Los cursos de esperanto de la Universidad de Chile duraron hasta septiembre de 1973

A finales de los años sesenta se enseñaba esperanto en la Universidad de Chile. Los cursos, según la historia que publica la propia asociación chilena, «perduró hasta septiembre de 1973»: el mes del golpe militar que derrocó a Salvador Allende e intervino las universidades. El profesor que los impartía, Daniel Enrique Zanelli Chávez, figura con el número 26921 en la nómina oficial de víctimas de prisión política y tortura de la Comisión Valech. Y cuatro años después, todavía bajo la dictadura, era él quien redactaba y editaba el boletín de la asociación refundada.

No consta en ninguna parte que el esperanto fuera prohibido ni perseguido en Chile, y este artículo no lo afirma. Lo que documenta es otra cosa: cómo una ruptura política violenta llega también a una comunidad cultural muy pequeña.

A esto le añadimos dos cosas que salen de nuestro archivo. La primera, que el Boletín de la Federación Española de Esperanto daba noticia de la asociación chilena en plena dictadura, con nombres y cargos. La segunda, que el relato que la asociación chilena hace de sí misma —sesenta y siete años de silencio entre 1910 y 1977— no se sostiene: el Boletín documenta actividad esperantista en Chile en 1950, en 1951 y en 1955.

Quién impartía los cursos, y dónde

Las dos versiones que publica la asociación chilena no coinciden del todo en el lugar. La historia de 2007 los sitúa «en la Facultad de Letras de la Universidad de Chile –actualmente Universidad Metropolitana de las Ciencia de la Educación–» y cita, de aquel grupo, a Alfonso Barahona, Iván Mättig, Daniel Zanelli y David Alvéstegui. El relato que hay hoy en su web habla del Pedagógico, y sobre la reanudación de 1977 dice que allí «estudiantes del idioma del Pedagógico de la Universidad de Chile, se volvieron a encontrar con su profesor Daniel Zanelli».

De las dos versiones se desprende lo mismo: Zanelli era el profesor, y sus alumnos volvieron a reunirse con él cuatro años después. Junto a ellos, el mismo texto nombra a Ambrosio Rabanales, Iván Mättig, David Alvéstegui y «algunos alumnos de la Escuela de Ciegos».

La universidad intervenida

Lo que le ocurrió a la universidad chilena a partir del 11 de septiembre de 1973 está bien documentado y no depende de fuentes esperantistas. Memoria Chilena, proyecto de la Biblioteca Nacional de Chile, describe la contrarreforma universitaria: sustitución de los rectores por autoridades militares designadas, violaciones de los derechos humanos contra miembros de la comunidad universitaria, disolución de las federaciones de estudiantes, prohibición de la actividad política y modificación de los planes de estudio. En la Universidad de Chile hubo además una depuración extensa del profesorado.

Ningún documento dice que nadie ordenara suprimir aquellos cursos porque eran de esperanto. Lo que tenemos es una coincidencia de fechas que la propia asociación chilena marca —«perduró hasta septiembre de 1973»— dentro de una ruptura mucho más amplia que afectó a toda la universidad.

Daniel Zanelli, en la lista Valech

Aquí sí que hay documento, y no es del movimiento esperantista. En la nómina de personas reconocidas por la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura, publicada por el Instituto Nacional de Derechos Humanos de Chile, se lee:

  1. Zanelli Chavez, Daniel Enrique

José Antonio Vergara, que fue presidente de la Asociación Chilena de Esperanto, lo describe en 2016 como «el destacado profesor universitario de física (exonerado por la dictadura) don Daniel Zanelli, padre del conocido científico chileno Jorge Zanelli, del CECs (Valdivia)», y cuenta que ambos viajaron juntos al Congreso Universal de Esperanto de La Habana de 1990 (Esperanto Noticias, enero-febrero de 2016).

Que fuera represaliado por esperantista no lo dice ninguna fuente, y no hay motivo para suponerlo. Lo que el caso documenta es la intersección de dos historias: la del esperanto chileno y la de la represión.

