El hebreo es, según el sociolingüista Joshua Fishman, el único caso conocido de una lengua que no tenía hablantes nativos y que ha acabado siendo la lengua de cada día de una sociedad entera. No lo consiguió un hombre solo, sino una red de escuelas, un sindicato de maestros, unas colonias agrícolas, una huelga escolar, oleadas de inmigración, un mandato internacional que la hizo oficial y, desde 1948, un estado. Eliezer Ben-Yehuda llegó a Palestina en 1881, y Ludwik Zamenhof publicó el primer manual de esperanto en 1887: dos proyectos lingüísticos de dos judíos del Imperio ruso, de la misma década. El hebreo acabó teniendo detrás todas esas palancas; el esperanto, ninguna. El indonesio y el suajili enseñan la parte que falta: incluso con un estado a favor, saber una lengua y vivir en ella no son lo mismo. Y el propio Fishman añade la lección que más nos sirve: las instituciones ayudan, pero lo que hace vivir una lengua son grupos pequeños y densos de gente que la usa de verdad.

A la izquierda, hablantes de hebreo entre la población judía: 40 % en 1916-18 (fuera de Jerusalén) y 75 % en 1948. A la derecha, el indonesio: lo sabía hablar el 41 % de la población en 1971, el 62 % en 1980 y el 83 % en 1990; era la primera lengua del 11,9 % en 1980 y del 15,5 % en 1990, y la lengua de cada día en casa del 20 % en 2010.
Dos proyectos judíos de la misma década
Eliezer Ben-Yehuda y su mujer desembarcaron en Jaffa en octubre de 1881, y la casa que montaron fue, según la Encyclopaedia Judaica, «the first Hebrew-speaking home established in Palestine», el primer hogar de Palestina donde se hablaba hebreo; su hijo Itamar Ben-Avi aparece en ella como «the first modern Hebrew-speaking child», el primer niño de la época moderna que hablaba hebreo. En julio de 1887, Zamenhof publicaba en Varsovia el primer manual de la Lingvo Internacia, según la biografía de Aleksander Korĵenkov.
El paralelismo lo ha trazado Humphrey Tonkin, especialista en literatura inglesa del Renacimiento que presidió la Universidad de Hartford y también la Asociación Universal de Esperanto (la UEA, la organización internacional de los esperantistas), en un artículo académico de 2015:
Zamenhof’s Esperanto came shortly before Ben-Yehuda’s revived Hebrew. His target community was (mostly) the world’s educated elite; Ben-Yehuda’s was worldwide Jewry. Both planners were driven not by linguistic interest but by sociopolitical ideology rooted in reaction to anti-Semitism and imbued with the idea of progress.
El esperanto de Zamenhof llegó poco antes que el hebreo revivido de Ben-Yehuda. La comunidad a la que se dirigía era (sobre todo) la élite instruida del mundo; la de Ben-Yehuda, el conjunto de los judíos. A los dos planificadores no los movía un interés lingüístico sino una ideología sociopolítica, nacida como reacción al antisemitismo e impregnada de la idea de progreso.
Tonkin concluye que el esperanto «was successful as linguistic system and community language, less as generally accepted lingua franca», ha tenido éxito como sistema lingüístico y como lengua de una comunidad, menos como lengua franca aceptada en general. Norman Berdichevsky, que en 1986 comparó las dos vidas para la revista israelí Ariel, lo dice de otra manera: «The greatest irony in Zamenhof’s life was his failure to appreciate the possibility of reviving Hebrew», la mayor ironía de la vida de Zamenhof fue no ver que el hebreo podía revivir.
Por qué una lengua nueva lo tiene todo en contra
Una lengua vale, para quien la aprende, en proporción a la gente con quien le permite hablar. Es lo que los economistas llaman efecto red: el valor de un servicio crece con el número de personas que lo usan, como formalizaron Michael Katz y Carl Shapiro en un artículo de 1985. El economista François Grin lo aplica a las lenguas en un informe de 2005 (p. 58): quien aprende una lengua aumenta el número de interlocutores de todos los que ya la hablaban, y eso es lo que la teoría económica llama una «externalité positive», una externalidad positiva.
