Maria Julivert, la voz esperantista y feminista de El Vendrell

La charla que Gisela Alcón Vidal dedicó a Maria Julivert Aulés (El Vendrell, 1888-1968) el 10 de octubre de 2026, en el 41.º Congreso Catalán de Esperanto celebrado en Reus, ya se puede ver entera en vídeo, con el coloquio final incluido. Julivert fue profesora de esperanto durante veinte años, articulista en la prensa del Baix Penedès, pintora y una de las dos primeras mujeres que entraron en la junta de una asociación de su villa. Cuando murió, la prensa local no le dedicó ni una línea; la investigación de Alcón es la que la ha vuelto a sacar del olvido.

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La charla es en catalán. El vídeo combina el audio de la ponencia con las diapositivas de la ponente y apuntes visuales añadidos en el montaje; entre las dos grabaciones originales falta un fragmento breve, indicado en pantalla.

Una puerta a la cultura que se llamaba Frateco

Maria Julivert nació en El Vendrell, según Alcón, el 29 de abril de 1888, en una familia acomodada: era la cuarta de los cinco hijos de Francesca Aulés y de Evarist Julivert, industrial, presidente del Centre Industrial y concejal. La familia tenía un negocio de gaseosas y otro de mosaicos hidráulicos, y el padre representaba al cemento Asland. Para situarla, Alcón cuenta que el padre abrió en 1898 lo que ella considera el primer gimnasio de El Vendrell, para señoritas, chicos y chicas, y gratuito para los pobres a quienes el médico recomendaba hacer gimnasia.

La villa tenía unos 4.500 habitantes. En 1909 se creó allí el grupo esperantista Frateco («Fraternidad»), con Amadeu Martorell, Ferran Ramon y Andreu Nin al frente. El grupo era mucho más que unas clases de lengua: organizaba veladas musicales y literarias —Alcón recuerda a una cantante de ópera que actuaba en ellas con regularidad—, teatro y actos benéficos, y fue una puerta de acceso a la cultura para gente que no tenía ninguna otra, en una Cataluña donde, en 1900, el 67 % de las mujeres no sabían leer. En 1922, en una conferencia en Barcelona, se dijo de El Vendrell que era «una veritable pàtria esperantista», «una verdadera patria esperantista».

El grupo nació masculino. En 1913 Julivert, que había aprendido la lengua en 1911, convocó por la prensa a las chicas de la villa para que se apuntaran, y fue su profesora. Al año siguiente ella y Assumpció Constantí entraron en la junta de Frateco: las dos primeras mujeres. Julivert enseñó esperanto durante veinte años, y en las asambleas provinciales de Tarragona de 1917 y 1918 fue la única mujer con cargo. En 1919 la revista Hispana Esperantisto dedicó un reportaje a Frateco y la portada, a ella.

Pero las mujeres duraban poco en el grupo. Cuando se casaban, lo dejaban: en la fotografía de Frateco de 1933 ya no está ninguna de las mujeres de la de 1920, y las únicas que siguen durante años son Julivert y Hermínia Romeu, que eran solteras. Entre las que faltan está la abuela de la ponente, que se había casado y ese mismo año 1933 tuvo una hija.

Una pluma con nombre y apellido

Durante dos décadas (1913-1933) Julivert colaboró con el semanario Baix Penedès, y también con el Diari de Tarragona y El Poble Català, siempre firmando con su nombre, sin seudónimo: Alcón no encontró ninguna otra mujer que escribiera con regularidad y abiertamente en la prensa de la villa. Clasifica sus artículos en tres bloques: la defensa del esperanto, las crónicas y traducciones, y los artículos feministas y pacifistas.

Los del esperanto argumentan con ironía. A quien le reprochaba que era una lengua artificial, le contestaba preguntando si la luz eléctrica deja de ser luz porque no es natural, o si habría que renunciar a la bicicleta, al automóvil y al tren porque podemos caminar. Y resumía: el esperanto «només és útil per a tot el món i per a totes les classes socials. Només.» («solo es útil para todo el mundo y para todas las clases sociales. Solo.»). Para ella, la causa de la lengua y la de las mujeres eran la misma:

Visto, pues, el esperanto desde el punto de vista moral […] no extrañará que a la mujer, alejada hasta ahora de las sociedades, se la vea hoy figurar en las sociedades esperantistas, ejercer cargos, trabajar con gozo, anhelo, desinterés y constancia, y el hombre no se desdeña de ponerla a su nivel, y de esta manera ella se convierte en una firme batalladora, pero batalladora de paz.

— Maria Julivert, Baix Penedès, 20 de enero de 1917, citado por Alcón; traducción nuestra.

