Casi todo lo que se dice a favor del esperanto tiene una base real. Lo que suele fallar es la versión fuerte: la frase promocional que ha ido creciendo de repetición en repetición hasta afirmar bastante más de lo que sostiene ninguna fuente. Esta página separa las dos cosas, afirmación por afirmación —qué hay de cierto y qué hay que matizar—, y enlaza la fuente de cada una. No es una página contra el esperanto: es una revisión de la propaganda esperantista, hecha desde dentro.
Lo hacemos porque nos parece más útil que la alternativa. Quien llega preguntándose si vale la pena aprender esperanto se encuentra casi siempre el mismo repertorio —dieciséis reglas, dos millones de hablantes, diez veces más fácil, ayuda a aprender lenguas y trae la paz— y, cuando lo comprueba, descubre que unas cuantas de esas frases no se sostienen. La conclusión que se lleva no es que una afirmación estaba inflada, sino que no puede creernos en ninguna.
El género no es nuevo y no es nuestro. El historiador Ziko Marcus Sikosek publicó en 1999 Esperanto sen mitoj —«esperanto sin mitos»—, una crítica interna a las cifras y a los argumentos del movimiento hecha con recuentos sobre el terreno. Lo que añadimos aquí es una puesta al día: los trabajos publicados desde entonces —Parkvall (2010) sobre la tipología, Roehr-Brackin y Tellier (2018) sobre el efecto propedéutico, Fians (2024) sobre la neutralidad— y un enlace para cada cosa, para que quien lea pueda comprobarlo sin fiarse de nosotros.
Cómo está escrita. Cada entrada tiene la misma forma: Sí, hay una base real para la afirmación; pero, la versión que solemos repetir es más fuerte de lo que permiten los datos. La regla que nos hemos impuesto es que el «pero» tiene que ser real. Cuando una virtud es simplemente una virtud, no le buscamos ningún contrapeso: hay unas cuantas, y están todas al final, en qué ha demostrado el esperanto.
En resumen. El esperanto ha demostrado que una lengua planificada puede convertirse en una lengua viva: tiene hablantes fluidos, literatura original, transmisión familiar y una comunidad internacional que se ha sostenido más de un siglo sin estado, territorio ni economía que la mantenga. Y su morfología es, de hecho, excepcionalmente regular.
Lo que no está demostrado es que haya dos millones de hablantes —ni ninguna otra cifra, porque nunca se ha hecho un censo—, que aprenderlo haga recuperar después el tiempo invertido en otra lengua, que compartir una lengua reduzca por sí misma los conflictos, ni que el esperanto vaya a ser adoptado como lengua auxiliar mundial. Las dos listas enteras están al final.
- La lengua ·
- Neutralidad e igualdad ·
- Cuántos somos ·
- Qué promete ·
- El movimiento ·
- Qué ha demostrado y qué no
1. La lengua
«El esperanto es fácil»
Sí. La morfología es excepcionalmente regular: no hay conjugaciones irregulares, ni género gramatical en los sustantivos, ni concordancias imprevisibles, y el sistema de prefijos y sufijos permite formar mucho vocabulario a partir de pocas raíces.
Pero. «Fácil» no es una propiedad de una lengua, sino una relación entre una lengua, una persona y un objetivo. La propia disciplina que estudia estos proyectos lo advierte: menor complejidad morfológica no equivale automáticamente a menor dificultad global de aprendizaje —es el argumento de Federico Gobbo en «Are planned languages less complex than natural languages?» (Language Sciences, 2017)—. Y la comunidad tiene una palabra para el resultado, eterna komencanto, y dos más gastadas todavía —bonantagulo, «el señor buenos días», y kielvifartasulo— para quien no pasa de la primera frase del primer tema. De la facilidad hablamos en «Lenguas fáciles: ¿para quién?»; de quienes llevan veinte años empezando, en «Los eternos principiantes».
«Es diez veces más fácil que cualquier lengua natural»
Sí. Para un hablante de lenguas románicas o germánicas, el esperanto es considerablemente más accesible que la mayoría de lenguas que podría elegir, y las razones son concretas: no tendrá que memorizar paradigmas verbales y reconocerá una parte enorme del léxico desde el primer día.
