Por qué la gente se va del esperantismo

Pasa con frecuencia, y en cualquier grupo: alguien que venía deja de venir. Es el fenómeno más ordinario del esperantismo y el peor estudiado, aunque el movimiento lleva un siglo escribiendo sobre él. Hemos leído lo que dijeron Lanti en 1922, Kalocsay en 1971, Jordan en 1987, Carlevaro en 1999 y una docena más, y todos apuntan a lo mismo: lo que la gente abandona casi nunca es la lengua, es el movimiento. La comunidad, de hecho, tiene tres verbos para distinguir las maneras de marcharse, y uno de ellos significa volver.

Viñeta publicada en el boletín de la Hispana Esperanto-Federacio en 2001: un Tío Sam señalando con el dedo, con el lema «KABEINTOJ DE LA MONDO, UNUIĜU!» —«¡Kabeístas del mundo, uníos!».
Viñeta publicada en el boletín de la Hispana Esperanto-Federacio en 2001: un Tío Sam señalando con el dedo, con el lema «KABEINTOJ DE LA MONDO, UNUIĜU!» —«¡Kabeístas del mundo, uníos!».

Por qué publicamos esto. Un archivo que solo guarda a quienes se quedaron cuenta la mitad de la historia. Aquí documentamos la otra mitad, y no para lamentarnos: quien se va ve cosas que quien se queda no ve, y lo que escriben los que se marcharon es, de hecho, una de las críticas más útiles que tenemos. De ahí salen dos conclusiones prácticas, y las dos son buenas noticias. La primera, que irse del movimiento no es irse de la lengua, y que quien se va vuelve más a menudo de lo que creemos. La segunda, que el motivo que más se repite en un siglo de fuentes no es que la gente pierda la fe, sino que dentro del club no hay nada que hacer en esperanto —y eso sí que podemos cambiarlo nosotros.

Tres cosas distintas que se pueden abandonar

El esperanto tiene una palabra para marcharse: kabei. Viene del seudónimo de Kazimierz Bein, el mejor prosista de la primera generación, que hacia 1911 desapareció del movimiento sin dar explicaciones. Que una lengua fabrique un verbo para el abandono significa que el abandono es lo bastante frecuente como para necesitarlo.

El problema es que kabei lo amontona todo en una sola palabra, y los casos documentados demuestran que hay al menos tres cosas independientes que se pueden dejar:

  • la lengua —dejar de hablarla y de leerla;
  • la organización —dejar el club, la federación, los cargos;
  • la causa —dejar de creer que el esperanto deba ganar, o que el mundo tenga un «problema lingüístico» que el esperanto resuelva.

Se pueden abandonar por separado y en cualquier orden. Quien deja de ir al club puede seguir leyendo en esperanto treinta años; quien ya no cree en la fina venko puede ser el mejor poeta de la lengua. Puestos en fila, los casos que hemos podido leer dibujan esta tipología:

Trayectoria Caso documentado Qué abandona
Ruptura total Kabe (hacia 1911) lengua y movimiento
Ruptura ideológica, lengua intacta Jorge Camacho (2013) la causa; sigue escribiendo literatura en ella
Diagnóstico de derrota Tazio Carlevaro (1999) la esperanza histórica; conserva el valor cultural
Desconexión institucional Tibor Sekelj (1972-1982) solo la organización; mantiene lengua y amistades
Irse y volver Sten Johansson (años 70 y 80) todo, diez años; después recupera la lengua y no el movimiento
Crisis y refundación personal «H. Kristos» (1981) la manera de militar, no la militancia
Giro hacia dentro Ken Miner (desde los años 60) el objetivo exterior; se queda con la lengua y la comunidad
Crisis resuelta con fe Trevor Steele (2011) nada: reconoce el fracaso y decide continuar
Deriva hacia la oposición Petro Stojan (stojani) la causa, pero se queda cerca, en contra
Ruptura del marco entero Tsvi Sadan (2018) el activismo y parte de su vida lingüística
Ruptura rápida y moderna Derek Sivers (años 2010) todo, seis meses después de aprenderla

La pregunta «¿por qué la gente kabea?», por tanto, está mal hecha. Esconde que detrás de una misma desaparición puede haber decisiones opuestas.

