El Liceo de Madrid, a rebosar

Antes de ser figuras del grupo de Valencia, Augusto Casquero y Alicia Ballester hicieron esperantismo en Madrid. Ella lo cuenta ahora: cuatro locales sucesivos, clases cada día en dos y tres turnos, un coro que cantó en esperanto en el Festival de Habaneras de Torrevieja y una película en súper 8 que, dice, no quedó muy bien.

Cuatro locales

Lo primero que recuerda es ir de pequeña con su padre, Arquímedes Ballester: el grupo madrileño se reunía en una asociación que les dejaba el sitio —los boletines de la Federación sitúan las clases, a principios de los setenta, en el local de la asociación de empleados y obreros de los ferrocarriles españoles, en la calle de Atocha, 83, cedido «para estos fines culturales», los lunes, miércoles y viernes a las siete de la tarde—.

Después un esperantista les dejó un chalet que tenía medio abandonado, donde hicieron actividades hasta que el propietario decidió venderlo. Entonces buscaron alquiler y encontraron un piso antiguo en la calle de Hortaleza donde el dueño alquilaba las habitaciones por separado: el grupo alquiló una. «Allí es donde empecé a ir yo con asiduidad», cuenta Alicia. Se daban las clases y, los fines de semana, los jóvenes se iban de excursión a la sierra.

La última mudanza vino de una esperantista cuya madre tenía una casa antigua entera en la calle de Atocha. Es la dirección que aparece en los boletines desde 1981: Madrida Esperanto-Liceo, Atocha, 98, 4.º.

El trato lo cuenta ella: «mi madre tiene un piso para alquilar, de 250 metros; os lo alquilamos, pero os lo tenéis que arreglar vosotros». Era antiguo y enorme, con muchas habitaciones, y les dejaron tirar algún tabique. Allí cupieron el salón, un anexo con las oficinas, dos aulas, la cocina convertida en bar, dos aseos y una buhardilla para la biblioteca; cuatro balcones daban a la calle de Atocha. «Allí fue donde empezó el auge del Liceo».

La historia que el propio Liceo publicó en el libro del 47.º Congreso Español de Esperanto (Madrid, 1987) fecha la inauguración de esa sede en 1978 y coloca «Hortaleza, 84» entre los locales de 1960-1964. Las dos cronologías no cuadran: ni los boletines que hemos visto dan Atocha 98 antes de 1981, ni el recuerdo de Alicia sitúa el piso de Hortaleza tan atrás.

Antes de Atocha: la ONCE en el Liceo

En aquella etapa de la calle de Hortaleza, antes del auge, destacaron dos hermanos: Paco y Pepe Jiménez Bullón. Paco veía poco y pertenecía a la ONCE, que tenía la sede cerca del local; gracias a él vinieron muchos ciegos a los cursos. Organizaba todo tipo de actos y promovió la impresión de camisetas con la estrella verde. «Es la persona con más iniciativa que he conocido», dice Alicia, y su hermano lo resumía así: «Paco, a pesar de ver poco, tiene más vista que todos nosotros». En la ONCE había otro esperantista, Ángel Figuerola, que daba conferencias y hacía mucha labor de propaganda, y que según Alicia daba clases de esperanto allí. Figuerola llegó a presidir la Federación Española: como presidente, en 1977, llevó en mano a Valencia la medalla Klara Silbernik para la mujer del doctor Herrero.

Cómo llenaban las aulas

Ponían anuncios en el periódico, pero lo que funcionaba de verdad era la pegada de carteles por la zona de las universidades: iban de noche, en grupo —«no estaba tan prohibido como ahora»—. Y llegaron a alquilar un espacio publicitario en el metro, en la estación de Sol, que hizo venir a mucha gente.

Tenían un obstáculo en la misma puerta. La portera de la casa —«un personaje», dice Alicia— llamaba al Liceo «la puta academia de maremanto», y un día, esperando a los alumnos de un curso nuevo, no llegó ninguno: ella les iba diciendo que la Policía había cerrado la academia.

Dos y tres turnos cada día

Allí el Liceo se llenó. «Vino tanta gente que había que dividir a los alumnos y hacer varios horarios, porque no cabían todos», y las clases se daban cada día, en dos y hasta tres turnos, con distintos profesores. De aquellas clases salió gente que después ha marcado el movimiento: Dennis Keefe, Juan Carlos Ruiz Sierra, Pedro Vilarroig Aroca y Ángel Arquillos López, hoy presidente de la Federación Española.

