El boticario que quería guardarlo todo

En 1978, un coleccionista de Moià imprimió con ciclostil una pregunta que nadie del movimiento quería contestar: ¿qué pasará con nuestra colección cuando nos muramos? La respuesta la construyeron tres personas —Sant Pau d’Ordal, Moià y Budapest— a lo largo de cuarenta años, y ocupa 1.159 páginas. Por el camino pasaron por Valencia.

El ex-libris del Museo Español de Esperanto, reproducido en el primer número de Periodaĵoj (julio de 1993) para celebrar sus veinticinco años. Encima de una pila de libros —Zamenhof, Esperanto, Apoteko— está el bote de boticario y el nombre de Luis Mª Hernández Izal.
El ex-libris del Museo Español de Esperanto, reproducido en el primer número de Periodaĵoj (julio de 1993) para celebrar sus veinticinco años. Encima de una pila de libros —Zamenhof, Esperanto, Apoteko— está el bote de boticario y el nombre de Luis Mª Hernández Izal.

«No solo pastillas, jarabes y laxantes»

El aviso salió en el Valencia Luno de 1970, en la página 11, y era una orden amable:

«El MUSEO HISPÁNICO DE ESPERANTO debe ser la parada de todos los esperantistas valencianos que hagan el camino hacia Barcelona. Sant Pau d’Ordal es un pueblo pintoresco, y el compañero J. L. Hernández Izal es el coleccionista, no solo de pastillas, jarabes y laxantes, sino también de valiosas cosas de esperanto, que él, con una amabilidad hospitalaria incomparable, os mostrará. ¡Contribuid a enriquecerlo!»

Valencia Luno, «Kvara lunradio», 1970

La broma de los laxantes no era gratuita: Luis María Hernández Yzal (Barcelona, 25 de septiembre de 1917 – Sant Pau d’Ordal, 24 de febrero de 2002) era el boticario del pueblo. El Valencia Luno de aquel año imprimió mal el nombre del lugar —«S. Paud’ Ordal»— y todavía cuesta encontrarlo en el facsímil.

El esperanto se le resistió mucho tiempo. Lo contaba él mismo en una entrevista de octubre de 1995: cuando empezó de boticario en Sant Pau era «un pobre, con solo una bicicleta como medio de transporte», y el que le remendaba la bicicleta, el señor Sans, era un viejo esperantista que aún había conocido a Zamenhof. Sans insistió año tras año. No le interesaba.

Lo que sí le interesaba era coleccionar. Estaba apuntado a clubes de coleccionistas que se carteaban con libritos de frases hechas, y «no tirando revistas y carteándome un poco» acabó familiarizándose con la lengua; en 1955 o 1956 llegó a publicar una petición de correspondencia en Heroldo de Esperanto. Ramon Molera le había sugerido un curso por correspondencia ya en 1952-53 y tampoco le convenció: tenía demasiado trabajo en la farmacia.

Lo que le convenció fue una excursión por curiosidad. En 1963 fue al congreso español de Barcelona, donde había unas setecientas personas. «Entonces quedé convencido y empecé a estudiar de veras.»

La pregunta de 1978

Diez años después, Hernández Yzal ya tenía una colección, y Ramon Molera Pedrals, en Moià, tenía otra. En noviembre de 1978 Molera sacó de su casa de la calle del Forn número 21 ocho hojas mecanografiadas: el número cero de Kolektado, «boletín de esperanto» para coleccionistas. Sin cuota de suscripción.

El número cero de Kolektado (noviembre de 1978). La declaración de principios es el tercer párrafo: «se ni agus ekipe» —si actuáramos en equipo—.
El número cero de Kolektado (noviembre de 1978). La declaración de principios es el tercer párrafo: «se ni agus ekipe» —si actuáramos en equipo—.

La apertura es una descripción exacta del vicio:

«Varias veces, a lo largo de los años, hemos intentado en vano encontrar un ejemplar que faltaba y un día, sin esperarlo, ha aparecido sin más: esa es la alegría y la emoción del coleccionista ferviente.

