Un idiotismo no es ningún insulto: es un giro propio de una lengua que no se puede traducir palabra por palabra —«a ojos vistas», «tengo hambre», «ven, que te lo cuento»—, y de ahí sale la mayor parte de los errores que cometemos los de aquí cuando hablamos esperanto. A un castellanohablante o a un valencianohablante el esperanto le entra fácil, y por eso mismo lo habla con la gramática de casa. Los errores que cometemos no son aleatorios: son siempre los mismos, y casi todos salen de una sola cosa: traducir la estructura, no las palabras. El más grande, con diferencia, es el acusativo: la -n que falta, y la que sobra cuando se le pone a todo lo que va detrás del verbo. El más invisible es otro: en esperanto el sujeto no se puede omitir, y estas laca no significa «estoy cansado» sino, si acaso, que existe alguien cansado. Esta página los recoge todos, del que más engaña al que menos.
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Los tres que explican la mitad
1. El acusativo: el que falta y el que sobra
Del acusativo se habla siempre como de una -n que se olvida, y es la mitad del problema. La otra mitad es la contraria: ponerle -n a todo lo que va detrás del verbo, porque en castellano esa posición suele ser la del complemento directo.
| ❌ | ✅ | qué pasa |
|---|---|---|
| Mi vidas la hundo. | Mi vidas la hundon. | falta: complemento directo |
| Mi iras en la domo. | Mi iras en la domon. | falta: dirección |
| Al la kunveno venis multajn homojn. | Al la kunveno venis multaj homoj. | sobra: es el sujeto, aunque vaya detrás |
| La libron plaĉas al mi. | La libro plaĉas al mi. | sobra: plaĉi no tiene complemento directo |
Las dos últimas filas tienen nombre propio: son hipercorrección, la regla aprendida y aplicada de más. Es la señal de que el acusativo ya se entiende; lo que falta es saber dónde no va.
La última es la más instructiva, porque junta dos errores: plaĉi no significa «gustar» como el verbo castellano, y lo que gusta es el sujeto.
2. El sujeto no se puede omitir
El castellano y el valenciano son lenguas de sujeto nulo: «estoy cansado», «vendrá mañana», «llueve». El esperanto no lo es nunca. El verbo no lleva persona, y por tanto sin sujeto la frase no dice quién hace la acción.
| ❌ | ✅ |
|---|---|
| Estas laca. | Mi estas laca. |
| Venos morgaŭ. | Li venos morgaŭ. |
Y aquí está la trampa que hace que nadie lo note: el verbo esti también sirve para decir que una cosa existe —«hay»—, de manera que estas laca no es una frase agramatical que chirríe al oído, sino otra frase: se puede leer como «hay alguien cansado». El error no produce ruido, produce un malentendido silencioso.
La única excepción son los verbos sin sujeto de verdad, como los meteorológicos: pluvas, neĝas, estas malvarme.
3. si y sia: el caso que cambia quién hace qué
El «seu» del valenciano y el «su» del castellano son ambiguos y no nos molesta. El esperanto los distingue, y quien no lo sabe dice constantemente lo contrario de lo que quiere decir. La regla es corta: si y sia se refieren siempre al sujeto de su propio verbo, y nunca pueden ser sujeto.
| escrito | significa |
|---|---|
| Li lavas sian aŭton. | se lava el coche de él mismo |
| Li lavas lian aŭton. | le lava el coche a otro |
Ninguna de las dos es incorrecta, y esa es la dificultad: el error no lo detecta ningún corrector, solo el interlocutor, que entiende otra cosa.
El resto de la gramática
ke y kiel en lugar de ĉar. El «que» causal («ven, que quiero decirte una cosa») y el «como» causal («como estoy cansado, me voy a dormir») no existen en esperanto. Los dos son ĉar.
| ❌ | ✅ |
|---|---|
| Venu, ke mi volas diri ion. | Venu, ĉar mi volas diri ion. |
| Kiel mi estas laca, mi iros dormi. | Ĉar mi estas laca, mi iros dormi. |
se en lugar de ĉu. El «si» del castellano y del valenciano hace dos trabajos que el esperanto reparte: la condicional es se, y la interrogativa indirecta es ĉu. → Mi ne scias, ĉu li venos, no se li venos.
ne tro en lugar de ne tre. «No me gusta demasiado» no significa que me guste en exceso: es una lítote que quiere decir «no mucho». Tro marca exceso e inadecuación, o sea que mi ne tro ŝatas ĝin dice literalmente «no me gusta en exceso», que suele ser justo lo contrario de lo que querías. → mi ne tre ŝatas ĝin.
