La Asociación Valenciana de Esperanto (2013): un ensayo de relevo generacional

El 27 de febrero de 2013 quedó inscrita en Oliva la Asociación Valenciana de Esperanto —Valencia Esperanto-Asocio, VEA en sus papeles internos—, con número CV-01-050737-V. Nació de una generación joven y conectada por internet, y aunque la red que la impulsó se dividió seis semanas después, la asociación no desapareció: ese mismo junio organizaba el encuentro de Oliva, en 2015 confluía con el congreso español en Cullera, y al menos durante 2016 y 2017 tenía presidencia, cuotas y una comunidad activa cada día. De 2018 en adelante, la actividad que podemos documentar cae en picado.

Esto obliga a matizar una lectura demasiado fácil. La VEA no fue una asociación que tuvo una crisis fundacional y después quedó inscrita sobre el papel: durante unos años fue la pieza formal de un intento real de relevo generacional del esperantismo valenciano, con un modelo más informal, digital y orientado a usar la lengua entre gente que vivía en pueblos distintos.

Lo que dice el registro

El Directorio de Asociaciones de la Comunidad Valenciana es una base de datos abierta, y la ficha es pública:

Núm. de registro Ámbito Denominación Municipio Inscripción
1754 Provincial Grupo Esperanto Valencia Valencia 10-11-1980
1357 Provincial Grupo Esperanto de Alicante Alicante 11-05-1982
52 Autonómico (federaciones) Federación Valenciana de Esperanto Valencia 13-05-1991
2629 Provincial Asociación de Esperanto Verda Rondeto Castellón de la Plana 08-01-1998
CV-01-050737-V Supracomarcal Asociación Valenciana de Esperanto Oliva 27-02-2013

El domicilio social estaba en Oliva. Que la inscripción siga viva es un dato jurídico y no dice nada del grado de actividad real en cada momento.

No era la primera, ni llegaba a un desierto

No es la primera vez que los esperantistas valencianos se dotan de una entidad por encima de los grupos locales. La Federación Valenciana de Esperanto, fundada en 1989 e inscrita en 1991, hizo ese trabajo casi veinte años con un formato fijo: un congreso al año, por turnos entre las provincias valencianas y Murcia. El último fue en Burriana en marzo de 2007.

Pero entre 2008 y 2013 el territorio no estaba muerto. El 16 de junio de 2012, Verda Rondeto organizaba en Castellón un Congreso de Esperanto de la Comunidad Valenciana con apoyo de la Diputación. O sea que la VEA no es la resurrección de un movimiento inactivo, sino un intento nuevo de coordinación, impulsado desde Oliva y por gente más joven.

José Miguel Bernabéu Egea, que había presidido la federación, lo recordaba así en 2026: después de aquello «se retomó la cosa durante un año en Oliva, por medio de Enric Baltasar, pero no continuó». Es un recuerdo retrospectivo que resume bien la percepción, aunque la documentación contemporánea muestra que la continuidad territorial había sido más compleja.

De dónde salió

El primer movimiento es del verano de 2012 y no lo hizo Oliva. El Grupo Esperanto de Valencia propuso al club de Oliva que organizara allí el Encuentro Valenciano de Esperanto de 2013, y el club se lo anunció a sus seguidores el 8 de septiembre de 2012 con una cara de sorpresa: «La asociación de esperanto de Valencia nos ha propuesto que se lleve a cabo el congreso valenciano de esperanto del año 2013 en Oliva. O__o». Ese mismo año, Enric Baltasar lo explicaba por escrito en el Boletín de la federación española y añadía el problema que aquello le planteaba: «Valencia Esperanto-Grupo proponis al ni aranĝi en Oliva la venontan Valencia Esperanto-Renkontiĝo en junio de la jaro 2013, sed… divenu, ni bezonas oficialecon por povi fari tion!» —necesitamos ser oficiales para poder hacerlo.