Alcón señala que Julivert nunca se declaró feminista: no le hacía falta. En diciembre de 1931, después de una conferencia sobre el amor libre en El Vendrell, le contestó con una serie de seis artículos. Sostenía en ellos que donde la mujer debía reclamar libertad, «o mejor dicho, igualdad», era en las leyes: el marido administraba los bienes de la mujer, que no podía disponer de ellos sin su firma, y si él moría la ley imponía un tutor a los hijos menores, como si la madre no fuera capaz. En enero de 1932, ante unas elecciones en las que probablemente votarían por primera vez las mujeres, las advirtió contra las promesas de los partidos para cazar su voto, sin aconsejarles que votaran o que no: «Cal, doncs, molta serenitat» («Hace falta, pues, mucha serenidad»). Y a un hombre que vio en ello la mano de los reaccionarios le respondió:

Es de lamentar que cuando una mujer dice o escribe algo se quiera ver en ello la influencia de elementos reaccionarios. Esto es un agravio; es querer decir que una mujer no tiene criterio.

— Maria Julivert, Baix Penedès, 1932, citado por Alcón; traducción nuestra.

En la charla, Alcón leyó la continuación: muchas mujeres, escribía Julivert, podían dar lecciones de republicanismo a muchos hombres.

El pacifismo atraviesa casi todos los artículos. En 1914 el grupo tenía que ir al congreso universal de París, que no se celebró: la movilización general por la Primera Guerra Mundial llegó el mismo día en que debía inaugurarse. Julivert lo escribió así en «L’Esperantisme i la guerra», que publicaron el Baix Penedès y El Poble Català:

El bélico son de guerra ha enmudecido el bello espectáculo de hermandad que cada año se ofrece en una nación distinta a la gran familia esperantista, y ha ahogado el himno de paz que entonaban quienes, con la alegría en el rostro y la fe en el corazón, se dirigían hacia la magna Asamblea.

— Maria Julivert, Baix Penedès, 1914, citado por Alcón; traducción nuestra.

«Ĉu vi parolas esperanton, fraŭlino?»

En 1916 Julivert viajó a Madrid, por lo que parece a título personal, para conocer la sociedad esperantista madrileña, y lo contó en el Baix Penedès. Cuando preguntaba a la portera, un joven la oyó decir «esperantista» y se dirigió a ella directamente en la lengua: «Ĉu vi parolas esperanton, fraŭlino?» («¿Habla usted esperanto, señorita?»). El joven resultó ser Julio Mangada Rosenörn, capitán de infantería y profesor de la sociedad, una de las figuras del movimiento español de aquellos años.

Ese mismo año Reus acogió el VII Congreso de la Federación Catalana de Esperantistas, y Julivert asistió acompañada de alumnos suyos. En la crónica que escribió dice que cualquier periodista podría contar el acto, pero que solo quien lo ha vivido puede contarlo con emoción; y que, cuando la música tocó el himno La Espero, «fou per mi l’acte més emocionant i imponent» («fue para mí el acto más emocionante e imponente»). Ciento diez años después, la charla sobre ella se ha dado precisamente en Reus, y el congreso tenía una sala bautizada con su nombre, la Salono Maria Julivert.

La biblioteca y la pintura

Desde 1920 El Vendrell tuvo una de las bibliotecas populares de la Mancomunitat de Catalunya —el primer gobierno catalán común de las cuatro provincias—, abierta a todo el mundo. Los patronatos de estas bibliotecas los formaban hombres destacados de cada villa; en El Vendrell, por excepción, la secretaria era una mujer: Julivert. Fue la única de toda la red en ese cargo, y desde él hizo que la biblioteca ofreciera cursos de esperanto y tuviera manuales, libros y revistas en la lengua. Era también socia de la Associació Protectora de l’Ensenyança Catalana, que promovía la escuela en catalán.

Pintaba, y tenía una academia de dibujo y pintura en la calle del Doctor Robert. Un profesor de dibujo a quien Alcón enseñó los cuadros vio en ellos una formación sólida en perspectiva y en color.

1933: el congreso en casa

La culminación llegó en 1933, cuando El Vendrell acogió el XVI Congreso Catalán de Esperanto y los XV Juegos Florales Internacionales, el certamen literario que los esperantistas catalanes organizaban desde 1905 a imitación de sus Jocs Florals. Julivert y Hermínia Romeu eran las dos mujeres del comité organizador. Del programa de actos, Alcón destaca la conferencia de la profesora estonia Elinjo Pähn, una misa con sermón en esperanto y la dedicación de una calle de la villa al Dr. Zamenhof, que recoge también la Enciklopedio de Esperanto. Según la ponente, en los Juegos Florales intervino Pau Casals, hijo de El Vendrell. Una de las fotografías de la fiesta, con Julivert en un rincón, se ha podido recuperar de un negativo de cristal.

1934: la marcha, y el olvido

Al año siguiente todo se acabó. La fábrica del hermano no podía pagar a los trabajadores y, en octubre de 1934, la familia se fue a Barcelona; Julivert, soltera, vivía con el hermano y se fue con él. Antes de marcharse todavía abrió una perfumería y dio clases de pintura y dibujo para ayudar en casa. En Barcelona daba clases particulares y seguía pintando: en 1936 expuso en el primer salón de la Associació d’Artistes Independents.