Adjetivo donde toca adverbio. Cuando el predicado no se refiere a ningún sustantivo, va en -e, no en -a. → Estas bone, ke vi venis, no estas bona. El PMEG lo trata en el capítulo de las E-vortoj.
okazita en lugar de okazinta. Okazi es intransitivo: nada «es ocurrido». Los verbos intransitivos no tienen participio pasivo, por mucho que en castellano exista «ocurrido». → la akcidento okazinta hieraŭ. Lo mismo con veni, fali, morti, resti, aperi.
El gerundio del castellano. «Estoy comiendo» es mi manĝas. La perífrasis mi estas manĝanta existe, pero es pesada y casi siempre innecesaria: solo tiene sentido cuando de verdad quieres marcar la simultaneidad con otra acción.
por ke con indicativo. «Para que me veas» lleva subjuntivo en castellano y lo lleva también en esperanto, en forma de volitivo: Mi venis, por ke vi vidu min, nunca por ke vi vidas min.
unu como artículo indefinido. «Una pregunta» no lleva ningún numeral. → Mi havas demandon, o sencillamente Demandon!, no Unu demando!.
El «ya» de cortesía. «Ya nos veremos», «ya lo haremos» no llevan jam. Jam dice que una cosa ya ha pasado; no es una partícula amable para el futuro. → Ni faros ĝin, no ni jam faros ĝin.
en en lugar de ĉe. El «en» del castellano hace el trabajo de tres: en la skatolo (dentro), ĉe la fenestro (al lado), ĉe la kuracisto (en casa de, en la consulta de).
Pasarse con la aglutinación. Se puede juntar casi todo, y por eso hace gracia hacerlo. Pero una palabra de cuatro afijos que nadie entiende a la primera no es más esperantista que tres palabras claras.
Traducir la estructura. Los once errores anteriores son el mismo: coger la frase de casa y cambiarle las palabras. El léxico del esperanto se parece mucho al nuestro; la gramática, muy poco.
Esto tiene nombre: idiotismo
La mayor parte de los errores de arriba no son faltas de gramática: son idiotismos traducidos palabra por palabra. Un idiotismo es un giro propio de una lengua cuyo sentido no sale de sumar las palabras que lo forman —así lo define el DLE—, y por eso no se puede pasar literalmente a ninguna otra.
La palabra viene del griego ἴδιος, «propio», y tiene hermanas que seguramente te suenan más: el idiolecto es la manera de hablar de una sola persona —la suya, distinta de la de todos los demás—, y la idiosincrasia —del griego ἰδιοσυγκρασία, «temperamento particular»— es lo que caracteriza a alguien y no se parece a nadie. Las tres dicen lo mismo: lo que es de uno y no del resto. Y sí, idiota es de la misma familia: el griego ἰδιώτης era «el particular, el que no ejerce ningún cargo público», y de ahí «el que no entiende de un oficio». De esa deriva viene la mala fama del término, y el DLE todavía la conserva: da «ignorancia» como primera acepción de idiotismo y deja la lingüística para la tercera, «giro o expresión propios de una lengua que no se ajustan a las reglas gramaticales; p. ej., a ojos vistas».
«Ven, que quiero decirte una cosa» no es una causal corriente: es un giro nuestro. «No me gusta demasiado» no habla de ningún exceso. «Ya nos veremos» no dice que ya nos hayamos visto. «Tengo hambre» no posee nada. Traducidos palabra por palabra, todos dan frases que o no quieren decir nada o quieren decir otra cosa, y eso es la lista entera de aquí arriba.
Dos de los errores grandes, en cambio, no son idiotismos, y vale la pena distinguirlo: el acusativo y el par si/sia no salen de ningún giro, sino de una categoría gramatical que nuestra lengua no tiene. Un idiotismo se desaprende; una categoría que no tienes hay que aprenderla de nuevas. Dos causas distintas del mismo resultado.