La otra cara es que, si nadie habla una lengua, aprenderla no sirve para nada, y por tanto nadie la aprende. Lo contamos con WhatsApp y Telegram: la gente no cambia de aplicación aunque la otra le guste más, porque sus contactos están donde están. Y cambiar de lengua no cuesta un minuto, sino años.
Ben-Yehuda no lo hizo solo
La versión popular de la historia tiene un héroe: Ben-Yehuda, que habla hebreo en casa y compila el gran diccionario. Benjamin Harshav, en Language in Time of Revolution (1993, p. 180), dice otra cosa:
Ben-Yehuda was the first visible propagandist who launched the idea of the revival of Hebrew and started the momentum of creating new words in all areas of life. He had almost no social influence.
Ben-Yehuda fue el primer propagandista visible que lanzó la idea de revivir el hebreo y puso en marcha la creación de palabras nuevas para todos los ámbitos de la vida. No tuvo casi ninguna influencia social.
El cambio, según Harshav, lo hicieron otros: «It was only the new line, the social cells of the Second Aliya, that actualized Hebrew speech in a social framework», solo la nueva línea, las células sociales de la Segunda Aliá (la oleada de inmigrantes judíos que empieza oficialmente a finales de 1903), hicieron del hebreo hablado la lengua de un grupo. Entre 1881 y 1904, escribe en la p. 174, «perhaps only a few individuals actually turned it into their base language», quizá solo unos cuantos individuos lo convirtieron de verdad en su lengua principal.
La Academia de la Lengua Hebrea cuenta la historia de su predecesor, y también aparecen en ella los maestros. Ben-Yehuda y unos compañeros de Jerusalén fundaron la sociedad Safa Brura en 1889; de ella nació el Va’ad ha-Lashon, el Comité de la Lengua, que «disbanded in 1891», se disolvió en 1891. Lo devolvió a la vida en 1904 el sindicato de maestros, «which wanted to make Hebrew the language of instruction and common speech in schools», que quería hacer del hebreo la lengua de las clases y de la conversación en la escuela, y necesitaba palabras para enseñar. La Encyclopaedia Judaica no menciona la interrupción: dice que Ben-Yehuda presidió el comité desde 1890 «until his death», hasta su muerte.
El círculo que había que romper
La idea central de Harshav es un efecto red explicado sin usar la palabra. Para que una lengua viva, dice, tiene que ser a la vez la lengua principal de una sociedad, la de unas personas y la de unos textos, y cada una de las tres necesita las otras dos (p. 175-176):
The connection between the three intertwined systems is circular. Hence the difficulty of the revival of the language was inherent in the need to break into the circle and establish its three interdependent areas almost at the same time.
La conexión entre los tres sistemas entrelazados es circular. De ahí viene la dificultad de revivir la lengua: había que romper el círculo y establecer las tres áreas, que dependen unas de otras, casi al mismo tiempo.
Unas líneas antes está la frase que más nos interpela: «without a living society in Hebrew, a Hebrew-speaking individual is nothing but a curiosity or a Don Quixote (or a «Ben-Yehuda»)», sin una sociedad viva en hebreo, un individuo que habla hebreo no es más que una curiosidad o un Quijote (o un «Ben-Yehuda»).
El salto, según Harshav (p. 174), se dio en tres tiempos: entre 1881 y 1904, la enseñanza de «el hebreo en hebreo»; entre 1906 y 1913, grupos de trabajadores y de escolares que querían vivir en hebreo y las primeras instituciones que funcionaban en hebreo, escuelas y una ciudad; y a partir de 1918, con el Mandato británico, «a network of institutions encompassing all of Palestine», una red de instituciones que cubría todo el país.