Lo que no sabemos, y por qué

Conviene decirlo antes de continuar: este artículo recoge a quienes escribieron. Quien se va en silencio —la inmensa mayoría— no deja ningún rastro, y por tanto todo lo que viene a continuación está sesgado hacia escritores, académicos y gente con tribuna. Del socio que un día deja de renovar la cuota no sabemos nada, y eso no es un dato sobre él: es un dato sobre nuestra información.

Walter Żelazny lo dijo sin rodeos en La Ondo de Esperanto de abril de 2000. Si tuviera dinero para gastar en la fina venko, escribía, pagaría sociólogos y politólogos para que contestaran preguntas como estas:

Kiom longe restas esperantisto en la oficiala Movado, kiam li/ŝi kabeas, pro kio? […] Kia estas la reala nombro de Esperantistoj, kiom da ili restas ekster la oficiala Movado? Pro kio la nombro de Esperantistoj stagnas de 80 jaroj?

¿Cuánto tiempo se queda un esperantista dentro del movimiento oficial, cuándo kabea, por qué? […] ¿Cuál es el número real de esperantistas, cuántos se quedan fuera del movimiento oficial? ¿Por qué el número de esperantistas lleva 80 años estancado?

Dieciséis años después volvía a quejarse de que nadie había hecho ese estudio. Que sepamos, sigue sin hacerse; pero que no lo hayamos encontrado nosotros no demuestra que no exista.

1922: Lanti y el barril de las Danaides

La descripción más antigua que hemos localizado tiene más de un siglo. En «Vivantigi Esperanton» (1922), Eugène Adam, Lanti, se pregunta cómo puede ser que se hayan vendido millones de manuales y haya tan pocos usuarios reales. La respuesta es una lista de motivos para marcharse que se podría reimprimir hoy:

  • los que la aprendieron por moda y se les pasó;
  • los que no la aprendieron lo bastante bien, porque «Ĝi estas tiel facile lernebla! diras la troigemuloj» —«»¡es tan fácil de aprender!», dicen los exagerados»;
  • los internacionalistas que no encontraban ocasión de usarlo y abandonaron;
  • y a los que espantó el ambiente:

La ridinda, fireligieca spirito, kiu antaŭmilite ĉiam prezidis en esperantaj manifestacioj, forpelis kelkajn revoluciulojn, kiuj ne volis partopreni en movado aspektanta kiel kvazaŭa «Salvarmeo».

El espíritu ridículo y pseudorreligioso que antes de la guerra presidía siempre las manifestaciones esperantistas espantó a unos cuantos revolucionarios, que no querían participar en un movimiento con aspecto de Ejército de Salvación.

Y la imagen que resume el artículo entero:

La ĝisnuna preskaŭ nur varba propagando similis la mitologian barelon de la Danaidinoj. Oni varbis, varbadis, sed la varbitoj nur transpasis la senfundan esperantan movadon.

La propaganda hecha hasta ahora, casi solo de captación, se parecía al barril mitológico de las Danaides. Se captaba y se volvía a captar, pero los captados solo atravesaban el movimiento esperantista sin fondo.

Lanti no es un observador neutral: escribe como fundador de SAT y el texto acaba pidiendo que los captados se apunten a SAT. Pero el diagnóstico —que el problema no es hacer entrar gente, sino que se va— no depende de la conclusión que él saca.

1971: dicho desde el púlpito y dicho por Kalocsay

El Boletín de la federación española de septiembre-octubre de 1971 cuenta el 13.º encuentro provincial de Barcelona, en Sant Cugat del Vallès, el 20 de junio. El padre Casanoves predicó en esperanto ante más de trescientos asistentes, con un sermón entusiasta donde dejó caer esto:

Sed tiel en la esperantista movado, kiel en la unuopaj esperantistoj, post la granda entuziasmo alvenis amara seniluziiĝo. […] Kiom da malnovaj esperantistoj, kiuj estis nuraj entuziasmuloj, hodiaŭ eĉ ne volas aŭdi la nomon de Esperanto!

Pero tanto en el movimiento esperantista como en los esperantistas individuales, tras el gran entusiasmo llegó un desencanto amargo. […] ¡Cuántos esperantistas antiguos, que eran puros entusiastas, hoy no quieren ni oír el nombre del esperanto!