Y «calco» es la otra mitad del nombre. El idiotismo es lo que hay en la lengua de partida; el calco es lo que pasa cuando lo traduces palabra por palabra y lo sueltas en otra lengua. Hacen falta los dos nombres porque son dos momentos distintos: «no me gusta demasiado» es un giro del castellano, y mi ne tro ŝatas ĝin es el calco. Y el nombre de todo el fenómeno, cuando una lengua que ya tienes te empuja la mano mientras hablas otra, es interferencia, que es lo que dice el título de esta página.
Esto pasa también entre nuestras dos lenguas, y ahí sí que sabemos ponerle nombre: «tindre que» no es ningún idiotismo del valenciano —el valenciano dice «haver de»— sino un calco sintáctico del castellano «tener que», o sea un castellanismo. El mecanismo es el mismo que describe esta página; lo único que cambia es la lengua de llegada. Y el calco tiene un hermano: si te llevas la palabra tal como suena, es un préstamo (fútbol); si te la llevas traducida pieza a pieza, es un calco (balompié). Los nuestros son casi siempre calcos y casi nunca préstamos, porque como el vocabulario del esperanto ya nos suena, lo que copiamos es la estructura. El DLE recoge «calco semántico» con marca de lingüística: la adopción de un significado extranjero para una palabra que ya existía.
Y funciona en las dos direcciones: el esperanto también tiene los suyos, y sus hablantes los usan sin darse cuenta. Ĝis! para despedirse, Nedankinde para «de nada», krokodili para «hablar tu lengua materna en un ambiente donde tocaría hablar esperanto», o kabei, que es abandonar el esperanto de golpe después de haber destacado en él. Ninguno se entiende sumando las palabras.
De paso, un ejemplo de lo que explica toda esta página: en esperanto el concepto no se dice idiotismo —esa palabra significa allí «idiotez»— sino idiomaĵo.
El léxico: los pares que confundimos
La segunda fuente de errores no es la gramática sino el diccionario, y el reflejo que los produce es siempre el mismo: coger la primera palabra que se parece a la nuestra. El esperanto reparte en dos raíces lo que el castellano y el valenciano dicen con una sola.
| queremos decir | y cogemos | pero es |
|---|---|---|
| necesitar | bezoni — yo necesito algo |
necesi = ser necesario |
| esperar | atendi — esperar a que pase el tiempo |
esperi = tener esperanza |
| gustar | ŝati — transitivo: mi ŝatas la libron |
plaĉi — intransitivo: la libro plaĉas al mi |
| poder | povi — ser capaz |
rajti = tener derecho |
| parar | halti — detenerse |
ĉesi = dejar de (+ infinitivo) |
| ganar | gajni — ganar algo |
venki = vencer a alguien |
| ver | vidi |
spekti = ver un espectáculo, una película |
| beber | trinki |
drinki = beber alcohol |
| vivir | vivi — estar vivo |
loĝi = residir |
| viejo | malnova — una cosa antigua |
maljuna — una persona mayor |
Diez pares no son un diccionario, y esa es la lección de verdad: cuando una palabra se parece demasiado a la nuestra, conviene comprobarla. La Reta Vortaro define en esperanto y traduce, y el PIV es el diccionario de referencia.
El error léxico propiamente nuestro, el que no es de vocabulario sino de reflejo, es otro, y también tiene nombre. Cuando dos palabras de dos lenguas se parecen mucho en la forma y significan cosas distintas, son falsos amigos: aktuala no significa «real» sino «vigente», eventuala no es «eventual» sino «posible». Y de ahí sale el reflejo: inventarse una palabra románica cuando no se sabe la que toca, porque el esperanto tiene tantas que parece que siempre acierta. A veces acierta. El resto de las veces sale una palabra que existe y significa otra cosa.
La pronunciación
Ya la tenemos explicada en «¿Cómo se pronuncia?», dentro de las preguntas frecuentes, y no la repetiremos aquí. El resumen es que la dificultad no son las vocales —son prácticamente las nuestras— sino dos cosas: los siete sonidos sibilantes y africados (s, z, c, ŝ, ĵ, ĉ, ĝ), de los cuales un castellanohablante no tiene como fonemas propios ni la z, ni la ŝ, ni la ĵ, ni la ĝ —ni tampoco la v—, y el acento, que está siempre en la penúltima sílaba y no cae donde el castellano lo espera: familio es fa-mi-LI-o, cuatro sílabas, y la i delante de vocal no hace diptongo nunca.