Volvió a El Vendrell en 1953 —en el padrón hizo constar como profesión «pintora»—, pero no retomó la actividad esperantista. Frateco ya no existía: había cerrado en 1935, y la guerra había pasado por medio. Algunas personas que la conocieron en aquellos años le contaron a Alcón que, de vez en cuando, hablaba con emoción de los Juegos Florales que habían celebrado en El Vendrell.

Murió el 2 de abril de 1968. Según Alcón, murió pobre y la enterraron como se enterraba a la gente sin recursos. La prensa local no dijo nada. Sus papeles debieron de acabar en casa de un sobrino que también murió, y se perdieron casi todos: cuando Alcón fue al archivo de El Vendrell esperando encontrar una carpeta con su nombre, no había nada, solo un programa y una revista. La calle del Dr. Zamenhof de 1933 tampoco ha sobrevivido: la quitaron, Alcón supone que después de la guerra, y ella pide que se restituya.

El esperanto, en cambio, no se apagó del todo en El Vendrell. La ponente identifica como el último esperantista de la villa a Jaume Marcé, que aparece sentado a la derecha en la foto del comité de 1933 y que, según ella, lo fue hasta su muerte. El Boletín de la federación española de esperanto recoge a un «J. Marcé, Vendrell» entre quienes daban dinero para la revista en 1962, 1964 y 1968, y en 1962 un «Jaime Marcé» le envió una nota del semanario Vendrell sobre el congreso español de aquel año.

Lo que se ha recuperado

Del olvido no la salvó su villa, sino el movimiento: la Enciklopedio de Esperanto, la obra de referencia del movimiento de entreguerras (Literatura Mondo, Budapest, 1933-1934), le dedica una entrada:

Julivert Aulés (huliver’ auleez) Maria, katalunino, prof. de pentro- kaj desegnoartoj. Nask. 31 apr. 1888 en Vendrell. E-isto de 1911, kursgvidanto depost 20 jaroj, div. prelegoj kaj propartikoloj. Skribis kelkajn tradukojn kaj originalajn rakontojn, trad. katalunen Esenco kaj estonteco el la Fundamenta Krestomatio.

Es decir: profesora de pintura y dibujo, esperantista desde 1911, veinte años dando cursos, y traductora al catalán del ensayo de Zamenhof Esencia y futuro de la idea de una lengua internacional. La fecha de nacimiento que imprime, un 31 de abril, no existe; Alcón da el 29. En la charla y en la diapositiva la obra figura como publicada en Bucarest en 1935; es de Budapest, de 1933-1934, y se reeditó en 1986. A partir de esa entrada, el esperantista checo Miroslav Malovec publicó la primera biografía moderna de Julivert, en la Vikipedio en esperanto, y fue al contactar con él cuando Alcón cerró el círculo de su investigación.

De los cuadros, Alcón ha podido localizar cuatro. Dos aparecieron en una casa de un pueblo cercano a Reus, donde el hermano de Julivert, casado con una mujer de allí, debía de pasar temporadas: quien compró la casa buscó quién era la pintora y acabó dando con Alcón. Otro lo tiene un sobrino en Barcelona, y el cuarto se lo regaló un vecino de El Vendrell que lo guardaba en un garaje, para que lo hiciera pasar a la posteridad.

Y El Vendrell ha empezado a devolverle su sitio: según Alcón, la villa le ha dedicado una placita y uno de los cuatro bancos pintados de lila en homenaje a cuatro mujeres de El Vendrell, con una inscripción.

La ponente

Gisela Alcón Vidal, de El Vendrell, es catedrática de instituto de lengua inglesa y máster en estudios feministas, de género y ciudadanía. Su vínculo con el esperanto, dice, es emocional: es nieta de Maria Poch Constantí, alumna de Julivert, que aparece sentada en el suelo en una de las primeras fotos del grupo mixto, y al congreso llevó el manual que usaba su abuela, con su nombre y la fecha de diciembre de 1917. Investigó la figura de Julivert con la VII Beca de Investigación Jaume Ramon Vidales (2009) del Ayuntamiento de El Vendrell, con el trabajo El Vendrell de Maria Julivert Aulés. Entre el feminisme i l’esperantisme: societat i cultura als anys vint, y publicó sus conclusiones en la revista Kataluna Esperantisto en 2012. La charla del congreso de Reus, organizado por la Associació Catalana d’Esperanto (KEA), pone voz a esa investigación; el montaje del vídeo es de Raúl Salinas Monteagudo, del Grupo de Esperanto de Valencia.

Gisela Alcón Vidal, durante la charla en Reus, el 10 de octubre de 2026.
Gisela Alcón Vidal, durante la charla en Reus, el 10 de octubre de 2026.

Una nota personal

Yo no conocía la existencia de Maria Julivert hasta esta charla, y su historia me conmovió. Sobre todo la caída en el olvido después de la guerra: décadas de trabajo por la lengua y por la cultura de su villa, y cuando murió, ni una línea. Una historia emocionante, y exactamente el tipo de olvido contra el que vale la pena escribir.

Fuentes