Muchos de los argumentos que se emplean sobre el esperanto —tanto en contra como a favor— parten de una observación real. El problema aparece cuando se concluye de ella más de lo que esa observación permite. Aquí hay quince, examinados en premisas y conclusión: cinco que se usan contra la lengua, seis a favor y cuatro que ambos lados utilizan por igual. La pregunta de cada ficha no es si el argumento causa buena impresión, sino qué queda de él cuando se le quita la exageración —porque casi siempre queda algo.
Esta página no se pregunta principalmente si cada afirmación sobre el esperanto es cierta o falsa, sino qué permite concluir una vez establecida. Para las afirmaciones una por una —si es fácil, si es neutral, si tiene cultura— ya tenemos Esperanto, sí, pero…, que las revisa con su fuente. Aquí la pregunta es la otra: aceptado eso, ¿qué se sigue?
Dónde mirar cuando un argumento no acaba de sostenerse
No son tres categorías formales y excluyentes: son tres lugares donde mirar, y la experiencia dice que conviene mirarlos en este orden.
1. Las premisas. El razonamiento puede ser impecable y el dato que lo alimenta no sostenerse. Aquí el error no es de lógica, es de documentación —y es el más fácil de resolver, porque se resuelve yendo a la fuente.
2. El paso de las premisas a la conclusión. Las premisas pueden ser ciertas y la conclusión no estar sostenida por ellas. El non sequitur de manual.
3. El salto que no se enuncia. Este es el más difícil de ver, porque el argumento, tal como está escrito, es correcto: prueba una conclusión modesta. Lo que pasa es que en la conversación se usa como si probara una mucho mayor, y el paso de una a otra no lo escribe nadie. Formalmente es un caso del número 2, pero merece nombre propio: aquí ambos lados suelen tener razón en cosas distintas y creen que discrepan sobre los hechos.
Una precaución antes de empezar: encontrar un defecto en un argumento no demuestra que la conclusión sea falsa. Se puede llegar a algo cierto por un camino pésimo. Lo que viene dice qué sostiene cada argumento, no quién tiene razón.
En cada ficha, Forma, Dónde falla y Qué queda son análisis nuestro; El caso es el dato documentado, con la fuente.
I. Los argumentos contra el esperanto
1. «Es artificial, por tanto no es una lengua de verdad»
Forma. P1: una lengua de verdad nace sola, sin que nadie la diseñe. · P2: el esperanto lo diseñó una persona, y lo publicó en 1887. · ∴ el esperanto no es una lengua de verdad.
Dónde falla. En P1, y de un modo que cuesta ver porque suena a constatación: P1 no es una observación sobre el mundo, es una definición. Dice qué acordamos llamar lengua, y lo dice poniendo el origen como criterio. Aceptada, la conclusión efectivamente se sigue; lo que hay que discutir, pues, no es el razonamiento sino si esa definición se sostiene. Y no se sostiene bien por dos motivos. El primero es que trata como excluyentes dos categorías que no lo son: la planificación deliberada y la evolución espontánea pueden convivir en una misma lengua. El hebreo moderno se revitalizó con una intervención planificada y sostenida; el vasco unificado lo fijó Euskaltzaindia en 1968. Ninguno de los dos demuestra nada sobre el esperanto —el vasco existía mucho antes del batua y el hebreo, mucho antes de la revitalización—, y no hace falta que lo demuestren: lo que muestran es que P1 corta por donde no hay frontera. El segundo motivo es que el criterio no dice nada de lo que una lengua hace, y es lo que hace lo que nos interesa cuando preguntamos si sirve para hablar. La prueba, pues, no puede salir de una definición: tiene que salir del uso, y de eso sí que hay.
Qué queda. Una pregunta empírica buena, y que los esperantistas suelen contestar demasiado deprisa: una lengua sin territorio, sin transmisión intergeneracional generalizada y sin un estado que la sostenga afronta dificultades específicas de difusión y de norma. Eso es cierto, es importante, y no es lo que dice el argumento.