Pero. No existe ninguna escala universal que permita decir «X veces más fácil». La única escala oficial que se cita habitualmente, la del Foreign Service Institute del Departamento de Estado de los Estados Unidos, mide horas de clase para hablantes nativos de inglés y no incluye el esperanto. Los múltiplos que circulan —cinco veces, diez veces— no salen de ninguna medida publicada.
«Solo tiene dieciséis reglas»
Sí. Las dieciséis reglas de la gramática del Fundamento (1905) resumen el núcleo morfológico con una brevedad notable, y siguen siendo la base normativa intocable.
Pero. Dieciséis reglas no son toda la gramática que hace falta para escribir bien. La gramática descriptiva de referencia, el Plena Manlibro de Esperanta Gramatiko de Bertilo Wennergren, ocupa 748 páginas en la edición impresa de 2020. La sintaxis, el régimen de los verbos, la fraseología y las convenciones de uso no caben en dieciséis puntos, y el hecho de que no quepan no es un defecto: es lo que pasa cuando una lengua se usa.
«No tiene excepciones»
Sí. La morfología flexiva prácticamente no las tiene: no están los paradigmas irregulares habituales en muchas lenguas europeas. Todo sustantivo acaba en -o, todo adjetivo en -a, todo infinitivo en -i, y no hay listas de verbos irregulares.
Pero. La regularidad es de forma, no de significado. Qué palabra de cada familia se ha elegido como raíz básica sigue estando en el diccionario: martelo ya es el martillo, pero ŝraŭbo es el tornillo y el destornillador hay que construirlo, ŝraŭbilo —lo contamos en «¿Por qué se dice martelo pero ŝraŭbilo?»—. Lo mismo pasa con la transitividad de las raíces verbales y con los nombres de países, que no siguen un patrón único: unos se forman desde el pueblo y otros desde el territorio, hasta el punto de que la Akademio ha tenido que publicar una lista recomendada.
«Cada palabra significa exactamente lo que dicen sus morfemas»
Sí. El sistema derivativo permite construir vocabulario con una regularidad notable, y un aprendiz puede formar palabras que no ha visto nunca y que se entenderán.
Pero. Saber los morfemas no permite predecir qué derivado usa realmente la comunidad. Una lengua viva convencionaliza significados: unas formas se lexicalizan y otras, igual de bien construidas, suenan extrañas. Por eso un hablante avanzado sigue necesitando vocabulario, y el diccionario sigue haciendo falta.
«La gramática es completamente lógica»
Sí. Es mucho más sistemática que la de la mayoría de lenguas naturales.
Pero. «Lógica» es una calificación mucho menos precisa que «regular», y tiene un contraejemplo magnífico dentro de la propia lengua: la disputa sobre los participios pasivos, el ata-ita-diskuto, que ocupó a la Akademio de Esperanto durante décadas. En 1967 tuvo que resolverla por votación —«per 26 voĉoj el 31 voĉdonintoj decidis kaj deklaras, ke en ĉiu el tiuj frazoj nur la senco A estas konforma al la tradicia lingvouzo de Zamenhof»—, y en la resolución de 1989 la propia Akademio reconoce que el uso había mostrado «la eblecon de du interpretaj teorioj same logikaj»: dos teorías igual de lógicas. Un sistema formalmente impecable había producido una ambigüedad semántica que enfrentó a hablantes competentes durante una generación.
Lo más interesante es que Zamenhof ya lo había dicho. En la respuesta lingüística 47 (1911), citada por la Akademio en esa misma resolución: «Ĉar la tuta esenco de lingvo estas bazita antaŭ ĉio sur interkonsento, tial komuna ĝisnuna uzado devas ludi en lingvo pli gravan rolon, ol seke teoria logikeco» —el uso común debe pesar más que la seca lógica teórica—.
«Se pronuncia como se escribe»
Sí. La correspondencia entre letra y sonido es regular y el acento es fijo, siempre en la penúltima sílaba. Quien lee un texto en voz alta lo pronuncia bien sin tener que consultar nada.
Pero. Eso no quiere decir que la fonología sea fácil para cualquier hablante. Los grupos consonánticos que el esperanto admite —scii, ŝtrumpo, kvin— son difíciles para mucha gente según cuál sea su lengua materna, y algunos sonidos han ido retrocediendo en el uso real por ese motivo, como explica el PMEG en la sección sobre pronunciación.
