La protección que dispensa

Alfonso XIII y el esperanto vistos desde Valencia: la presidencia de honor de 1909, una condecoración sobre la que las fuentes no acaban de ponerse de acuerdo, la Real Orden de 1911 y la de 1923 —y qué quedó de todo esto cuando se acabó la monarquía

El 15 de septiembre de 1909, en el Salón de Actos de la Exposición Regional de Valencia, L. L. Zamenhof cerró la sesión única del poscongreso. Según Las Provincias del día siguiente, «agradeció á Alfonso XIII la protección que dispensa á la propagación del Esperanto». La Correspondencia de Valencia lo publicaba ese mismo día con las mismas palabras. Este artículo intenta contestar una pregunta sencilla: en qué consistía esa protección.

La Real Orden de 30 de abril de 1923: la Mayordomía Mayor de S. M. comunica a Luis Jordana de Pozas, presidente de la comisión organizadora, que el rey acepta la presidencia honoraria del Primer Congreso de Esperantistas Ibéricos de Valencia. Facsímil publicado en el boletín del congreso.
La Real Orden de 30 de abril de 1923: la Mayordomía Mayor de S. M. comunica a Luis Jordana de Pozas, presidente de la comisión organizadora, que el rey acepta la presidencia honoraria del Primer Congreso de Esperantistas Ibéricos de Valencia. Facsímil publicado en el boletín del congreso.

La respuesta corta es: presidencias honorarias, una condecoración y una autorización administrativa. La respuesta larga es este artículo, y tiene el interés de que la mayor parte ocurre en Valencia o se decide allí.

1909: la presidencia de honor del congreso de Barcelona

El 5.º Congreso Universal de Esperanto se celebró en Barcelona, del 4 al 11 de septiembre de 1909. La crónica coetánea de La Suno Hispana cuenta que en la sesión inaugural Zamenhof, en un discurso breve, «dio las gracias al Rey, a los Ministros y al Ayuntamiento de Barcelona por la protección dada al Esperanto»; que a propuesta suya se envió un telegrama al rey español y al Gobierno; y que al día siguiente, en el Paraninfo de la Universidad, se leyeron en voz alta los telegramas de respuesta del Rey y del Gobierno.

Una semana después, en el poscongreso de Valencia, quien lo recordaba era Carlo Bourlet, director de La Revuo: según Las Provincias, «dedicó un expresivo y respetuoso recuerdo al rey, por haberse dignado aceptar la presidencia honoraria del quinto Congreso». Ese es el primer gesto documentado: aceptar una presidencia de honor.

La condecoración: quién la pidió, y cuál era

En esa misma sesión de Valencia, Vicente Inglada abrió el acto leyendo las adhesiones recibidas. Entre ellas, dicen los dos diarios, «una carta de D. Lorenzo Sempere comunicando los trabajos realizados cerca del gobierno para que premie con una condecoración la labor inmensa del Dr. Zamenhof».

Conviene leer bien esa frase: el 15 de septiembre de 1909, lo que se comunica son gestiones en curso para que el gobierno premie a Zamenhof. La versión que quedó fijada en la memoria esperantista es otra y más redonda: el Boletín de la Federación de 1959, retomando La Suno Hispana, y el libro del congreso español de Valencia de 1952 cuentan que en la sesión se leyó un telegrama de Ricardo Codorniu anunciando que Su Majestad había nombrado a Zamenhof comendador de la Orden de Isabel la Católica, y que la noticia se recibió con alegría.

Ahora bien: La Suno Hispana de 1909, que es de donde sale esa compilación, no dice tanto. La crónica original del poscongreso, publicada en el núm. 71 de noviembre de 1909, cuenta que el telegrama de Codorniu decía que «nia registaro intencas ordeni D-ron Zamenhof, nomante lin Komandoro de Elizabeto la Katolika» —que nuestro gobierno tiene la intención de condecorarlo—. O sea que la fuente de 1909 dice lo mismo que los diarios: una gestión en marcha. El «había nombrado» aparece medio siglo después.