El caso. Si el criterio se cambia por uno funcional —qué hace la lengua, en vez de de dónde viene—, la respuesta ya no es una opinión. Jouko Lindstedt enumera tres propiedades que acercan el esperanto de hoy a una lengua natural. La norma está parcialmente no codificada: el esperanto «cannot be learnt from textbooks, grammars and dictionaries alone, but only by participating in the speech community». Diversos cambios gramaticales y léxicos de sus primeros ciento veinte años «have not been due to official or unofficial language planning and codification, but have been initiated and spread by anonymous speakers, being codified only afterwards (or not at all)». Y tiene hablantes de primera lengua: unos mil, «my own estimate … based on my personal participation in different meetings and networks of Esperanto-speaking families» —una estimación suya, hecha desde dentro, no un censo (SKY Journal of Linguistics 19, 2006, pp. 47-48). Dicho de otro modo: una lengua a la que su regulador tiene que perseguir. Cuando la Akademio fijó, el 25 de noviembre de 1967, el sentido de los participios pasivos, declaró que «ĉia eblo de dusenceco … estas do forigita per ĉi tiu decido» —queda eliminada toda posibilidad de ambigüedad—; en 1989 tuvo que volver sobre ello con una resolución diciendo que desatenderla «devas esti konsiderata kiel lingva eraro» (Akademio de Esperanto).
2. «Si fuera bueno, ya habría triunfado»
Forma. P1: una solución mejor acaba siendo adoptada. · P2: el esperanto no ha sido adoptado de manera general como lengua auxiliar internacional. · ∴ el esperanto no es mejor.
Dónde falla. En P1. Que la mejor opción se imponga exige unas condiciones que en las lenguas no se dan casi nunca: que quienes eligen conozcan las alternativas, que puedan elegir por separado y que el valor de lo que eligen no dependa de qué han elegido los demás. En una lengua, esa última condición falla siempre. Su valor depende en buena parte del número de personas con las que te deja hablar, o sea que la adopción se alimenta de sí misma, y quien se mueva antes que los demás obtiene muy poco. Por eso la adopción observada no permite aislar la calidad intrínseca: refleja una mezcla de calidad, historia y coordinación.
Qué queda. Que el esperanto tiene un problema de adopción grave y real. Eso sí que se sigue de P2, y es un dato que cualquier propuesta esperantista tiene que explicar —sobre todo si afirma que la lengua es extraordinariamente fácil de difundir.
El caso. El inglés en Europa ilustra bien la situación que ese mecanismo intenta explicar. El 97,6 % de los alumnos de secundaria inferior de la UE estudian inglés, y la cifra era el 97,7 % diez años atrás: «almost unchanged», dice Eurostat. El dato no explica por sí solo por qué está ahí, pero tampoco permite atribuir esa posición a las propiedades gramaticales del inglés; quien use P1 contra el esperanto debería decir por qué no la aplica también aquí.
Y conviene ver el giro. Aplicada dentro del campo de las lenguas planificadas, la misma P1 da la conclusión contraria. Los proyectos de lengua internacional son muchos —la Declaración de Boulogne ya hablaba en 1905 de los «multegaj provoj, faritaj en la daŭro de la lastaj du centjaroj», los muchísimos intentos hechos en los dos últimos siglos—. No es que los demás hayan desaparecido todos: el ido, de 1907, y la interlingua, de 1951, todavía tienen hablantes, literatura y organizaciones. La continuidad sola, pues, no es lo que distingue al esperanto: lo que ningún otro proyecto ha alcanzado es una dimensión comunitaria e institucional comparable manteniendo a la vez esa continuidad. A Detlev Blanke le hizo falta un artículo para explicar sus causas, con la cautela ya puesta en el título: «Causes of the relative success of Esperanto» (Language Problems and Language Planning 33(3), 2009; de pago, no hemos leído más que la referencia). Si identificáramos adopción con calidad, tendríamos que llegar a una conclusión muy favorable al esperanto en ese campo. No la sacamos, porque sería el mismo error; pero quien usa P1 en contra no puede esquivarla.
3. «El esperanto ha fracasado»
Forma. P1: el objetivo del esperanto era ser la lengua auxiliar de la humanidad. · P2: no lo es. · ∴ el esperanto ha fracasado. · ∴∴ no sirve para nada.
