«Auxiliar»: la palabra que Zamenhof casi no usaba

El esperanto se presenta desde hace un siglo como una «lengua internacional auxiliar», y el último adjetivo es el que desactiva la objeción más obvia: no viene a sustituir nada. Pero ese adjetivo casi no es de Zamenhof. En la Originala Verkaro —la recopilación de sus cartas, discursos y artículos— la fórmula lingvo internacia aparece 93 veces —94, si se suma el orden inverso— y helpa lingvo, una: una carta de 1905 al ministro francés que acababa de gestionarle la Legión de Honor. El adjetivo le sale de la pluma cuando el círculo de París acababa de convertirlo en el nombre de un programa, y ese círculo sí lo definió como un límite de uso: una lengua «destinada, no a reemplazar en la vida individual de cada pueblo los idiomas nacionales, sino a servir a las relaciones entre personas de lenguas maternas diferentes». Lo que Zamenhof había escrito en 1887 era otra cosa, y más amplia: una lengua que, «sin inmiscuirse en la vida interior de los pueblos», pudiera ser en los países plurilingües «lengua oficial y de sociedad».

Portada de la edición francesa del primer manual, Varsovia, 1887: «Dr. Esperanto. Langue Internationale. Préface et manuel complet». No hay ningún «auxiliaire».
Portada de la edición francesa del primer manual, Varsovia, 1887: «Dr. Esperanto. Langue Internationale. Préface et manuel complet». No hay ningún «auxiliaire».

La portada de 1887 no dice «auxiliar» en ninguna parte. Sí lleva, en cambio, un lema del autor que parece escrito para este artículo: «Pour qu’une langue soit universelle — il ne suffit pas de lui en donner le nom» («Para que una lengua sea universal no basta con ponerle el nombre»).

93 veces «lingvo internacia», una sola «helpa lingvo»

La Originala Verkaro es el volumen que Johannes Dietterle editó en 1929 recogiendo los escritos, cartas y discursos de Zamenhof. Está digitalizado y es descargable dentro del Tekstaro de Esperanto, de modo que se puede contar. Estos son los recuentos de cada denominación, con todas las flexiones y los dos órdenes de palabras:

forma ocurrencias
lingvo internacia 93
internacia lingvo 1
helpa lingvo 1
lingvo helpa, helplingvo 0
universala lingvo, tutmonda lingvo, mondlingvo 0

El recuento se puede rehacer en cinco minutos, y conviene que cualquiera pueda rehacerlo. Los textos del Tekstaro se pueden descargar enteros; sobre el fichero originala-verkaro.html, quitadas las etiquetas, las expresiones regulares son \blingvo[jn]{0,2}\s+internaci[ao][jn]{0,2}\b y la simétrica para el orden inverso, que recogen el acusativo y el plural (lingvon internacian, lingvoj internaciaj…), y \bhelpa[jn]{0,2}\s+lingvo[jn]{0,2}\b para el adjetivo. Una precisión que la tabla esconde: la única aparición de helpa forma parte de helpa lingvo internacia, de modo que esa misma frase cuenta también dentro de las 93.

Conviene decir qué es y qué no es este corpus. La Originala Verkaro no son las obras completas: es una compilación, hecha cuarenta años después de los hechos, de lo que Dietterle pudo reunir. Por tanto el recuento dice con precisión qué hay en ese volumen, y no permite afirmar que Zamenhof no escribiera helpa lingvo en ninguna carta que no se recoja allí. Con esa limitación dicha, la desproporción es tan grande que difícilmente es casualidad.

La única vez: la carta de 1905 al ministro francés

Corresponde a una carta de 1905 —Originala Verkaro V.17, tomada de Espero Pacifista, 1905, p. 244— dirigida al ministro francés después de que el presidente de la República le concediera la Legión de Honor:

«[…] mi deziras adresi al vi persone mian dankon por tiu ĉi multevalora kuraĝigo, kiun la Franca Registaro donis al la afero de la helpa lingvo internacia

«[…] deseo dirigirle personalmente mi agradecimiento por este aliento tan valioso que el Gobierno Francés ha dado a la causa de la lengua internacional auxiliar(La traducción es nuestra.)

