Durante veinte años, en Hungría la mayoría de los universitarios no podían recoger el título sin un certificado de lengua extranjera. Valía el inglés, valía el alemán —y valía el esperanto. Decenas de miles de personas se examinaron. Cuando en diciembre de 2022 el Parlamento eliminó la exigencia, los exámenes de esperanto pasaron de miles a nueve al año.

El edificio del ELTE Origó Nyelvi Centrum, en la esquina de la calle Baross con la calle Rigó, en Budapest. «La calle Rigó» es, en húngaro, el nombre corriente del examen oficial de lengua.
En 2011 se hicieron en Hungría 5.240 exámenes oficiales de esperanto. Era el tercer idioma más examinado del país, por delante del francés y del español y solo por detrás del inglés y del alemán. En 2024 se hicieron nueve. En 2025, otros nueve.
El hundimiento final no se explica por nada que ocurriera dentro del esperanto, sino por la desaparición del incentivo que lo alimentaba: durante décadas el estado húngaro condicionó la entrega del título universitario a presentar un certificado de lengua extranjera de nivel B2, y el esperanto era una de las lenguas aceptadas. Cuando la exigencia cayó, el examen se vació en dos años.
Eso no quiere decir que antes fuera bien. Entre 2011 y 2019, con el requisito plenamente vigente, los exámenes de esperanto ya habían perdido el 64 % de los candidatos, mientras que el conjunto del sistema de exámenes húngaro perdía el 25 %: el esperanto pasó de ser el 3,2 % de todos los examinados del país a ser el 1,5 %. La ley explica el hundimiento de 2020-2024; no explica la década de descenso que había antes.
Las cifras oficiales de la Oficina de Educación húngara permiten decir algo más incómodo para los dos bandos de la discusión habitual. El esperanto tenía fama de ser la opción más fácil de todas las que había. Pero era también la lengua que menos aprobados daba: en 2019, de las que tenían más de cien candidatos, ninguna suspendía a tanta gente —casi seis de cada diez.
La ley: el título se quedaba en el cajón
El mecanismo no era que hiciera falta saber una lengua para estudiar. Era que, acabada la carrera y aprobado el examen final, la universidad no entregaba el oklevél —el título— hasta que el estudiante no acreditaba un nivel B2 de una lengua extranjera viva con un examen estatalmente reconocido. El artículo 51 de la Ley de enseñanza superior de 2011 lo decía así: «es condición previa para la expedición del título que acredita la finalización de los estudios superiores el examen final superado y, si esta ley no dispone otra cosa, la aprobación del examen de lengua prescrito». Había excepciones —la propia ley las prevé, y los requisitos de cada titulación podían ser más estrictos—, pero la regla general era esa.
El esperantista húngaro László Szilvási ya lo explicaba en el Boletín de la Federación Española de Esperanto de noviembre-diciembre de 1997:
«En Hungría el esperanto está reconocido como lengua viva, y el examen estatal de grado medio vale igual que el del inglés, el alemán u otras lenguas. (El examen estatal de lengua vale puntos extra en la selectividad y en el acceso a la universidad, y es condición para recibir el título universitario.)»
El efecto era doble: puntos en el acceso y condición para graduarse. Según Oszkár Princz, secretario general de la Asociación Húngara de Esperanto, el origen del fenómeno es una ley de 1995 sobre el examen obligatorio de lenguas extranjeras en la enseñanza superior: «Desde entonces creció bruscamente el número de estudiantes que hacen el examen estatal de lengua», declaraba en un comunicado de la Unión Europea de Esperanto que el Boletín reprodujo en mayo-junio de 2004.
No hemos podido identificar qué disposición de 1995 es la que Princz tenía en mente, y por eso citamos su datación como lo que es: la de un testigo. El hilo legal que sí puede seguirse pasa por la Ley de enseñanza superior de 1993 —a la que la ley de 2011 remite expresamente para los estudios comenzados antes— y termina en el artículo 51 de esta última.
Por qué el esperanto contaba
El esperanto no se coló por una rendija administrativa reciente. Estaba ahí desde mucho antes de que la ley lo hiciera rentable.