Dónde falla. En el segundo ∴, que casi nunca se escribe pero siempre se usa: de «no ha conseguido un objetivo» no se sigue «no ha conseguido ninguno». Y P1 necesita precisión, porque mezcla tres cosas que la Declaración de Boulogne de 1905 distingue. Difundir su uso por todo el mundo sí que es la definición misma de esperantismo: «penado disvastigi en la tuta mondo la uzadon de lingvo neŭtrale homa». Sustituir las lenguas nacionales, no: esa misma frase pone entre comillas que la lengua tiene que ser algo que vaya «ne entrudante sin en la internan vivon de la popoloj kaj neniom celante elpuŝi la ekzistantajn lingvojn naciajn» —sin meterse en la vida interna de los pueblos ni pretender en absoluto expulsar de ella las lenguas nacionales—, y el uso institucional se plantea solo «en tiuj landoj, kie diversaj nacioj batalas inter si pri la lingvo», en los países donde diversas naciones se disputan la lengua. Y cualquier otra cosa queda fuera expresamente: «ĉiu alia ideo aŭ espero, kiun tiu aŭ alia esperantisto ligas kun la Esperantismo, estos lia afero pure privata, por kiu la Esperantismo ne respondas». El texto fundacional prevé el problema y lo resuelve al revés de lo que supone P1: las metas añadidas no son suyas.
Qué queda. Hay que separar cuatro cosas que la palabra «esperanto» esconde: la lengua, que funciona o no funciona; el movimiento que la difunde, que puede crecer o menguar; el proyecto de que el esperanto llegue a ser la lengua auxiliar general; y el proyecto de que haya una, sea cual sea. Difundir su uso por el mundo, que es lo que literalmente define Boulogne, es una actividad, no un examen con nota: puede avanzar o retroceder, pero no «fracasa» como fracasa un objetivo terminal. El tercero sí que se puede evaluar con un sí o un no, y la respuesta es no.
Y aun aquí conviene una última distinción, porque «no alcanzado», «fracasado», «abandonado» e «imposible» no son cuatro maneras de decir lo mismo: la primera es una constatación, la segunda presupone que el proyecto está cerrado, la tercera que alguien lo ha dejado, y la cuarta es una predicción sobre el futuro. El argumento las hace pasar por una sola cosa.
Separadas, la ficha se resuelve sola. Si por «fracaso» entendemos que hasta hoy el esperanto no ha llegado a ser la lengua auxiliar general de la humanidad, el fracaso es constatable y no hace falta discutirlo: ciento treinta y nueve años después, no es una cuestión abierta. Si «fracaso» quiere decir que el proyecto está definitivamente acabado, o que la lengua no ha conseguido nada más, esa conclusión ya no se sigue. Eso explica por qué dos personas pueden discutir sobre el fracaso del esperanto estando de acuerdo en todos los hechos.
El caso. Que eso no es una constatación hostil lo muestra quien la hizo. En 2016, cuando el Brexit abrió la última ventana institucional que ha tenido el movimiento en Europa, las voces más escépticas eran de dentro: el interlingüista Federico Gobbo escribió que un cambio así del régimen lingüístico europeo «vivas en la lando de romana fikcio» —vive en el país de la novela— (Libera Folio, 22 de julio de 2016), y el secretario de Eŭropa Esperanto-Unio, Zlatko Tišljar, daba por «sendube la plej verŝajna» —sin duda la más probable— la posibilidad de que el inglés saliera reforzado (Eŭropa Bulteno 170, mayo de 2017). Diez años después, el inglés sigue donde estaba; lo hemos repasado en ¿Qué queda del argumento esperantista contra el inglés después del Brexit?.
4. «Es demasiado europeo, por tanto solo es fácil para los europeos»
Forma. P1: el léxico y buena parte de la estructura del esperanto son de origen europeo. · P2: una lengua se aprende más fácilmente cuanto más se parece a la tuya. · ∴ el esperanto solo es fácil para los europeos, y no es neutral.
Dónde falla. Las dos premisas son razonables y la conclusión es absoluta donde el dato es gradual. «Tiene rasgos europeos» y «solo sirve a los europeos» no son lo mismo, y la distancia entre ambas es precisamente lo que hay que medir. Es el error contrario al del argumento 1: allí una definición se disfrazaba de hecho, aquí un hecho gradual se convierte en una conclusión de todo o nada.
Qué queda. Mucho, y es la crítica más seria que ha recibido la lengua. Las raíces son mayoritariamente románicas y germánicas, y eso es una ventaja real para unos hablantes y un coste real para otros. Quien diga que el esperanto es «igual de fácil para todo el mundo» afirma algo que no se sostiene.