Es decir: la única vez que la fórmula completa sale de su pluma, en el corpus que tenemos, es escribiendo al Estado francés, y en la lengua de cortesía que la ocasión pedía. De dónde venía esa fórmula es la segunda mitad del artículo.

París, 1900: el adjetivo se convierte en un programa

No es que la inventaran allí. El librero flamenco A. J. Witteryck, que fue volapükista antes que esperantista, recuerda en 1913 que la primera vez que oyó hablar de una «langue auxiliaire internationale», en 1890, esa lengua era el volapük (La Vérité sur l’Esperanto et l’Ido). Es un recuerdo escrito veintitrés años después, no un documento de 1890, y no hemos vaciado la prensa interlingüística del siglo XIX para datar el primer uso; pero basta para no atribuir la invención de la fórmula a nadie en concreto.

Lo que sí podemos documentar con seguridad es su conversión en el nombre de un programa institucional: en París, en 1900 y 1901, a partir del círculo salido del Congreso Internacional de Matemáticos.

El segundo Congreso Internacional de Matemáticos se reunió en París en agosto de 1900. Las actas, publicadas en 1902, recogen que Léopold Leau presentó allí una propuesta para que el congreso pidiera «adoptar una lengua científica y comercial universal» y nombrara cinco miembros de una delegación encargada de pedir a las academias oficiales que adoptaran «une langue auxiliaire universelle».

En la misma sección, y eso las actas lo dicen con toda literalidad, «M. Laisant lee una nota de M. Ch. Méray, profesor de la Universidad de Dijon, Sur la langue internationale auxiliaire de M. le Dr Zamenhof, connue sous le nom de « Espéranto »». Méray no estaba allí: la nota la leyó otro. Es la primera aparición de la fórmula completa aplicada al esperanto que hemos podido documentar.

Vale la pena leer también qué contestó allí mismo el matemático ruso Aleksandr Vasíliev, porque es la objeción que el esperantismo oiría repetida durante un siglo:

«M. Vassilief piensa que no es una lengua artificial, como la lengua esperanto, ni una lengua muerta como el latín, la que puede reemplazar las lenguas vivas, organismos debidos al trabajo de varias generaciones de pensadores y escritores.» (La traducción es nuestra.)

Al año siguiente, en 1901, la Délégation pour l’adoption d’une langue auxiliaire internationale ya funcionaba: el folleto que publica ese año da a Leau como secretario y al filósofo y matemático Louis Couturat como tesorero. Aquí el adjetivo ya no es una descripción: es el nombre de un programa.

Que cada uno de estos textos diga una cosa distinta —universelle en la moción de Leau, internationale auxiliaire en el título de Méray, auxiliaire internationale en el nombre de la delegación— indica que la terminología se estaba fijando en esos meses y en ese círculo, no que ya estuviera hecha.

La Delegación escribe la definición: «no reemplazar […], sino servir a las relaciones»

La declaración que firmaron los delegados se publica en 1901, dentro del opúsculo de Couturat Pour la Langue Internationale (Coulommiers, Imp. Paul Brodard, 1901, pp. 31-32), y ahí el adjetivo recibe, por fin, una definición:

«Il y a lieu de faire le choix et de répandre l’usage d’une Langue auxiliaire internationale, destinée, non pas à remplacer dans la vie individuelle de chaque peuple les idiomes nationaux, mais à servir aux relations écrites et orales entre personnes de langues maternelles différentes.»

«Procede elegir y extender el uso de una lengua auxiliar internacional, destinada no a reemplazar en la vida individual de cada pueblo los idiomas nacionales, sino a servir a las relaciones escritas y orales entre personas de lenguas maternas diferentes.» (La traducción es nuestra.)