En 1966 se creó en Hungría una Comisión Estatal de Exámenes de Lengua también para el esperanto, y ese mismo año empezó en la Universidad Eötvös Loránd (ELTE) de Budapest la especialidad de lengua y literatura esperantas, dirigida por István Szerdahelyi (cronología de la Asociación Húngara de Esperanto). Ferenc Jáki (1919-2010) presidió aquella comisión de exámenes desde 1967 hasta 2008, según su necrológica en el Boletín 390.
En febrero de 2000, cuando Hungría sustituyó los viejos exámenes estatales por un sistema de exámenes acreditados, el ITK —el centro de idiomas de la calle Rigó, después ELTE Origó— fue el primer centro acreditado del país, y el esperanto entró en el paquete. Un escrito del ITK de 12 de octubre de 2001, firmado por el subdirector András Galló, certifica a la Asociación Húngara de Esperanto que el centro examina de esperanto «como lengua viva» tanto en el marco estatal como en el acreditado.
El punto jurídicamente decisivo llegó el 6 de enero de 2004: el Instituto de Lingüística de la Academia Húngara de Ciencias declaró que el esperanto es «una lengua viva muy normalizada, fuertemente socializada y no étnica, que cumple todas las funciones lingüísticas posibles dentro de una comunidad lingüística secundaria». El Ministerio de Educación comunicó a las universidades que el esperanto tenía la consideración de lengua extranjera viva. Hasta ese momento, dice Princz, «algunos institutos estatales no querían tratar el esperanto como igual».
Conviene no confundir las dos cosas. La declaración de 2004 no creó el examen: reforzó decisivamente la posición del esperanto ante las universidades que no lo querían aceptar.
Las cifras
Estos son los datos oficiales de la Oficina de Educación húngara, que publica el número de personas examinadas por lengua y año. La serie 2011-2020 se conserva en una captura de archivo de la misma página; la de 2016-2025 es la que está en línea hoy. La línea naranja es el romaní (lovari), la otra lengua con fama de atajo: está ahí como control, para ver si lo que le pasó al esperanto le pasaba solo al esperanto.

Personas examinadas en Hungría en esperanto y en romaní (lovari), año por año de 2011 a 2025: el esperanto cae de 5.240 a 9, y el romaní de 1.779 a 0.
Las cifras año por año
| Año | Esperanto | Romaní (lovari) | Puesto del esperanto |
|---|---|---|---|
| 2011 | 5.240 | 1.779 | 3.º |
| 2012 | 3.699 | 1.284 | 3.º |
| 2013 | 3.613 | 945 | 3.º |
| 2014 | 3.342 | 964 | 3.º |
| 2015 | 2.993 | 974 | 3.º |
| 2016 | 3.212 | 1.378 | 3.º |
| 2017 | 2.254 | 1.690 | 3.º |
| 2018 | 2.091 | 1.641 | 3.º |
| 2019 | 1.861 | 1.412 | 3.º |
| 2020 | 681 | 614 | 5.º |
| 2021 | 225 | 360 | — |
| 2022 | 244 | 371 | — |
| 2023 | 40 | 58 | — |
| 2024 | 9 | 10 | — |
| 2025 | 9 | 0 | — |
Solo entre 2011 y 2020 se examinaron de esperanto 28.986 personas. Según el Boletín de 2004, el esperanto ya había llegado al tercer puesto en 2002, desplazando al francés.
«La opción más fácil» no quiere decir «fácil»
La prensa húngara lo bautizó como el jolly joker de los exámenes de lengua: el más barato y el más rápido para salvar el título. El propio Origó lo explicaba en estos términos: el esperanto «lo elegían sobre todo quienes habían estudiado inglés o alemán como mucho en el bachillerato y habían perdido el nivel durante los años de universidad» (Eduline, 16 de febrero de 2022).
Las estadísticas de éxito de la misma administración dicen otra cosa. Estos son los aprobados sobre presentados:
| Año | Esperanto | Inglés | Alemán | Romaní (lovari) |
|---|---|---|---|---|
| 2018 | 38 % | 68 % | 59 % | 50 % |
| 2019 | 40 % | 68 % | 61 % | 47 % |
| 2020 | 30 % | 70 % | 63 % | 50 % |
En 2020, de 681 personas que se examinaron de esperanto, aprobaron 203. En 2019, entre las lenguas con más de cien candidatos, el esperanto era la última de la lista de éxito, y el romaní la penúltima.