Qué había detrás de esa oficialidad

Esa frase del Boletín tiene detrás una historia concreta, que Baltasar contó en 2026. Tenía dieciséis o diecisiete años y ninguna idea de burocracia, y daba por hecho que en un pueblo pequeño sería fácil que el ayuntamiento les cediera un espacio: la biblioteca estaba a menudo vacía y solo necesitaban una habitación o dos. Uno de los miembros del club, Juanvi, que organizaba danzas tradicionales y conocía a la gente del ayuntamiento, hizo de puente y les consiguió una reunión con la concejala de cultura de Oliva. La reunión fue bien. Después vino el silencio, y cuando volvieron a preguntar ya no les atendió la concejala: desde el ayuntamiento les dijeron que no les ayudarían en nada si no eran una organización registrada, y que además necesitaban un seguro de responsabilidad civil.

Para entonces ya no se podía dar marcha atrás: la web del encuentro estaba en pie, había gente apuntada, algunas personas habían pagado y el alojamiento estaba cerrado.

La salida evidente no era fundar nada, sino pedir cobijo a una entidad ya registrada que territorialmente incluyera Oliva. Había tres: la federación española, la federación valenciana y el propio Grupo Esperanto de Valencia, que en el registro es de ámbito provincial y Oliva está en la provincia de Valencia. Se lo pidió a la federación española y al grupo de Valencia, y según Baltasar ninguna de las dos se lo dio: de la HEF dice que le respondieron que no lo conocían en persona, que no se fiaban y que no podían hacer nada; de Valencia, «no podem ajudar-te». La única ayuda que recuerda de aquellos meses vino de fuera: la Kataluna Esperanto-Asocio, la asociación catalana, que les envió libros que luego usaron en las clases, y TEJO, la organización mundial de la juventud esperantista, en la persona de Boris, que vino al encuentro de Oliva.

Así que montó la asociación a regañadientes —«interés cero» en hacerlo, dice— y a toda velocidad: buscar gente para la junta, redactar estatutos, ir a Oliva, a Gandía y a Valencia a hacer papeles, pedir presupuestos a aseguradoras y pagar el seguro de sus ahorros, todo mientras cursaba un ciclo medio y se acercaba el final de curso. También pagó de su bolsillo a un amigo para que les hiciera la web.

Ese es su recuerdo, trece años después, y no tenemos la versión de las entidades a las que pidió ayuda. Lo documentado no lo contradice, pero sí lo aclara: el encuentro de Oliva no se le ocurrió a él, se lo propuso el Grupo Esperanto de Valencia, y en esas mismas semanas una lista de correo con más de quince personas trabajaba el programa en un wiki con las tareas repartidas. Lo que le negaron no fue el encuentro: fue la figura jurídica que le pedía el ayuntamiento, la entidad registrada que tenía que firmar el seguro y responder del acto.

El 26 de enero de 2013, un fin de semana, unos cuantos esperantistas valencianos decidieron crear una lista de correo para coordinarse. Dos días después Joan Català, de Benicàssim, la anunciaba: valencia-esperantistaro, montada en el servidor del colectivo Riseup. El diagnóstico que la justificaba era que en el País Valenciano «hasta ahora cada uno va por su cuenta y no tenemos una organización que nos interconecte».

En un mes había pasado de tres personas a más de quince, con un wiki para trabajar el programa de Oliva y las tareas repartidas. Enric Baltasar, que presidía el Oliva Esperanto-Klub’, llevaba a la vez un censo de esperantistas valencianos y buscaba contactos por todas partes; preguntaba por gente de Cheste y de Burjassot, y un antiguo miembro de Esperanto Rondeto le contestaba que en Cheste sería fácil, porque «todo el pueblo conoce algo de este tema».

El 26 de febrero se discutían los trámites: Pau Climent i Pérez explicaba que el CIF no lo da la Generalitat sino Hacienda, y Josep Enric Peres i Blesa avisaba de que en otras asociaciones les habían devuelto los estatutos hasta ajustarlos. La inscripción ya estaba hecha —es del día siguiente—, pero la noticia tardó tres semanas en llegar: el 20 de marzo Baltasar anunciaba que la asociación ya existía legalmente.

El desacuerdo de abril

A primeros de abril se planteó una norma de trabajo: que nadie entorpeciera el trabajo de los demás por motivos ideológicos y que el esperanto fuera por delante.

La propuesta abrió un desacuerdo de fondo sobre cuál debía ser la naturaleza de la entidad: una asociación estrictamente neutral, dedicada a la lengua y abierta a cualquiera, o una que llevara incorporado también un compromiso ético y político. En cinco días, cuatro de las personas que habían impulsado la lista pidieron la baja. Ninguna se desdijo de la asociación —al menos una dijo expresamente que la apoyaba—, pero ninguna quiso pertenecer a ella. El 28 de abril la lista se cerraba por inactividad, tres meses justos después de nacer.