El caso. Se ha medido. Mikael Parkvall comparó el esperanto con las lenguas del World Atlas of Language Structures, y la conclusión es exactamente una cuestión de grado: «Esperanto is indeed somewhat European in character, but considerably less so than the European languages themselves» (Language Problems and Language Planning 34(1), 2010; de pago, hemos leído el resumen). Las dos partes de la frase cuentan. Y conviene recordar con qué se compara: si la alternativa real no es una lengua perfectamente equidistante sino el inglés, la pregunta deja de ser «¿es neutral?» y pasa a ser «¿lo es más que la otra?».
5. «Quieren que abandonemos nuestras lenguas»
Forma. P1: los esperantistas quieren sustituir las lenguas nacionales por el esperanto. · P2: las lenguas nacionales valen la pena. · ∴ hay que oponerse.
Dónde falla. En P1, que atribuye una posición que el documento fundacional del movimiento excluye con estas palabras: la lengua tiene que ser una que vaya «ne entrudante sin en la internan vivon de la popoloj kaj neniom celante elpuŝi la ekzistantajn lingvojn naciajn» —sin meterse en la vida interna de los pueblos ni pretender en absoluto expulsar de ella las lenguas nacionales— (Declaración de Boulogne, 1905). Refutar una versión ampliada de una propuesta no refuta la propuesta.
Qué queda. Dos cosas. La primera, que un texto de 1905 no obliga a nadie: que el movimiento no lo pretenda no demuestra qué pasaría si una lengua auxiliar se generalizara de verdad, y esa pregunta es legítima. La segunda, que el mismo documento hace imposible hablar de lo que «quieren los esperantistas» como si fuera una sola cosa: el punto 5 define esperantista como «ĉiu persono, kiu scias kaj uzas la lingvon Esperanto, tute egale por kiaj celoj li ĝin uzas» —todo el que sabe y usa la lengua, sean cuales sean los fines con los que la use—.
El caso. El argumento serio contra una lengua auxiliar general existe y es otro: qué costaría enseñarla, quién lo haría, con qué nivel, con qué ventaja sobre las alternativas y con qué costes de transición. Esa cuenta está hecha en parte —y los resultados no son cómodos para nadie: véanse los argumentos 10 y 11.
II. Los argumentos a favor del esperanto
6. «Solo tiene dieciséis reglas»
Forma. P1: la gramática del Fundamento se presenta en dieciséis reglas. · ∴ el esperanto tiene dieciséis reglas de gramática. · ∴∴ se aprende en una tarde.
Dónde falla. P1 es literalmente cierta, y es el caso más limpio del salto que no se enuncia. El Fundamento no son las dieciséis reglas: son las reglas más el Ekzercaro y el Universala Vortaro, y lo que hace que una frase sea buena o mala en esperanto no cabe en ninguno de los tres. La gramática descriptiva de referencia, el Plena Manlibro de Esperanta Gramatiko de Bertilo Wennergren, ocupa 748 páginas en papel. Eso no mide la dificultad —una gramática larga puede describir una lengua fácil—, pero sí mide la distancia entre «la gramática cabe en dieciséis reglas» y «la descripción de la lengua cabe en dieciséis reglas».
Qué queda. Algo nada pequeño: la morfología es regular y sin excepciones declaradas, y eso puede hacer los primeros pasos especialmente rápidos. Donde se ha medido con grupo de comparación —niños principiantes ingleses, contra el francés— el esperanto resultó más fácil de aprender (argumento 9). La versión modesta de la afirmación es cierta y ya es un argumento fuerte. La fuerte es la que hace que el principiante que llega a la cuarta lección se sienta engañado.
El caso. Que la norma no está toda escrita no lo decimos nosotros: Jouko Lindstedt lo pone como la primera propiedad que acerca el esperanto a una lengua natural —«cannot be learnt from textbooks, grammars and dictionaries alone, but only by participating in the speech community» (SKY Journal of Linguistics 19, 2006, p. 47)—. Es, exactamente, la respuesta al argumento 1 y el límite del argumento 6 a la vez: lo que hace que el esperanto sea una lengua de verdad es lo mismo que hace que no quepa en dieciséis reglas.
7. «Dos millones de hablantes»
Forma. P1: la estimación más citada da dos millones. · ∴ somos dos millones.