El recuerdo no es exagerado. Esa misma historia sitúa en 1980 el máximo de la actividad docente del Liceo, «cuando casi 800 alumnos pasan por sus cursos». La cifra es de la casa y no dice qué cuenta —matrículas, asistentes, alumnos que terminaron el curso—, pero es contemporánea de los hechos y da la magnitud que Alicia recuerda.

Alicia añade más nombres de aquella época. Miguel Ángel Sancho —ella lo recuerda presidente de la Federación Española; los boletines que tenemos lo documentan en 1983 al frente de la Hispana Esperanto-Junulara Societo, la sociedad juvenil—. Las hermanas Mari Carmen «Mamen» Dávila Buitrón y Margarita Dávila Buitrón, que llegaron al Liceo con diecisiete y dieciocho años y participaban en todos los actos y las excursiones: Margarita cantaba en el coro y Mamen se quedó de profesora. Y Jorge Camacho, que llegó con dieciséis o diecisiete años, aprendió enseguida y, recuerda Alicia, también dio clase allí.

Uno de los que daban clase allí era Juan José Hernández Rey, licenciado en Física, que llegó al Liceo con su pareja, Leonor —«Loti» para los amigos—. En los exámenes de la Federación celebrados en León el 14 de octubre de 1978 sacó la nota más alta del diploma superior, un 9 sobre 10, por encima del propio Casquero. El curso de perfeccionamiento explicado por él circulaba grabado en casete: así lo pudo seguir Juan Carlos Ruiz Sierra cuando el trabajo se lo llevó a Granada —su novia, luego esposa, le mandaba por carta las lecciones y la cinta—, según contó él mismo en una entrevista en el Boletín de la Federación en 1995.

El coro Verda Stelo

Vilarroig —compositor, autor de nueve sinfonías— cofundó en 1984 el coro Verda Stelo y lo dirigió. Ensayaba los sábados, y al acabar los del coro bajaban a tomar el aperitivo al bar de abajo. Cantaba en esperanto y en otras lenguas, y Alicia era una de sus voces. El coro participó en el Festival de Habaneras de Torrevieja cantando en esperanto la habanera de libre elección: «los periodistas que había iban todos a entrevistar al coro que cantaba en esperanto».

La historia del Liceo lo confirma y añade un dato: Vilarroig es también el autor de la música del himno del Liceo, con letra de Juan Carlos Ruiz.

De oficio era ingeniero de Minas: estudió en la Escuela de Minas de Madrid, donde conoció a Juan Carlos Ruiz Sierra, también ingeniero de Minas, y donde después fue profesor; Ruiz acabó trabajando en el CENIM, el Centro Nacional de Investigaciones Metalúrgicas. Lo precisa Alicia Ballester: la Wikipedia en esperanto presenta a Vilarroig como ingeniero de telecomunicaciones.

Nota del Boletín de la Federación sobre el final del 47.º Congreso Español (1987): el coro Verda Stelo, «nacido hace tres años en Madrid», canta tres canciones y termina con La Espero; habla también Augusto Casquero en nombre del comité organizador.
Nota del Boletín de la Federación sobre el final del 47.º Congreso Español (1987): el coro Verda Stelo, «nacido hace tres años en Madrid», canta tres canciones y termina con La Espero; habla también Augusto Casquero en nombre del comité organizador.

El coro no se quedó en Madrid: cantó al final del 47.º Congreso Español de 1987 y, al año siguiente, en Valencia, en la misa del 48.º Congreso, donde se bautizó en esperanto al hijo menor de Casquero y Ballester.

La bandera de 1983

Alicia Ballester no era solo una alumna que pasaba por allí. La misma historia de 1987 le atribuye la nueva bandera de la entidad, preparada en 1983: la bandera esperantista con el escudo de Madrid en el centro, rodeado por el nombre del Liceo.

Una película en esperanto

«Un día apareció por allí un joven que decía que quería rodar una película en esperanto; si queríamos hacerlo, teníamos que pagar nosotros los carretes». Dijeron que sí. El guion era suyo, «un poco surrealista», y lo grababa un primo suyo. Participaba casi todo el Liceo —Alicia incluida—: primero se grababa en español y luego se doblaba al esperanto. Los protagonistas eran Ángel Arquillos y Leonor. Empezaba con un dibujo que imitaba al león de la Metro, y por el medio salía la cara de la portera diciendo su frase sobre la academia de maremanto. El veredicto de Alicia es seco: «la verdad es que no quedó muy bien, pero es que esas películas de súper ocho con sonido no eran muy buenas».