Escuelas, maestros y una huelga
El momento que se suele tratar como decisivo es la guerra de las lenguas, la «campaign waged during the winter of 1913/14 by the Hebrew Teachers’ Union in Ereẓ Israel against the Hilfsverein der deutschen Juden» (Encyclopaedia Judaica): la campaña del sindicato de maestros hebreos contra la asociación de los judíos alemanes que tenía en Palestina una red de escuelas y preparaba una escuela técnica en Haifa, el actual Technion, donde quería enseñar las ciencias en alemán. Los Archivos Sionistas Centrales recuerdan que, de las muchas escuelas judías del país en aquellos años, «only in six were the studies conducted in Hebrew», solo en seis se daban las clases en hebreo, y que al final «teachers and students boycotted Ezrah [el Hilfsverein] institutions and founded competing schools», maestros y alumnos boicotearon sus escuelas y fundaron otras. Ben-Zion Fischler, en un artículo de 1990, cuenta que «thousands of children and teachers left the schoolrooms to hold their lessons in the open air», miles de niños y maestros salieron de las aulas para dar clase al aire libre. Según los Archivos, el Hilfsverein acabó cediendo, y poco después la guerra mundial lo paró todo.
Del Mandato a la Academia
Cuando la Sociedad de Naciones confió Palestina al Reino Unido, el artículo 22 del Mandato de 1922 decía: «English, Arabic and Hebrew shall be the official languages of Palestine», el inglés, el árabe y el hebreo serán las lenguas oficiales de Palestina. Para el hebreo, que cuarenta años antes casi no tenía hablantes nativos, era el paso de la conversación a la administración. Entonces era la lengua de una minoría: según el censo británico de 1922 (tabla XXI, p. 56), de los 757.182 habitantes censados en Palestina, 657.560 hablaban habitualmente árabe y 80.396 hebreo.
En 1953 el Parlamento de Israel aprobó «the Law of the Supreme Institution for the Hebrew Language», que creó la Academia. La propia Academia admite que llegaba después del trabajo: «By the time the Academy was established in 1953, Hebrew was already the accepted lingua franca of the Jews in Israel», el hebreo ya era la lengua común aceptada de los judíos de Israel. Desde 2018, la Ley Básica sobre el estado nación dice en el artículo 4 que «Hebrew is the language of the State» y que el árabe tiene «a special status», un estatus especial. El mismo artículo añade que nada de él menoscaba «the status given to the Arabic language in practice, before this basic-law came into force», el estatus que el árabe tenía en la práctica antes de que la ley entrara en vigor.
Las cifras, con la letra pequeña
El demógrafo Roberto Bachi da en la Encyclopaedia Judaica la serie que se suele citar. Al final de la época otomana, el hebreo «had succeeded in winning over some 34,000 (40% of the total Jewish population)», había ganado a unos 34.000, el 40 % de la población judía, sobre todo entre los jóvenes de las colonias nuevas y de Tel Aviv. La cifra viene del censo de 1916-18, y la tabla de la misma entrada lleva una nota que el texto no dice: el 40 % es fuera de Jerusalén. Entre los niños era del 54 %, y Fischler añade que en Tel Aviv y en las colonias agrícolas llegaba al 77 %.
En 1948, siempre según Bachi, «511,000 persons, 75% of the total, used Hebrew as their only or principal language», el 75 % de los judíos usaba el hebreo como lengua única o principal. La inmigración masiva de los años siguientes hizo bajar la proporción, que después, dice Bachi, «again largely increased», volvió a crecer mucho.
Hoy la Oficina Central de Estadística de Israel da una cifra que parece contradecirlo todo: en la encuesta social de 2011, solo el 49 % de la población de 20 años o más tiene el hebreo como lengua materna (el 60 % de los de 20 a 44 años, el 18 % de los de 65 o más); el 18 % tiene el árabe, y el 15 %, el ruso. Pero entre los nacidos en la antigua Unión Soviética, que solo en un 48 % hablan hebreo en casa, el 93 % de los que trabajan lo habla en el trabajo.