El opúsculo se reedita en 1906 —es la edición transcrita en Wikisource— y la declaración aparece igual, salvo el nombre del organismo académico al que se encomienda la elección.

Couturat lo repite acto seguido con sus palabras: «para evitar cualquier malentendido, queremos declarar que no se trata en absoluto de una lengua universal, destinada a suprimir y a reemplazar tarde o temprano las lenguas nacionales», sino de una lengua que sería «la lengua extranjera común a todos los pueblos, la única por tanto que cada uno tendría que aprender para poder comunicarse con todos los demás; en una palabra, la segunda para todos».

Eso es lo que «auxiliar» quería decir en 1901, y vale la pena subrayarlo porque es lo contrario de una palabra vacía: es una frontera de uso, escrita y firmada, y la dibuja por fuera, por el lado de las relaciones entre personas de lenguas diferentes.

Conviene, eso sí, no hacerle decir más de lo que dice. Unas páginas más adelante Couturat escribe que la lengua internacional «debe tener los mismos usos y el mismo dominio que cada una de nuestras lenguas nacionales», y la frase, leída suelta, parece reclamar para ella todo el terreno de la lengua de cada cual. El párrafo del que forma parte dice otra cosa: está rebatiendo la idea de una lengua «pura y exclusivamente sabia».

«La L. I. ne doit donc pas être une langue technique et aristocratique, réservée à quelques initiés, mais une langue usuelle et quotidienne, qui puisse servir aussi bien dans les hôtels et dans les gares que dans les Sociétés savantes et les Congrès. En un mot, elle doit avoir les mêmes usages et le même domaine que chacune de nos langues nationales

«La lengua internacional no debe ser, pues, una lengua técnica y aristocrática, reservada a unos cuantos iniciados, sino una lengua usual y cotidiana, que pueda servir tanto en los hoteles y en las estaciones como en las sociedades científicas y en los congresos. En una palabra, debe tener los mismos usos y el mismo dominio que cada una de nuestras lenguas nacionales(La traducción es nuestra.)

El argumento que lo precede es que una lengua hecha solo para la ciencia pariría inevitablemente una comercial, «y como esta se usaría cien veces más que la otra, la destronaría infaliblemente». Lo que Couturat reclama, pues, es amplitud de materias y de registros —que sirva en el hotel y en la estación, no solo en el congreso—, no los dominios sociales que una lengua ocupa dentro de su comunidad.

1887: «lengua oficial y de sociedad» en los países plurilingües

Esa frontera, la de la Delegación, es más estrecha que la que había dibujado Zamenhof en 1887. El folleto de 1887 no traza la raya donde el tópico la pone, y no hace falta ir a buscarlo en ninguna traducción posterior: la edición francesa, publicada en Varsovia ese mismo año, dice eso en la página 5 del prólogo, con la cursiva del original (facsímil):

«[…] l’immense service que rendrait une langue internationale qui, sans se mêler de la vie intérieure des peuples, pût être, au moins dans un pays habité par différentes nationalités, langue officielle et mondaine

«[…] el inmenso servicio que prestaría una lengua internacional que, sin inmiscuirse en la vida interior de los pueblos, pudiera ser, al menos en un país habitado por nacionalidades diferentes, lengua oficial y de sociedad(La traducción es nuestra.)

No es una peculiaridad de esa edición. La traducción francesa que Louis de Beaufront publicó en 1893 dice la frase palabra por palabra igual: «sans se mêler de la vie intérieure des peuples […] langue officielle et mondaine» (Wikisource). Del mondaine conviene decir que no es una equivalencia mecánica —en el francés del siglo XIX arrastra todavía el sentido de las vanidades del mundo—, pero va en pareja con officielle y la versión esperantista lo resuelve como societa; de ahí nuestra traducción, con el original al lado.

