«Ya vuelven a sonar los claros clarines»: los esperantistas valencianos vuelven a Cheste en 1950

El domingo 22 de enero de 1950, un día frío y desapacible, una expedición de esperantistas valencianos fue a Cheste y llenó el teatro del pueblo. Los recibieron niños que los saludaban en esperanto por la calle. Es una de las primeras salidas públicas documentadas del movimiento valenciano después de la guerra, y la contó en el Boletín de la Federación el doctor Federico Poveda, de Valencia, en una crónica que es el mejor relato de primera mano que conocemos de cómo se vivía el esperanto en Cheste.

Facsímil de la crónica «Ya vuelven a sonar los claros clarines…», del doctor Federico Poveda, con una vista del campanario de Cheste. Boletín de la Federación Esperantista Española, año II, núm. 2 (núm. 14), febrero de 1950, pág. 2.
Facsímil de la crónica «Ya vuelven a sonar los claros clarines…», del doctor Federico Poveda, con una vista del campanario de Cheste. Boletín de la Federación Esperantista Española, año II, núm. 2 (núm. 14), febrero de 1950, pág. 2.

La llegada

La crónica comienza con la expedición entrando en el pueblo:

«La Federación Esperantista Española airea su propaganda, sale a tierras de Cheste, prepara sus huestes, y el domingo 22 de Enero, un día frío, desapacible, infrecuente en estas latitudes, irrumpe en dicha población. Expresión gozosa a nuestra llegada en los semblantes de los que nos esperan, saludos, abrazos, caras conocidas y, primera sorpresa, una nutrida representación de la juventud de Cheste, con preponderancia femenina, avanza hacia nosotros y nuestro gozo sale de punto al observar que unos pequeñuelos pugnan por abrirse paso, entre los mayores, para saludarnos en Esperanto: Kiel vi fartas?, me dice un avispado niño de unos 6 a 7 años, cual veterano conocedor de nuestros modos, se sitúa a nuestro lado y, con el inquieto proceder infantil, nos hace multitud de preguntas; otro menos audaz se acerca y abriendo desmesuradamente los ojos, con admiración, su mirada salta de unos a otros, avizorando la palabra ajustada a sus conocimientos; y así, tras la inusitada sorpresa por el cálido recibimiento, nos tomamos un pequeño descanso, haciendo a continuación unas visitas a los lugares notables; y por doquier, gente que con sencillez campesina nos saluda en Esperanto

El acto en el teatro

«Mediodía. Ya estamos en el teatro, un espacioso y hermoso local, como corresponde a un pueblo culto. […] El acto comenzó a teatro lleno, dando la sensación de estar viviendo un día de gran gala. Nuestra salida a escena representó la fervorosa y espontánea puesta en pié de todo el público, que reflejaba con su actitud un verdadero amor a nuestra causa.»

Y da los nombres, que son lo que hace útil la crónica:

«Presidió el culto y distinguido alcalde de la localidad, don Aurelio Cortés. Habló en primer término el esforzado paladín del movimiento esperantista en dicha villa samideano Francisco Máñez, quien con palabras enfervorizadas señaló el renacer del Cheste esperantista; luego tomó la palabra el prestigioso médico valenciano y gran esperantista Dr. Herrero, que con gran dialéctica derramó sobre el auditorio toda una lección de esperantismo. Después, el antiguo y distinguido samideano Ricardo Quiles leyó unas cuartillas en nuestro querido lenguaje, que el público escuchó con deleite, y en último término el poeta de la palabra samideano Luis Hernández, con inspirados párrafos, elogió a Cheste y sus bellas mujeres.»

El «Dr. Herrero» es Rafael Herrero Arroyo, médico dermatólogo y la cara pública del esperanto en Valencia durante décadas, que cuatro años después presidiría la Federación. El «poeta de la palabra» es Luis Hernández Lahuerta, escritor y traductor, redactor del mismo Boletín donde aparece esta crónica y el nombre más grande del esperantismo obrero valenciano, que había pasado por la cárcel al acabar la guerra.

Federico Poveda era otro de los médicos esperantistas de la pandilla de Valencia, y el mismo número del Boletín vuelve a nombrarlo en la lista de donativos de febrero de 1950. Ricardo Quiles llevó durante años el concurso de traducción del boletín. De los dos sabemos poco, y esta crónica es una de las pocas veces que se los ve haciendo algo concreto.

El final: las mujeres que cantaban el himno

El cierre es lo que hace memorable la crónica:

«Finalmente se cantó el himno esperantista, honda emoción recorría el ambiente; desde mi posición del escenario oteaba cómo varias mujeres, con el pelo blanco y el porte campesino, hieráticas, con la llama fanática en sus ojos de amor a nuestra verdad, cantaban y daban tales modulaciones emotivas a su voz, como quien conoce de sobra el significado espiritual de nuestro himno. Con vítores y aplausos se cerró el acto. Más tarde un banquete, presidido por la primera autoridad edilicia, discursos y alegría. Ya anochecido, de vuelta a nuestros lares, dejamos atrás el elevado campanario de Cheste, vigía de toda la comarca, que con señorial y mayestática altivez parecía dar fe, con su presencia, de la firmeza de nuestro ideal.»

Las mujeres que cantan el himno de memoria son mujeres mayores en 1950: habían aprendido la lengua antes de la guerra, y todavía la tenían.

Un Boletín que se imprimía en Valencia

La cabecera de ese número dice dónde estaba la Federación: «Ruzafa, 7. VALENCIA (España)». Es el número 2 del año II —el decimocuarto de la publicación—, o sea que el boletín apenas entraba en su segundo año. Eso explica el tono de la crónica: una salida a un pueblo de la comarca no aparece allí como una excursión local, sino como una operación de la Federación entera, porque la Federación estaba aquí.

El título de la crónica recuerda el verso de la Marcha triunfal de Rubén Darío, «ya se oyen los claros clarines».

Fuentes

  • «Ya vuelven a sonar los claros clarines…», crónica firmada Dr. Federico Poveda (Valencia)Boletín de la Federación Esperantista Española, año II, núm. 2 (núm. 14), febrero de 1950, pág. 2. Ejemplar completo en Gazetoteko; las citas se han leído en el facsímil.
  • El donativo de Federico Poveda, en la lista de febrero de 1950 del mismo número.
  • Sede y lugar de impresión, en la cabecera del mismo número.

Entrada incorporada retrospectivamente el 4 de septiembre de 2026. La fecha de la entrada corresponde a la actividad original; la crónica que la documenta se publicó al mes siguiente.

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