El indonesio: la lengua de casi nadie, para todos
El 28 de octubre de 1928, el Segundo Congreso de la Juventud Indonesia, reunido en Batavia (la actual Yakarta), aprobó el Sumpah Pemuda, el Juramento de la Juventud. El tercer punto dice, según la transcripción de James Sneddon en The Indonesian Language (2003, p. 101-102): «Kami putera dan puteri Indonesia menjunjung bahasa persatuan, Bahasa Indonesia», nosotros, hijos e hijas de Indonesia, defendemos la lengua de la unidad, la lengua indonesia.
No era la lengua de la mayoría. El javanés lo hablaba «about 40 per cent of the overall population», alrededor del 40 % de la población (p. 104), mientras que el malayo, base del indonesio, «was the native language of only about 5 per cent of the people of the Dutch East Indies in 1928» (p. 105), era la lengua materna de solo un 5 %. Sneddon desmiente una explicación que circula mucho: «It is sometimes erroneously stated that Malay was chosen because it was ‘simple and easy to learn’» (p. 103), a veces se dice erróneamente que se eligió porque era «simple y fácil de aprender». Era la lengua del comercio entre pueblos y de la escuela elemental de todo el archipiélago, y con tan pocos hablantes nativos no amenazaba a nadie; el javanés, en cambio, «would be seen as giving significant advantages to native speakers» (p. 104), se habría visto como una ventaja para quienes lo hablaban de nacimiento.
El historiador Benedict Anderson, en un artículo de 1966 que Sneddon cita, lo dijo con una comparación que nos toca de cerca (p. 105): el malayo, como lengua franca, «had ipso facto an almost statusless character, like Esperanto, and was tied to no particular regional social structure», tenía por eso mismo un carácter casi sin rango, como el esperanto, y no estaba ligado a ninguna estructura social regional.
No hay que exagerar el juramento: la frase que se repite hoy, «Kita berbahasa satu», tenemos una sola lengua, es una reescritura de 1938 que los delegados, «many of whom had only poor Malay», muchos de los cuales hablaban mal el malayo, difícilmente habrían formulado (p. 102). La Constitución de 1945 la hizo lengua nacional en el artículo 36.
El resultado tiene dos caras. La parte de la población que sabía hablar indonesio pasó del 41 % en 1971 al 62 % en 1980 y al 83 % en 1990 (Sneddon, tabla 10.3). Pero como primera lengua solo la tenían el 11,9 % en 1980 y el 15,5 % en 1990 (tabla 10.5), y en el censo de 2010 era la lengua de cada día en casa del 19,95 % de la población de cinco años o más, según Ananta y otros (2016, p. 8). En 1990 ya la sabían más de cuatro de cada cinco indonesios; en 2010, cuatro de cada cinco no la hablaban en casa.
El suajili: lengua nacional hasta la primaria
Tanzania hizo del suajili la lengua nacional desde los primeros años sesenta; las fuentes no coinciden en la fecha exacta. Según la lingüista Malin Petzell (2012), con el presidente Julius Nyerere Tanzania «became the first country in Africa to make an African language the national one», fue el primer país de África que hizo nacional una lengua africana, y en 1967 se creó el BAKITA, el Consejo Nacional del Suajili. Karsten Legère (2006) cuenta que a partir de 1967 el suajili dominó casi todo lo que tenía que ver con los dirigentes y la administración.
Y aun así, escribe Petzell, «the medium of instruction at all levels above primary school is English», el inglés es la lengua de enseñanza por encima de la primaria. Legère explica que en 1969 se decidió introducir el suajili en la secundaria y que en 1984 el gobierno lo deshizo: «Lugha ya Kiingereza itaimarishwa katika ngazi zote za elimu», el inglés se reforzará en todos los niveles de la educación. En 2006, recuerda, el suajili aún no era por ley la lengua oficial del país.