Las dos cosas pueden haber ocurrido en la misma sesión; los diarios valencianos solo recogen la primera. Lo que sí está claro es que la condecoración se impuso dos años después y fuera de España: en el 7.º Congreso Universal de Amberes, en agosto de 1911, y quien se la puso fue el capitán José Perogordo Camacho, en nombre del Gobierno español, el mismo oficial que había hecho de intérprete en el accidente de Sagunto en 1909.

¿Qué condecoración era? Las fuentes dan tres grados distintos, y no es un detalle menor, porque son tres grados distintos de la misma orden:

  • Comendador de la Orden de Isabel la Católica: la crónica coetánea de La Suno Hispana reproducida por el Boletín núm. 118 (1959), el libro del XIII Congreso Español (Valencia, 1952) y el Boletín núm. 282 (1987).
  • Gran Cruz: el Boletín núm. 3.
  • Gran Collar: el pie de la fotografía de Amberes en el Boletín núm. 60, la necrológica de Perogordo en el núm. 133 (1962) y Valencia Luno núm. 25 (1990).

Las fuentes más próximas a los hechos dicen comendador; las más tardías, gran cruz o gran collar. No hemos encontrado el documento de concesión, y mientras no aparezca no podemos elegir ninguno.

1910: el rey, presidente de honor de los militares esperantistas

En 1910 se funda en Madrid la Asociación de Militares Esperantistas, con la finalidad de propagar la lengua «en los ejércitos de tierra y mar» como «única solución para la intercomprensión de los militares de diversas nacionalidades». Alfonso XIII fue su presidente de honor. Quiénes eran esos militares, y por qué había tantos en el esperantismo valenciano, se cuenta en «Un folleto de dos páginas». Segundo gesto documentado: otra presidencia honoraria.

1911: la Real Orden, y lo que decía de verdad

El 27 de julio de 1911 el Ministerio de Instrucción Pública firma la disposición que más se ha citado siempre que se habla de esperanto y Estado español. La publica la Gaceta de Madrid del 15 de agosto, núm. 227, página 472, y el sumario del día la resume así: «Autorizando la explicación de cursos del idioma Esperanto, en los Establecimientos oficiales de enseñanza, por Profesores designados por las Asociaciones esperantistas».

Vale la pena leerla entera, porque lo que concede y lo que niega están en el mismo párrafo. El Consejo de Instrucción Pública contesta a una instancia del Grupo Esperantista de Madrid —firmada por «D. José Perogordo, D. Rafael San Millán y otros»— y dice:

«Pero á juicio de este Consejo, no parece prudente establecer desde luego una enseñanza oficial del Esperanto en nuestra Patria, en tanto que los resultados que en otras Naciones vayan produciendo no alcancen la medida necesaria para juzgar con fundamentos suficientes acerca del éxito y valor definitivo de la reforma. La implantación oficial de esta enseñanza sería prematura.

Pero no ve el Consejo dificultad que oponer á que se autorice la explicación de cursos de dicho idioma en los Establecimientos oficiales de enseñanza por Profesores designados por las Asociaciones esperantistas, haciendo constar como mérito oficial el diploma de aprobación de su estudio.»

El papel del rey en el documento es la fórmula habitual de cualquier Real Orden: «Y S. M. el Rey (q. D. g.), de conformidad con el preinserto informe, se ha servido resolver como en el mismo se propone». Que es fórmula, y no decisión personal, se comprueba en el mismo ejemplar: en ese número del 15 de agosto de 1911, «S. M. el Rey (q. D. g.) se ha servido…» aparece tres veces, en tres disposiciones de ministerios distintos.

Dos meses después, el 7 de octubre de 1911, Las Provincias anunciaba que en la secretaría de la Escuela Superior de Comercio de Valencia quedaba abierta la matrícula gratuita de esperanto «bajo la dirección del profesor D. Manuel Caplliure Ballester». El mecanismo coincide con el de la norma, pero la Real Orden no nombra a Valencia y no hemos encontrado el acuerdo del claustro valenciano: los dos hechos constan, el vínculo entre ellos no.