Traducir para ganar en Polonia

Un día aparecieron por el Liceo unos marionetistas con un encargo: querían ir a un festival internacional de marionetas en Polonia en el que todas las obras debían representarse en esperanto, y necesitaban que alguien les tradujera el libreto y les enseñara a pronunciarlo bien. En el Liceo lo hicieron. Los marionetistas ganaron el primer premio del festival y, al volver, lo agradecieron con una representación privada para los esperantistas.

De allí salieron también concursos literarios internacionales, con Gian Carlo Fighiera y Ada Sikorska entre los miembros del jurado.

La historia de 1987 los llama concursos de traducción y los fecha en 1979, 1980, 1981 y 1985, con «amplio eco en el extranjero».

La convocatoria de 1981 dice otra cosa. Casquero la firmó como presidente del Liceo el 9 de marzo y la envió a la Internacia Pedagogia Revuo, la revista internacional de profesores de esperanto, que la publicó en el número 2 de aquel año (págs. 45-46): era el III Concurso Literario Internacional, con cuatro modalidades y un premio para cada una —prosa original en esperanto, poesía, ensayo y traducción al esperanto de prosa castellana—. Las obras se admitían hasta el 1 de octubre, y los premios se entregaban el 6 de diciembre de 1981.

Las cenas de conversación

Un día a la semana se reunían para conversar y hacían merienda-cena: cada uno llevaba algo preparado en casa —tortilla, empanadillas—. El principal aliciente era que venían a charlar Gian Carlo Fighiera y Ada Sikorska, que ayudaban a mejorar la lengua y resolvían dudas. «Creaba un ambiente muy bueno de camaradería».

Dennis Keefe lo contaba igual años después: la Konversacia Rondo de Madrid, los miércoles de 20.30 a 22.00, era «una reunión importante para hablar en esperanto», y acudían Casquero, Fighiera, Ada Sikorska, Miguel Fernández, Jorge Camacho, Vilarroig, Juan Carlos Ruiz y Miguel Ángel Sancho, «y decenas de otros buenos esperantistas».

Que aquellas conversaciones daban nivel no es solo impresión de Alicia. La historia de 1987 dice que la llegada de Fighiera y de su mujer, Ada Sikorska, al Liceo «contribuye a elevar el nivel lingüístico de los liceístas», y cuando en 2001 el Liceo lo nombró miembro de honor lo justificó diciendo que ambos «elevaron el nivel de esperanto en nuestra asociación».

Dos episodios japoneses

Un día vino al Liceo un grupo de esperantistas japoneses, y uno de ellos, Tomokichi Kagawa, era ciego. Jorge Camacho se hizo muy amigo suyo mientras enseñaban Madrid al grupo; quedaron en mantener correspondencia y, para poder escribirle, Camacho aprendió braille.

El otro japonés llegó por negocios —era empresario, y esperantista— y le robaron al llegar al aeropuerto: se quedó sin documentación y sin el dinero que llevaba. Buscó esperantistas que le ayudaran a recuperar los papeles y le hicieran de intérprete ante las autoridades para denunciar el robo, y uno del Liceo —Alicia cree recordar que era Juan José Hernández— lo acompañó durante días hasta que lo resolvió. En agradecimiento los invitó a todos a comer a un restaurante japonés, cosa rara en aquella época, y a quien lo había acompañado le ofreció trabajo en una de sus empresas en Japón, si quería irse allí.

La delegación china

Una delegación china de tres personas —un hombre y dos mujeres— vino a España invitada a un congreso o festival que organizaba el Partido Comunista, a hacer difusión sobre China. Quien la dirigía hablaba muy bien español y era esperantista, y acabó en el Liceo: dejó allí un montón de regalos para que el grupo los vendiera —libros infantiles en esperanto, recortables, postales—.

Augusto Casquero y Alicia lo invitaron a comer a su casa. «Fue muy divertido, porque él conocía las palabras en español pero no sabía muy bien a qué se referían: conocía chorizo, y cuando lo vio decía «ah, esto es chorizo«». De regalo les dejó un cuadro de unos gallos pintados, con escritura china, que según les dijo era de un pintor muy conocido allí.

De vuelta publicó un artículo extenso sobre el Liceo y sobre la familia de ella en El Popola Ĉinio, la revista en esperanto de Pekín. Qué era exactamente aquella revista y por qué el Estado chino la sostenía, lo contamos en El esperanto en la comunicación exterior de China.