Pero esas alegrías y placeres los podríamos conseguir más fácilmente y a menudo si trabajáramos de manera racional y eficaz; si, de vez en cuando, intercambiáramos experiencias y descubrimientos; si actuáramos en equipo

Detrás de esa frase venía el programa: repartir de manera útil los duplicados, publicar anuncios, responderse dudas unos a otros. Y una lista de treinta catálogos y bibliografías que Molera había usado para ordenar su biblioteca —de Davidov en Saratov (1908) a Steiner en Viena (1957)— con el número 25 marcado: el Katalogo de la Esperanto-gazetaro del doctor Jozefo Takács, Checoslovaquia, 1934, 168 páginas.

Y una ambición: un catálogo general de todo lo que se había publicado en esperanto, para el centenario de 1987. «Todavía tenemos nueve años para preparar la obra, pero probablemente los necesitaremos todos, porque el tiempo vuela muy rápido. ¡Al trabajo!»

Pero la pieza más punzante de aquel número cero no es el programa. Es una sección titulada «Asunto para pensar»:

«A menudo nos viene al pensamiento la pregunta delicada: ¿qué pasará con nuestra colección de cosas de esperanto cuando dejemos la vida terrenal?

Es de veras un asunto para pensar, porque hemos gastado muchas horas, esfuerzos y dinero para adquirir una colección que quizá materialmente vale poco, pero que moral y espiritualmente es de gran valor para las generaciones futuras.

[…] A veces se puede elegir una biblioteca importante del país pensando que allí nuestro material será ampliamente utilizado, y nos equivocamos del todo: pese a la importancia de la institución elegida, y pese a que lo acepten cordialmente, ponen las cajas en un sótano para ordenar cómodamente los libros y las revistas, pero nunca llega el momento adecuado de ordenarlos.»

Kolektado sacó nueve números entre 1978 y 1981 y se apagó. El catálogo general del centenario no salió. Pero en el número 2, de 1979, Molera y Hernández Yzal publicaron los datos de las revistas que empezaban por la letra A. Aquella hoja es el primer trabajo conjunto de los dos, y lo que la bibliografía posterior reconoce como el origen de todo.

Tres coleccionistas y un reparto de trabajo

Los contactos venían de lejos. Según reconstruyó Árpád Máthé en 2007, «desde finales de los años sesenta se formaron contactos serios y fructíferos entre tres coleccionistas individuales de publicaciones periódicas en esperanto».

El reparto era natural y venía del temperamento de cada uno:

  • Ramon Molera Pedrals, de Moià, era el más veterano: ya en los años cincuenta publicaba anuncios en revistas de medio mundo buscando números que le faltaban. Coleccionaba sobre todo libros.
  • Luis M. Hernández Yzal, en Sant Pau d’Ordal, «coleccionaba todo lo que estuviera ligado al movimiento esperantista». Cuando empezó con las revistas pensaba que habría «trescientas o cuatrocientas» y no preveía ningún problema.
  • Árpád Máthé (Nagycenk, 8 de noviembre de 1936 – Budapest, 14 de septiembre de 2015), químico y doctor por la Universidad Eötvös Loránd, «se ocupaba sobre todo de la colección de las publicaciones periódicas».

Las cifras dejaron en ridículo el cálculo de las cuatrocientas revistas muy pronto. En 1962-63 avisaron a Hernández Yzal de la venta de la biblioteca de un esperantista muerto, un peso pesado del movimiento español de antes de la Primera Guerra Mundial. El heredero pedía 5.000 pesetas, «una suma enorme en aquel tiempo». Él solo pensaba gastar 2.000, pero el heredero amenazó con venderlo todo a un trapero. Las tenía y lo compró todo: a sus 400 libros se añadieron 800, y «además llené dos veces mi automóvil de revistas». En el mismo periodo conoció a Joan Amades i Gelats, el folklorista catalán, esperantista y coleccionista que guardaba el primer número de cada revista. También le dio mucho.