Su receta era ser «racionales, no solo entusiastas». Es un sermón, no un estudio; pero demuestra que en 1971 el fenómeno se daba por conocido incluso en un acto festivo.

Unos meses después, el mismo boletín reproduce un artículo de Kálmán Kalocsay —uno de los grandes nombres de la literatura en esperanto— sobre la crisis del libro, y allí aparece una cadena causal que vale por todo un tratado:

Parte la lingv-instruistoj kulpas pri tio: ili tiom emfazas la eksterordinaran facilecon de la lingvo, ke iliaj lernantoj kredas, ke per la kurso ili jam lernis ĝin perfekte, kaj kiam ili, komencante legi, ne komprenas ion, ili seniluziiĝas kaj dizertas.

En parte la culpa es de los profesores de lengua: enfatizan tanto la facilidad extraordinaria de la lengua que sus alumnos se creen que con el curso ya la han aprendido perfectamente, y cuando empiezan a leer y no entienden algo, se desilusionan y desertan.

Es decir: la propaganda de la facilidad fabrica deserciones. Y unas líneas más abajo, sobre el club:

Nenifaraj, krokodilantaj klubanoj baldaŭ ĉesas viziti la klubejon, la aktivigitaj, male, persistas.

Los socios que no hacen nada y que krokodilean pronto dejan de venir al club; los que se han activado, en cambio, persisten.

La receta de Kalocsay no es captar más gente, sino darles algo que hacer: lecturas comentadas, recitales, teatro. Él ponía como ejemplo la Rondo de Baghy, donde «los miembros esperaban con ansia la reunión siguiente».

1981: la fenomenología de la duda

En Kulturaj Kajeroj aparece ese año «Kiam dubas esperantisto», firmado por H. Kristos, que no es un estudio sino algo más raro y más útil: el relato, en segunda persona, de cómo es por dentro una crisis esperantista. El protagonista duda, tiene miedo de ser un renegado y consulta a la gente de alrededor.

Un veterano del club, esperantista de cincuenta años, le dice algo que no se espera:

Se vi iam ne plu amas Esperanton, ne hontu pri tio. […] Ne! Mi preferas vin eksesperantisto ol mola esperantisto.

Si algún día ya no amas el esperanto, no te avergüences de ello. […] ¡No! Te prefiero exesperantista que esperantista tibio.

Y su antiguo profesor le responde: «Nur stultuloj neniam dubas» —solo los estúpidos no dudan nunca—, y que de aquella crisis saldrá «bona, kompleta, hardita esperantisto… aŭ nenio»: un esperantista bueno, completo y curtido… o nada.

El desenlace no es ni quedarse ni marcharse. Decide continuar, pero cambiando del todo la manera: actuar «sola, laŭ mia propra ritmo» —solo y a su ritmo—, dejar de enseñar, dejar de hacer intercambios, y decir a quien quiera escucharlo: «soy así, hago esto; si te interesa, bienvenido; si no, déjame, yo continúo».

Es una cuarta posibilidad que suele quedar fuera de las listas: no abandonar el movimiento, sino abandonar la manera de pertenecer a él.

1981-1982: dos verbos más y dos casos

El mismo año, Bernard Golden propone en Literatura Foiro un verbo nuevo a partir de Petro Stojan, el gran bibliógrafo de la lengua: stojani, «actuar como Petro Stojan, que, habiendo sido un esperantista activo, fue adoptando poco a poco puntos de vista contrarios al esperanto con el resultado de que finalmente se convirtió en malesperantisto pero sin abandonar del todo el movimiento». Marcharse no es la única salida: también se puede quedar dentro como adversario.

En 1982, Tibor Sekelj publica «Kial mi revenis al Esperanto». Había fundado asociaciones y había sido de los más activos, hasta que chocó con la dirección de UEA y se convenció de que no se podía avanzar «per la malnovaj, ŝtoniĝintaj metodoj» —con los métodos viejos y petrificados. Su conclusión:

Mi konkludis, ke mi ne venis al Esperantujo por batali kontraŭ aliaj esperantistoj, sed nur por Esperanto. […] Dum dek jaroj mi ne apartenis al ia organizaĵo; nur mi retenis miajn personajn rilatojn kaj volonte prelegis kiam ajn ia Esperanto-grupo min invitis.