El artículo, que existe

Se llama «Gastamaj hispanaj esperantistoj» —esperantistas españoles hospitalarios—, lo firma Yang Yongsen y salió en el número de marzo de 1982, páginas 17 y 18.

Primera página de «Gastamaj hispanaj esperantistoj», de Yang Yongsen, en El Popola Ĉinio de marzo de 1982.
Primera página de «Gastamaj hispanaj esperantistoj», de Yang Yongsen, en El Popola Ĉinio de marzo de 1982.

Él no era redactor de la revista: cuenta que vino a España en el otoño de 1981 como miembro de la delegación del Guoji Shudian, la corporación estatal china del comercio de libros, a montar una exposición de libros y revistas. Cenando en un restaurante de Madrid se le plantaron delante cuatro jóvenes preguntando en español si allí estaba la delegación china y si iba en ella un señor Yang; los había avisado «el señor Felix», representante del Guoji Shudian en España. Eran Augusto, presidente del Liceo; Juan Carlos, vicepresidente; Alicia, secretaria; y Maribel.

La comida en casa de Alicia sale entera, y explica por qué él la llama «una comida en esperanto»: se habló esperanto todo el rato, pero es que encima de la mesa había cerillas y un cenicero con la estrella verde y en el suelo del salón, hecha de listones, una estrella verde grande. La comida, típicamente española, la prepararon la anfitriona y su amiga Carmen. Y ahí aparece el oficio del padre de Alicia, Arquímedes Ballester: «el padre, que sabe carpintería, hizo él mismo la mesa, las sillas y el suelo del salón, incluida la estrella». Por amor a China había hecho también un armario de estilo chino antiguo —«si no me lo llegan a explicar, habría pensado que estaba hecho en China»— y un gran biombo con figuras chinas pintadas.

Después de comer, «el joven barbudo Pedro» tocó al piano el himno del Liceo, «que Alicia cantó»: la misma pieza que la historia de 1987 atribuye a Vilarroig con letra de Juan Carlos Ruiz.

Por la noche, reunión en el Liceo: una treintena de personas sentadas en corro, y entre ellas una polaca —Ada, redactora de Heroldo de Esperanto—, el italiano con quien se había casado, dos colombianos y una iraní. Del local anota que era una casa de más de cien años, cerrada de día y con clase de noche, con cursos de tres meses y un bar de autoservicio, y da una cifra: mil cursillistas en 1979, del mismo orden que los «casi 800» que la historia del Liceo sitúa en 1980. El primer día de la exposición, Augusto, Alicia y tres más esperaban en la puerta del pabellón antes de que abriera y en diez minutos compraron todo el fondo chino en esperanto. Y se le quedó grabada una frase de Augusto: «Sé que China también edita libros y revistas en español, pero yo prefiero leerlos en esperanto».

Lo que no cuadra

El artículo no es del todo lo que ella recuerda, y las diferencias son las propias de lo que hace la memoria con cuarenta y cinco años por medio. Ella fecha la visita en «el 77 o el 78» y la liga a un congreso o festival del Partido Comunista; el artículo la fecha en el otoño de 1981 y habla de una exposición de libros, aunque sí dice «pabellón», que es cosa de feria. Los regalos que ella recuerda —libros infantiles, recortables, postales— y el cuadro de gallos no aparecen; sí aparece que él les entregó una carta y un paquete de libros y revistas de la Asociación de Esperanto de Pekín para hacerlos llegar a la Federación Española, en Valladolid. De la foto del grupo con los chinos en el salón, el artículo no trae ninguna: las dos fotografías que ilustran el reportaje son de China y de Barcelona.

Y hay algo que él oyó y imprimió, que vale la pena rescatar porque no es propaganda sino lo contrario. Los del Liceo le dijeron que El Popola Ĉinio publicado durante la Revolución Cultural era «difícil de entender, y olía a propaganda», y que entonces era ya «mucho mejor y más rico en información de todo tipo».

Lo que sí consta es que la biblioteca de la Federación Española guarda libros chinos en esperanto donados por el Madrida Esperanto-Liceo: Pesi elefanton (El Popola Ĉinio, 1981), Vostokonkurso (Ĉina Esperanto-Eldonejo, 1983) y Ĉion faru mem ni ĉiuj (Fremdlingva Eldonejo, 1979), listados entre las donaciones en el Boletín núm. 392 de 2011. Si son aquellos regalos o no, no consta en ninguna parte.

