o «la internacional», no cuajaron:
«[…] ĉar ili estis ne bone elparoleblaj, ne memoreblaj por la publiko kaj prezentis nenion difinitan (ĉar sub “lingvo internacia” oni povas egale bone kompreni la Volapükon aŭ aliajn proponitajn projektojn).»
«[…] porque no eran fáciles de pronunciar, el público no las recordaba y no designaban nada concreto (porque por «lengua internacional» se puede entender igual el volapük o cualquier otro proyecto propuesto)». Entonces, continúa, muchos empezaron a escribir solo «Esperanto», como en «la afero Esperanto» o «skribi en Esperanto», y Zamenhof, «viendo que mi seudónimo inicial había pasado a la cosa misma y que era muy práctico», dejó de usarlo.
El volapük es el punto de comparación que el propio Zamenhof elige, y el contraste es ilustrativo. Volapük quiere decir, literalmente, «lengua del mundo» (del inglés world y speak, pasados por su autor por un filtro fonético). Es un nombre tan descriptivo como Lingvo Internacia, y lo son también los de proyectos posteriores como Occidental o Interlingua. Incluso el ido, el proyecto que en 1907 quería reformar el esperanto y que se presentó sin firma, con el nombre «Ido», salió con una palabra elegida por lo que significa: «descendiente», en esperanto. El caso del esperanto es insólito: el nombre le viene del seudónimo con que el autor firmó la primera presentación de la lengua, sin ninguna intención de bautizarla.
En 1891 Zamenhof volvía al tema en un artículo sobre cómo hacer propaganda en la prensa. Contaba que un periódico que ya había publicado noticias de la lengua «con el nombre de Esperanto» recibió una mañana un folleto que llevaba en la portada el nombre «internacia» y exclamó: «ankoraŭ unu lingvo tutmonda! kiam estos fino!?», «¡otra lengua mundial más! ¿Cuándo se acabará?». La consigna que sacaba de ello era de agencia de publicidad: «La nomon, la nomon! Ĉiam tiun ĉi saman nomon!», «¡El nombre, el nombre! ¡Siempre este mismo nombre!» (Originala Verkaro II.36).
Un sonido sin significado que hace de bandera
En la respuesta de 1890 Zamenhof distingue, sin formularlo así, entre lo que el nombre significa y la función que cumple. Por un lado, el nombre es «nur sensignifa sono, kondiĉa signo sen graveco interna», «solo un sonido sin significado, un signo convencional sin ninguna importancia interna». Por otro, en la frase siguiente:
«[…] sed la nomo estas nia standardo, per kiu ni povas diferencigi amikojn de malamikoj, kaj kiu montras al la publiko la unuecon de niaj diversaj batalantoj en diversaj lokoj.»
«[…] pero el nombre es nuestra bandera, que nos permite distinguir a los amigos de los enemigos, y que muestra al público la unidad de nuestros combatientes en lugares diversos».
Es decir: un nombre vacío, como el de cualquier lengua, y al mismo tiempo la señal de una causa. En el mismo texto Zamenhof precisa que «»Esperantisto» nun tute ne signifas «Zamenhofisto», sed kontraŭe, Zamenhof estas unu el la Esperantistoj», que «»esperantista» ya no quiere decir «zamenhofista»; al contrario, Zamenhof es uno de los esperantistas». Quince años después, la Declaración de Boulogne, aprobada en el primer Congreso Universal de Esperanto (1905), lo fijó por escrito: «Esperantisto estas nomata ĉiu persono, kiu scias kaj uzas la lingvon Esperanto tute egale por kiaj celoj li ĝin uzas», «se llama esperantista a toda persona que sabe y usa la lengua esperanto, sea cual sea la finalidad con que la use».