«¿Por qué no te compras una tienda de campaña?»

La otra persona decisiva no era coleccionista. Era Teresa Massana, su mujer, y su intervención aparece dos veces en la entrevista de 1995.

La primera fue sobre los congresos. Iban juntos al español de Barcelona y a otros, pero él, por no molestarla, se quedaba poco en la sede y después paseaban por la ciudad. «Después del tercer congreso, ella me dijo que decidiera: o seguir los congresos del todo, o no participar en ellos.» Desde entonces fue congresista activo, y ella —que ya tenía su propio círculo de amistades esperantistas— lo acompañaba.

La segunda fue sobre la biblioteca. La casa se llenaba de libros, y un día ella le soltó: «¿Por qué no te compras una tienda de campaña?» Acto seguido le sugirió que comprara un terreno y construyera una casa expresamente para la biblioteca. «Por suerte conseguí adquirir un terreno en una calle próxima que unos años antes había recibido el nombre de «calle Zamenhof».»

De ahí nace una coincidencia que se puede comprobar en tres fuentes independientes. La cabecera de Periodaĵoj de 1993 da la dirección del museo: Str. Dr. Zamenhof 12, E-08739 Sant Pau d’Ordal. La entrevista de 1995 explica por qué la calle era esa. Y la lista de calles y monumentos esperantistas de España que el Valencia Luno publicó en mayo de 2002 registra, en la línea correspondiente, «Sant Pau d’Ordal (Barc.) — Z-Strato — 1968».

Esa misma lista del Valencia Luno fecha el museo en 1985, y aquí nuestro boletín no coincide con el resto de fuentes: Periodaĵoj celebraba en 1993 los veinticinco años del museo con un ex-libris que lleva impreso «1968 – 1993», y la historia del museo sitúa la inauguración en 1968, en una dependencia de la farmacia, y la compra del terreno y la construcción del edificio nuevo en 1974. La fecha de 1985 de nuestra lista queda sin explicar.

De la experiencia con su mujer viene también, directamente, el premio Klara Silbernik, que él creó en 1975:

«Gracias a ella aprendí a prestar atención a la opinión de la esposa. Muchos esperantistas tienen que dejar su actividad en el movimiento por un conflicto con la pareja. Por eso creé la medalla «Klara Zilbernik», para premiar a la esposa que, sin ser esperantista, ayudó mucho a su marido, siguiendo el ejemplo de la mujer de Zamenhof, que incluso permitió usar su dote para editar el primer libro.»

Por qué se llama Rondo Takács

El nombre homenajea al médico, coleccionista y bibliógrafo húngaro József Takács, de Nagymaros, presidente de la Tutmonda Asocio Kolektanta y redactor de Tutmonda Kolektanto.

Su Katalogo de la Esperanto-gazetaro es una obra colectiva sin proponérselo. Takács hizo el manuscrito; Paŭlo Tarnow (Alemania) lo revisó y lo completó con 198 títulos nuevos, y László Spierer, de Budapest, añadió 31 más. Se publicó en 1934 en Jablonné nad Orlicí, entonces Checoslovaquia. El primer capítulo, «Lista de las revistas de esperanto», recoge 1.274 títulos, con el subtítulo, el lugar de edición —con índice de países aparte—, la fecha de aparición con precisión de mes, la extensión y el formato.

Al final del prólogo, Takács escribía que «el manuscrito del primer suplemento, con 300 títulos, ya está preparado para la imprenta». No se publicó nunca.