De la sierra a Lovaina

Las excursiones de fin de semana duraron años: salían el viernes, hacían acampada libre en la montaña y al día siguiente subían a algún pico. Y viajaban juntos a los congresos, españoles e internacionales. En tres coches fueron al 39.º Congreso Español de Esperanto, en Gijón, del 16 al 21 de julio de 1979, y al acabar hicieron juntos la ruta del río Cares, en los Picos de Europa. En 1982, en dos coches, subieron al 38.º Congreso Internacional de la Juventud Esperantista, en Lovaina (Bélgica), del 31 de julio al 7 de agosto, y antes pasaron un par de días en el castillo de Grésillon, la casa del esperanto en Francia.

Juan Carlos Ruiz Sierra, de pie, hablando en medio de un corro de gente en un campamento.
Juan Carlos Ruiz Sierra, de pie, hablando en medio de un corro de gente en un campamento.

Juan Carlos Ruiz Sierra hablando en el 4.º campamento de la HEJS, en Gandía, en abril de 1980, donde coincidieron los grupos de Bilbao, Elche, Callosa del Segura, Zaragoza, Buñol, Madrid y Valencia. A la izquierda, los valencianos Manuel Gargallo Monforte y Antonio Madrigal Sáez. Fotografía cedida por Antonio Madrigal Sáez (septiembre de 2026); la crónica del campamento está en el Boletín n.º 240.

Por qué lo contamos aquí

Porque de aquel Liceo sale buena parte de lo que después pasó en Valencia. Alicia Ballester fue su secretaria en 1981, en la junta que presidía Augusto Casquero —el mismo papel que había hecho allí su madre, Trinidad Torregrosa, en los setenta—; él es presidente de honor. Los dos acabaron en Valencia, donde Casquero organizó el congreso español de 1988 y el Congreso Universal de 1993. Y no fueron los únicos del Liceo que acabaron allí: Juan Carlos Ruiz Sierra, que estuvo dieciséis años en la junta del Liceo y lo presidía cuando murió en Madrid en 1997, a los 43, fue vicepresidente del comité de aquel congreso universal, y Pedro Vilarroig estrenó allí una cantata. Su ficha, con el resto de la trayectoria, está en Biografías. Hernández Rey y Leonor también acabaron en Valencia, pero ya fuera del movimiento: la última vez que Alicia los vio fue en el congreso universal de 1993, y Juan Carlos Ruiz todavía intentó que él volviera al esperanto, sin conseguirlo.

Para la historia del Liceo

Este artículo no reconstruye la historia del esperantismo madrileño: conserva y contrasta los recuerdos de Alicia Ballester sobre la etapa que precedió a su vinculación con el movimiento valenciano. Esa historia ya la han escrito los propios madrileños, y es adonde hay que ir para la visión de conjunto: la presentación del Madrida Esperanto-Liceo, que arranca en 1907; la historia publicada en el libro del 47.º Congreso Español (Madrid, 1987), redactada por Lupe Sanz Bueno, entonces presidenta, a partir de un ensayo de A. Marco, de notas de Augusto Casquero y de Nia Voĉo; y la retrospectiva de la misma Sanz Madrida Esperanto-Liceo en la jaroj 1984-2009, publicada en el Nia Voĉo de febrero de 2010. El libro del congreso de 1987 lo tenemos aquí transcrito entero y buscable: El libro del 47.º Congreso Español de Esperanto (Madrid, 1987).

«Gastamaj hispanaj esperantistoj», de Yang Yongsen, está en El Popola Ĉinio de marzo de 1982, págs. 17-18; guardamos copia de las dos páginas (1, 2), y el número entero está en el archivo de BitArkivo.

Testimonio de Alicia Ballester Torregrosa, recogido entre el 24 de agosto y el 18 de septiembre de 2026. Las direcciones, la noticia del coro y los datos de Hernández Rey proceden del Boletín de la Federación Española de Esperanto (1978, 1995 y 2011); la presidencia de la sociedad juvenil y la Konversacia Rondo, de Valencia Luno núms. 6 (julio de 1983) y 17 (septiembre de 2023). Los casi 800 alumnos de 1980, la fecha de Atocha 98, la bandera de 1983, el himno, los concursos de traducción y el efecto de Fighiera y Sikorska, de la historia del Liceo publicada en el libro del 47.º Congreso Español (Madrid, 1987); el nombramiento de 2001, del Nia Voĉo de febrero de 2010.