La garantía y la reclamación están en la misma frase. No inmiscuirse en la vida interior, sí; pero ser lengua oficial allí donde conviven varias nacionalidades, también. Esto último no es comunicarse con el extranjero: es reordenar los usos lingüísticos de dentro. Que el prólogo diga eso no es ningún hallazgo nuestro: Hèctor Alòs i Font ya lo subraya en 2012 para mostrar que Zamenhof no proponía el esperanto solo para relacionarse con extranjeros, sino también con conciudadanos de otra lengua materna.

Doman o internan: la palabra que cambia es la de 1903

La frase se suele citar en la versión esperantista, que dice otra cosa que el francés, y el desajuste tiene fecha. En la Fundamenta Krestomatio (1903) el pasaje es:

«[…] kian grandegan utilon alportus al la homaro lingvo internacia, kiu, ne entrudiĝante en la doman vivon de la popoloj, povus, almenaŭ en landoj kun diverslingva loĝantaro, esti lingvo regna kaj societa

Doman es «doméstica», y es una palabra más estrecha que el intérieure del folleto francés de 1887. Dos años después, la Declaración de Boulogne vuelve a citar la frase entre comillas y escribe internan, «interna»:

«La Esperantismo estas penado disvastigi en la tuta mondo la uzadon de lingvo neŭtrale homa, kiu “ne entrudante sin en la internan vivon de la popoloj kaj neniom celante elpuŝi la ekzistantajn lingvojn naciajn”, donus al la homoj de malsamaj nacioj la eblon kompreniĝadi inter si, kiu povus servi kiel paciga lingvo de publikaj institucioj en tiuj landoj, kie diversaj nacioj batalas inter si pri la lingvo […]»

El orden de las tres redacciones importa, porque deshace una lectura fácil: 1905 no amplía lo que decía 1887, sino que vuelve a ello. La restricción a la vida doméstica es la que documentamos en la versión esperantista de 1903, y dos años después Boulogne ya escribe internan; qué escribió Zamenhof entremedias, no lo sabemos. Tampoco hemos consultado la edición rusa original de 1887, de la que la francesa es traducción, y por tanto no podemos decir qué había en la primera redacción de todas.

Y la segunda mitad de la frase de Boulogne hace el mismo movimiento que la de 1887: la misma declaración que promete no expulsar las lenguas nacionales reclama, acto seguido, ser «lengua pacificadora de las instituciones públicas».

«Auxiliar» no es una propiedad de la lengua, sino un límite de uso

No quiere decir que el esperanto amenace ninguna lengua. Ni ahora ni en ningún escenario que pueda estudiarse seriamente: las estimaciones más defendibles lo sitúan en unas decenas de miles de hablantes funcionales, y las que van por órdenes de magnitud tampoco cambian el cuadro. Construir un artículo sobre qué pasaría si el esperanto desplazara al valenciano sería especular, no hacer historia, y aquí especular no nos interesa.

Lo que los documentos sí muestran es más estrecho y más firme: «auxiliar» no es una propiedad de la lengua, sino un límite de uso. No hay nada en la gramática del esperanto que lo obligue a ser una segunda lengua; hay personas que lo han adquirido de pequeñas en familia. La palabra describe quién debe usarlo, con quién y para qué. Y ese límite lo dibujaron dos manos en dos lugares distintos: la Delegación de París lo escribió estrecho —las relaciones entre personas de lenguas maternas diferentes—, y Zamenhof, en 1887 y en 1905, lo había dibujado más ancho, con la administración y las instituciones públicas de los países plurilingües dentro.

Alòs, 2009: coestándar, interposición, y el esperanto dentro del mismo proceso

Hèctor Alòs i Font planteó la cuestión en términos que no dependen del esperanto. En «L’artificialitat de les llengües: estandardització i planificació» (2009) describe qué hace una lengua franca cuando se extiende: puede funcionar como coestándar que acapara las funciones prestigiosas, puede adquirir capacidad discriminadora —saberla o no condiciona el acceso al trabajo— y produce interposición lingüística, esto es, que la realidad internacional llegue a las lenguas locales filtrada por ella.