No era el único precedente catalán-húngaro de esta historia. En 1913, bajo la dirección de Joan Amades i Gelats, funcionaba en Barcelona el Institut de l’Esperanta Gazetaro, adherido a la Federación Esperantista Catalana, que publicó una bibliografía de unas 500 revistas aparecidas entre septiembre de 1889 y septiembre de 1913 —el primer cuarto de siglo de la prensa esperantista— con el título Plena recenzo de l’Esperanta gazetaro. Máthé, ochenta años después, escribía con resignación: «Encontré y tengo solo la primera parte (dos páginas) de esa lista tan valiosa.»

Budapest, agosto de 1987

Ramon Molera murió el 28 de enero de 1983. Lo contó el Valencia Luno en su sección de necrológicas, firmado por J. Bosch: «Dirigió montañas de cursos de esperanto y creó su curso por correspondencia, que se ganó la aprobación y el elogio de los alumnos que lo siguieron con resultado exitoso. Era un hombre muy bondadoso, que llegó a tener muchísimos amigos por todo el mundo.» Las fuentes bibliográficas posteriores solo dicen «1983»; la fecha exacta la conserva nuestro boletín.

Su hija, Ana Maria Molera Urgellés, se hizo cargo de la biblioteca de Moià. Y cuatro años después, en 1987 —el año del centenario del esperanto—, Hernández Yzal propuso formalizar aquello que ya hacían:

«En el año jubilar del movimiento esperantista, en agosto de 1987, en Budapest, nuestro entrañable Luis Hernández Yzal inició la fundación de un grupo de investigación bibliográfica en homenaje al doctor József Takács, con el nombre de (Labor)rondo Takács. Los miembros del Rondo Takács, de tres cabezas, fueron el iniciador, Hernández Yzal; Ana Maria Molera Urgellés, hija de Ramon Molera, que murió en 1983; y Árpád Máthé.»

— Árpád Máthé, ponencia del coloquio de Viena, 2007

Conviene decirlo claro porque circula confundido: 1983 es el año de la muerte de Ramon Molera, no el de la fundación del grupo. Las fuentes de los propios protagonistas —la ponencia de Máthé de 2007, su balance en Eventoj de 1996 y la portada del primer Periodaĵoj, que en julio de 1993 dice que el trío se formó «hace seis años»— coinciden todas en 1987.

Dos kilos de revistas

En julio de 1993 salió en Budapest el primer número de Periodaĵoj. Bibliografia organo de Rondo Takács, con ISSN propio, dirigido por Máthé y coeditado por Hernández Yzal y Molera Urgellés.

La portada del primer Periodaĵoj (julio de 1993): los seis objetivos, el homenaje a César Vanbiervliet y los veinticinco años del Museo Español de Esperanto.
La portada del primer Periodaĵoj (julio de 1993): los seis objetivos, el homenaje a César Vanbiervliet y los veinticinco años del Museo Español de Esperanto.

La primera página enumera seis objetivos: publicar las investigaciones del grupo, invitar a colaboradores, informar de toda nueva publicación periódica, ampliar los intercambios entre los lectores, publicar artículos concisos sobre la historia de la prensa esperantista e informar de las bibliotecas públicas y privadas del mundo, «antes que nada sobre sus colecciones de revistas y sus propuestas de intercambio».

Y una petición que resume todo el proyecto en una frase. Los lectores podían enviar correcciones bibliográficas, sí. Pero también podían enviar «como mínimo 2 kilogramos de publicaciones periódicas en esperanto (o en otras lenguas planificadas)» a una de las tres bibliotecas fundadoras, con las direcciones impresas debajo:

  • Hispana Esperanto-Muzeo, Str. Dr. Zamenhof 12, Sant Pau d’Ordal
  • Esperanto-biblioteko «Ramon Molera Pedrals», Palau 17, Moià
  • Esperanto-biblioteko «Máthé», Tusnádi u. 14, Budapest

«No olvidéis que incluso un solo dato servirá a nuestro objetivo común: tener la bibliografía más completa posible de las publicaciones periódicas de las lenguas planificadas.»