Cuatro pares que muestran que no es ninguna finura de fonetista:
| si confundes | dices | y querías decir |
|---|---|---|
b y v |
boli, hervir | voli, querer |
s y z |
roso, rocío | rozo, rosa |
s, c y ĉ |
selo, silla de montar · celo, objetivo | ĉelo, celda |
la h |
oro, oro | horo, hora |
Qué cambia si tu lengua es el valenciano
Casi nada en la gramática: el valenciano es tan románico como el castellano, también omite el sujeto, también tiene «ja», también dice «no massa» por «no molt» y «vine, que». Todos los errores de arriba los cometemos igual.
En la pronunciación sí que hay diferencia, y no es entre valenciano y castellano sino dentro del valenciano mismo. Un valencianohablante de la Safor o de la Marina tiene en su lengua la z (casa), la ĵ (jove), la ĝ (metge) y la v, y por tanto le salen solas. En el apitxat de la ciudad de Valencia y su comarca, en cambio, esas sonoras se ensordecen, y el resultado es el mismo que en castellano: rozo suena roso. Saberlo vale mucho, porque el sonido no es extraño a la lengua, es extraño a tu comarca.
Hay también dos cosas que el valenciano tiene y el esperanto no, y que producen errores propios:
- Las vocales abiertas y cerradas. En esperanto no las hay: cinco vocales, una forma cada una. Bela y bona no tienen ninguna
eni ningunaoabierta. - Los pronombres débiles
hiyen. «N’hi ha tres», «hi aniré» no tienen equivalente directo: en esperanto lo que hay estie,tien,da tio, o más a menudo repetir el sustantivo. Traducirlos literalmente no sale.
¿Y eso importa algo?
Aquí esto no es descripción, es opinión, y va firmada como tal.
La respuesta corta es que sí, y que la comparación que usamos es la del bisturí: quien opera prefiere un bisturí y no un cuchillo de carnicero, no por elegancia sino por precisión. Una lengua es una herramienta para comunicarse, y usarla bien es lo que permite decir exactamente lo que se quiere decir.
La respuesta larga tiene un matiz que la primera se olvida. En una lengua sin masa de hablantes nativos nadie tiene el acento correcto, y un acento extranjero no deja a nadie fuera de la conversación. Lo que deja fuera es otra cosa: los errores de arriba no hacen acento, hacen otra frase. Li lavas lian aŭton y estas laca se entienden perfectamente entre nosotros —un castellanohablante reconstruye sin esfuerzo lo que quería decir el otro castellanohablante, porque comparte el error—, y dejan de decir lo que querían decir en el momento en que quien escucha no tiene nuestra lengua en la cabeza. Ese es todo el argumento: no se trata de hablar bien, se trata de que la reconstrucción no la pueda hacer solo un compatriota.
Fuentes
- Plena Manlibro de Esperanta Gramatiko (PMEG), de Bertilo Wennergren — la gramática descriptiva de referencia, en línea y gratis. En particular las E-vortoj, los participios, los pronombres y las reglas básicas de pronunciación.
- Las dieciséis reglas del Fundamento, Akademio de Esperanto — la novena regla («cada palabra se lee tal como se escribe») y la décima (el acento siempre en la penúltima sílaba).
- DLE y DIEC2 para idiotismo, y el Liddell-Scott para el griego ἰδιώτης.
- Esperanto desde cero, de Eduardo Alonso — el manual con el que hemos dado clase aquí.
- Reta Vortaro y Plena Ilustrita Vortaro — los dos diccionarios de referencia. Las definiciones de los pares léxicos y de las palabras de esta página (
drinki,spekti,roso,selo,celo,ĉelo) están comprobadas ahí.
Véase también
- Preguntas frecuentes sobre el esperanto
- Curiosidades sobre el esperanto
- Aprende esperanto desde cero: materiales del curso
Referencias
Leer en:
