El 14 de octubre de 1957, hoy hace sesenta y nueve años, el Turia se desbordó dos veces en un mismo día y anegó media Valencia. La Federación Española de Esperanto tenía entonces su sede en la ciudad, y aquí se imprimía su Boletín. El número de octubre-diciembre de 1957 dedicó dos páginas a la catástrofe: una crónica firmada con las iniciales del redactor, Luis Hernández Lahuerta, una foto de la calle anegada y el relato en primera persona de un esperantista que huyó de casa con el agua por las caderas. Y contó que entre las víctimas había «unos cuantos samideanos» —esperantistas— que habían perdido el ajuar y las herramientas de trabajo.
Los esperantistas enviaron dinero, y el 18 de enero de 1958 se repartió entre los damnificados en una fiesta en el Montepío de la Dependencia Mercantil, donde se reunía el grupo. Medio año después, un esperantista alemán que no quiso dar su nombre hizo llegar quinientas pesetas más para los damnificados. La noticia también llegó a Estados Unidos, pero allí llegó cambiada.

«El Banco de Valencia y el Teatro Principal se reflejan en el agua, que aquí llegó, en el momento más alto, a casi dos metros.» Foto y pie del Boletín de la Federación, núm. 106 (octubre-diciembre de 1957).
La riada, en pocas cifras
Tras un puente festivo de lluvia, la noche del domingo 13 llovió con una fuerza nunca vista en la cuenca del Turia. Las alarmas sonaron a las once de la noche; poco después de medianoche el río ya pasaba por encima de los pretiles. Un análisis de la Universitat Politècnica de València basado en el estudio de Cristina Puertes y Félix Francés sitúa la primera crecida a las cuatro de la madrugada del lunes 14, con 2.700 metros cúbicos por segundo, y la segunda a las dos y media de la tarde, con 3.700. En algunas calles el agua superó los cinco metros —en la de Doctor Olóriz—; en el Teatro Principal, el Banco de España y la Universidad, alcanzó unos dos.

La calle del Pintor Sorolla, convertida en «una inmensa laguna», el 14 de octubre de 1957. Foto del folleto «Luto en Valencia».
Autor desconocido, dominio público (CC0), en Wikimedia Commons.
El balance oficial, de primeros de noviembre, fue de 52 muertos y desaparecidos en la ciudad y 29 en el resto de la provincia: 81. El periodista y cronista de Valencia Francisco Pérez Puche recuerda que esa suma «quedó como definitiva, aunque luego aparecieron bastantes muertos más», y que nunca se sabrá la cifra cierta. Unas veinte mil personas sufrieron daños en casa, y de las calles se retiraron 1.131.000 toneladas de barro. De ahí salió el nuevo cauce del Turia, el del Plan Sur, que el ministro de Obras Públicas inauguró el 22 de diciembre de 1969 y que no se terminó del todo, con los puentes y los accesos, hasta 1972 (cronología de la riada y el Plan Sur); el cauce viejo se convirtió después en el jardín que hoy atraviesa la ciudad.

Sacando el barro en el cruce de la calle del Pintor Sorolla con la de la Universidad, en octubre de 1957.
Foto: B25es, CC BY-SA 3.0, en Wikimedia Commons.
Lo que publicó el Boletín
La Federación Española de Esperanto —la HEF, según sus siglas en esperanto— tuvo su sede en Valencia desde su legalización, en 1947, hasta el traslado a Zaragoza, acordado en 1962, y en 1957 la tenía en la calle de Pelayo, 7, a un paso de la estación del Norte. Su boletín, el Boletín, se imprimía también aquí, y lo redactaba Luis Hernández Lahuerta.
El número 106, de octubre-diciembre de 1957, se abre con un editorial en castellano por los diez años de la Federación, «Fructífero decenio». A mitad del texto, como prueba de la hermandad entre los esperantistas, pone la riada:
Y, como prueba palpable de ese magnífico sentimiento de solidaridad, ahí está el clamor unánime de pesar y la conmovedora promesa de apoyo material de todos los esperantistas españoles hacia las víctimas de la terrible inundación que acaban de sufrir los valencianos, entre los que se cuentan unos cuantos samideanos, cuyos modestos ajuares e instrumentos de trabajo desaparecieron entre las aguas turbulentas, o se desintegraron bajo una espesa capa de barro…
Samideano, literalmente «el de la misma idea», es como se llaman entre sí los esperantistas (glosario).