Finés, checo e irlandés
Los casos europeos del siglo XIX muestran otra palanca, la administración. En Finlandia, Alejandro II dictó en 1863 un rescripto por el que el finés debía ser «senast 1883 […] likaberättigad», igual en derechos al sueco como muy tarde en 1883, en lo que afectaba directamente a la población finesa; la igualdad completa llegó en 1902. En Bohemia y Moravia, las ordenanzas lingüísticas de Stremayr (1880) igualaron el checo y el alemán en el trato con los ciudadanos, y las de Badeni (1897) también en el trabajo interno de la administración, con la obligación de que los funcionarios supieran las dos lenguas; la oposición de los políticos alemanes hizo caer el gobierno, y en 1899 se volvió a la situación anterior.
El irlandés es el contraejemplo más conocido: en el censo de 2022, 1.873.997 personas dijeron que lo sabían hablar, y 71.968 lo hablaban cada día fuera del sistema educativo.
Fishman: las instituciones, al alcance y no por encima
Joshua Fishman, autor de Reversing Language Shift (1991), un estudio de por qué la mayoría de los intentos de revitalizar una lengua fracasan, corrige la lectura fácil de todo lo anterior. En una conferencia de 1995, publicada en Stabilizing Indigenous Languages (1996), confirma primero que el hebreo es la única lengua que conoce «to have become fully societally revived from the written record», que se haya recuperado del todo como lengua de una sociedad a partir solo de los textos (p. 167). Y después dice que las instituciones no fabrican hablantes nativos (p. 171):
We can organize for languages of school; we can organize for languages of church; we can organize for languages of government […]. Yet none of the foregoing result in informal, inter-generational mother-tongue transmission. All those thousands of years that Hebrew was transmitted through formal institutions did not help it to become a mother-tongue.
Podemos organizarnos para la lengua de la escuela, para la de la iglesia, para la del gobierno […]. Pero nada de eso lleva a la transmisión informal de la lengua materna de una generación a otra. Todos los miles de años en que el hebreo se transmitió por instituciones formales no lo ayudaron a convertirse en lengua materna.
Lo que lo cambió, según Fishman, fueron grupos que rompieron con la sociedad de donde venían e hicieron una nueva. De ahí su fórmula (p. 172): «Institutions, although important, should be on tap and not on top of a language», las instituciones, aunque importantes, tienen que estar al alcance de la lengua y no por encima; los irlandeses lo aprendieron tarde, por haber confiado la lengua «on the school and on the Minister of Finance», a la escuela y al ministro de Hacienda.
Y la noticia que más nos interesa: «it is possible for small groups of quite atypical individuals to re-arrange their lives individually and collectively exactly in this revolutionary way», es posible que grupos pequeños de personas bastante atípicas reorganicen su vida de esta manera revolucionaria. Cuanto más debilitada está una lengua, más pequeños son esos grupos, porque «in language as in business, nothing succeeds like success», en las lenguas como en los negocios, nada tiene tanto éxito como el éxito.
Zamenhof ya pensaba en redes
Zamenhof pasó cinco años en Ĥibat-Cion («amor a Sión»), el movimiento precursor del sionismo, y lo dejó en 1887, según el estudio de N. Z. Maimon (lo contamos en Zamenhof sionista). En el folleto ruso de 1901 sobre el hilelismo, según el resumen de Korĵenkov (p. 38), una de las razones que daba era que los judíos no tenían una lengua común viva: el hebreo era lengua de antigüedad y de religión, tan extraña para un judío como para cualquier otro. La historia lo desmintió; es la gran ironía de la que habla Berdichevsky.
Pero ese mismo año, en una carta a Abram Kofman del 15 (28) de mayo de 1901 recogida en la Originala Verkaro (1929, p. 322-323), Zamenhof explicaba por qué el esperanto tampoco estaría nunca seguro. Korĵenkov cita su parte central a partir de la antología Mi estas homo (p. 39-40 de su biografía):
Se eĉ ĉiuj akademioj de la mondo akceptus Esperanton, se eĉ milionoj da personoj ĝin uzadus—nenio garantias, ke en la daŭro de unu jaro ĝi subite ne estos forĵetita kaj forgesita por eterne! […] Lingvo Internacia fortikiĝos por ĉiam nur en tia okazo, se ekzistos ia grupo da homoj, kiuj akceptus ĝin kiel sian lingvon familian, heredan. Cento da tiaj homoj estas por la ideo de lingvo neŭtrala multege pli grava ol milionoj da aliaj homoj.