En el mismo número, Máthé firmaba una nota necrológica por César Vanbiervliet, muerto en Kortrijk hacía medio año, que había creado una colección única de revistas dentro de la Biblioteca Municipal de aquella ciudad. La frase con que lo describe vale para todos ellos: se dedicó a «recoger esos impresos que a menudo los individuos y las bibliotecas tratan como papeles que no vale la pena conservar».

Que el intercambio funcionaba, y que era físico, está bien documentado. En la entrevista de 1995 Hernández Yzal hace el repaso:

«El señor Gacond, de La Chaux-de-Fonds, ayuda mucho. Con la biblioteca de Károly Fajszi y el doctor Máthé, y por medio de él con la biblioteca de Viena, hay contactos regulares. […] La señora Molera vive cerca y hay contactos frecuentes. En su momento también hubo intercambios continuados con César Vanbiervliet.»

Con Máthé la fórmula es aún más directa: «intercambiaba regularmente paquetes con revistas». De Amouroux, de Perpiñán, que poseía muchos archivos del periodo inicial del esperanto, recibía regularmente una caja de revistas ya leídas cuando había visita.

También está el reverso, que no suele contarse. «En general: si la otra biblioteca funciona bien, sí; si no, fracasa.» Acababa de volver de Londres y, pese a haber avisado con tiempo suficiente, solo al volver se encontró la carta que decía «lamentablemente estaré fuera…».

Sobre los congresos conviene ser preciso, porque el recuerdo colectivo tiende a convertirlos en el lugar donde los museos se reunían a repartirse material. Los documentos demuestran que los miembros del Rondo se encontraban allí, presentaban el trabajo y visitaban colecciones —Máthé dio una conferencia sobre el centenario de la prensa esperantista en la Universidad del Congreso de Brighton, 1989, en nombre del Rondo Takács—, y que el intercambio de revistas era constante. Lo que las fuentes consultadas no describen es una reunión periódica y formal, dentro de cada congreso, dedicada a repartir materiales entre museos. Buena parte del trabajo iba por correo, en paquetes postales y en visitas directas.

dBase, Clipper y un hijo

Hay un detalle de aquella biblioteca que la separa de todas las demás de la época, y es que estaba informatizada. Lo subraya el propio entrevistador, Roland Rotsaert, que pasó allí una semana en octubre de 1995 invitado expresamente a estudiar su organización:

«Con gran interés miré el funcionamiento de vuestro ordenador. El Museo Español de Esperanto probablemente es la única biblioteca esperantista que usa el ordenador con tanta eficacia. Que yo sepa, solo Aalen tiene un catálogo electrónico, pero con menos posibilidades.»

La respuesta explica de dónde venía:

«Ya hace una decena de años que uso el ordenador. Se lo debo a mi hijo, que para la farmacia y para su biblioteca privada usa intensivamente los ordenadores. Con dBase y Clipper escribió una serie de programas especialmente para la biblioteca. Puedo pedirle, según me convenga, toda la información: por ejemplo, durante cuántos años apareció una revista, qué libros se editaron en un año cualquiera, qué revistas aparecieron en una ciudad, etc.»

El hijo se llama Rafael, y Periodaĵoj lo nombra en la nota de los veinticinco años: «El valioso contenido lo enriquecen el arreglo artístico de Teresa y el saber informático del hijo, Rafael. La colaboración familiar ejemplar, el trabajo bibliotecario y bibliográfico persistente e incansable, y una oferta financiera nada pequeña, dan como resultado este centro cultural de la Europa occidental.»

Hernández Yzal quería recibir en disquete los catálogos electrónicos de otras bibliotecas. No era todavía un catálogo compartido por internet, pero la idea ya estaba entera. Y, pese a todo, «de vez en cuando hago catálogos en papel: facilitan el control de las colecciones, por ejemplo para encontrar errores o libros mal colocados».