Eso no demuestra que el examen de esperanto fuera más difícil que el de inglés, ni que su fama de fácil fuera falsa. Las dos cosas son perfectamente compatibles: el esperanto podía ser la opción más fácil —la más corta y barata de las que había— y al mismo tiempo la que más gente suspendía, posiblemente porque era la que más candidatos atraía que llegaban con poca preparación. Es lo que dice el propio Origó: allí iban quienes habían perdido el inglés del bachillerato.
Los datos dicen cuántos suspendían, no por qué. Lo que sí desmienten es la versión fuerte de la leyenda —que el esperanto era un aprobado regalado—, y la desmienten con los números del estado, no con los nuestros.
Cómo se acabó
La exigencia del certificado dejaba cada año miles de titulaciones bloqueadas: gente que había acabado la carrera y no tenía el papel. En la primavera de 2020, con la pandemia, el gobierno húngaro aprobó el decreto 101/2020 (IV. 10.): «quien apruebe el examen final antes del 31 de agosto de 2020 queda exento de la obligación de hacer el examen de lengua exigido como condición previa para la expedición del título» (artículo 6 del decreto). Se repitió en 2021. El estudio académico de Fajt, Bánhegyi, Vékási y Cseppentő sobre la «moratoria del examen de lengua» calcula que unos 135.000 titulados recibieron el título sin certificado (Modern Nyelvoktatás, 2022/3-4).
El 7 de diciembre de 2022, el Parlamento húngaro aprobó —con 135 votos a favor, 41 en contra y 15 abstenciones— la modificación que eliminaba el examen de lengua como condición legal del título: el único requisito legal pasaba a ser el examen final, y cada universidad quedaba libre de pedirlo o no. El artículo 51 dice ahora, entero: «es condición previa para la expedición del título que acredita la finalización de los estudios superiores el examen final superado». El resto de la frase ha desaparecido.
El resultado se ve en la gráfica: 244 exámenes de esperanto en 2022, 40 en 2023, 9 en 2024. Y no es un fenómeno esperantista. El romaní (lovari), la otra lengua con fama de atajo, pasó de 1.412 examinados en 2019 a 614 en 2020 y desapareció también de las primeras posiciones. El lovari funciona aquí como un control: una lengua sin ninguna relación con el esperantismo, sometida al mismo incentivo administrativo, describe la misma curva. Lo que se acabó no fue el interés por el esperanto: fue el incentivo.
¿Dejó hablantes?
Aquí está la pregunta que interesa al movimiento, y la respuesta que dan los censos húngaros no es amable.
El censo contaba 2.083 personas que decían saber esperanto en 1990 y 4.575 en 2001. En 2011, en pleno auge de los exámenes, la cifra subió a 8.397 (tabla del censo). Y en el censo de 2022 volvió a ser «poco más de cuatro mil», prácticamente la misma que en 2001: el diario HVG, comentando los datos de la Oficina Central de Estadística, lo calificó de «el dato quizá más extraño y más difícil de explicar» de todo el censo.
La explicación plausible es que una parte de quienes declaraban saber esperanto en 2011 habían llegado a él por el examen y dejaron de usarlo después. La coincidencia temporal es muy fuerte —el pico censal cae en pleno auge de los exámenes—, pero conviene decir qué no demuestra: los censos no siguen a las mismas personas, y no permiten comprobar que los de 2011 sean los examinados. Es una hipótesis, no un dato.
Y la secuencia tampoco es exactamente la que parecería. El censo de 2022 se tomó en octubre, dos meses antes de que el Parlamento suprimiera la exigencia: cuando se contó, hacía dos años que había amnistías y que los exámenes se habían desplomado, pero el requisito todavía existía sobre el papel.
Eso no quiere decir que no quedara nada. Quiere decir que un certificado no es un hablante, que es el problema de fondo de contar cuánta gente habla esperanto, y que decenas de miles de exámenes no son el mismo número de esperantistas: una distinción que al movimiento le conviene hacer antes de que la haga otro.