No reproducimos los mensajes: era una lista explícitamente privada y lo que tiene valor documental es que el desacuerdo existió, cuándo y sobre qué.

Este desacuerdo es, punto por punto, el que atraviesa el esperantismo desde hace un siglo —si el movimiento es neutral o lleva un compromiso incorporado—, y lo tenemos explicado en otro artículo. Lo que tiene de especial es que está fechado al día.

Oliva 2013: una comunidad que ya funcionaba

Del 21 al 23 de junio de 2013, Oliva acogía el Encuentro Valenciano de Esperanto. La crónica de El Periòdic atribuía la organización al Oliva Esperanto-Klub’ y lo describía como un club fundado un año antes por un grupo de jóvenes que hacía allí actividades cada semana, con participantes de Italia, de Alemania y de media España que a menudo se conocían por internet. La revista alemana Esperanto aktuell lo anunciaba como una reforma del formato tradicional de los encuentros valencianos.

El club, en cambio, tenía de sí mismo una idea menos redonda que la de la prensa. En el Boletín 399 de la federación española, Baltasar resumía su trayectoria en tres frases —«2011, tie ĉi tio estas pli morta ol viva. 2012, du esperantistoj en Olivo (Valencio). Post sep monatoj, nova Esperanto-asocio kun 20 membroj nun»— y describía un techo bien concreto: una norma local impedía que las asociaciones no oficiales usaran locales del ayuntamiento, habían intentado cambiarla sin resultado, y mientras tanto se reunían «en la domo de mia avo», en casa de su abuelo, donde «la spaco mankas ĉiam».

Conviene no confundir las estructuras: el Oliva Esperanto-Klub’, la Asociación Valenciana y la red informal de jóvenes no eran la misma cosa, aunque compartían personas, actividades y proyectos. La VEA era a la vez una entidad jurídica y una pieza de un ecosistema más amplio. En el registro autonómico solo está la segunda: el club de Oliva no consta, y el 10 de julio de 2012 se había limitado a anunciar que estaba «preoficializada». Que la inscripción de una asociación de ámbito valenciano, domiciliada en Oliva y registrada cuatro meses antes del encuentro, resolviera de paso el problema de local que Baltasar describía es una lectura nuestra: ningún documento lo dice.

Y la manera de trabajar de Oliva no era improvisada. El mismo artículo de 2012 acaba con lo que él llama su «revelación» sobre cómo fundar y hacer crecer un grupo: «ne zorgu pri havo de multe da lernantoj, eĉ ne tro pri lernado de Esperanto, sed ja vere zorgu pri tio, ke en ĉiu renkontiĝo viaj lernantoj eliru el la klasejo kun rideto» —no os preocupéis de tener muchos alumnos, ni siquiera demasiado del aprendizaje del esperanto, pero preocupaos de verdad de que en cada encuentro vuestros alumnos salgan de clase con una sonrisa. Baltasar describió después en la Aktivula Akademio de TEJO los experimentos organizativos que habían hecho allí, centrados en las relaciones personales que favorecen o dificultan que la gente participe. En otro texto de 2016 se refería a la Valencia Esperanto-Asocio como su «segunda asociación»: prueba pública de que la entidad todavía formaba parte de su marco de trabajo tres años después.

Cullera 2015: la dimensión valenciana y la juvenil se encuentran

Del 1 al 3 de mayo de 2015, Cullera acogía a la vez el 74.º Congreso Español de Esperanto y el congreso valenciano. El Boletín 409 hablaba de ellos en plural —«los congresos español y valenciano»— y daba más de sesenta inscritos de cinco países; la crónica de Heleco contó unas noventa, con gente de Alemania, Francia, Finlandia, Ucrania, Polonia, Vietnam, Corea y Estados Unidos. El comité local lo dirigió Enric Baltasar.

Cullera coincidió con un esfuerzo de la Federación Española por reavivar su sección juvenil: el mismo boletín convocaba allí una reunión oficial de HEJS para reorganizarla y ganar socios, y el número siguiente precisa que Alejandro Escobedo ya había sido aprobado presidente unas semanas antes y que en la asamblea de Cullera entró en la junta estatal como representante juvenil. Es un hito del relevo juvenil, pero conviene no decir que HEJS «nació» allí.