Las cifras

Los datos de septiembre de 1995, tal como él los daba:

Títulos de revistas conocidos 7.450
Títulos que poseía, parcial o completamente 3.147
Colecciones anuales 12.851 (6.929 completas)
Libros y folletos 9.401
Cajas de correspondencia unas 2.000

Además, una colección casi completa de sellos esperantistas, tarjetas de visita, monedas, carteles. «Los esperantistas donan toda clase de material y yo opino que tengo que conservarlo todo. Todo sirve.»

Y una nota sobre cómo se financiaba: «De las autoridades no exigí ni recibí ninguna ayuda.» En cambio, los esperantistas ayudaban continuamente: las letras de la entrada del museo las hicieron unos ferroviarios de Barcelona. «Casi todos consideran la biblioteca propiedad de Esperantujo. Pienso que la independencia incita a colaborar.»

El nombre, eso sí, no le gustaba:

«De hecho, el nombre «museo» no me gusta. La colección debe consultarse para estudios sobre el esperanto o sobre otras lenguas planificadas.»

Valencia, julio de 1993

El primer Periodaĵoj salió en julio de 1993 y no por casualidad: ese mes se celebraba en Valencia el 78º Congreso Universal de Esperanto. La nota de los veinticinco años lo aprovecha:

«Seguramente muchos de los congresistas de Valencia participarán también en el precongreso y el jueves 22 de julio pasarán unas horas en el único Museo de Esperanto de Sant Pau d’Ordal. […] Hace veinticinco años solo se podía visitar una habitacioncita en la vieja casa particular; ahora a los visitantes les espera un museo de más de 200 metros cuadrados, con habitación de huéspedes, sala de estudio y diversos equipamientos necesarios. […] Si encontráis a los señores Hernández durante los días del congreso, saludadlos con motivo de este jubileo de cuarto de siglo. ¡Se lo merecen de veras!»

Pocos días después, ya dentro del congreso, se celebró la XVI Conferencia de Esperantología, dedicada a la historiografía del esperanto. Asistieron más de sesenta personas, en la sala Lapenna, y hablaron Humphrey Tonkin, Ulrich Lins, Nikola Rašić y Detlev Blanke, con comunicaciones sobre el esperanto durante la guerra de España y sobre Verda Majo y el general Mangada. La crónica del boletín congresual Valencia Suno remata:

«Fueron especialmente importantes los debates sobre el papel de los archivos y las bibliotecas en el rescate, la conservación y la puesta a disposición de documentos amenazados directamente de destrucción (Luis FERNANDEZ Yzal, Reiner NOLTENIUS). La viva discusión subrayó la importancia de continuar el tema.»

El apellido está mal transcrito —«Fernandez» por «Hernández»—, pero el contexto no deja duda de quién hablaba allí. Quince años después de la pregunta de Molera en Kolektado, el boticario de Sant Pau d’Ordal la llevaba al pleno del congreso mundial, en Valencia.

Y todavía una tercera cosa pasó aquí. En aquel congreso, la veintena de mujeres que habían recibido el premio Klara Silbernik entregaron, por iniciativa propia, un diploma de honor a Teresa Massana de Yzal —la mujer por quien existía el premio—. «Vi el diploma en honor de la señora Maria Teresa Massana de Yzal en el museo…», le recuerda el entrevistador en 1995. «Fue iniciativa de la veintena de premiadas con motivo del Congreso Universal de Valencia en el año 1993.»

El Valencia Luno lo siguió encontrando por aquí los años siguientes. En el encuentro de Castellón de 1994, «esperantistas bienvenidos de Cataluña: los señores Hernández Yzal, dueños del Museo de Esperanto de Sant Pau d’Ordal»; dio al representante del ayuntamiento un ejemplar de La vida de Zamenhof en castellano. En el 7º Congreso Internacional de Esperanto de Valencia, en julio de 1997, recibió una placa conmemorativa «como reconocimiento del trabajo constante y entusiasta por el esperanto». Y en marzo de 2002, el boletín le dedicó la página 9 entera, con su fotografía junto a las de Jesús Raposo y Félix Navarro Clemente, bajo el título «Siempre en nuestra memoria».