En las páginas 6 y 7, en esperanto, viene la crónica, firmada «L. H.» —las mismas iniciales con las que, en el mismo número, el redactor firma su «Konciza respondo de la Redaktoro»—: «Doloro kun funebro» («Dolor y luto»), que continúa como «Dum la katastrofo» («Durante la catástrofe»). Explica que la noche del domingo unas nubes negras se detuvieron contra las montañas del interior y descargaron «¡un verdadero récord en Europa: 852 litros por metro cuadrado!»; que el agua entró en la ciudad a la una y media de la madrugada; que en las calles estrechas de los barrios obreros llegó a casi dos metros y dejó «más de trescientas casas que ya no son habitables»; que la inundación «no conoció ni respetó límites» y entró igual en los barrios ricos, en los almacenes de lujo, en Correos, en los teatros y en los bancos, donde el barro llenó los sótanos; y que por la tarde la segunda crecida subió el nivel medio metro más. «La tarde y la noche de aquel lunes fueron algo tan terrible como nunca había ocurrido en nuestra ciudad.» Del número de víctimas no da ninguna cifra: solo dice que cerca de la desembocadura, donde el agua lo cubría todo hasta el mar, «la destrucción fue completa y el número de víctimas, muy grande».
Los 852 litros no se los inventó el cronista. El Almanaque de Las Provincias que resumió la riada, hecho con los informes oficiales del 20 de octubre, los atribuye al embalse de Buseo, en Chera, el 14 de octubre, y da 610 litros a Llíria, 850 a la Pobla de Vallbona y 650 a la ciudad de Valencia. Pérez Puche, que lo recoge en 2024, se pregunta si son registros fieles: la red de observadores no era profesional, no todos pudieron salir a vaciar los pluviómetros y muchos registros se detienen en los 200 litros, el límite del aparato —en un texto de 2017 ponía como ejemplos Casinos, Olocau, Llíria, Pedralba, Bugarra y Chulilla, donde los pluviómetros rebosaron—. Que fuera «un verdadero récord en Europa» lo dice el cronista; no lo hemos podido comprobar.
Al lado, el mismo número publica una canción: el esperantista neerlandés Izak Schoon, de Haarlem, que había visitado Valencia dos veces, había adaptado al esperanto la letra de Valencia, «la canción conocida en todo el mundo», con un título que lo explica todo: «También con una canción se puede homenajear a una ciudad alegre cuando está profundamente triste».
«Jen, kion mi spertis»: el relato de Juan Devís
En la página 7, en la columna contigua a la crónica, un esperantista cuenta en primera persona su noche. Lo firma Juan Devís, sin el segundo apellido. Seguramente es Juan Devís Calpe, que había aprendido la lengua en un curso de 1951 y que en los años sesenta daría clase en el grupo y lo presidiría: es el único Juan Devís que aparece en los papeles del esperantismo valenciano de aquellos años. Este es completo, en traducción nuestra:
Esto es lo que viví… Experiencias personales de un samideano durante la inundación
Vivo en Valencia, en la planta baja de una casa que está al otro lado del río y frente a él. Sin sospechar ningún peligro, dormía bien tranquilo cuando unos golpes fuertes en la puerta me despertaron alarmado. Era justo la una y media de la madrugada del lunes, 14 de octubre. Medio vestido, abrí la entrada y vi a un vecino que, como si estuviera loco, golpeaba una y otra vez puertas y ventanas gritando: «¡El río, el río se desborda!» En efecto, de un vistazo vi que el río cubría toda la calle. Enseguida avisé al resto de la familia; con ellos y con el hijito pequeño corrí chapoteando por el agua hasta la escalera de un patio vecino. Volví a casa, donde el agua ya entraba con fuerza. Aún pude coger algo de ropa, pero la puerta no la pude cerrar por la fuerza del agua, que ya me llegaba a las caderas. De nuevo con la familia, tras salvar esa ropa, quería repetir la «excursión»; ¡pero era del todo imposible! Un vecino valiente que lo había intentado tuvo que volver sin esperanza, con el agua ya en el pecho.