Concluí que yo no había venido a Esperantujo a luchar contra otros esperantistas, sino solo por el esperanto. […] Durante diez años no pertenecí a ninguna organización; solo conservé mis relaciones personales y daba conferencias de buen grado siempre que algún grupo de esperanto me invitaba.

Volvió en 1982, cuando el dirigente con quien había chocado ya no estaba. Es una desconexión institucional limpia, sin desconexión lingüística ni humana.

Y ese mismo año Zlatko Tišljar publica en la revista Tempo «La rolo de mezkapabluloj en Esperanto-movado», que aporta una explicación incómoda de por qué se va la gente capaz: en un mundo pequeño, dice, los puestos de dirección los ocupan personas de capacidad media que en la sociedad grande no dirigirían nada, y que por tanto tienen mucho que perder si entra talento.

Tiuj talentitaj baldaŭ komprenas, ke iliaj valoroj havas multe pli da ŝanco esprimiĝi en la pli vasta nacia skalo ol en tiu sekte enfermita areo, kiun diktatoras unuopaj mezkapabluloj.

Los talentosos comprenden pronto que sus valores tienen muchas más posibilidades de expresarse en la escala nacional, más amplia, que en esa área cerrada como una secta que dictan unos cuantos mediocres.

Es una tesis dura y no la podemos dar por demostrada —Tišljar no aporta datos, sino una interpretación—, pero tiene el mérito de explicar una salida que las otras no explican: la de quien se va porque no le dejan hacer.

1987: Jordan convierte el fenómeno en sociología

El antropólogo David K. Jordan, esperantista, publica en 1987 Esperanto and Esperantism: Symbols and Motivations in a Movement for Linguistic Equality. Allí el kabeismo deja de ser una anécdota y pasa a ser un mecanismo.

Su tesis es que el movimiento atrae a dos públicos distintos —quien viene por la lengua y quien viene por la causa— y que los clubes locales suelen quedar organizados en torno al segundo:

Kabeismo represents the failure of the local movement to hold people like George, and their resultant disillusionment. The movement repels some of its most fluent members, who often come to it through the appeal of the language.

El kabeismo representa el fracaso del movimiento local a la hora de retener a gente como George, y el desencanto que se sigue de ello. El movimiento repele a algunos de sus miembros más fluidos, que a menudo llegan a él por el atractivo de la lengua.

Y reproduce la carta de un informante, «Ian», que es la formulación más limpia que hemos encontrado de todo este asunto:

I am not bothered by the fact that chances for worldwide acceptance of Esperanto are practically nil, but by the fact that the Esperantists refuse to admit it, and instead pompously trumpet their slogans and that [vastly inflated] number of there being 15 million Esperantists in the world. […] We are a tiny, dispersed people with the arrogance of a world-conquering army. I love the language and like a lot of Esperantists…, but for my sanity I cannot remain much longer in the movement.

No me molesta que las posibilidades de aceptación mundial del esperanto sean prácticamente nulas; me molesta que los esperantistas se nieguen a admitirlo y en cambio proclamen pomposamente sus consignas y esa cifra [enormemente inflada] de quince millones de esperantistas en el mundo. […] Somos un pueblo diminuto y disperso con la arrogancia de un ejército conquistador del mundo. Amo la lengua y me gustan muchos esperantistas…, pero por salud mental no puedo seguir mucho más dentro del movimiento.

La parte más útil de Jordan, sin embargo, es la descripción del mecanismo del club, que coincide con la de Kalocsay quince años antes y con la de cualquiera que haya ido a una reunión local: donde hay muchos principiantes, las intervenciones se traducen a la lengua del país, y el hablante competente se aburre. Jordan lo describe con una precisión casi cruel —cuando se pasa al inglés, «el viejo callado del rincón revive y domina la conversación»— y concluye que los hablantes fluidos demasiado buenos para el club y demasiado poco conectados fuera son «prime candidates for kabeismo».