Que el movimiento tuviera que definir por escrito que hablar la lengua no obliga a compartir ninguna causa dice algo de cómo se leía la palabra. Hay un detalle de forma que puede contribuir: los hablantes de francés no se llaman «francesistas», y los de esperanto, en esperanto, se llaman esperantistoj. El sufijo -ist- no implica adhesión a nada. El PMEG, la gramática de referencia del esperanto, dice que «solo muestra que la persona se ocupa a menudo de la cosa», y que esperantisto es la «persona que sabe y usa el esperanto». Pero también observa que «no se usa -ist- para los hablantes de las lenguas ordinarias» —anglisto es un especialista en inglés, no quien lo habla— y que se encuentra «con bastante frecuencia» la idea de que esperantisto solo debería significar miembro activo del movimiento. La palabra misma la hemos discutido en ¿Esperantista, esperantófono o hablante de esperanto?. Esa ambigüedad entre lengua y movimiento es la que hemos tratado en Las mil maneras de ser esperantista, en el mesianismo secular del esperanto y en finvenkismo y raŭmismo. El nombre de la lengua puede reforzar esa ambigüedad, pero no se puede demostrar que la haya causado; lo que demuestra la palabra «bandera» es la función identificadora que Zamenhof atribuía al nombre en 1890.
¿Y hoy?
Esto es opinión nuestra, no historia. El argumento de 1890 se ha hecho más fuerte, no más débil. Zamenhof no defendía el nombre porque fuera bueno, sino porque ya era conocido, y lo que en 1890 eran tres años de notoriedad ahora son ciento treinta y nueve. «Lengua internacional» sigue siendo lo que era: una categoría en la que caben el volapük, el ido, la interlingua y el inglés. «Esperanto» designa una sola cosa. Un equipo de comunicación de hoy quizá no elegiría una palabra que quiere decir «el que espera», pero no elegiría nunca «lengua internacional». El nombre accidental es, como etiqueta, mejor que el que el autor le había puesto.
Cómo se ha hecho el recuento
El Tekstaro permite descargar los textos completos. Sobre originala-verkaro.html, cada texto (<div class="verko">) lleva al final una nota editorial con la procedencia; el año es el primero que aparece en ella, que es el de la publicación o el de la redacción según el caso. Las notas a pie de página no se cuentan. Las expresiones regulares son \blingvo[jn]{0,2}\s+internaci[ao][jn]{0,2}\b (y la del orden inverso), \blingvo[jn]{0,2}\s+["“]?Esperanto\b y, para «Esperanto» a secas, \bEsperant(o|on)\b sin d-ro ni doktoro delante, con mayúscula obligatoria. Cuatro textos sin año no entran en la tabla.
Fuentes
- Zamenhof, L. L. «Respondoj al la amikoj», La Esperantisto, 1890, núm. 12, p. 60; Originala Verkaro II.33. Texto en Vikifontaro. Reproducido en las Lingvaj Respondoj: edición de 1927 en Vikifontaro.
- Zamenhof, L. L. «Pri la manieroj de vastigado», La Esperantisto, 1891, núm. 3, p. 17–20; Originala Verkaro II.36. Texto en Vikifontaro.
- Zamenhof, L. L. «Prospekto», La Esperantisto, 1893, núm. 1, p. 1–4; Originala Verkaro II.67, donde repite la historia: «La lingvo en la komenco havis nenian nomon». Texto en el Tekstaro.
- Zamenhof, L. L. Originala Verkaro, ed. Johannes Dietterle (1929), contado en el Tekstaro de Esperanto.
- Zamenhof, L. L. Langue Internationale. Préface et manuel complet. Varsovia, 1887. Digitalización en Wikimedia Commons.
- Zamenhof, L. L. Unua Libro, 1887, ejemplos en esperanto y tarjeta de promesa. Tekstaro.
- Zamenhof, L. L. Dua Libro de l’ lingvo Internacia y Aldono al la Dua Libro, 1888. Tekstaro, anexo.
- Korĵenkov, Aleksander. «La Unua Libro», La Ondo de Esperanto, 26 de julio de 2020. Artículo.
- Wennergren, Bertilo. Plena Manlibro de Esperanta Gramatiko (PMEG), «IST». Texto en línea.
- Declaración de Boulogne (1905), punto 5. Texto en Vikifontaro.
Véase también
- «Auxiliar»: la palabra que Zamenhof casi no usaba, el mismo recuento aplicado a lingvo internacia y helpa lingvo.
- Curiosidades del esperanto.
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