Aunque todas las academias del mundo aceptaran el esperanto, aunque lo usaran millones de personas, ¡nada garantiza que en un año no lo abandonen y lo olviden para siempre! […] La Lengua Internacional solo se asegurará para siempre si existe algún grupo de personas que la acepte como su lengua familiar, hereditaria. Un centenar de personas así son, para la idea de una lengua neutral, muchísimo más importantes que millones de otras.
Leída hoy, es la idea de Harshav y de Fishman dicha noventa años antes: lo que sostiene una lengua no es el número de quienes la conocen, sino un núcleo donde es la lengua de verdad. Zamenhof pensaba que ese núcleo tenía que ser un pueblo, y durante un tiempo creyó que tenía que ser el judío; el proyecto del hilelismo, después homaranismo, encontró pocos seguidores.
Nuestra lectura
Lo que sigue es opinión nuestra, no un dato.
El hebreo enseña el tamaño del trabajo. Para romper un efecto red en contra hicieron falta escuelas, un sindicato de maestros dispuesto a ir a la huelga, colonias donde era la lengua del trabajo, inmigrantes sin otra lengua común, un mandato que la hizo oficial y, desde 1948, un estado. Y aun así, en 1916-18, treinta y cinco años después de que llegara Ben-Yehuda, la hablaba el 40 % de los judíos de fuera de Jerusalén. El indonesio y el suajili dicen que, incluso con un estado a favor, una lengua puede ser la que todos saben y no la que todos usan.
El esperanto no ha tenido nunca ninguna de estas palancas, y no es realista esperarlas. Presentarlo como la lengua que algún día aprenderá todo el mundo es pedirle lo que el hebreo no consiguió sin un estado. Lo que sí está al alcance es lo que Fishman describe y Zamenhof intuía: microefectos red. Grupos pequeños donde el esperanto es de verdad la lengua útil para algo concreto: un encuentro donde es la única lengua común, un grupo de chat con gente de diez países, un ciclo de charlas, una familia, un club de lectura. En cada uno de esos grupos, quien lo aprende gana algo desde el primer día.
Lo hemos aplicado a la ciencia en esperanto, donde lo que funciona es la divulgación y no la investigación; a por qué el esperanto habla tanto de sí mismo, donde el mismo mecanismo decide qué contenidos sobreviven; y a WhatsApp y Telegram, donde se ve el efecto red en estado puro.
Fuentes
Hebreo
- Harshav, Benjamin. Language in Time of Revolution. Berkeley: University of California Press, 1993. Págs. 152-180 en la lectura del curso de la York University · ficha de la editorial
- Encyclopaedia Judaica (2.ª ed., 2007). «Ben-Yehuda, Eliezer»; «Language War».
- Bachi, Roberto. «Land of Israel: Population», Encyclopaedia Judaica, apartado «Use of Languages and Literacy» y tabla de hablantes de hebreo.
- Academia de la Lengua Hebrea. «Our History» y «Eliezer Ben-Yehuda», copias del Internet Archive.
- Archivos Sionistas Centrales. «The Language War».
- Fischler, Ben-Zion. «Hebrew as a Binding Force». Ariel, 81, 1990, págs. 84-89. Texto en ERIC
- Sociedad de Naciones. Mandato para Palestina, 24 de julio de 1922, artículo 22.
- Knesset. Ley Básica: Israel, estado nación del pueblo judío, 2018, artículo 4.
- Gobierno de Palestina. J. B. Barron (ed.), Report and General Abstracts of the Census of 1922. Jerusalén, 1922, tabla XXI, «Languages habitually spoken in Palestine», p. 56. Texto completo · copia en Wikimedia Commons
- Oficina Central de Estadística de Israel. Nota de prensa 017/2013, 21 de enero de 2013: datos de la encuesta social de 2011 sobre el dominio del hebreo y el uso de las lenguas (en hebreo).