Hay que decir que Jordan estudia los clubes de los Estados Unidos de los años ochenta, con sus problemas propios, y que él mismo lo circunscribe; extenderlo sin más a todas partes sería ir más allá de lo que la fuente dice.

1989: el diagnóstico clínico del grupo local

Dos años después, y otra vez en el boletín de la federación española, Bernard Golden publica «Diagnozo de malsanoj de la loka Esperanto-grupo». Es un listado de enfermedades: falta de dinero, pérdida de socios, incapacidad de captar nuevos, mal ambiente por conflictos personales y rivalidades, krokodilado excesivo y falta de programas interesantes. Y un pronóstico:

Organizaĵo, kiu ne sukcesas adaptiĝi al novaj cirkonstancoj, pravigas la mornan prognozon pri iompostioma vegetado kaj ŝtoniĝo.

Una organización que no consigue adaptarse a las circunstancias nuevas justifica el pronóstico sombrío de ir vegetando y petrificarse.

Golden llega a escribir que cuando los socios dejan de interesarse por la finalidad y trabajan solo para su satisfacción, «oni rajtas nomi ilin sektanoj» —se les puede llamar sectarios.

1999: Carlevaro reconoce la derrota

Tazio Carlevaro, tras cuarenta y tres años de actividad, publica Ĉu Esperanto postvivos la jaron 2045? Había sido, escribe, un esperantista convencido de que el mundo quería el esperanto y de que quien no lo apoyaba era porque no conocía el problema. Había invertido tiempo, pasión y dinero esperando que el esperanto adquiriera algún papel independiente en la cultura, la ciencia o las instituciones internacionales. Y se pregunta:

Kio konkretiĝis? Nenio. Tiu estas fakto.

¿Qué se ha concretado? Nada. Esto es un hecho.

La conclusión es la más dura de todas las que hemos leído:

Ni devas agnoski malvenkon.

Tenemos que reconocer la derrota.

Carlevaro pronostica que hacia 2045 el movimiento quedará reducido a un grupo de personas mayores. Es un pronóstico, no un dato, y tiene quien lo discuta: Jorge Camacho lo cita precisamente para decir que probablemente se equivoca, porque mientras la gente necesite certezas, el esperanto seguirá atrayéndola. Y Carlevaro tampoco concluye que la lengua no valga nada: la califica de creación interesante e incluso genial, y propone conservar su memoria.

2001: la federación discute la palabra misma

Aquí el debate se hace doméstico. En el boletín de la federación española de septiembre-octubre de 2001, Toño del Barrio no ataca el fenómeno, sino la palabra. Él había dejado otras asociaciones a lo largo de la vida —por desencanto, por falta de tiempo, por cambio de opiniones— y siempre con mala conciencia:

En nia lingvokomunumo aspektas alie: ŝajnas ke forlasi la movadon […] kvazaŭ havas prestiĝon. Oni ne seniluziiĝas: oni kabeas. Kaj tio alproksimigas la forestontojn al tiu «genia kaj neniam komprenata» majstro.

En nuestra comunidad lingüística la cosa tiene otro aspecto: parece que abandonar el movimiento […] tenga prestigio. Uno no se desencanta: uno kabea*. Y eso acerca a los que se van a aquel maestro «genial y nunca comprendido».*

Y remata: «Multaj forlasis kaj forlasos nian movadon, sed nur kabeis Kabe, kaj neniu scias kial» —muchos han dejado y dejarán nuestro movimiento, pero solo kabeó Kabe, y nadie sabe por qué. Propone enterrar la palabra en el cajón de los términos arcaicos.

En ese mismo número, la redacción ilustraba las páginas con la viñeta que encabeza este artículo y con un pie que decía: «Kabeintoj bonvolu pendigi ĉi tie sian esperantan kostumon» —los que se vayan, que cuelguen aquí el traje de esperantista.

2011: Steele mira la foto de 1911

Trevor Steele compara en Ĉu malesperi? el congreso australiano de 1911 con el de 2011. El balance lingüístico es favorable al presente: el de 1911 se hacía en gran parte en inglés y el de 2011 fue íntegramente en esperanto. El balance social, no:

Niaj nunaj anoj estas malpli multaj kaj averaĝe pli maljunaj ol tiuj antaŭ cent jaroj, kaj la societa prestiĝo estas nun sendube malpli alta.