Nos acogieron amablemente en el piso más alto; allí me pude poner ropa seca. Desde la azotea se veía el espectáculo imponente de un río tranquilo transformado en un mar furioso. La noche era clara, y el alumbrado público aún no se había apagado. Vimos puertas de casas reventar y saltar; vimos cómo se deshacía y desaparecía uno de los puentes, mientras en otro, más cerca, varias personas atrapadas luchaban angustiadas por escapar, en un paroxismo de terror…
La corriente arrastraba como un alud, en sus olas, animales ahogados —caballos, vacas, cerdos, etc.—, además de muebles, vigas, árboles —aún con las ramas y las raíces— y mil y mil objetos más, que chocaban sin orden contra los muros de piedra de los puentes o taponaban sus ojos, y desviaban hacia la ciudad la corriente arremolinada. Cuando salió el sol, el agua fuera del río llegaba a dos metros. Eso fue durante la primera crecida.
A las tres de la tarde, acompañada de un diluvio y de una tormenta espantosa, llegó la segunda avalancha, aún más destructora, con un nivel setenta centímetros más alto que la primera. Cuando, al anochecer, el agua se calmó y se retiró, todo alrededor no era más que un lodazal…
El texto original en esperanto
Jen, kion mi spertis… Personaj travivaĵoj de samideano dum la inundo
Mi loĝas en Valencio, en teretaĝo de domo, kiu kuŝas trans la rivero kaj fronte al ĝi. Suspektante neniun danĝeron, mi dormadis tute trankvile, kiam fortaj batoj subite frapitaj ĉe la pordo alarme min vekis. Tiam estis ĝuste la unua kaj duono, en la frua mateno de lundo, la 14an de Oktobro. Duone vestita, mi malfermis la enirejon kaj vidis najbaron, kiu, kvazaŭ freneza frapis kaj frapadis sur pordojn kaj fenestrojn, kriegante: «La rivero, la rivero elbordiĝas!» Efektive, per rapida ekrigardo mi vidis, ke la rivero kovris la tutan straton. Tuj-tuje, mi portis la alarmon al la ceteraj familianoj; kun ili kaj kun la eta fileto, mi plaŭde kuregis tra la akvomaso, ĝis proksima ŝtuparo de najbara korto. Mi revenis al la hejmo, kien la akvo jam eniris impete. Tamen, ankoraŭ mi sukcesis preni kelkajn vestaĵojn, sed la pordon mi ne povis fermi, pro la forto de la akvo, kiu jam atingis miajn koksojn. Ree kun la familio, savinte tiujn vestaĵojn, mi intencis ripeti la ekskurson; sed, tute neeble! Kuraĝa samcela najbaro devis senespere reveni, kun akvo jam ĉe la brusto.
Oni bonvole akceptis nin en la plej supra etaĝo; tie mi povis surmeti sekajn vestojn. De la teraso estis videbla la impona spektaklo de kvieta rivero transformita en furioza maro. La nokto estis hela; kaj la publikaj lumigiloj ankoraŭ ne estingiĝis. Ni vidis la dompordojn krevi kaj forsalti; ni vidis dispeciĝi kaj malaperi unu el la pontoj, dum en alia pli proksima, pluraj personoj, kaptitaj, en paroksismo de teruro, angore baraktis por eskapi…
La fluego forkunportis plej lavange, en sia ondado, dronintajn bestojn: ĉevalojn, bovinojn, porkojn, k. t. p. krom meblojn, trabojn, arbojn —ankoraŭ kun branĉoj kaj radikoj— plus mil kaj mil pliajn objektojn, kiuj ĥaose katapultis la ŝtonajn muregojn de la pontoj aŭ obstrukciis iliajn arkojn, por devojigi en la urbon la kirlantan fluegon. Kiam la suno ekaperis, la akvonivelo ekster la rivero atingis altecon de du metroj. Tio estis dum la unua alfluo.
Je la tria posttagmeze, en akompano de diluvo kaj timeginda fulmotondrado, venis la dua lavango, ankoraŭ pli detrua, kies nivelo estis sepdek centimetrojn pli alta ol la unua. Kiam vespere, la akvo kvietiĝis kaj elfundiĝis, ĉio ĉirkaŭe estis nur marĉo da koto…
JUAN DEVIS
Devís no dice en qué barrio vivía ni qué puente vio caer. Los cinco puentes de piedra de la ciudad resistieron, según el estudio de la Politècnica, pero no eran los únicos: la infografía de Las Provincias sobre la riada cuenta que el río destrozó el puente de Madera y las pasarelas de Campanar y de la Exposición. El que Devís vio deshacerse puede ser cualquiera de ellos.

El Turia en Valencia el 15 de octubre de 1957, el día después de la riada.