1923: la Real Orden que llega a Valencia

El 17 de mayo de 1923 se abre en Valencia el Primer Congreso de Esperantistas Ibéricos. Diecisiete días antes, el 30 de abril, la Mayordomía Mayor de S. M. dirige a Luis Jordana de Pozas, presidente de la comisión organizadora, el documento que encabeza este artículo:

«Su Majestad el Rey (q. D. g.) se ha servido aceptar con gran complacencia, la Presidencia Honoraria del Primer Congreso de Esperantistas Ibéricos que ha de tener lugar en esa Capital del 17 al 20 del próximo Mayo, cuyo honorífico cargo han tenido la amabilidad de ofrecer al Augusto Señor.»

El boletín del congreso lo reprodujo en facsímil, con el escudo y la firma del Jefe Superior de Palacio. Es, de los cuatro gestos, el único del que conservamos el papel.

Qué quedó

Sumado, el balance documental es este: dos presidencias honorarias (1909 y 1923), una tercera de una asociación militar (1910), una condecoración de grado discutido impuesta en Bélgica en 1911 y una Real Orden que autorizaba lo que ya hacían los esperantistas, dejando dicho que implantarlo oficialmente «sería prematura».

El Ayuntamiento de Valencia, mientras tanto, subvencionaba al grupo desde 1907 y le cedía el salón de la Exposición Regional; el alcalde José Maestre y Laborde declaró ante Zamenhof, el 14 de septiembre de 1909, que el de Valencia «ha sido el primero de España que ha dispensado su apoyo moral y material» a la difusión de la lengua universal. La Gaceta no dice nada de eso.

Lo que sigue a la vista de todos es más tardío y no es real. En 1927, el concejal esperantista Vicente Marzal propuso por primera vez que Valencia dedicara una calle al doctor Zamenhof. El Ayuntamiento lo aprobó el 21 de julio de 1934, ya en República, y la lápida se descubrió el 7 de agosto de ese año, en el barrio de la Petxina. Sigue ahí.


Fuentes

Prensa valenciana coetánea (Biblioteca Virtual de Prensa Histórica): Las Provincias, 15 de septiembre de 1909 (llegada, biografía de Zamenhof, velada inaugural, discurso del alcalde Maestre); Las Provincias, 16 de septiembre de 1909 (sesión única del poscongreso: carta de Lorenzo Sempere, recuerdo de Bourlet al rey, agradecimiento de Zamenhof a Alfonso XIII); La Correspondencia de Valencia, 16 de septiembre de 1909 (la misma sesión, publicada el mismo día); Las Provincias, 17 de septiembre de 1909; Las Provincias, 18 de septiembre de 1909 (despedida); Las Provincias, 7 de octubre de 1911 (matrícula de esperanto en la Escuela Superior de Comercio).

Documento oficial: Real Orden de 27 de julio de 1911, Gaceta de Madrid núm. 227, 15 de agosto de 1911, pág. 472.

Facsímil de 1923: Kongresa Bulteno / Boletín del Primer Congreso de Esperantistas Ibéricos, Valencia, mayo de 1923, pág. 3 (comunicación de la Mayordomía Mayor de S. M. de 30 de abril de 1923).

Revistas esperantistas y boletines: La Suno Hispana, año VI, núms. 69 y 70 (septiembre y octubre de 1909), crónicas del congreso de Barcelona y del poscongreso de Valencia, reproducidas en el Boletín de la Federación Española de Esperanto núms. 115, 116 y 118 (1959); Boletín núms. 3, 60, 133 (diciembre de 1962, necrológica de Perogordo) y 282 (1987); libro del XIII Congreso Español de Esperanto (Valencia, 1952), crónica del poscongreso compilada por J. Juan Forné; Valencia Luno núm. 25 (febrero de 1990).

Asociación de Militares Esperantistas (1910): Carmen Colmenar Orzaes, «La enseñanza del esperanto en España en el primer tercio del siglo XX», XI Coloquio Nacional de Historia de la Educación (Oviedo, 2001), reproducida en el Boletín de la Federación Española de Esperanto núm. 382, que cita a L. Sanz Bueno, Historia del esperanto en Madrid (1993).

La calle: V. Claramunt, Calles y plazas de Valencia, recogido en nuestra página de historia.

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