2016-2017: de la asociación formal a la comunidad diaria

Lo que mejor muestra la vida posterior no es un boletín sino el archivo del grupo de WhatsApp «Valenciaj esperantistoj», en dos encarnaciones sucesivas: 5.025 mensajes entre el 26 de junio de 2016 y el 5 de abril de 2026.

Un aviso necesario: ese grupo no es un libro de socios. Había gente de grupos distintos, visitantes y participantes que no eran miembros formales de la VEA. No se puede identificar «quién escribía allí» con «quién era socio».

Pero formaba parte del mismo ecosistema. En septiembre de 2016, Baltasar comunicaba allí que estaba dispuesto a dejar la presidencia de la VEA e invitaba a otros a tomar el relevo. En noviembre aparece un detalle revelador sobre la salud de la entidad: «no muchos» pagaban cuota. Y en abril de 2017 todavía preguntaba si podía publicar una cosa «en nombre de la VEA».

El grueso, sin embargo, no eran los trámites: era usar la lengua y hacer comunidad. Comidas y grupos de conversación, recibir hablantes nuevos, resolver dudas, anunciar cursos, coordinar visitas, comentar congresos. Cuando en 2017 buscaba un administrador nuevo, Baltasar explicaba que el grupo había servido para incorporar gente, organizar encuentros, ayudar a los aprendices a leer y practicar, y hacer visible que existía una comunidad a la que se podía pertenecer.

Esa frase es probablemente la clave del experimento: la VEA no funcionó tanto como una asociación clásica de junta y asamblea como una red de esperantófonos que intentaba convertir una población dispersa en una comunidad de uso.

Un tema que volvía

El mismo archivo muestra también qué desgastaba la convivencia.

La fricción más repetida fue la cuestión de la normativa lingüística valenciana. Un participante volvió a ella trece veces a lo largo de 2017 —y aún una más en 2020—, siempre en el mismo sentido: defender la normativa de la Real Acadèmia de Cultura Valenciana frente a la de la Acadèmia Valenciana de la Llengua.

Lo que decía es bastante explícito. De la norma oficial, que él mismo acredita con el nivel superior de la Junta Qualificadora, decía que era «una versión poco auténtica y muy colonizada», y que por eso estudiaba las Normes del Puig a través de Lo Rat Penat. Sostenía que «lo meu» es «más auténtico valenciano» que «el meu». De la AVL decía que era una creación política: las sillas repartidas entre PP y PSOE, y el origen en el pacto de 1998 entre Pujol, Aznar y Zaplana. Y cuando un participante le recordó el artículo 6.8 del Estatuto de Autonomía, que hace de la AVL institución normativa, contestó que la distinción entre lengua y dialecto «depende de la política».

A la vez, cuando lo que estaba en juego era que se produjera un material, pedía que hubiera las dos versiones, y a eso lo llamaba tolerancia: llegó a proponer que el Diari Oficial de la Generalitat Valenciana se editara en tres —castellano, valenciano según el Puig y valenciano según Castellón.

También corregía cómo los demás llamaban a lo que escribían: de un vídeo decía que estaba «en catalán, solo normas del Institut d’Estudis Catalans», y a un participante le replicaba que lo que acababa de escribir era «valenciano con normas de la AVL, no catalán del IEC».

En el corpus entero no hay nadie más sosteniendo esa posición. Los otros dos participantes que entran en el tema lo hacen desde el lado contrario, citando el artículo 6.8 del Estatuto de Autonomía —que hace de la AVL institución normativa— y la definición que la propia AVL da del valenciano.

Lo que generó fricción no fue que hubiera una opinión minoritaria, sino la reiteración. En enero de 2017, tras otra tanda, un participante le preguntaba cuántos debates pensaba tener «sobre la misma cosa»; otro proponía sarcásticamente rebautizar el grupo como «discusión lingüística catalana/valenciana interminable»; un tercero comparaba el debate con discutir «si el agua es incolora o azul»; y finalmente el administrador pidió abiertamente que se dejara el tema.