Dónde falla. En la lectura de P1: una estimación se convierte en un recuento por el camino. Y la fuente lo dice ella misma. Sidney S. Culbert, que es quien dio la cifra, explica en una carta de 1989 que hasta 1988 no llegó «to a point where I felt justified in rounding it up to two million rather than down to one million» —o sea que dos millones es el resultado de redondear hacia arriba una cifra que igual se habría podido redondear hacia abajo a un millón—, y añade: «It is quite possible that the present number of speakers is no more than one million, but, since error may operate in either direction, could be already higher than two million» (carta a David Wolff, 24 de octubre de 1989).
Qué queda. Que la comunidad existe, que es internacional y que nadie sabe cuántas personas tiene. Las estimaciones serias que hay dan órdenes de magnitud, no cifras: Lindstedt calcula «100,000 with an error margin of half an order of magnitude, i.e., between ca. 30,000 and 300,000» para quienes de verdad hablan la lengua (2006, p. 48, nota 1). Amri Wandel vuelve a llegar a dos millones en 2015, pero de usuarios «within the internet community alone», extrapolando perfiles de Facebook (Interdisciplinary Description of Complex Systems 13(2)) — cosa que no es lo mismo que hablantes.
El caso. El aviso más duro lo da el propio autor de la cifra, en la misma carta: «The tendency to overestimate the number of speakers of one’s own language is not uncommon. Speakers of French, English, and, alas, Esperanto are among the most shameless offenders in this respect». Lo hemos repasado con todas las fuentes en ¿Cuánta gente habla realmente esperanto?.
8. «Es una lengua neutral»
Forma. P1: el esperanto no es la lengua nacional de ningún estado. · ∴ el esperanto es neutral.
Dónde falla. En la palabra, que cambia de sentido en medio del argumento. «Neutral» puede querer decir como mínimo cuatro cosas: que no es la lengua oficial de ningún estado; que es equidistante de todas las lenguas; que no lleva ninguna carga ideológica; y que las organizaciones que la mueven son apolíticas. P1 solo establece la primera. De la primera no se sigue ninguna de las otras tres.
Qué queda. La primera, que no es poco: casi nadie nace con la ventaja de tenerla de casa —los mil hablantes nativos que estima Lindstedt no forman un grupo que fije la norma—, y ningún estado la controla. Es el argumento central del esperantismo y se mantiene entero.
El caso. De la segunda ya hemos hablado en el argumento 4: Parkvall la mide y la respuesta es «en parte». La tercera y la cuarta las ha estudiado Guilherme Fians para la Guerra Fría: la ideología misma de la neutralidad determinaba qué podía publicarse en la revista juvenil Kontakto y cómo, o sea que funcionaba como una forma de censura (Journal of Linguistic Anthropology 34(2), 2024; de pago en Wiley, resumen abierto en el repositorio de St Andrews). Y un contraejemplo de cómo se hace bien: cuando el jurista Manfred Herbert dice que el inglés post-Brexit es «an almost neutral language», precisa inmediatamente en qué sentido —«simply in the sense that English is no longer the language of an EU member state»— y no deja que la palabra haga ningún otro trabajo (International Journal of Language & Law 12, 2023, p. 41).
9. «El esperanto ayuda a aprender otras lenguas»
Forma. P1: el esperanto es regular y transparente. · P2: quien lo estudia coge deprisa conceptos gramaticales generales. · ∴ estudiar esperanto acelera el aprendizaje de la lengua siguiente.
Dónde falla. En ningún sitio, como hipótesis: es razonable y está bien formada. El problema es que es una afirmación causal medible, y ya se ha medido — y lo que sale no es lo que dice el eslogan. Es la diferencia entre una hipótesis y una conclusión.
Qué queda. La parte que los estudios sí sostienen, que no es poca cosa: «for novice child learners, Esperanto was easier to learn than French, and … learning Esperanto may have a levelling effect that compensates for individual differences between children».
El caso. La misma revisión continúa: «these apparent advantages of Esperanto did not translate into measurably greater benefits for the development of metalinguistic awareness, or greater subsequent success in learning another foreign language. Moreover, learning Esperanto could not compensate for low language learning aptitude». Las autoras, Karen Roehr-Brackin y Angela Tellier, los llaman «these sobering results» (Language Problems and Language Planning 42(1), 2018; postprint abierto). El detalle que importa: son los mismos estudios los que dan la parte buena y la mala, o sea que quien cita los primeros resultados y no los segundos no está usando otra fuente, está usando media fuente. Lo hemos desarrollado en ¿El esperanto ayuda a aprender otros idiomas?.