Nuestros miembros actuales son menos y de media más mayores que los de hace cien años, y el prestigio social es ahora sin duda más bajo.

En 1911, escribe, el congreso lo patrocinaban el gobernador, obispos, ministros y el alcalde, e incluso los no esperantistas daban por hecho que la lengua ganaría. Cien años después, «Esperanto ŝajnas senperspektiva hobio de manpleno da homoj, kiuj pensas eble idealisme, sed ne realisme» —el esperanto parece un hobby sin perspectivas de un puñado de gente que piensa quizá idealistamente, pero no realistamente.

Y entonces se hace la pregunta del título: ¿hay que rendirse? Su respuesta es que no, y es honesta hasta el final sobre en qué se basa:

Mi havas kvazaŭreligian fidon, ke jes ja iam Esperanto […] estos akceptita por la rolo intencita de ĝia aŭtoro.

Tengo una fe casi religiosa en que sí, en que algún día el esperanto […] será aceptado para el papel que le quiso dar su autor.

Steele es el caso contrario a Carlevaro con los mismos datos delante: el mismo diagnóstico, resuelto con fe, no con revisión.

2013: Camacho y la lengua zombi

El texto más citado de esta serie es de Jorge Camacho: «La zombia lingvo» (Libera Folio, mayo de 2013), ampliado como «Motivoj por ne kabei» (Beletra Almanako 19, 2014). La imagen central es que una estructura puede seguir moviéndose mucho después de haberse vaciado:

Ni esperantumas simile kiel antaŭ 50, 75 aŭ eĉ 100 jaroj […], kvankam kerne ĝi jam mortis antaŭ tre longe, kaj nur niaj aktivaĵoj plu tenas ĝin viva, fikcie, inercie, zombie (sen)viva.

Hacemos de esperantistas igual que hace 50, 75 o incluso 100 años […], aunque en el núcleo murió hace muchísimo tiempo, y solo nuestras actividades la mantienen viva: ficticiamente, por inercia, zombi-viva.

Lo que hace Camacho, sin embargo, es no kabei: sigue escribiendo literatura en esperanto y dice que seguirá usando la lengua como usa el finés, el inglés, el francés, el portugués o el chino. Lo que abandona es la obligación de justificarla. Su texto merece un artículo por sí mismo, y lo tiene: la lengua zombi recorre los veinte años en que Camacho fue diciendo esto mismo, de 1999 a 2017, sin llegar a marcharse nunca.

2018 y después: rupturas completas y rupturas rápidas

Tsvi Sadan había sido elegido miembro de la Akademio de Esperanto en 2013; el registro de la Academia dice que dimitió el 26 de julio de 2018. En textos posteriores explica que aquello formaba parte de un cambio mucho más amplio: no es que el movimiento lo decepcionara, es que dejó de compartir el marco que hacía que aquello le importara.

No toda revisión acaba en salida. Ken Miner, que había aprendido la lengua hacia los catorce años, cuenta que ya desde los años sesenta había optado por «acknowledge the futility of getting the language «recognized» and simply nurture the language and its community of speakers» —reconocer la futilidad de conseguir que la lengua fuera «reconocida» y simplemente cuidar la lengua y su comunidad de hablantes. Es la misma operación que harán después Camacho o Johansson, pero hecha antes de la crisis y sin romper nada.

Y está el caso moderno y acelerado de Derek Sivers, que estudió esperanto seis meses hasta hablarlo, se inscribió en un congreso internacional en Seúl y salió de él el mismo día:

I went into the conference, and was immediately disappointed. […] And so I left and never spoke Esperanto again. I feel bad saying that I liked the language but not its speakers. I feel like it’s my fault.

Entré en el congreso y me llevé inmediatamente una decepción. […] Y así es como me fui y no volví a hablar esperanto nunca más. Me sabe mal decir que me gustaba la lengua pero no sus hablantes. Siento que la culpa es mía.

Sivers describe a los asistentes con dureza y sin ninguna pretensión de objetividad —«hippie Klingon», llega a decir—, y él mismo admite que quizá el problema era él. Como descripción del movimiento no vale nada; como testimonio de cómo se rompe el vínculo entre una lengua y su comunidad, es exacto y es de hace cuatro días.