2. Neutralidad e igualdad
«Es una lengua neutral»
Sí. No es la lengua nacional de ningún estado, ningún ejército ni ninguna economía la impone, y en una conversación entre dos aprendices los dos han tenido que estudiarla. Esa asimetría concreta —la del nativo frente a quien no lo es— desaparece.
Pero. Hay que separar dos cosas que se suelen decir juntas. En tipología, el resultado es más favorable de lo que la crítica habitual supone: Mikael Parkvall cuantificó el eurocentrismo estructural del esperanto con las variables del World Atlas of Language Structures y concluyó que «Esperanto is indeed somewhat European in character, but considerably less so than the European languages themselves» («How European is Esperanto?», 2010). En léxico, en cambio, no hay discusión: las raíces del Universala Vortaro son mayoritariamente románicas y germánicas —Wim Jansen ha estudiado su reparto en detalle—, y eso quiere decir que un castellanohablante reconoce desde el primer día una parte enorme que un hablante de japonés o de yoruba tiene que aprender entera.
«Pone a todos los hablantes en igualdad»
Sí. Elimina la ventaja del hablante nativo de una gran lengua nacional, que es una ventaja real y medible. El informe de François Grin para el Haut Conseil de l’évaluation de l’école (2005) calcula que el Reino Unido gana con ello, en neto, «au minimum 10 milliards d’Euros par année», y entre 17.000 y 18.000 millones si se cuenta el efecto multiplicador y el rendimiento de lo que los países anglófonos pueden invertir en otras cosas.
Pero. Eliminar una asimetría no es eliminarlas todas. Siguen intactas las diferencias de competencia, de formación, de tiempo disponible para estudiar, de proximidad lingüística —véase el punto anterior—, de antigüedad dentro de la comunidad y de dominio de sus normas no escritas. Más neutral no equivale a igual.
«No pertenece a nadie»
Sí. Jurídica y políticamente, no. Ningún estado reclama su propiedad y nadie cobra por usarlo.
Pero. Culturalmente sí que existe una comunidad con instituciones: una Akademio que decide qué es correcto, un Fundamento intocable, una asociación mundial, veteranos, jerarquías informales y una manera de estar que el recién llegado tiene que aprender. Lo llaman Esperantujo, y quien entra lo nota. Hablamos de ello en «¿Quién gobierna el esperanto?».
«Es políticamente neutral»
Sí. La Declaración de Boulogne (1905) define el esperantismo como algo estrictamente lingüístico y deja explícitamente cualquier otra idea en la esfera privada de cada esperantista. El movimiento general ha intentado desde entonces admitir gente de cualquier ideología, y lo ha conseguido bastante.
Pero. La neutralidad institucional también produce consecuencias políticas. Guilherme Fians lo ha documentado sobre un caso concreto —la revista juvenil Kontakto durante la Guerra Fría— y su conclusión es incómoda: silenciar parcialmente las perspectivas anticoloniales fue precisamente la manera de preservar la neutralidad del esperanto («Neutralizing the political: Language ideology as censorship in Esperanto youth media during the Cold War», Journal of Linguistic Anthropology, 2024). La pregunta que él plantea —cómo puede una ideología lingüística funcionar como mecanismo de censura— no tiene respuesta cómoda para el movimiento.
3. Cuántos somos
«Puedes hablar con dos millones de personas»
Sí. Hay hablantes de esperanto repartidos por muchos países, y unas cuantas estimaciones publicadas llegan al orden del millón.
Pero. No se ha hecho nunca un censo mundial de hablantes de esperanto. Las cifras publicadas varían por un factor de diez mil según dónde se ponga el listón, y la manera más honesta de decirlo sigue siendo la de Jouko Lindstedt, que en 1996 renunció a la falsa precisión y dio órdenes de magnitud: un millar de hablantes nativos, diez mil con fluidez total, cien mil que lo usan bien, un millón que entienden el escrito. La cifra de los dos millones viene de una sola fuente, el psicólogo Sidney S. Culbert, y el propio Culbert dejó por escrito cómo había hecho la estimación y qué limitaciones tenía. Y desde dentro del movimiento, Sikosek sostiene en Esperanto sen mitoj que estas cifras están muy infladas, contando sobre el terreno: en Colonia, donde un millón de hablantes en el mundo daría unos 180, encontró una treintena con fluidez. Lo repasamos entero en «¿Cuánta gente habla realmente esperanto?».
