Luis Hernández Lahuerta hizo durante la guerra, desde Valencia, el boletín en esperanto más conocido de los que sacó el bando republicano: cuarenta y cuatro números para contar al mundo la lucha española contra el fascismo. Acabó condenado a muerte. Al salir de la cárcel fundó con otros la Federación Española de Esperanto e hizo su revista desde el número 1 hasta su muerte, bajo un seudónimo que se hizo famoso en media Europa. Se fue a los cincuenta y cuatro años con el Quijote a medias, y dos manuscritos suyos, copiados a mano, están en la Biblioteca Nacional.
Fotografía reproducida del artículo de Ulrich Lins sobre los esperantistas en la Guerra Civil, en versión de José Antonio del Barrio.
Un impresor
Nació en Valencia el 22 de octubre de 1906. Era impresor —el Boletín lo recordará como «lerta presisto», tipógrafo diestro— y, según quienes lo conocieron, autodidacta. La necrológica que le dedicó la agrupación literaria valenciana «Amigos de la Poesía» habla de su «trabajo de artista» y de «la perfección de sus obras».
A los veintiocho años presidía el comité local organizador del 14.º Congreso de SAT (1934), la asociación del esperantismo obrero: 376 congresistas de trece países, según Sennaciulo, el semanario de SAT, que lo cita como «prezidanto de la O.K.K.», presidente del comité organizador. Es el nombre más grande del esperantismo obrero valenciano.
Popola Fronto
El 1 de noviembre de 1936, tres meses y medio después del golpe de Estado, salía en Valencia el número 1 de Popola Fronto, editado por el Grupo Laborista Esperantista de la ciudad. Hernández era su redactor jefe, con Vilhelmo Bosch como compañero de redacción. Bajo la cabecera, la divisa: «Informa bulteno internacia pri hispana lukto kontraŭ la faŝismo» —boletín informativo internacional sobre la lucha española contra el fascismo.
Salía cada quince días, primero con seis páginas y enseguida con ocho. Llevaba sobre todo material oficial: operaciones militares, vida a ambos lados del frente, siempre desde el punto de vista del gobierno. Empezó con una tirada de tres mil ejemplares y acabó con cinco mil.
Y se leía fuera. Colaboraron en él el búlgaro Trifon Ĥristovski y el vienés Franz Haiderer; podía suscribirse a través de la revista esperantista sueca Svenska Esperanto-Tidningen; y llegó a hacerse una edición neerlandesa. Tanto Ulrich Lins como Antonio Marco Botella la consideran la publicación en esperanto más conocida y prestigiosa de las que editó el bando republicano. Una fuente posterior de la propia Federación describe a Hernández sin rodeos como comunista.
Desde mayo de 1938 pasó a ser mensual y fue adelgazando: ocho páginas, seis, cuatro. El número 44, de enero de 1939, es el último. El artículo de portada se titula «Jam venos tagoj pli helaj!»: ya vendrán días más claros.
Catorce de los poemas que publicó —de Julio Mangada, Eŭgeno Miĥalski y Konstanteno Gusev, entre otros— pueden leerse hoy en edición bilingüe dentro de Poesías, marchas y canciones de las Brigadas Internacionales (2022), la recopilación del historiador Jacinto M. Arévalo Molina, traducidos al castellano por el esperantista Miguel Fernández por encargo de la Federación Española de Esperanto.
Cuando acabó la guerra, lo encarcelaron y lo condenaron a muerte. La pena no se ejecutó. Según Antonio Marco Botella, uno de los cargos fue ser esperantista.