El examen todavía existe, en contra de lo que se publicó
En abril de 2025, varios medios húngaros anunciaron que aquel sería el último año en que se podría hacer el examen acreditado de esperanto (Eduline, 7 de abril de 2025). El mismo día, la Eszperantó Alapítvány desmintió la noticia: tras una reunión con la dirección del Origó, el centro «retiró la decisión anterior» y mantendría cada año la posibilidad del examen acreditado también en esperanto. Al día siguiente, Eduline se desdijo de lo que había publicado: según László Szilvási, de la Fundación Esperanto, la confusión venía de que «el Origó no había retirado ni actualizado la noticia vieja de su web».
Ganó el desmentido. El calendario de exámenes del Origó para 2026 convoca el esperanto en febrero y el 3 de octubre, y el esperanto continúa en la lista de lenguas acreditadas de la Oficina de Educación. El examen sigue; lo que ya no hay es la razón por la cual miles de personas lo hacían.
Sobre qué es exactamente ese examen, en qué se diferencia del certificado internacional de la UEA y qué quiere decir «oficial» en cada caso, escribimos ¿Se puede certificar el nivel de esperanto?.
Lo que no sabemos
Quedan preguntas abiertas que las fuentes consultadas no responden, y más vale decirlo que rellenarlas.
No sabemos cuánta gente de aquellas decenas de miles de examinados continúa usando la lengua, porque nadie les ha hecho seguimiento. No sabemos cuánto facturó el ecosistema de academias y cursos intensivos que creció alrededor del examen. Y no sabemos qué parte del movimiento esperantista húngaro de hoy viene de allí y qué parte estaba antes.
Lo que sí sabemos es la forma general del fenómeno: un estado puso un incentivo, el esperanto cumplía los requisitos para acogerse a él, decenas de miles de personas lo aprovecharon durante veinte años, y cuando el incentivo desapareció se fueron casi todas.
Fuentes
- Oktatási Hivatal, estadísticas de exámenes de lengua: número de examinados por lengua y año, 2016-2025, la serie 2011-2020 archivada y los porcentajes de éxito por lengua de 2018, 2019 y 2020.
- Ley 2011. évi CCIV sobre la enseñanza superior nacional, artículo 51: la redacción anterior, con el examen de lengua como condición del título, y la vigente, sin él (Nemzeti Jogszabálytár).
- Decreto 101/2020 (IV. 10.) del Gobierno húngaro, artículo 6 (Nemzeti Jogszabálytár).
- Balázs Fajt, Mátyás Bánhegyi, Adél Vékási y Krisztina Cseppentő, «A nyelvvizsga-moratórium margójára», Modern Nyelvoktatás 2022/3-4, DOI 10.51139/monye.2022.3-4.71.91.
- Portfolio, «Szavazott a parlament: ezentúl a nyelvvizsga nem feltétele a diploma megszerzésének», 7 de diciembre de 2022.
- Eduline, «Drasztikusan visszaesett az eszperantóból nyelvvizsgázók száma…», 16 de febrero de 2022, y «Idén lehet utoljára akkreditált nyelvvizsgát tenni…», 7 de abril de 2025.
- Vasárnap, «Továbbra is lehet eszperantóból állami nyelvvizsgát tenni», 7 de abril de 2025, y la rectificación de Eduline, «Mégsem szűnik meg az akkreditált nyelvvizsga lehetősége eszperantóból», 8 de abril de 2025.
- Nyelv és Tudomány, «Az élő eszperantó», sobre la declaración del Instituto de Lingüística de la Academia Húngara de Ciencias de 6 de enero de 2004.
- ELTE Origó Nyelvi Centrum, calendario de exámenes de 2026, y Oktatási Hivatal, lenguas del sistema acreditado.
- Idegennyelvi Továbbképző Központ, escrito de András Galló a Oszkár Princz, 12 de octubre de 2001.
- Cronología del esperanto con referencias húngaras y datos censales de conocimiento de lenguas, Asociación Húngara de Esperanto.
- HVG, «A lakosság negyede állítja, hogy beszél angolul», 27 de septiembre de 2023, sobre los datos de lenguas del censo de 2022.
- Boletín de la Hispana Esperanto-Federacio, n. 333 (noviembre-diciembre de 1997), n. 366 (mayo-junio de 2004) y n. 390 (2010).
La fotografía del edificio de la calle Rigó es de Globetrotter19 y se reproduce con licencia CC BY-SA 4.0.
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