No lo nombramos. Lo que es documentable es que la discusión volvió una y otra vez, que la sostenía una sola persona y que cansó a varias. Lo que no se puede documentar es que eso causara nada de lo que vino después.

El relevo que no hubo

El 4 de febrero de 2018, Baltasar anunciaba que dejaría de pagar el dominio esperantoval.org y de mantener su contenido. Tres días después, el 7 de febrero, se despedía del grupo: recordaba que lo había creado en 2013, cuando todavía no vivía en la ciudad de Valencia «pero sí en la región», y explicaba que ahora ya no vivía en el País Valenciano y volvía cada vez menos.

Los mensajes conservados muestran qué pasó después:

Año Mensajes
2016 2.327
2017 2.392
2018 144
2019 6
2020 84
2021 21
2022 24
2023 2
2024 11
2025 10
2026 4

El recuento no mide toda la actividad de la asociación: solo la de ese grupo. Pero la caída es lo bastante grande como para decir que aquel espacio dejó de funcionar, de 2018 en adelante, como la comunidad diaria que había sido.

La coincidencia entre la retirada del principal impulsor y el desplome sugiere una dependencia excesiva de unas pocas personas. Es una lectura plausible de la cronología, no una demostración: para saber por qué se apagó harían falta actas, composición de juntas y testimonios de quienes estaban allí.

El 2 de febrero de 2025, una participante veterana preguntaba en el mismo grupo si la VEA todavía existía y todavía funcionaba. La pregunta no prueba que la asociación hubiera desaparecido —el registro dice lo contrario—, pero sí hasta qué punto había perdido visibilidad.

Lo que no sabemos

No hemos visto los estatutos ni sabemos quién formó las juntas. No sabemos cuándo dejó de tener actividad regular, ni si hubo alguna vez una decisión formal de suspenderla. Y no sabemos si la divergencia de abril de 2013 se resolvió.

Lo que sí queda documentado es que la asociación tuvo una vida social más larga y más rica de lo que sugiere la historia de la lista de correo, y que formó parte de una experiencia poco habitual de relevo generacional dentro del esperantismo valenciano reciente.

Fuentes

  • Directorio de Asociaciones de la Comunidad Valenciana, datos abiertos de la Generalitat Valenciana — conjunto de datos y fichero CSV.
  • El Periòdic, «Encuentro Internacional de Esperanto en Oliva», 2 de julio de 2013.
  • El Periòdic, sobre el congreso de Castellón de junio de 2012.
  • Esperanto aktuell 2013/3, anuncio del encuentro de Oliva.
  • Enric Baltasar. Entrevista por videoconferencia, 13 de septiembre de 2026; notas nuestras. De ahí viene todo lo que cuenta la sección «Qué había detrás de esa oficialidad».
  • Enric Baltasar, en la Aktivula Akademio de TEJO: «La ĉen-teorio» (2014) y «Kiel elekti nomon de Esperanto-organizo?» (2016).
  • Página del Oliva Esperanto-Klub’ en Facebook, publicaciones del 10 de julio y del 8 de septiembre de 2012 y del 7 de febrero de 2013. Se conserva captura.
  • Boletín de la Federación Española de Esperanto, núms. 399 (2012), p. 6, Enric Baltasar, «Oliva Esperanto-Klub’: nova asocio, ĝia stato kaj rivelo»; 409 y 410 (2015), y Heleco 91 (junio de 2015).
  • José Miguel Bernabéu Egea, presidente de la Federación Valenciana de Esperanto desde 2002: notas de una conversación del 9 de septiembre de 2026.
  • Correspondencia de la lista valencia-esperantistaro@lists.riseup.net, enero-abril de 2013. Era una lista privada y no reproducimos sus mensajes: tomamos de ella solo los hechos.
  • Archivo del grupo de WhatsApp «Valenciaj esperantistoj», 2016-2026, 5.025 mensajes conservados en dos encarnaciones. Archivo privado, usado para reconstruir la actividad, los debates internos y la evolución cuantitativa. No es un registro de socios, y por eso no lo usamos para atribuir afiliación a nadie.

Entrada incorporada retrospectivamente el 9 de septiembre de 2026 y ampliada el 10 y el 11 de septiembre de 2026. La fecha de la entrada corresponde al documento o actividad original.

Esta entrada todavía no tiene ningún comentario. Sé la primera persona en comentarla desde el fediverso.