10. «Es diez veces más fácil que cualquier otra lengua»
Forma. P1: un estudio compara las horas necesarias para un mismo nivel y da 2.000 horas de alemán, 1.500 de inglés, 1.000 de italiano y 150 de esperanto. · ∴ el esperanto es entre diez y trece veces más fácil.
Dónde falla. En tomar P1 como dato establecido. La fuente donde el movimiento suele encontrarla es el informe de François Grin de 2005, y Grin la reproduce como cita de otra fuente —con un «sans commentaire» que no es un aval— y acto seguido se aparta de ella: «Dans ce qui suit, j’ai opté pour la plus grande prudence en admettant un ratio de un à trois» (L’enseignement des langues étrangères comme politique publique, p. 80). O sea: el economista al que se cita para defender el esperanto rebajó la cifra a una tercera parte antes de hacer ningún cálculo con ella.

Gráfico de barras con las horas de estudio necesarias para un mismo nivel según la cita que reproduce el informe Grin: alemán 2.000, inglés 1.500, italiano 1.000 y esperanto 150. Una quinta barra, en naranja, marca las 500 horas que salen del ratio 1:3 que Grin adopta por prudencia, aplicado a las 1.500 horas de inglés.
Qué queda. El 1:3 de Grin, que ya es una cifra extraordinaria y que él adopta por prudencia, no como medida. Con ella, su modelo da que la factura total de la enseñanza de lenguas se dividiría por dos.
El caso. Este argumento tiene una segunda parte que casi nunca se enuncia y que es donde de verdad se juega: el cálculo vale para elegir entre dos lenguas partiendo de cero, y Europa no parte de cero. Lo hemos desarrollado en ¿Qué queda del argumento esperantista contra el inglés después del Brexit?.
11. «Pone a todos los hablantes en igualdad»
Forma. P1: casi nadie tiene el esperanto como lengua materna. · P2: la desigualdad entre hablantes viene de la ventaja del nativo. · ∴ en esperanto todos partimos iguales.
Dónde falla. En P2, que identifica una desigualdad con la desigualdad. No ser nativo no es estar en igualdad. Aprender bien una lengua cuesta tiempo, dinero, clases, viajes y ocasiones de practicar, y eso no se reparte igual. La conclusión que se sigue de verdad es más modesta: en esperanto desaparece la ventaja de nacimiento, no la desigualdad.
Qué queda. Esa parte, que es real y es importante. Y una ventaja que el argumento no suele mencionar y que sí se sostiene: si casi nadie lo tiene de casa, la norma no la fija un grupo de nativos, cosa que en inglés sí pasa.
El caso. Del caso más parecido que tenemos, el inglés como lengua de no nativos, sí que hay medida. Michele Gazzola calcula que un régimen europeo solo en inglés dejaría fuera al «45% to 79% of adult residents» según dónde se ponga el listón, y el reparto es lo que importa: el 90 % de quienes solo tienen estudios primarios y el 17 % de quienes los tienen superiores (European Union Politics 17(4), 2016, pp. 546 y 559). Hay que decir qué es y qué no es: el artículo es de 2016, con datos de una encuesta de 2011, o sea que no es una observación posterior al Brexit; lo que mide es cómo se reparte la competencia entre quienes no son nativos, que es justamente lo que aquí interesa.
Eso no demuestra que al esperanto le pasaría igual. Hay una razón para pensar que le pasaría menos: si aprenderlo cuesta de verdad una fracción del tiempo, la desigualdad podría reducirse, porque una parte viene del coste de adquisición. Solo una parte, eso sí: también cuentan la exposición, la escolarización, las ocasiones de usarlo y la edad. Y reducirse no es desaparecer, y nadie lo ha medido. La versión honesta del argumento 11 es, por tanto: en esperanto desaparece la ventaja de nacimiento y el coste de acceso puede bajar; que la desigualdad se desvanezca del todo es una afirmación sin ninguna medida detrás.