De 6.577 títulos a 14.143

La cuenta de cómo creció la obra se puede seguir año por año.

Noviembre de 1990. Primera publicación propia del grupo: un único número de cuatro páginas, Periodaĵoj en aŭ pri Esperanto kaj aliaj planlingvoj, editado en Budapest como suplemento de Eventoj. Presentan la distribución lingüística de 6.577 títulos (el 91,14 % en o sobre esperanto) que, según el fichero de entonces, sumaban 29.306 colecciones anuales. Ese ejercicio les hizo tomar una decisión: de ahora en adelante, solo publicaciones de esperanto.

1992. El Museo Español de Esperanto publica en Sant Pau d’Ordal el Inventaro de planlingvistikaj periodaĵoj, primera parte de la bibliografía, compilada por los tres miembros del Rondo.

1993-1995. Periodaĵoj, en Budapest. Aquí las cifras de los propios autores no cuadran, y más vale decirlo que elegir una: en su balance de Eventoj de junio de 1996, Máthé habla de 33 números, 110 páginas y más de 9.800 publicaciones registradas; en la reconstrucción de 2007 cuenta 30 números y una lista de 8.735 títulos; y el prólogo de la bibliografía, firmado en 2007 por Máthé y Molera, dice «más de 10 mil». Ninguna fuente explica la diferencia.

2002. Muere Hernández Yzal. Máthé y Molera continúan. Se crea, dentro de la Asociación Universal de Esperanto, la Fundación Bibliográfica Luis Hernández Yzal, gracias a las familias de los tres.

El método cambia: ahora van a las bibliotecas. «Eso ocurrió en forma de visitas a bibliotecas importantes de esperanto, en primer lugar el IEMW de Viena. Además adquirimos catálogos de publicaciones periódicas de bibliotecas esperantistas conocidas. Nuestra información se enriqueció en un 50 %, contando solo los títulos.» Y cada entrada crece: subtítulo, editores, lugares y países, años de aparición con precisión de mes, extensión, formato, técnica de impresión, los nombres de todos los que colaboraron —iniciador, fundadores, redactores, con las fechas de entrada y de salida— y el código de localización en el Museo Internacional de Esperanto de Viena, la Biblioteca Alemana de Esperanto de Aalen, la biblioteca Hodler de la UEA y el propio Museo Español de Esperanto.

2007. Máthé presenta la primera versión en España, a principios de octubre, dentro de la Semana Cultural, y después en el coloquio Planlingvaj bibliotekoj kaj novaj teknologioj de Viena. Contaba con sacar el volumen en papel para el Congreso Universal de Białystok (agosto de 2009), con Humphrey Tonkin y Detlev Blanke como revisores.

2010-2019. Bibliografio de periodaĵoj en aŭ pri Esperanto, con el subtítulo «In Memoriam Luis Hernández Yzal». La versión en línea, actualizada el 19 de marzo de 2019, tiene 14.143 entradas y 1.159 páginas.

La portada de la versión en línea de 2019, con la cruz delante del nombre de Hernández Yzal y el sello de la Fundación Bibliográfica que lleva su nombre.
La portada de la versión en línea de 2019, con la cruz delante del nombre de Hernández Yzal y el sello de la Fundación Bibliográfica que lleva su nombre.

Cada entrada puede ser una revista importante o puede ser una hoja. La número 7 dice, entera: «ABC Universala Heroldo de ĉiuj kolektantoj. Královice (CS/CZ), 1947-1948. 5 números.» Eso es todo lo que se sabe, y es todo lo que quedará.