1977: volver a empezar bajo la dictadura

La asociación chilena data la reanudación en mayo de 1977 y explica en qué condiciones se hizo, con sus palabras:

Hacia 1977 en el mes de mayo, quienes practicaban el Idioma Internacional Esperanto en Santiago, comenzaron a reunirse. No era una época fácil pues estaba Chile e[n] los momentos más dif[í]ciles de la dictadura y hacer reuniones era algo no muy bien visto. Pero a pesar de ello, y mediante invitaciones por cartas y llamados telefónicos, se logró efectuar la «kunveno»…

La constitución formal es posterior: la web de la asociación da como fecha de fundación el 28 de mayo de 1978, y la nota necrológica de Iván Mättig Catalán (Curacautín, 7 de diciembre de 1942 – 19 de octubre de 2024), publicada por Revuo Esperanto, sitúa en 1977 la refundación y le atribuye treinta años de presidencia.

De ese mismo impulso sale el boletín. La Verda Sago —«la flecha verde»— empieza a publicarse en 1978 y se conserva digitalizado en la Bitoteko de la Federación Española de Esperanto. El lema que lleva en la portada juega con la bandera chilena: Portas la verdan stelon ĉe la lando de la soleca stelo — lleva la estrella verde a la tierra de la estrella solitaria.

Y en el colofón del número 4, de noviembre de 1978, están los cargos:

LA VERDA SAGO estas la oficiala bulteno de Ĉilia Esperanto-Asocio. Adreso: Casilla 13828, Santiago 21, Ĉilio. Direktoro: Jorge Tachauer S. Eldonisto kaj Redaktoro: Danielo Zanelli C. Kunlaborantoj estas bonvenaj.

Colofón del número 4 de La Verda Sago, noviembre de 1978: «Direktoro: Jorge Tachauer S. Eldonisto kaj Redaktoro: Danielo Zanelli C.»
Colofón del número 4 de La Verda Sago, noviembre de 1978: «Direktoro: Jorge Tachauer S. Eldonisto kaj Redaktoro: Danielo Zanelli C.»

El hombre al que la dictadura había exonerado, y que hoy figura en la lista oficial de víctimas de prisión política y tortura, era el editor y redactor del boletín de la asociación que se reconstruía bajo esa misma dictadura.

Qué se podía publicar

Los dos números conservados de 1978 permiten ver qué clase de actividad podía hacerse en público. El número 4 lleva un artículo bilingüe, Cómo se aprovecha el Esperanto / Kiel oni profitas Esperanton, sobre instituciones internacionales especializadas, congresos, bibliotecas, correspondencia e intercambio de documentos.

El número 5, de diciembre de 1978, dedica la portada y el artículo central a Zamenhof, firmado por Iván Mättig, que lo presenta como un «Apóstol de la paz» y cierra invitando a los lectores a trabajar por la causa, con los versos de La Espero, el himno esperantista escrito por el propio Zamenhof:

Sur neŭtrala lingva fundamento, komprenante unu la alian, la popoloj faros en konsento: unu grandan rondon familian.

Es un esperantismo de cultura, correspondencia, congresos y fraternidad internacional. Hasta qué punto ese registro era consecuencia de la dictadura, los documentos no lo dicen: la neutralidad política era ya una tradición central del movimiento internacional mucho antes de 1973.

1983: una sede dentro de una institución oficial

El Boletín de la Federación Española de Esperanto de noviembre-diciembre de 1983 publica:

GRAVA NOVAĴO RICEVITA DE LA ĈILIA ESPERANTO-ASOCIO

Per letero sendita al ni, de S-anoj Iván Mättig, kaj Jorge Tachauer, Prezidanto kaj Sekretario de Ĉilia Esperanto-Asocio, ni sciis la gravan novaĵon ke nun ili estis akceptitaj, kaj havas sidejon en la Ĉilia Instituto pri Hispana Kulturo, kies Direktorino agnoskas la gravecon de nia movado.

Y añade que la presidenta de la HEF escribió a Antonia Goyenechea, directora del instituto, para agradecerle su buena disposición hacia la asociación chilena.

