«Se suprimió el esperanto y quitaron la lápida»: lo que vio el veterinario de Cheste

De todo lo que le pasó al esperantismo de Cheste entre 1939 y 1949 casi no queda rastro escrito. El Ayuntamiento de Cheste acaba de publicar las memorias de un vecino que lo vivió —Vicente Tarín Tarín, el veterinario titular del pueblo, socialista, condenado a doce años por un consejo de guerra— y en una sola frase cuentan lo que ningún archivo esperantista contó: «La vida cultural descendió a un nivel cero. Se suprimió el esperanto y quitaron la lápida que rotulaba la calle al Dr. Zamenhoff».

El libro se llama Vivencias, se presentó en el Salón de Plenos del Ayuntamiento en enero de 2026 y se puede leer entero y gratis: está colgado en PDF en Memoria Oral de Cheste, el archivo de memoria histórica que mantiene la Concejalía de Cultura. Lo presentaron el historiador José Vicente Castillo García —el mismo de Los trenes de la esperanza y Una estrella verde en las trincheras—, el documentalista Gabriel Herraiz y el fotógrafo Héctor Murgui.

Quién era Vicente Tarín Tarín

Nació el 20 de diciembre de 1906 y estudió Veterinaria. Militante del PSOE y de la UGT, fue juez municipal en 1937 y miembro de la Comisión de Incautaciones durante la guerra — el único socialista, por decisión propia, en una comisión que era toda de la CNT.

Lo detuvieron el 1 de abril de 1939. Lo juzgaron en un consejo de guerra sumarísimo —«unas dos horas como mucho», ocho o diez presos a la vez, algunos con las heridas de la tortura del día anterior aún frescas— y lo condenaron a doce años. Estuvo preso en la Beneficencia, en la Modelo, en Porta Coeli y en el monasterio del Puig hasta octubre de 1940.

Y cuando salió, todavía no se había acabado. El presidente del Colegio de Veterinarios, «a la sazón un comandante veterinario militar», lo hizo comparecer para comunicarle que tenía prohibido ejercer la profesión en Cheste y en 250 kilómetros a la redonda. En noviembre del 41 le abrieron un proceso de destierro: ya tenía las maletas hechas para irse a Barcelona cuando le redujeron la distancia y lo dejaron en Chiva, donde cumplió seis meses. Volvió al pueblo a hacerse labrador, como sus hermanos.

El motivo de todo esto, según él, no era político sino personal: su primo, el cacique Julio Tarín Sabater, le enviaba recados para que fuera a su casa a humillarse, y cada negativa le costaba un proceso nuevo.

Lo que el libro aporta a la historia del esperanto

Tarín no se cuenta a sí mismo entre los esperantistas —habla del club en tercera persona—, y eso hace su testimonio más útil: no defiende a los suyos. Cuenta el esperanto como una parte más del paisaje cultural del pueblo, junto al teatro Liceo y a la banda La Lira.

El club de los años treinta, y el apodo del pionero. «Funcionaba a la sazón un club esperantista muy concurrido, regido por el vecino Francisco Máñez (El Sargantana), a quien el pueblo de Cheste ha dedicado una calle por su constancia y entrega a la enseñanza del idioma de Zamenhoff, lo que motivó que recibiéramos la visita de muchos esperantistas extranjeros, y que muchas revistas de Europa y del mundo hablaran de Cheste.» Es la confirmación, por una vía independiente, del apodo que le daba el pueblo a Máñez.

Los niños austríacos, vistos desde la calle. Tarín recuerda «unos veinte» niños repartidos por las casas durante un año. La cifra documentada es catorce, con nombre y casa, y la estancia fue de diecisiete meses; él escribía de memoria cincuenta años después. Pero añade un detalle que no hemos leído en ningún otro sitio: uno de los niños no volvió nunca a Austria y «permaneció adoptado en la casa hasta el fin de sus días».

Y la frase del título. En el capítulo sobre la victoria franquista, entre el hambre, las multas por blasfemar y los funerales diarios por los caídos, aparece lo que nos faltaba:

«La vida cultural descendió a un nivel cero. Se suprimió el esperanto y quitaron la lápida que rotulaba la calle al Dr. Zamenhoff. La prensa fascista, nadie la leía. El cine Goya lo convirtieron en establo de cerdos y en el Liceo se representaba el NODO.»

Por qué importa esa frase

Hasta ahora se podía decir que el esperantismo de Cheste «quedó en suspenso». Un vecino del pueblo lo describe como una acción: se suprimió, y se quitó el rótulo.

Y tiene una consecuencia que no es menor. Cheste dedicó dos homenajes a la placa de la calle Doctor Zamenhof: una lápida en 1931 y una placa de mármol en 1959. Si la de 1931 la quitaron en la posguerra, la que hay hoy en la calle tiene que ser la de 1959 — y eso quiere decir que el acto del centenario de Zamenhof no fue solo una conmemoración: fue devolver a su sitio algo que les habían quitado.

Un final que vale la pena contar

Tarín no se rindió. Se afilió al Partido Comunista en 1975, cuando todavía era ilegal, y continuó en él hasta que murió, en 1998, a los 91 años. Castillo lo recordó así en la presentación del libro:

«Muchas personas de Cheste aún recordamos a Vicente Tarín con su macuto, repartiendo por toda la población el Mundo Obrero, y recordamos cómo, a pesar de su edad, la noche del abortado golpe de Estado de Tejero se presentó en el Ayuntamiento para ayudar en lo que fuera en la defensa de la naciente democracia.»

Fuentes

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