La respuesta a quien se va

Un patrón que aparece en casi todas estas historias es qué hace el movimiento cuando alguien se marcha. Hemos visto cuatro reacciones distintas en las fuentes:

La vergüenza. El protagonista de 1981 tiene miedo de sentirse «renegado», y la respuesta del veterano —«no te avergüences»— está escrita precisamente porque esa vergüenza existía.

El prestigio. Toño del Barrio describe el mecanismo contrario veinte años después: decir kabei en lugar de «me desencanté» convierte el abandono en un gesto con pedigrí.

El ataque personal. Cuando Christopher Culver publicó en 2005 un ensayo explicando por qué dejaba el movimiento —sostenía que la cultura interna de Esperantujo, con su desaprobación del krokodilado, chocaba con el discurso esperantista a favor de la diversidad lingüística—, parte de la réplica pública no discutió sus argumentos sino sus motivos, atribuyéndolos a ambiciones personales frustradas dentro de las organizaciones juveniles. Tenga razón o no en el fondo, responder a una crítica hablando de la biografía de quien la hace es una manera de no responderla.

El silencio. Seguramente la más habitual, aunque por definición no la podemos contar, porque no deja ningún documento: el socio que desaparece y a quien nadie telefonea. No tenemos ninguna fuente, precisamente porque no la genera.

Qué deja de creer exactamente quien se va

Juntando los casos, lo que se pierde raramente es todo a la vez. Lo que se pierde, normalmente en este orden, es:

  1. que llegará la fina venko;
  2. que hay un «problema lingüístico mundial» y que el esperanto es la solución;
  3. que las cifras de hablantes que se repiten son ciertas;
  4. que la lengua es tan fácil como se dice en la propaganda;
  5. que los esperantistas comparten unos valores especiales;
  6. que las instituciones del movimiento merecen el tiempo que se les dedica;
  7. que hablar la lengua obliga a difundirla.

Y solo al final, y en pocos casos, que la lengua tenga algún interés. Kabe es excepcional precisamente por eso, y no por haberse marchado.

Hay una asimetría interesante en todo esto: el movimiento tiene una palabra para quien se va, tiene otra para quien se queda pero en contra, y casi nadie recuerda la tercera. Porque hay una tercera. Sten Johansson, hoy uno de los escritores originales importantes de la lengua, cuenta que militó en el movimiento juvenil, que el movimiento no le interesaba de verdad y lo dejó; y como entonces lengua y movimiento estaban unidos en su mente, dejó también la lengua:

Do mi kabeis kaj restis kabea dum dek jaroj.

O sea que kabeé y seguí kabea durante diez años.

Lo que le hizo volver no fue ninguna campaña de captación ni ningún congreso. Fue reencontrar a un antiguo amigo por correspondencia, el brasileño Paulo Sérgio Viana, que lo animó a traducir y después a escribir:

Per tio mi fakte mal-kabeis.

Así es como, de hecho, des-kabeé.

Nuestra lectura

Hasta aquí, las fuentes. Lo que viene ahora es interpretación nuestra y va marcada como tal.

Si lo que la gente abandona casi siempre es el movimiento y casi nunca la lengua, entonces contar a los que se van como pérdidas es contar mal. Un movimiento que dé por bueno que alguien deje de ser activista y se quede solo como hablante probablemente conservará más lengua, aunque conserve menos «esperantistas». Los casos de Sekelj y Johansson apuntan además a algo práctico: quien se va no siempre se va para siempre, y los dos volvieron por una persona concreta, no por una campaña.

Y hay una lección que viene de Kalocsay y de Jordan a la vez, separados por quince años y un océano, y que es la más fácil de aplicar mañana: la gente no deja de venir porque el club no capte lo suficiente, sino porque dentro del club no hay nada que hacer en esperanto. Los dos describieron el mismo mecanismo —el principiante se decepciona cuando descubre que no entiende, el hablante bueno se aburre cuando todo se traduce— y los dos propusieron el mismo remedio, que es darles algo que hacer con la lengua en lugar de sobre la lengua.