La noticia confirma desde fuera los dos nombres del colofón del boletín —Mättig y Tachauer, ahora como presidente y secretario— y documenta que en 1983 la asociación tenía sede dentro de una institución cultural establecida en el país.

Los sesenta y siete años que no lo fueron

El relato que la asociación chilena hace de su historia dice que en 1977 se empezó a organizar «despues de 67 años de la última noticia que se tuvo del idioma en el país, por el encuentro del centenario de la nación» —es decir, desde el centenario de 1910.

Eso no se sostiene, y las fuentes que lo desmienten incluyen la suya. El propio José Antonio Vergara cuenta que el doctor Estanislao Fraga, médico de Valparaíso y dirigente de «la entonces existente Ĉila Esperantista Asocio», viajó en barco al 7.º Congreso Universal de Esperanto de Amberes, en 1911, como delegado oficial del Gobierno de Chile y de las sociedades esperantistas chilena y peruana.

Y el Boletín de la Federación Española de Esperanto documenta actividad chilena en pleno periodo supuestamente mudo:

  • Octubre de 1950: «CHILE.—En la Universidad Nacional de Santiago se ha constituido recientemente el «Club Esperantista de Estudiantes» que promete dar magníficos resultados.»
  • Febrero de 1951: «CHILE.—En Valparaiso se ha constituido la agrupación «Ĉilia Esperanto-Centro», siendo su primer acto de vida la organización de un curso, el cual tiene lugar en el Instituto Agustín Edward, con asistencia selecta de profesores y estudiantes universitarios. Dirige el curso la señora Maria Castro de Boitano.»
  • Marzo de 1955: el boletín publica un texto firmado por Margarita Ots, Santiago de Chile, traducido del español por Jaime Miró.

Vale la pena subrayar el primero: un club esperantista de estudiantes en una universidad de Santiago en 1950, casi veinte años antes de los cursos que terminaron en 1973. La continuidad entre aquel y estos no la sabemos; lo que sí sabemos es que los sesenta y siete años de silencio no existieron.

Antes de todo esto: 1902

El esperanto no llegó a Chile con la generación de Allende. El 3 de noviembre de 1902, en la sesión de la Sociedad Científica de Chile presidida por el doctor Cienfuegos, Luis E. Sepúlveda Cuadra leyó un trabajo titulado Necesidad de una lengua auxiliar internacional. El Diario Ilustrado lo reseñó tres días después:

El señor Luis E. Sepúlveda Cuadra dió lectura a su trabajo «Necesidad de una lengua auxiliar internacional» probando prácticamente que las lenguas nacionales no pueden servir como internacionales; que se requiere una lengua neutra artificial, por supuesto, fácil; y que de todos los proyectos presentados hasta ahora, el Esperanto, ideado por el doctor Luis Zamenhof, era el mejor. Que el fracaso de proyectos como el Valapük y otros se debía a que sus autores no desearon el bienestar internacional, sino que pretendieron la extinción de las lenguas.

Agregó que el Esperanto puede aprenderse gramaticalmente en una hora y su práctica adquirirse en una quincena.

El diario escribe Valapük donde debería decir volapük. La última promesa —la gramática en una hora— es la de todos los folletos de propaganda de la época y no hay que tomarla al pie de la letra; el dictamen sobre el volapük, en cambio, es el que la historia acabó dando por bueno.

Al año siguiente Sepúlveda Cuadra empezó a publicar Ĉilio Esperantista, y eso no depende de reconstrucciones posteriores: el número de diciembre de 1903 de Belga Sonorilo ya lo lista entre las publicaciones esperantistas internacionales, con la dirección del responsable: «L. Sepúlveda Cuadra, cas. 1989, Santiago, Chili».

Una nota sobre el ejemplar

El ejemplar de La Verda Sago número 5 que hay digitalizado lleva escrita en la portada la dirección de su suscriptor: Héctor Campos Grez, casilla 231, Curicó. Veinte años después, el Boletín de la Federación Española de Esperanto de 1998 publicaba un llamamiento suyo, con la misma casilla, como secretario general de la Liga Esperantista Scout para el Jamboree Mundial que se iba a celebrar en Chile.

Fuentes

Véase también

Referencias

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