«La legema koboldeto»
De la cárcel no sabemos lo suficiente. La fecha de entrada, la de salida y los años de condena no los tenemos documentados: la única fecha que circula es 1947, y procede de la Wikipedia en castellano, que no cita fuente. Lo que sí está fechado es qué hizo al salir. El 15 de diciembre de 1947, día de Zamenhof, se anunciaba el reconocimiento oficial de la Federación Española de Esperanto; él fue uno de los fundadores. Y cuando en enero de 1949 apareció el número 1 del Boletín, impreso en Valencia, él era su redactor jefe. Lo dejó en diciembre de 1953 —el n.º 61 habla de «la decido de […] S-ano Hernández forlasi sian admirindan laboron pri la redaktado de nia bulteno»— y el 27 de febrero de 1954 los valencianos le ofrecieron una cena de homenaje en el restaurante Munich, en la calle de la Paz (n.º 62), «al la antaŭa redaktoro de nia bulteno», al antiguo redactor (n.º 65). Lo retomó en 1957 y lo llevó hasta 1960, un año antes de morir (n.º 248). El cargo le iba bien, que ya había hecho una revista en esperanto en circunstancias mucho peores.
Firmaba «La legema koboldeto» —el duende lector—, y el seudónimo se hizo famoso entre los cronistas esperantistas de Europa. Con él llevaba la sección en la que repasaba con ojo crítico las demás revistas del movimiento. Una crónica de la Federación lo resume así: orador elocuente, escritor lírico, organizador capaz; de un boletín modestísimo hizo una publicación que valía la pena leer. Años después, el Boletín aún diría que bajo su dirección fue uno de los mejor redactados en esperanto de toda Europa.
En el número de enero de 1953, la revista convocó un concurso de traducción con un texto suyo. Viene a decir: sí que existen, los duendes; todavía viven allí, en las regiones ideales de los pensamientos puros. Y pide al lector que no descorra la cortina de la fantasía, no sea que lo encuentre convertido en un hombre vulgar, con un nombre vulgar.
No era el único que firmaba con nombre falso. El médico Rafael Herrero Arroyo, que en aquellos años presidía la Federación, firmaba en ella «D-ro Cirano» durante veinticinco años.
Vale la pena detenerse a mirar el conjunto: un esperantista obrero de SAT, comunista, condenado a muerte por un tribunal franquista, hace desde Valencia la revista de la federación neutral, y la firma con un nombre que no es el suyo.
La horchatería
Los esperantistas valencianos se reunían cada día laborable, de tres y media a cuatro y media, en la horchatería Chaume, cuyo dueño también era esperantista.
Herrero era católico y conservador en las formas; Hernández, comunista. Según el hijo de Herrero, ambos eran amigos y su padre lo atendió como médico hasta la última hora. En la horchatería, Hernández y el católico Jaime Juan Forné tenían discusiones políticas agrias que no les quitaban la amistad, porque el esperanto no entraba en ellas.
Los ojos lloraban
El 20 de diciembre de 1959, los esperantistas valencianos bajaron a pie hasta la calle del Doctor Zamenhof, donde el alcalde Adolfo Rincón de Arellano y el doctor Herrero descubrieron una placa con un busto. Sonó el himno nacional y a continuación La Espero.
La crónica de aquel acto en el Boletín termina: «El momento fue tan conmovedor que los ojos lloraban.»
La crónica la firma él.
El Quijote
Tradujo al esperanto obras de Wenceslao Fernández Flórez y de Santiago Ramón y Cajal, y cultivó también el valenciano. En «Amigos de la Poesía» recitaba poemas propios y ajenos en esperanto y los traducía en directo al castellano.
Pero el trabajo de su vida fue Cervantes. Según el cervantista José Manuel Lucía Megías, Hernández emprendió la traducción del Quijote entero en 1940.
Conviene detenerse aquí y decir claramente qué sabemos y qué no. Si esa fecha es correcta y también lo es 1947 como año de salida de la cárcel, entonces empezó el Quijote encerrado. Es una deducción, no un hecho documentado: no hemos visto ninguna fuente que lo diga así, ni tenemos su ficha penitenciaria. Lo apuntamos para que alguien con acceso a los archivos pueda comprobarlo, no porque esté probado.