Había un segundo volumen planificado, y su subtítulo debía ser «In Memoriam Ramon Molera Pedrals»: 800 o 900 páginas con las revistas en lenguas nacionales que llevaban secciones, crónicas o cursos de esperanto, más el índice de las veinticinco o treinta mil personas que aparecen en el primer volumen. En 2007, Máthé ya tenía más de seis mil títulos fichados y calculaba que solo vaciar las revistas de su propia casa le llevaría un año y medio. Murió el 14 de septiembre de 2015. El segundo volumen no ha salido.

La respuesta a la pregunta de 1978

Queda contestar lo que Molera se preguntaba en aquella hoja ciclostilada de noviembre de 1978.

El Museo de Esperanto de Subirats —el nombre actual de la colección de Sant Pau d’Ordal— estuvo abierto al público hasta finales de 2019. En 2021 el fondo documental se trasladó al archivo municipal de Subirats, y el 6 de julio de 2024 se inauguró en el ayuntamiento de Sant Pau d’Ordal el Centro de Documentación del Esperanto. La colección se calcula en unos 25.000 documentos y continúa siendo la biblioteca esperantista más grande del estado.

O sea: no acabó en un sótano. Todavía se puede consultar, y el código «HEM» que aparece miles de veces en la bibliografía de 2019 continúa apuntando a un lugar real.

Vale la pena ver el detalle del final: el catálogo del museo de Subirats se consulta hoy con OpenBiblio, el programa libre esperantizado por Ana Manero, el mismo que usan la Federación Española, la Biblioteca Molera de Moià y nuestra propia biblioteca para el préstamo a los socios. La red que Molera pedía en 1978 —«si actuáramos en equipo»— existe, cuarenta y ocho años después, en forma de catálogos que hablan entre ellos.

Y la frase que lo resume todo continúa siendo la que Hernández Yzal le dijo a Rotsaert una tarde de octubre de 1995, cuando le preguntaron por qué guardaba tarjetas de visita y monedas junto a los incunables del movimiento:

«Opino que tengo que conservarlo todo. Todo sirve.»


Fuentes

Todas las traducciones del esperanto al castellano son propias.

  1. Ramon Molera, Kolektado, núm. 0, noviembre de 1978. Primer número del boletín, con el programa de cooperación entre coleccionistas, la lista de treinta catálogos de referencia, la propuesta de catálogo general para el centenario y la sección «Asunto para pensar».
  2. Rondo Takács, Periodaĵoj. Bibliografia organo de Rondo Takács, núm. 1, julio de 1993. Los seis objetivos, las tres direcciones, la petición de los dos kilos, la nota necrológica de César Vanbiervliet y la nota de los veinticinco años del Museo Español de Esperanto.
  3. Roland Rotsaert, entrevista a Luis Hernández Yzal, hecha en Sant Pau d’Ordal en octubre de 1995 durante una estancia de una semana.
  4. Árpád Máthé, «Bibliografio de periodaĵoj en aŭ pri Esperanto», en Planlingvaj bibliotekoj kaj novaj teknologioj. Aktoj de la kolokvo en Vieno, 19-20 oktobro 2007, ed. Detlev Blanke, Róterdam, UEA, 2009, págs. 51-53.
  5. Árpád Máthé, Eventoj, núm. 103, 1 de junio de 1996.
  6. Luis M. Hernández Yzal, Árpád Máthé y Ana Maria Molera, Bibliografio de periodaĵoj en aŭ pri Esperanto, versión en línea actualizada el 19 de marzo de 2019, con el prólogo de los coeditores.
  7. Valencia Suno, boletín del 78º Congreso Universal de Esperanto, Valencia, 24-31 de julio de 1993.
  8. De nuestro archivo: Valencia Luno núm. 4 (1970) para la llamada a visitar el museo; Valencia Luno de 1983 para la necrológica de Ramon Molera, de 1994 para el encuentro de Castellón, de 1997 para la placa del congreso de Valencia, de marzo de 2002 para el obituario y de mayo de 2002 para la lista de calles y monumentos esperantistas.
  9. Museo de Esperanto de Subirats y Turismo de Subirats para la historia del edificio y el destino actual del fondo.

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