Autor desconocido, dominio público (CC0), en Wikimedia Commons.
El dinero: la colecta y el reparto
El editorial de 1957 hablaba de una promesa. El número 108 (marzo-abril de 1958), en la página 114, justo debajo del balance de cuentas de la Federación, cuenta cómo se cumplió:

La nota del Boletín, núm. 108 (1958), p. 114.
El sábado 18 de enero, en el salón del «Montepío de la Dependencia Mercantil», con la presencia de los esperantistas de Valencia, se celebró una fiestecita íntima para repartir el dinero, enviado generosamente con ese fin por los esperantistas, entre los amigos que habían sufrido daños durante la inundación. Aunque la cantidad material era considerable, lo que más valía era su significado moral.
El Montepío de la Dependencia Mercantil, en la calle de San Vicente, 67, era donde se reunían los esperantistas de Valencia los sábados por la tarde —el Boletín de mayo de 1954, el núm. 65, lo anuncia así—, y allí daba clase Ernesto Tudela Flores, el médico que se hizo lexicógrafo del esperantismo español. Y a Tudela le llegó, meses después, una ayuda más. El número 110 (julio-agosto de 1958) lo cuenta en la última página:
De un samideano alemán que desea ocultar su nombre, el antiguo delegado de UEA en Valencia, el señor E. Tudela, ha recibido 500 pesetas para repartir entre los esperantistas que sufrieron daños con la riada del pasado octubre. La concisión de esta noticia, de acuerdo con la simpática modestia del donante, no merma en nada el agradecimiento cordial que le expresa ahora, sincera y públicamente, todo el samideanaro de Valencia.
UEA es la Asociación Universal de Esperanto, y su delegado en una ciudad es la persona de contacto para los esperantistas que llegan de fuera.
Aquel verano, el 19.º Congreso Español de Esperanto se celebró en Castellón de la Plana (24-27 de julio de 1958). La crónica del número 111 dice que, en la sesión inaugural, el doctor Rafael Herrero Arroyo, presidente de la Federación, «recuerda emocionado la ayuda fraterna que Castellón prestó rápidamente, sin límites, sin condiciones… a Valencia, en los días terribles de la inundación del año pasado».
La noticia en Estados Unidos

Amerika Esperantisto, enero-febrero de 1958, p. 19.
La revista de la asociación de esperantistas de América del Norte, Amerika Esperantisto, publicó en el número de enero-febrero de 1958, en la página 19, una nota con el título «Urbo de la Boletín suferis katastrofon» («La ciudad del Boletín ha sufrido una catástrofe»). La información, dice, la había enviado Luis Hernández, el redactor:
Se dice que más de trescientas casas quedaron totalmente destruidas, y ningún hogar quedó sin daños. El número de víctimas se acercó a dos mil. Fue el mayor cataclismo de toda la historia de la ciudad de Valencia. Pero, por suerte, ningún esperantista perdió la vida ni sufrió una pérdida grave de sus bienes, según las últimas informaciones del Boletín.
Las cifras no casan con lo que el propio Boletín había escrito, pero no todas de la misma manera. La de las víctimas hay que leerla con cuidado: viktimoj, como «víctimas», no quiere decir necesariamente muertos, y la nota no aclara si cuenta muertos o damnificados; el Boletín no daba ninguna cifra, y el recuento oficial fue de 81 muertos y desaparecidos. Donde la crónica de Valencia habla de trescientas casas que ya no se podían habitar, la nota americana las da por destruidas. La contradicción clara es la otra: el editorial decía que había esperantistas que lo habían perdido todo en casa y en el taller, y la nota dice que ninguno sufrió pérdidas graves. Los papeles que hemos visto no permiten saber si las diferencias nacieron en Valencia o en Nueva York.
Sesenta y siete años después
El 30 de octubre de 2024, el día después de la DANA, el grupo de WhatsApp de los esperantistas valencianos se llenó de mensajes para saber cómo estaba cada uno. Dos de los que escribían habían vivido la riada de 1957. Elías Hernández Capdevila lo dijo breve: «La primera gran inundación que viví y sufrí fue la del año 1957, con decenas de muertos». Y Ana Montesinos de Gomis, que entonces tenía diez años, lo contó así:
Recuerdo muy bien la inundación de 1957 en Valencia: llovió sin parar tres días; en nuestra casa, en Ruzafa, el agua solo llegó a unos quince centímetros; en casa de mi abuelo, cerca de la Gran Vía del Marqués del Turia, llegó al primer piso. […] Sí, recuerdo muchas cosas: cómo ALGUIEN, después de la primera ola, corría cerca del Puente de Madera a medianoche gritando a la gente «¡Despertad y huid!», y gracias a él mucha gente se salvó… hasta que la segunda ola lo atrapó. Yo, con diez años, lloré a lágrima viva cuando la gente que se había salvado gracias a él (aunque nunca se supo su nombre) lo contaba.