III. Los argumentos que ambos lados usan por igual
12. «Conozco a mucha gente que…»: falta el denominador
Forma. P1: N personas han hecho X. · ∴ X funciona (o no).
Dónde falla. En que N por sí solo no permite estimar ni la frecuencia, ni la tasa de éxito, ni la eficacia — que es justamente lo que se quiere concluir. Tres personas hablando después de cuatro meses es extraordinario si empezaron cuatro y anecdótico si empezaron cuatrocientas. (Sí que permite concluir otra cosa, más modesta y nada despreciable: que la cosa es posible. Véase la ficha siguiente.) La propaganda de los dos bandos vive justamente de ese vacío: matrículas sin finalizaciones, miembros de un grupo digital sin actividad, participantes sin retención.
Qué queda. La pregunta, que es siempre la misma y casi nunca se escribe: ¿de cuántos?
El caso. El curso de esperanto de Duolingo llegó a más de 367.000 personas matriculadas, cifra que da uno de sus creadores, Enric Baltasar (enricbaltasar.com). Es una matrícula, no un resultado, y cualquier conclusión sobre el esperanto que parta de ese número tiene que decir cuántas de esas personas acabaron y cuántas hablan. Y hay un caso todavía mejor, porque el experimento lo hizo el propio movimiento: durante cinco años TEJO preguntó a sus secciones nacionales cómo estaban y más de la mitad se declararon «activas»; cuando en 2014 sustituyó la autoevaluación por un sistema de puntos basado en indicios comprobables, de treinta y una organizaciones salió una de muy activa y ninguna de activa (KODEJO 2013 y KODEJO 2015). Lo que sabemos seguro que cambió es el instrumento; que las organizaciones siguieran igual es verosímil y no está medido. Lo hemos contado en «Ninguna activa».
13. «A mí me pasó»
Forma. P1: a mí (o a alguien que conozco) me pasó X. · ∴ X es lo que pasa.
Dónde falla. En el paso de la posibilidad a la frecuencia. «Lo aprendí en tres meses» demuestra que se puede; no dice cuántos lo hacen. «Fui a un congreso y nadie lo hablaba bien» es una observación igual de real y con el mismo límite. Y las experiencias que recordamos son las excepcionales, precisamente porque lo son, o sea que son malos estimadores de lo normal.
Qué queda. Las dos cosas prueban posibilidad, y eso no es poco: un solo caso bien documentado basta para refutar un «es imposible». Contra una afirmación universal, la anécdota es un argumento válido; a favor de una generalización, no.
El caso. Es el argumento con el que ambos lados más daño se hacen a sí mismos, porque la respuesta natural del otro es una anécdota contraria, y de dos anécdotas no sale ningún dato.
14. La portería que se mueve
Forma. P1: el éxito consistía en conseguir X. · (no se consigue X) · P1′: en realidad el éxito consistía en conseguir Y.
Dónde falla. No siempre falla, y ahí está la gracia. Cambiar de objetivo puede ser una señal de aprendizaje: abandonar una meta poco realista es lo que hace cualquier proyecto serio. El defecto aparece solo cuando el criterio se modifica después de saber el resultado y con la función de hacer imposible contarlo como un fracaso. La prueba es sencilla: el criterio nuevo, ¿se habría aceptado antes de conocer el resultado?
Qué queda. Que hay que decir qué objetivo se evalúa y cuándo se fijó. Un movimiento puede legítimamente decidir que la meta es la comunidad y no la adopción oficial; lo que no puede es decir que siempre lo fue.
El caso. Funciona en las dos direcciones, y el lado crítico lo usa con la misma alegría: si tiene hablantes, los quiero por millones; si tiene millones de aprendices, los quiero de hablantes habituales; si los tiene, quiero que algún estado lo adopte; si un estado lo adoptara, seguiría siendo artificial. Cuando ningún resultado concebible puede cambiar la conclusión, ya no se está comprobando nada.
15. La explicación que vale para todo
Forma. P1: mi tesis es cierta. · P2: los hechos no la confirman. · ∴ hay una causa externa que lo explica.
