Un programa libre es el que puedes usar para lo que quieras, mirar por dentro, arreglar y copiar a quien te parezca. No hace falta saber informática para usarlo, ni cambiar de ordenador: en el que tienes ahora, con Windows o con Mac, funcionan Firefox, LibreOffice o VLC desde hoy mismo. Aquí va qué son, qué se gana con ellos y cuáles usa ya casi todo el mundo sin saberlo.
¿Qué es el software libre?
Piensa en una receta de cocina. Un programa de los cerrados es como un plato precocinado: te lo comes y ya está, pero no sabes qué lleva dentro, no puedes ponerle menos sal y no se lo puedes pasar a tu vecina.
Un programa libre viene con la receta escrita al lado. Y con la receta vienen cuatro permisos:
- Usarlo para lo que quieras, en casa o en el trabajo, en un ordenador o en diez.
- Mirar cómo está hecho por dentro.
- Cambiarlo, si sabes, o pagarle a quien sepa para que lo cambie por ti.
- Dar copias, tal cual o con tus cambios.
Libre no quiere decir gratis, aunque casi todos lo sean. Lo que se regala no es el precio: es el permiso. Nadie te puede decir en cuántos ordenadores lo pones ni a quién se lo dejas.
Lo contrario se llama software privativo: el programa cerrado, el que se compra o se alquila y del que sólo tienes la caja. Windows, el paquete Office o Photoshop son privativos.
¿Qué se gana frente a un programa cerrado?
- No caduca y no pide cuota. Lo instalas y es tuyo. No hay suscripción anual ni un día en que deja de abrirse.
- Tus archivos siguen siendo tuyos. LibreOffice guarda en formatos abiertos y documentados, así que dentro de veinte años ese texto se seguirá abriendo, con ese programa o con otro.
- No va contando lo que haces. Como cualquiera puede mirar dentro, un programa que mandase datos por ahí se sabría enseguida.
- Va bien en ordenadores viejos. Muchos programas libres piden poco, y hay sistemas enteros pensados para máquinas de hace diez años.
- No depende de una empresa. Si la empresa cierra o decide dejar de hacerlo, la receta está publicada y otra gente lo sigue. Con un programa cerrado, cuando se acaba, se acabó.
- Se traduce a idiomas pequeños. Y esto nos toca de cerca: Firefox está en esperanto y LibreOffice también, y además en valencià, porque cualquier grupo de voluntariado puede traducirlo sin pedirle permiso a nadie. Con un programa cerrado, un idioma pequeño sólo se traduce si la empresa le ve negocio.
Y lo que no se gana, que también hay que decirlo: no hay una empresa con un teléfono de atención al cliente. La ayuda son foros, manuales y gente. Y algún programa muy concreto del trabajo puede no tener equivalente libre.
¿Todas las licencias son iguales?
No, y conviene saberlo aunque sea de pasada. La licencia es el papel donde pone qué te dejan hacer con el programa. Hay muchas, y casi todas caen en dos familias:
- Las de tipo GPL: puedes hacer de todo, pero si repartes el programa cambiado, tiene que seguir siendo libre. La libertad se hereda.
- Las de tipo MIT, BSD o Apache: dejan casi todo, incluso meter ese trozo dentro de un programa cerrado y vendértelo.
Para textos, fotos o música no se usan éstas, sino las Creative Commons, que son la misma idea aplicada a lo que no es un programa.
Para usar un programa libre no hace falta leer la licencia: eso importa a quien lo reparte o lo modifica.
¿Hay que dejar Windows o Mac para usarlo?
No. Ésta es la confusión más común. El software libre no es un mundo aparte en el que hay que entrar: son programas normales que se instalan como cualquier otro, con su doble clic, y que conviven con los que ya tienes puestos.
Puedes tener Windows y abrir los textos con LibreOffice. Puedes tener un Mac y ver las películas con VLC. Nadie te obliga a elegir.
Otra cosa es cambiar el sistema entero por Linux, que también es libre. Eso es un paso más grande, y es voluntario. Se puede probar sin instalar nada, arrancando el ordenador desde un lápiz de memoria.
¿Cuáles son los programas libres más conocidos?
Éstos funcionan igual en Windows, en Mac y en Linux, y se descargan gratis de su página:
- Firefox — para navegar por internet, en lugar de Chrome o Edge.
- LibreOffice — textos, hojas de cálculo y presentaciones. Abre y guarda los archivos de Word y Excel.
- VLC — el del cono naranja: reproduce cualquier vídeo y cualquier música, sin instalar nada más.
- Thunderbird — para leer el correo desde el ordenador.
- GIMP — para retocar fotos.
- Audacity — para grabar y limpiar sonido.
- Signal — para hablar por el móvil, en lugar de WhatsApp.
Y alguno que va por sistemas:
- En Windows: 7-Zip, para abrir y hacer archivos comprimidos.
- En Mac: Keka, que hace lo mismo.
- En Linux: el sistema entero es libre. Ubuntu y Linux Mint ya vienen con casi todo lo de la lista de arriba puesto.
Y uno que no se instala en casa pero lo usas todos los días sin saberlo: WordPress, con el que está hecha una de cada tres páginas web del mundo. Ésta que estás leyendo, también.
¿Y esto qué tiene que ver con nosotros?
Más de lo que parece. El esperanto y el software libre nacieron de la misma idea: algo que es de todo el mundo y de nadie en particular, que cualquiera puede aprender, usar y mejorar sin pedir permiso ni pagar peaje.
Por eso esta web está hecha con software libre y alojada en komun.org, un colectivo de software libre. Y por eso puedes tener el navegador en esperanto: no lo tradujo ninguna empresa, lo tradujo gente que quiso.
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