Sobre si eso se estabiliza en un punto de equilibrio diglósico, no lo deja abierto: lo descarta. Pone encima de la mesa el caso de la Suiza alemana, donde la variedad autóctona y el alemán estándar conviven «aparentemente sin conflicto», y responde que «esa suposición, sin embargo, resulta del todo ilusoria: como Bibiloni demuestra ampliamente, una lengua hegemónica interfiere continuamente la lengua subordinada, la cual pierde su creatividad a través de préstamos, calcos, mediatizaciones, distribuciones estilísticas». (Alòs escribe en catalán; las traducciones de sus frases son nuestras.)

Y —esto es lo que hace su artículo insustituible aquí— mete allí dentro al esperanto:

«l’expansió de llengües franques –ja siguin l’anglès, el suahili o, eventualment, l’esperanto– comparteixen característiques amb aquests processos que han portat a la minorització i la desaparició d’altres llengües».

«la expansión de lenguas francas –ya sean el inglés, el suajili o, eventualmente, el esperanto– comparten características con esos procesos que han llevado a la minorización y la desaparición de otras lenguas».

Alòs no deduce de ello que el esperanto tenga que acabar igual. Recuerda acto seguido que la propuesta esperantista «pretende colaborar en ese autocentramiento de las comunidades lingüísticas, manteniendo la capacidad de comunicación global de manera sostenible», y cierra con una reserva que vale para los dos lados: «si la propuesta es viable, como si también lo es la estandarización de las lenguas minorizadas en sus territorios […], ya es otra cuestión». Pero la pregunta —¿puede una lengua franca planificada hacer lo que hacen las demás?— no es nuestra ni es de ahora: está formulada desde dentro del esperantismo, y en la revista de la Associació Catalana d’Esperanto, desde 2009.

La promesa, dicha hoy: el esperanto y el asturiano

El adjetivo sigue haciendo el mismo trabajo cien años después. El 11 de marzo de 2026 el digital asturiano Nortes entrevistó a Carlos Enrique Carleos Artime, profesor de Estadística de la Universidad de Oviedo, y a Faustino Castaño Vallina, que se apuntó a un curso en Gijón en 1975, meses antes de la muerte de Franco; los dos son miembros de la Asociación Asturiana de Esperanto —el diario escribe «Carleus», pero la web de la asociación y el correo universitario del profesor dan Carleos—. El texto del periodista, Ismael Juárez Pérez, presenta la lengua con la formulación canónica:

«Zamenhof no pretendía sustituir las lenguas nacionales. Su propuesta era una segunda lengua común, neutral, fácil de aprender, que facilitara la comunicación entre pueblos sin imponerse como identidad.»

Y cuando la entrevista llega a la pregunta que aquí interesa —en un territorio donde el asturiano todavía reclama la oficialidad, ¿el esperanto es aliado o competidor?—, Carleos contesta con el argumento de siempre:

«Si todos compartimos un idioma internacional neutral, cada comunidad puede preservar el suyo sin presión imperial.»

Lo que hace valiosa la entrevista es que el propio entrevistado añade el reverso, sin que se lo pidan:

«Muchas lenguas minorizadas optan por el inglés antes que por el esperanto como herramienta internacional.»

La primera frase describe la propuesta como la describe todo el mundo, y es la de la Delegación de París, no la de Zamenhof: el prólogo de 1887 reclamaba ser «lengua oficial y de sociedad» allí donde conviven varias nacionalidades, y la Declaración de Boulogne, «lengua pacificadora de las instituciones públicas». Es, en abstracto, el mismo tipo de dominio que en Asturias está en disputa —aunque el esperanto no sea allí competidor de nadie: en toda Asturias lo hablan, según los propios entrevistados, «unas decenas como mucho».

Lo que pensamos

Esta sección es opinión nuestra, no lo que dicen las fuentes.