Es el recuerdo de una niña, escrito sesenta y siete años después, de una historia que oyó contar; Ana no sabía el nombre del hombre, y nada dice que fuera el mismo vecino que despertó a Devís. Lo que tienen en común los dos relatos es el aviso de puerta en puerta, el mismo que, según Pérez Puche, dieron aquella noche serenos y policías.
Cómo vivieron la DANA de 2024 los esperantistas valencianos —y qué cambió respecto a 1957 en la manera de ayudarse— lo contamos en «La DANA de 2024 vista por los esperantistas valencianos».
¿Lo vivisteis?
Si vivisteis la riada de 1957, o si en casa se hablaba de ella, nos gustaría saberlo: cómo la pasaron los esperantistas que conocíais, si alguien de la familia recibió la ayuda del movimiento, si el Juan Devís del relato era Juan Devís Calpe, qué pasó con la sede de Pelayo, 7. Las fotos, las cartas y los recuerdos de aquellos días también nos interesan. Escribidnos y lo añadiremos a esta página, con vuestro nombre si queréis.
Lo que no sabemos
El Boletín no dice cuánto dinero se recogió ni cuántas personas lo recibieron, no dice quién recibió la ayuda y no explica si el dinero venía de grupos o de particulares. Tampoco dice si la sede de la Federación, en la calle de Pelayo, sufrió daños. Hemos buscado en los números 106 a 111 del Boletín, en Amerika Esperantisto y en las revistas en esperanto de aquellos meses que se pueden leer en línea —Internacia Fervojisto, Internacia Ĵurnalisto, Flandra Esperantisto—, que no dicen nada de Valencia; que no aparezca no quiere decir que no lo haya contado alguien en otro lugar.
Fuentes
- Boletín de la Federación Española de Esperanto, núm. 106 (octubre-diciembre de 1957): editorial «Fructífero decenio» (p. 1); «Doloro kun funebro» / «Dum la katastrofo», firmado L. H., la foto del Banco de Valencia y la canción de Izak Schoon (p. 6-7); Juan Devís, «Jen, kion mi spertis» (p. 7).
- Boletín, núm. 108 (marzo-abril de 1958), p. 114: el reparto del 18 de enero.
- Boletín, núm. 110 (julio-agosto de 1958), última página: la donación alemana.
- Boletín, núm. 111 (1958): crónica del 19.º Congreso Español de Esperanto, en Castellón.
- Amerika Esperantisto, vol. 72, núms. 1-2 (enero-febrero de 1958), p. 19.
- Universitat Politècnica de València, «Un estudi UPV millora el coneixement de la riuada de l’any 1957» (2016), sobre la tesis de Cristina Puertes dirigida por Félix Francés.
- Francisco Pérez Puche, «La riada que cambió Valencia» (2017): balance de víctimas, pluviómetros, niveles del agua y el nuevo cauce.
- Francisco Pérez Puche, «»En realidad lo que pasó es que llovió mucho»» (2024): los registros de lluvia del Almanaque de Las Provincias.
- Las Provincias, infografía de la riada de 1957 (2017): los puentes y pasarelas destruidos.
- «Calendario básico de la riada, el Plan Sur y el parque del Turia»: inauguración del nuevo cauce (1969) y final de las obras (1972).
- Mensajes de Elías Hernández Capdevila y Ana Montesinos de Gomis en el grupo de WhatsApp Grupo Esperanto Valencia, 30 de octubre de 2024, escritos en esperanto y aquí traducidos; los originales están en la versión en esperanto de este artículo.
Véase también: El duende lector, sobre el redactor del Boletín; Ruzafa, 7, Valencia (España), sobre los años en que la Federación tuvo su sede aquí; y Cómo volvió el esperanto después de la guerra.
Referencias
- El duende lector
- Ruzafa, 7, Valencia (España)
- Cómo volvió el esperanto después de la guerra: la reconstrucción, ciudad por ciudad
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