Del Quijote publicó dos fragmentos. En 1949, el capítulo XXII de la primera parte —la libertad que don Quijote da a los galeotes—, diez páginas, como suplemento del número de diciembre del Boletín. Y en 1955, el episodio de El curioso impertinente, capítulos 33, 34 y 35, que tituló La malprudenta scivolulo: sesenta y cuatro páginas con ilustraciones de Rafael Raga, editadas por él mismo. Ambas pueden leerse hoy en Bitoteko.
El resto no lo terminó. Murió el 12 de enero de 1961, a los cincuenta y cuatro años, con el trabajo a medias. La necrológica valenciana lo dice así: «su labor póstuma puede decirse que ha sido la versión de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha al esperanto, en cuya tarea le ha sorprendido la Parca».
Y aquí viene lo que casi nadie sabe. En 1948, Hernández copió a mano dos fragmentos de su traducción y los envió a Barcelona, al gran coleccionista cervantino Juan Sedó Peris-Mencheta, firmándolos «Ludoviko Hernández». El primero, fechado el 15 de abril de 1948, es El curioso impertinente; lleva tres dibujos a plumilla coloreados a la aguada —unas banderas, un «Anselmo kaj Lotario» y una escena del final—, los dos últimos recortados y pegados, y firmados «M. 1948». No sabemos quién era «M.», y las fuentes no coinciden sobre la autoría: el Boletín de 2015 habla de «liaj propraj desegnoj», sus propios dibujos, y la firma «M.» no corresponde a ninguna de sus iniciales. El segundo manuscrito, de junio del mismo año, es el capítulo 42 de la segunda parte, el de los consejos de don Quijote a Sancho antes de ir a gobernar la ínsula.
Ambos entraron con la biblioteca Sedó en la Biblioteca Nacional de España, donde siguen. El de El curioso impertinente tiene signatura CERV.SEDÓ/8817; del segundo no tenemos la signatura. El fondo Sedó fue el protagonista de la muestra «Coleccionismo cervantino en la BNE: del doctor Thebussem al fondo Sedó», del 5 de febrero al 3 de mayo de 2015, y el manuscrito de El curioso impertinente se expuso en ella: el Boletín n.º 409 (2015) dice que entre las piezas estaba «la manuskripto de la unua malneto de la traduko de “La malprudenta scivolulo”, fare de Luis Hernández Lahuerta», el borrador de la traducción.
Después
Cuando murió, la oficina de la Federación recibió tantas condolencias de esperantistas de todo el mundo que tuvo que dar las gracias colectivamente desde las páginas de la revista, porque no podía contestarlas una por una.
En 1962, elegido presidente de la Federación el rector de la Universidad de Zaragoza, la sede y la redacción del Boletín se marchaban de Valencia a Zaragoza.
En 1964, en el congreso español celebrado en Valencia, los congresistas fueron a visitar su tumba.
Y el 9 de febrero de 1984, a propuesta de Pascual Pont Martínez, presidente del Grupo de Esperanto de Valencia, la ciudad le dedicaba una calle en el barrio del Calvario, entre General Avilés y Miguel Servet: la calle del Esperantista Hernández Lahuerta. Es la segunda de la ciudad con nombre vinculado al esperanto, después de la del Doctor Zamenhof. → Dos calles de Valencia con nombre de esperanto
En el Calvario está, pues, su nombre. El que se hizo famoso en media Europa era el otro.
Fuentes
Obra propia, digitalizada
- Popola Fronto (Valencia, Grupo Laborista Esperantista, 1936-1939). Colección completa de los 44 números, digitalizada por la Biblioteca Ramon Molera Pedrals, con la ficha bibliográfica que da la divisa, la periodicidad, el redactor adjunto Vilhelmo Bosch, los colaboradores extranjeros y la suscripción a través de la revista sueca. Parte de los números están también en Bitoteko.
- La genia kavaliro Don-Kiĥoto de Manĉujo. Unua parto, ĉapitro XXIIa, traducción de Luis Hernández, Valencia, Hispana Esperanto-Federacio, 1949, 10 p. Suplemento del n.º 12 (diciembre de 1949) del Boletín. Bitoteko, hdl 11013/4496.