El esperantismo repite «auxiliar» como si fuera una garantía incorporada, y no lo es: es una promesa sobre el uso, y las promesas sobre el uso solo valen lo que valen las instituciones que las sostienen. Decirlo no debilita el argumento contra la hegemonía del inglés; lo hace honesto. Cuando el argumento esperantista contra una lengua franca dominante es que acapara la escuela, la administración y el trabajo, la pregunta simétrica es qué condiciones impedirían que una lengua internacional planificada reprodujera esa dinámica. «Auxiliar» es el nombre que recibió la respuesta en 1901; no es la respuesta.

Eso incluye lo que hemos escrito nosotros. En las preguntas frecuentes de este mismo sitio, a la pregunta «¿Pretende sustituir a las demás lenguas?», contestamos: «No. La propuesta es funcionar como lengua internacional auxiliar, no reemplazar las lenguas locales, nacionales o familiares». La respuesta sigue siendo correcta como descripción de la propuesta; lo que no es correcto es presentarla como si la palabra «auxiliar» garantizara algo por sí misma.

Fuentes

  • Zamenhof, L. L. Langue Internationale. Préface et manuel complet (por Franc·o·j). Varsovia: Gebethner et Wolff, 1887. Digitalización en Wikimedia Commons.
  • Zamenhof, L. L. Langue internationale (Esperanto), traducción de Louis de Beaufront, 1893, que repite la misma formulación del prólogo. Página 7 en Wikisource.
  • Zamenhof, L. L. «El la unua libro de la lingvo Esperanto», versión esperantista del prólogo de 1887 publicada en la Fundamenta Krestomatio (1903), consultada en el Tekstaro de Esperanto y en Vikifontaro.
  • Zamenhof, L. L. Originala Verkaro, ed. Johannes Dietterle (1929), consultado y contado en el Tekstaro de Esperanto; el corpus completo es descargable. La carta al ministro francés es OV V.17, procedente de Espero Pacifista, 1905, p. 244.
  • Declaración de Boulogne (1905). Texto en Vikifontaro.
  • Duporcq, E. (ed.). Compte rendu du deuxième Congrès international des mathématiciens, tenu à Paris du 6 au 12 août 1900. París: Gauthier-Villars, 1902. Digitalización. Propuesta de Leau, nota de Méray leída por Laisant e intervención de Vasíliev en las páginas 20-24.
  • Couturat, Louis. Pour la Langue Internationale. Coulommiers: Imprimerie Paul Brodard, 1901, 30 p., que lleva en las páginas 31-32 la declaración de la Délégation pour l’adoption d’une langue auxiliaire internationale. Digitalización. De la reedición de 1906 hay texto digitalizado.
  • Witteryck, A. J. De Waarheid over Esperanto en Ido · La Vérité sur l’Esperanto et l’Ido, 1913; el testimonio sobre el uso de langue auxiliaire internationale en 1890, referido al volapük, es de la apertura del texto francés. Project Gutenberg.
  • Alòs i Font, Hèctor. «L’artificialitat de les llengües: estandardització i planificació». Kataluna Esperantisto, 350 (116), 2009, 11-19. PDF.
  • Alòs i Font, Hèctor. «Esperanto i redreçament lingüístic i nacional abans de la II Guerra Mundial». Kataluna Esperantisto, 360 (126), diciembre de 2012. PDF.
  • Astura Esperanta Asocio. Página de la asociación, mantenida por Faustino Castaño, de donde tomamos la grafía «Carleos».
  • Juárez Pérez, Ismael. «Dos asturianos que hablan una lengua sin patria». Nortes, 11 de marzo de 2026. Artículo.
  • Nielsen, Svend Vendelbo. «La nombro de parolantoj de Esperanto» (2018).
  • Lindstedt, Jouko. Estimación por órdenes de magnitud, publicada por la Asociación Esperantista Finlandesa.

Véase también

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