Dónde falla. En que una explicación compatible con cualquier resultado no permite comprobar nada — podría ser cierta por casualidad, pero no discrimina entre alternativas, que es para eso para lo que se usan las explicaciones. Un esperantista puede atribuir cada dato adverso a la hegemonía del inglés, a la falta de propaganda o a los intereses políticos; un crítico puede atribuir cada dato favorable a la excentricidad de quienes lo hablan. Los dos pueden tener parte de razón —los efectos de red del argumento 2 son reales—, y los dos tienen el mismo deber: decir qué observarían si su explicación fuera falsa.
Qué queda. La pregunta que cierra el artículo, y que vale para los quince casos: ¿qué tendría que encontrarme para cambiar de opinión? Si no hay respuesta, lo que hay encima de la mesa no es una tesis sobre el mundo.
Por qué esto importa
Después de quince fichas, el patrón es bastante monótono: el argumento suele partir de una observación cierta y la conclusión suele ser mayor que ella. Eso tiene una consecuencia práctica que va más allá de tener razón en una discusión.
Para quien defiende el esperanto, exagerar tiene un coste que se paga en la cuarta lección. Quien llega habiendo leído «dieciséis reglas y diez veces más fácil» y se encuentra con los acusativos, los correlativos y una comunidad mucho más pequeña que los dos millones anunciados, no concluye que le hayan informado mal: concluye que le han vendido algo. Las versiones modestas de los argumentos 6, 9, 10 y 11 conservan todas una parte bien sostenida, todas son sorprendentes para quien viene de fuera, y ninguna se desmonta en la cuarta lección.
Para quien lo critica, el coste es simétrico y menos visible. El 5 se contesta con un documento de 1905; el 3, con una distinción; el 1, con lo que la lingüística ha observado de la lengua. Ninguno de los tres exige gran cosa, y quien los use pierde la ocasión de hacer las críticas que sí se sostienen — que son las de los argumentos 2 y 4, y son serias.
Y queda la pregunta que ninguno de los dos lados contesta con un argumento. Grin calculó una parte —con el ratio 1:3, su modelo da que la factura de la enseñanza de lenguas se dividiría por dos—, pero comparando escenarios planteados de nuevo. Lo que no hemos encontrado calculado en ninguna parte es la otra parte: qué costaría pasar de la situación de ahora a otra, con los profesores, los materiales, las titulaciones y los usos que Europa ya tiene montados en inglés.
Fuentes
Las citas en inglés, francés e italiano se mantienen en el original; las traducciones del esperanto son nuestras.
- Akademio de Esperanto. Fundamento de Esperanto (1905) — las dieciséis reglas, el Ekzercaro y el Universala Vortaro.
- Akademio de Esperanto. Deklaracio pri la Esenco de la Esperantismo, Boulogne-sur-Mer, 9 de agosto de 1905.
- Akademio de Esperanto. Akademia decido pri pasivaj participoj (25 de noviembre de 1967) y Rezolucio pri la participoj (1989), en la misma página.
- Culbert, Sidney S. Carta a David Wolff sobre los métodos de estimación del número de hablantes, 24 de octubre de 1989, publicada por David Wolff.
- Fians, Guilherme. «Neutralizing the political: Language ideology as censorship in Esperanto youth media during the Cold War». Journal of Linguistic Anthropology 34(2), 2024, pp. 200-219. De pago; resumen abierto en el repositorio de St Andrews.
- Gazzola, Michele. «Multilingual communication for whom? Language policy and fairness in the European Union». European Union Politics 17(4), 2016, pp. 546-569 (copia del autor).
- Grin, François. L’enseignement des langues étrangères comme politique publique. Rapport n° 19, Haut Conseil de l’évaluation de l’école, 2005 — el ratio 1:3, en la p. 80.
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- Wennergren, Bertilo. Plena Manlibro de Esperanta Gramatiko; la edición impresa de 2020, en Retbutiko.
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- Tišljar, Zlatko. «Eŭropaj lingvaj perspektivoj». Eŭropa Bulteno 170, mayo de 2017.
Véase también
- Por qué nos convencen: los sesgos de los debates sobre el esperanto — la otra mitad: por qué un argumento débil nos parece bueno.
- Esperanto, sí, pero… — las afirmaciones una por una, con su fuente.
- ¿Cuánta gente habla realmente esperanto?
- ¿El esperanto ayuda a aprender otros idiomas?
- ¿Qué queda del argumento esperantista contra el inglés después del Brexit?
- «Ninguna activa»: el año en que TEJO sustituyó la autoevaluación por indicios
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