Fuentes

  • Lanti, E. «Vivantigi Esperanton» (1922), en Vortoj de Kamarado E. Lanti. Texto consultado en el Tekstaro de Esperanto.
  • Casanoves, C.M.F. Sermón en el 13.º Encuentro Provincial Esperantista de Barcelona, Sant Cugat del Vallès, 20 de junio de 1971, según la crónica del Boletín de la Federación Española de Esperanto núm. 187 (septiembre-octubre de 1971), p. 20-21.
  • Kalocsay, Kálmán. «Kion fari por la Esperanta literaturo», publicado originalmente en Hungara Vivo núm. 3/1971 y reproducido en el Boletín de la Federación Española de Esperanto núm. 192 (julio-agosto de 1972), p. 3-5.
  • Kristos, H. «Kiam dubas esperantisto», Kulturaj Kajeroj 1981/2. PDF en Bitarkivo. No hemos identificado quién hay detrás del nombre.
  • Golden, Bernard. Propuesta del verbo stojani, Literatura Foiro núm. 70 (1981), p. 13. No hemos visto el número de Literatura Foiro: la definición la citamos por la nota que le dedica La Ondo de Esperanto núm. 5-6 de 2009, p. 21.
  • Sekelj, Tibor. «Kial mi revenis al Esperanto», The Australian Esperantist núm. 199 (279), septiembre de 1982. PDF de la Aŭstralia Esperanto-Asocio. Las citas se han tomado del texto OCR del facsímil y se han corregido los errores evidentes de reconocimiento.
  • Tišljar, Zlatko. «La rolo de mezkapabluloj en Esperanto-movado», Tempo, 1982, republicado por Libera Folio el 9 de septiembre de 2020.
  • Jordan, David K. «Esperanto and Esperantism: Symbols and Motivations in a Movement for Linguistic Equality», Language Problems & Language Planning 11(1), 1987. Texto completo en la University of California, San Diego.
  • Golden, Bernard. «Diagnozo de malsanoj de la loka Esperanto-grupo», Boletín de la Hispana Esperanto-Federacio núm. 292-293 (octubre-diciembre de 1989), p. 11. PDF en Bitoteko.
  • Carlevaro, Tazio. Ĉu Esperanto postvivos la jaron 2045? PDF en satesperanto.org.
  • Żelazny, Walter. «Pri la rilatoj inter inteligencio kaj plebo en la Movado», La Ondo de Esperanto 2000, núm. 4 (66), con la sección «Pro kio Kabe kabeis?». Número completo.
  • Del Barrio, Toño. Artículo sobre el uso del verbo kabei, HEF-Bulteno núm. 352 (septiembre-octubre de 2001), p. 20-21. De ese número sale también la viñeta que ilustra el artículo.
  • Steele, Trevor. «Ĉu malesperi?», La Ondo de Esperanto, octubre de 2011. Texto en sezonoj.ru.
  • Camacho, Jorge. «La zombia lingvo», Libera Folio, 9 de mayo de 2013 (copia de Internet Archive; la URL original ya no responde), y la versión ampliada «Motivoj por ne kabei», Beletra Almanako 19, febrero de 2014. Citamos por la copia íntegra publicada por el autor en su blog; no hemos visto el ejemplar impreso de Beletra Almanako.
  • Akademio de Esperanto. Registro de exmiembros y excorresponsales, para la fecha de dimisión de Tsvi Sadan.
  • Culver, Christopher. «Why Esperanto Suppresses Language Diversity: Thoughts on Leaving the Esperanto Movement» (2005). El original ya no está en su sitio; lo conocemos por la discusión contemporánea en Languagehat, que reproduce argumentos y donde están las réplicas que comentamos.
  • Sivers, Derek. «Esperanto, Toki Pona, Swahili, Indonesian».
  • Johansson, Sten. «Mia verkado», charla del 7 de septiembre de 2019 reproducida en Ora Ĵurnalo núm. 21. PDF del club de Gotemburgo.
  • Miner, Ken. «Esperanto: some observations of a speaker-linguist» (2015), para el giro hacia dentro desde los años sesenta.

Los boletines de la federación española se han consultado en los facsímiles y el OCR de la Gazetoteko, dentro del archivo de investigación del grupo. Todas las traducciones al castellano son nuestras.

Véase también

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