Indonesio, suajili, finés, checo e irlandés
- Sneddon, James. The Indonesian Language: Its History and Role in Modern Society. Sídney: UNSW Press, 2003. Copia en el Internet Archive
- Anderson, Benedict R. O’G. «The Languages of Indonesian Politics». Indonesia, 1, 1966, págs. 89-116. Texto en Cornell eCommons
- Ananta, Aris; Utami, Dwi Retno Wilujeng Wahyu, y Purbowati, Ari. «Declining Dominance of an Ethnic Group in a Large Multi-ethnic Developing Country: The Case of the Javanese in Indonesia». Population Review, 55(1), 2016, págs. 1-26. Texto completo
- Indonesia. Constitución de 1945, con las enmiendas de 1999-2002, artículo 36 (traducción inglesa no oficial).
- Petzell, Malin. «The linguistic situation in Tanzania». Moderna språk, 2012:1, págs. 136-144. Texto completo
- Legère, Karsten. «Formal and Informal Development of the Swahili Language: Focus on Tanzania». Selected Proceedings of the 36th Annual Conference on African Linguistics, Cascadilla, 2006, págs. 176-184. Texto completo
- Uppslagsverket Finland. «Språklagstiftning».
- CoJeCo. «jazyková nařízení».
- Central Statistics Office (Irlanda). Census of Population 2022 – Summary Results: Education and Irish Language.
Teoría y comparaciones
- Fishman, Joshua A. «Maintaining Languages: What Works? What Doesn’t?». En Gina Cantoni (ed.), Stabilizing Indigenous Languages. Flagstaff: Northern Arizona University, 1996, págs. 165-175. Texto completo
- Katz, Michael L., y Shapiro, Carl. «Network Externalities, Competition, and Compatibility». The American Economic Review, 75(3), 1985, págs. 424-440. JSTOR
- Grin, François. L’enseignement des langues étrangères comme politique publique. París: Haut Conseil de l’évaluation de l’école, 2005, apartado 5.2, págs. 57-58. Texto completo
- Tonkin, Humphrey. «Language Planning and Planned Languages: How Can Planned Languages Inform Language Planning?». INDECS, 13(2), 2015, págs. 193-199. doi:10.7906/indecs.13.2.1 · nota biográfica en los archivos de la Universidad de Pensilvania
- Berdichevsky, Norman. «Zamenhof and Esperanto». Ariel, 64, 1986, págs. 58-71. Texto en The Autodidact Project
Zamenhof
- Maimon, N. Z. «La cionista periodo en la vivo de Zamenhof». Nica Literatura Revuo, 3/4, págs. 126-137, y 3/5, págs. 165-177. Primera parte y segunda parte, copias del Internet Archive.
- Zamenhof, L. L. Carta a Abram Kofman, 15 (28) de mayo de 1901. En Johannes Dietterle (ed.), Originala Verkaro. Leipzig: Ferdinand Hirt & Sohn, 1929, págs. 322-323. Texto en The Autodidact Project
- Korĵenkov, Aleksander. Zamenhof: The Life, Works and Ideas of the Author of Esperanto. Esperantic Studies Foundation, 2009 (versión abreviada en inglés de Homarano), capítulos XIII-XIV. Texto completo
Las traducciones al castellano de las citas en inglés, francés, sueco, indonesio, suajili y esperanto son nuestras.
Véase también
- Zamenhof sionista: la patria judía del Misisipi y el rechazo del homaranismo
- Se puede hacer ciencia en esperanto. ¿Por qué habría que hacerla?
- La lengua para hablar de todo, especializada en hablar de sí misma
- WhatsApp y Telegram: por qué vale la pena tener también Telegram
- En el glosario: lengua planificada, planificación lingüística y revitalización lingüística.
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