«Es una lengua viva»
Sí. Sin matices. Tiene uso oral cotidiano, literatura original, música, prensa, congresos anuales, cambio lingüístico documentado y transmisión familiar. Ninguna de estas cosas es una metáfora.
Pero. «Viva» no quiere decir «demográficamente fuerte», y las dos cosas se confunden a menudo cuando se usa la palabra para cerrar una discusión. La comunidad es internacional y real, y es pequeña.
«Tiene hablantes nativos, o sea que ya es una lengua como cualquier otra»
Sí. La adquisición nativa demuestra que el esperanto se puede transmitir en familia y que se comporta como una lengua humana normal cuando lo hace. Es un hecho lingüísticamente importante y está estudiado: Jouko Lindstedt le dedicó «Native Esperanto as a Test Case for Natural Language» (2006).
Pero. Los denaskuloj son alrededor de un millar de personas en todo el mundo, según ese mismo estudio, y casi ninguno tiene el esperanto como única lengua ni como dominante: lo crecen al lado de la lengua del país y de la de casa. No forman una sociedad monolingüe comparable a la de ninguna lengua territorial, y cualquier argumento que los trate como si formaran una está pidiendo a mil personas que sostengan una comparación que no se aguanta.
«Tiene una cultura internacional propia»
Sí. Literatura original con más de un siglo de historia —la Concise Encyclopedia of the Original Literature of Esperanto hace su inventario—, música, revistas, congresos, fraseología interna y memoria colectiva. No es una cultura importada ni traducida.
Pero. La escala es pequeña y una parte considerable de esa cultura habla del propio esperanto: de su historia, de su movimiento, de su situación. Es un rasgo compartido con otras comunidades minoritarias, y vale la pena reconocerlo antes de que nos lo diga alguien de fuera.
4. Qué promete
«El esperanto ayuda a aprender otras lenguas»
Sí. Hay indicios de que puede favorecer la conciencia metalingüística, sobre todo cuando se enseña con actividades explícitas sobre la forma de la lengua. Es lo que encontró el proyecto Esperanto as a Starter Language de la Universidad de Essex.
Pero. El mismo estudio encontró que el aprendizaje posterior de francés era parecido en todos los grupos, independientemente de la lengua inicial estudiada (Roehr-Brackin y Tellier, 2018). Eso no confirma la versión fuerte del «efecto propedéutico». Y la revisión del estado de la cuestión de la Esperantic Studies Foundation reconoce que, por antigua que sea la afirmación, ha habido sorprendentemente poca investigación rigurosa. Los números que circulan —«un año de esperanto recupera dos años de alemán»— vienen de experimentos de los años cincuenta y sesenta que hemos repasado uno por uno y que no sostienen esa conclusión.
Formulado con precisión, lo que se puede decir es: estudiar esperanto puede desarrollar conciencia lingüística y puede ser una introducción pedagógicamente amable al aprendizaje de lenguas; pero no está demostrado de manera robusta que invertir tiempo en ello haga aprender después otra lengua lo bastante más rápido como para recuperar la inversión.
«El esperanto fomenta la paz»
Sí, en un sentido limitado. Pone en contacto directo a gente de países distintos que de otra manera no se habría conocido, e históricamente el movimiento ha estado asociado a ideales pacifistas: el propio Zamenhof defendió la interna ideo en el discurso del segundo congreso universal (Ginebra, 1906).
Pero. Que dos personas se entiendan no quiere decir que estén de acuerdo. La incomunicación lingüística es una de muchas causas posibles de conflicto, y no es el caso general: muchas guerras civiles enfrentan a gente que ya comparte lengua. El propio movimiento lo había visto desde el principio —por eso la Declaración de Boulogne define el esperantismo como algo estrictamente lingüístico y deja el resto a cada cual—. Sostener que la lengua trae la paz es afirmar bastante más de lo que el propio movimiento estuvo dispuesto a firmar en 1905.
«El inglés es injusto; el esperanto resuelve el problema»
Sí. La primera mitad de la frase está bien documentada, y la segunda tiene a favor un cálculo serio. El informe Grin (2005) compara tres escenarios para Europa —«todo en inglés», plurilingüismo y esperanto— y concluye que el tercero «apparaît comme le plus avantageux», con un ahorro neto de unos 25.000 millones de euros anuales para el conjunto de Europa, Reino Unido e Irlanda incluidos.
Pero. Que una solución sea la más barata no la hace viable, y el propio Grin lo dice en la frase siguiente: «Les fréquentes réactions de rejet à l’égard de l’espéranto rendent impraticable la mise en œuvre à court terme du scénario 3» —solo lo recomienda como estrategia a una generación vista y con dos condiciones críticas—. Mostrar los inconvenientes del inglés y demostrar la viabilidad del esperanto son dos proposiciones independientes; el informe establece la primera y es explícito sobre lo que le falta a la segunda.
«Te abre el mundo»
Sí. Da acceso a contactos internacionales que fuera de Esperantujo serían improbables, y a redes como Pasporta Servo que funcionan desde hace décadas.
Pero. La ventaja diferencial es mucho menor que hace cien años. En 2026, Internet, el inglés, las redes sociales y la traducción automática dan acceso internacional a una escala incomparablemente mayor. Eso no hace inútil el esperanto; sí hace que la frase, dicha sin matizar, suene a un mundo que ya no es este.
«Es la manera más barata de comunicarse internacionalmente»
Sí. Por hora de estudio rinde más que casi cualquier otra lengua que un europeo pueda elegir, y eso no es solo una impresión de esperantistas: es el supuesto sobre el que Grin construye todo su escenario 3.
Pero. Conviene mirar de dónde salen las cifras, porque el caso es ejemplar. Grin cita a Flochon (2000), que cita al Instituto de Pedagogía Cibernética de Paderborn: 2.000 horas de alemán equivaldrían a 1.500 de inglés, 1.000 de italiano y «…150 heures d’étude de l’espéranto. Sans commentaire». Esa relación de 1 a 13 se ha repetido durante veinticinco años en material promocional; la publicación original de Paderborn, en cambio, no hemos podido consultarla nunca, y el propio Grin, por prudencia, no se la cree: adopta «un ratio de un à trois», es decir tres veces más rápido, no trece.
Y todavía falta la otra mitad del cálculo. Lo que cuenta no es el coste por hora, sino el rendimiento por hora invertida, y ese depende también de cuánta gente hay al otro lado. Una lengua muy fácil con pocos interlocutores puede resultar más cara, en ese sentido, que una difícil con cientos de millones de usuarios. Depende de para qué la quieras, y esa es exactamente la pregunta que la frase se salta.
5. El movimiento
«Si más gente lo conociera, mucha más gente lo aprendería»
Sí. El desconocimiento limita una parte de la demanda, y eso no lo decimos solo nosotros: Grin atribuye el rechazo al esperanto a prevenciones «en général basées sur la simple ignorance» y pone un «très gros effort d’information» como primera condición crítica de su escenario 3.
Pero. Es una hipótesis que el movimiento repite desde hace generaciones. Ciento treinta y nueve años después del Unua Libro, y después de un episodio de visibilidad masiva —el curso de esperanto de Duolingo, que uno de sus creadores cifra en más de 367.000 matriculados—, la falta de información no se puede presuponer como la explicación principal de la baja adopción. También puede ser, simplemente, que la demanda sea poca. Por qué la gente que llega no se queda lo miramos en «Por qué se van».
«El problema es que no hacemos suficiente propaganda»
Sí. Una comunicación mal hecha limita cualquier proyecto, y la del movimiento esperantista ha estado a menudo mal hecha.
Pero. Si cada resultado negativo produce solo la conclusión «hace falta más propaganda», la hipótesis deja de ser comprobable: no hay ningún resultado que la pueda desmentir. Una explicación que sobrevive a cualquier dato no explica nada, y en cambio justifica seguir invirtiendo en ello.
«Necesitamos más esperantistas»
Sí. Una comunidad que no se renueva se acaba. Si queremos que el grupo continúe, evidentemente necesitamos gente nueva.
Pero. Falta la pregunta anterior: ¿para qué? Si la respuesta es «porque si no, el movimiento desaparece», el argumento es circular: el movimiento se justifica por el hecho de perpetuarse. Jorge Camacho escribió exactamente eso en 2013 y lo llamó la lengua zombi.
«El esperanto ha fracasado»
Sí. No ha conseguido lo que muchos esperantistas esperaban: convertirse en la lengua auxiliar mundial. Ciento treinta y nueve años después, eso no es una cuestión abierta.
Pero. Medirlo solo por ese criterio es aceptar precisamente el criterio maximalista del finvenkismo —la doctrina de la «victoria final»—. Con otro criterio, el resultado es distinto: una lengua planificada que tiene hablantes fluidos, literatura original, transmisión familiar y comunidad continuada desde 1887 no es una lengua muerta. Las dos cosas son ciertas a la vez, y el desacuerdo suele ser sobre qué vara de medir se usa, no sobre los hechos.
Lo que el esperanto sí ha demostrado
Estas son las afirmaciones que no llevan «pero», porque no lo necesitan.
- Que una lengua planificada puede funcionar como lengua. Es probablemente lo que el esperanto ha demostrado de manera más incontrovertible. Puede adquirir hablantes fluidos, desarrollar literatura original, ser usada en familias, evolucionar, generar fraseología y sostener comunicación durante más de un siglo. Detlev Blanke cuenta más de mil intentos de crear una lengua internacional y escribe que «primarily» —principalmente— uno se ha convertido en «a living and flexible language». Ese «principalmente» es suyo y vale la pena conservarlo: otros proyectos han tenido hablantes, pero ningún otro proyecto conocido ha sostenido una comunidad comparable en escala y continuidad. Saber por qué es una pregunta científica legítima.
- Que es aprendible en un tiempo razonable por mucha gente. Con los matices de más arriba, la regularidad morfológica es real y se nota desde las primeras semanas.
- Que puede transmitirse como lengua materna. Los denaskuloj son pocos, pero existen y se comportan como cualquier otro hablante nativo, cosa que en 1887 nadie podía dar por hecha.
- Que puede sostener una literatura propia. No traducciones: obra original, con autores, escuelas y crítica.
- Que una comunidad internacional puede mantenerse un siglo sin estado, sin territorio y sin economía que la sostenga. Sin subvenciones estructurales, sin obligatoriedad escolar y a través de dos guerras mundiales.
Hay que notar qué no se deduce de todo esto: demostrar que una lengua planificada puede funcionar no demuestra que pueda ser adoptada mundialmente. Son dos preguntas distintas, y confundirlas es el error que está debajo de muchas de las afirmaciones de esta página.
Lo que todavía no tenemos buenas razones para afirmar
- Que haya dos millones de hablantes fluidos, ni ninguna otra cifra concreta: no se ha hecho ningún censo.
- Que estudiar esperanto haga recuperar el tiempo invertido al aprender después otra lengua.
- Que compartir una lengua reduzca por sí mismo los conflictos.
- Que el esperanto sea léxicamente neutral respecto de las lenguas del mundo.
- Que la baja adopción se explique principalmente por la falta de información.
- Que el esperanto vaya a ser adoptado como lengua auxiliar mundial.
Ninguna de estas cosas está refutada: están sin demostrar, que es una cosa distinta. Si algún día aparece la evidencia, esta página cambiará. Mientras tanto, afirmarlas como si estuvieran establecidas es lo que hace que el resto —lo que sí está establecido— se ponga en duda.
Fuentes
Los enlaces del texto llevan a la fuente de cada afirmación. Esta es la referencia completa de cada una.
La lengua
- Akademio de Esperanto. Fundamento de Esperanto (1905): las dieciséis reglas y el Universala Vortaro.
- Akademio de Esperanto. Akademia decido pri pasivaj participoj (25 de noviembre de 1967), de Aktoj de la Akademio, 1963-1967, con la Rezolucio pri la participoj de 1989 en la misma página. Las traducciones al español son nuestras.
- Akademio de Esperanto. Listo de Rekomendataj Landnomoj (2009).
- Zamenhof, L. L. Lingvaj Respondoj, respuesta 47 (Oficiala Gazeto Esperantista, 1911, p. 291), en el Tekstaro de Esperanto.
- Wennergren, Bertilo. Plena Manlibro de Esperanta Gramatiko (PMEG), la gramática descriptiva de referencia: pronunciación, pasiva. La edición impresa de 2020 tiene 748 páginas.
- Gobbo, Federico. «Are planned languages less complex than natural languages?», Language Sciences 60, 2017, p. 36-52. De pago en la editorial; aquí hemos usado el resumen, que es abierto.
- Jansen, Wim. Radikoj kaj vortoj en Esperanto — de dónde salen las raíces y cómo se comportan.
- Departamento de Estado de los Estados Unidos, Foreign Service Institute. Foreign Language Training — las categorías de dificultad y las horas de clase, definidas para hablantes nativos de inglés.
Neutralidad, comunidad e instituciones
- Parkvall, Mikael. «How European is Esperanto? A typological study», Language Problems and Language Planning 34 (1), 2010, p. 63-79. De pago; hemos usado el resumen, que es abierto.
- Fians, Guilherme. «Neutralizing the political: Language ideology as censorship in Esperanto youth media during the Cold War», Journal of Linguistic Anthropology 34 (2), 2024, p. 200-219. De pago en Wiley; el resumen es abierto en el repositorio de la Universidad de Mánchester.
- Declaración de Boulogne (1905) — la definición de esperantista del primer congreso universal.
- Zamenhof, L. L. Discurso del segundo congreso universal, Ginebra, 1906 — la defensa de la interna ideo.
- Grin, François. L’enseignement des langues étrangères comme politique publique, informe núm. 19 del Haut Conseil de l’évaluation de l’école, 2005 — el cálculo de las transferencias que produce el dominio del inglés y la comparación de tres escenarios.
- Blanke, Detlev. «Causes of the relative success of Esperanto», Language Problems and Language Planning 33 (3), 2009 — por qué, de entre más de mil intentos, principalmente uno se ha convertido en lengua viva. De pago; hemos usado el resumen.
- Sutton, Geoffrey. Concise Encyclopedia of the Original Literature of Esperanto, 1887-2007 (Nueva York: Mondial, 2008) — versión en línea en Originala Literaturo Esperanta.
- Pasporta Servo. Pri ni.
Cuántos lo hablan
- Sikosek, Ziko Marcus. Esperanto sen mitoj (Amberes: Flandra Esperanto-Ligo, 1999) — la crítica interna a las cifras del movimiento, con recuentos hechos sobre el terreno. Hay edición en PDF.
- Culbert, Sidney S. Carta sobre los métodos de la estimación (1989), con las de 1967 y 1969, recogidas y publicadas por David Wolff.
- Lindstedt, Jouko. «Native Esperanto as a Test Case for Natural Language», SKY Journal of Linguistics 19, 2006, p. 47-55 — la cifra de un millar de hablantes nativos y qué hacen con la lengua.
- Lindstedt, Jouko. Estimación por órdenes de magnitud (1996), publicada por la Asociación Esperantista Finlandesa — de mil hablantes nativos a diez millones que se han asomado a los rudimentos, según dónde se ponga el listón.
El movimiento
- Baltasar, Enric. The Secret to Getting 367,000+ People to Learn a Language on Duolingo — relato de primera mano de uno de los creadores del curso de esperanto de Duolingo, con las cifras de matrícula.
Aprendizaje de otras lenguas
- Roehr-Brackin, Karen, y Tellier, Angela. «Esperanto as a tool in classroom foreign language learning in England», Language Problems and Language Planning 42 (1), 2018, p. 89-111. DOI 10.1075/lplp.00013.roe · postprint abierto.
- Universidad de Essex. Esperanto as a Starter Language — página del proyecto.
- Esperantic Studies Foundation. State-of-the-art: Esperanto Linguistics — el estado de la cuestión, y el reconocimiento de que la investigación sobre el efecto propedéutico ha sido escasa.
Véase también
Cada apartado de esta página tiene detrás un artículo nuestro que lo desarrolla con más detalle:
- ¿Cuánta gente habla realmente esperanto?
- Lenguas fáciles: ¿para quién?
- Los eternos principiantes
- ¿El esperanto ayuda a aprender otros idiomas?
- ¿Por qué se dice martelo pero ŝraŭbilo?
- ¿Por qué francoj pero kanadanoj?
- La lengua zombi, de Jorge Camacho
- ¿Quién gobierna el esperanto?
- Por qué se van
- Preguntas frecuentes sobre el esperanto — las preguntas que nos hacen, respondidas una por una.
Si encuentras un error en esta página —un dato mal citado, una fuente que no dice lo que decimos que dice, un «pero» que no se aguanta—, escríbenos. Se corregirá y se dirá quién lo señaló.
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