- La malprudenta scivolulo: 33a, 34a kaj 35a ĉapitroj de la verko «Don Kiĥoto», traducción de Luis Hernández, ilustraciones de Rafael Raga, Valencia, L. Hernández, 1955, 64 p. Bitoteko, hdl 11013/4510.
Manuscritos
- José Manuel LUCÍA MEGÍAS, «Manuscritos cervantinos. 1. La colección de Juan Sedó Peris-Mencheta (BNE)», Humanidades: revista de la Universidad de Montevideo, n.º 2 (diciembre de 2017), p. 61-86, doi:10.25185/2.4. Apartado 9, «Traducciones manuscritas al esperanto de fragmentos del Quijote»: da la fecha de inicio de la traducción (1940), los dos envíos de 1948, la descripción de los tres dibujos y la firma «M. 1948», y la signatura CERV.SEDÓ/8817.
- Biblioteca Nacional de España, catálogo en línea, y la ficha de la muestra «Coleccionismo cervantino en la BNE» (5 de febrero – 3 de mayo de 2015).
Boletín de la Federación Española de Esperanto
Colección digitalizada en Bitoteko y Gazetoteko.
- N.º 125 (año XIII, n.º 1, enero-febrero de 1961): página in memoriam, necrológica firmada por J. F. Cremades, presidente de «Amigos de la Poesía», y agradecimiento de la Federación por las condolencias recibidas.
- N.º 119 (enero-febrero de 1960): crónica de la placa de la calle del Doctor Zamenhof, firmada por él mismo.
- N.º 49 (año V, n.º 1, enero de 1953): concurso de traducción con un texto de «La legema koboldeto».
- N.º 124 (año XII, n.º 6, noviembre-diciembre de 1960): sirve para fijar el inicio de la revista, porque la numeración por años sitúa el año I en 1949.
- N.º 61, 62 y 65 (1954): el relevo en la redacción y el homenaje del 27 de febrero; n.º 248: los años de redactor; n.º 409 (2015): la muestra de la BNE.
- N.º 283, 300, 350 y 386: el oficio, el seudónimo, su papel en el Boletín y el traslado de la sede y la redacción a Zaragoza en 1962.
- N.º 317: descripción de Popola Fronto.
Bibliografía y webs
- Ulrich LINS, «Los esperantistas en la Guerra Civil española», en versión de José Antonio del Barrio. Confirma, de forma independiente de Marco Botella, la condena a muerte y que no se ejecutó; y da los datos de Popola Fronto.
- Antonio MARCO BOTELLA, El esperanto y su «memoria histórica» y las crónicas de la sociedad «Frateco» de Zaragoza, en su sitio web. Fuente del cargo de ser esperantista y de la nota de 1961 que lo describe como redactor en activo del Boletín al morir.
- «El Grupo de Esperanto de Valencia», en Gazetoteko: reconocimiento oficial de la Federación el 15 de diciembre de 1947 y redacción del primer Boletín.
- Sennaciulo, n.º 420 (25 de agosto de 1934), crónica del 14.º Congreso de SAT en Valencia.
- Ficha de la calle en Fallers.es: fecha de dedicación, proponente y tramos.
- Notas de una conversación con Rafael Herrero García y Amparo Martínez Esteve, el 27 de agosto de 2026: la horchatería, la amistad con el doctor Herrero y las discusiones con Jaime Juan Forné.
Lo que no sabemos
Los años de cárcel no los tenemos documentados; la fecha de 1947 procede de la Wikipedia en castellano, sin fuente. Que la traducción del Quijote empezara en la cárcel es una deducción nuestra a partir de dos datos independientes, no un hecho probado. Tampoco sabemos quién firmaba «M.» los dibujos del manuscrito de la Biblioteca Nacional, ni la signatura del segundo manuscrito.
Véase también su ficha de biografías.
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