El esperanto puede expresar cualquier ciencia; lo que no tiene es ningún motivo para que un investigador publique en él sus resultados. Hoy casi toda la investigación se publica en inglés —alrededor del 97 % de los artículos de ciencias naturales que indexa la Web of Science—, e incluso los noruegos publican en inglés el 84,5 % de sus artículos de ciencias sociales y humanidades. Dentro del movimiento esto ya se dijo en 1982: un biólogo británico, C. J. O. Harrison, escribió en la Scienca Revuo que los esperantistas debían dedicarse a los resúmenes de los artículos y no a escribirlos en esperanto. La revista, que salía desde 1949, ha dejado de aparecer porque, según la asociación que la publicaba, «kaj la legantaro kaj la aŭtoraro draste ŝrumpis», los lectores y los autores se redujeron drásticamente. Lo que sí funciona, y lleva décadas funcionando, es la divulgación: explicar ciencia en esperanto a quien quiere escucharla.

Valencia Luno n.º 11 (junio de 1984), p. 4: «Esperanto ne taŭgas por la scienco», de F. Navarro. El título es el prejuicio que el artículo quiere desmontar.
Por qué la investigación va al inglés
Un investigador publica para ser leído por quienes trabajan en lo mismo que él, y esos lectores están repartidos por el mundo y leen en inglés. Weishu Liu lo midió en la Web of Science, la base de datos de referencia de las revistas científicas: en la década anterior a 2017, «around 97% of the papers in SCIE, 95% of the papers in SSCI, and 73% of the papers in A&HCI» estaban en inglés. Es decir, el 97 % en ciencias naturales, el 95 % en ciencias sociales y el 73 % en artes y humanidades.
No es un dato del esperanto, ni siquiera de las lenguas pequeñas. Un estudio de 164.218 artículos de ciencias sociales y humanidades publicados entre 2013 y 2015 en ocho países europeos encuentra que Noruega publicaba el 84,5 % en inglés y el 13,1 % en noruego, y que la parte del inglés crece en todos los países estudiados. Las revistas nacionales de física de Hungría, España, Italia o Francia —Acta Physica Hungarica, Anales de Física, Il Nuovo Cimento, Journal de Physique— se fusionaron en el European Physical Journal, que publica solo en inglés.
No siempre ha sido así. Entre 1880 y 1910, según la reseña de Scientific American del libro de Michael Gordin Scientific Babel, «roughly equal numbers of publications appeared in German, French and English»: casi tantas publicaciones en alemán como en francés o en inglés. Gordin cuenta cómo la ciencia pasó de tres lenguas a una, y dedica dos capítulos a los proyectos de lengua internacional de aquellos años, el esperanto y el ido, que interesaron a científicos de primera línea como el químico Wilhelm Ostwald. Ese mundo de tres lenguas es el que tenía delante el esperantismo cuando pensó que la ciencia necesitaba una lengua común. La necesitaba, y la encontró, pero no fue el esperanto.
Lo que decía nuestro boletín en 1984
En junio de 1984, el Valencia Luno —el boletín de nuestro grupo— publicó un artículo titulado «Esperanto ne taŭgas por la scienco», «El esperanto no sirve para la ciencia». El título engaña: es el prejuicio que el autor quiere desmontar. El artículo lo firma «F. Navarro», y por los datos que da —habla de sus diecinueve nietos y de sus alumnas de esperanto— es Félix Navarro Clemente, maestro del grupo.
Cuenta que un profesor de instituto había dicho a su nieto que el esperanto «nur taŭgas por interŝanĝi «salutajn vortojn» kaj nenion valoras por la sciencistoj», que solo servía para intercambiar palabras de saludo y que no valía nada para los científicos. Navarro le pasó ejemplares de la Scienca Revuo y de otras publicaciones, y el profesor acabó diciendo, delante de la clase: «Mi ne povas ne rekoni mian antaŭjuĝon», no puedo dejar de reconocer mi prejuicio. El argumento de fondo era el de la necesidad de una lengua común:
Multaj sciencaj esploroj estas nekonataj pro manko de komuna lingvo, precipe de scienculoj apartenantaj al malgrandaj ŝtatoj.
Muchas investigaciones científicas son desconocidas por falta de una lengua común, sobre todo las de científicos de estados pequeños.
El diagnóstico era bueno. Navarro cerraba el artículo con una declaración de científicos japoneses que se habrían comprometido a publicar al menos una tesis en esperanto, y con veinte científicos chinos que querían adoptarlo como lengua de la ciencia; el artículo no da la fuente de ninguna de las dos cosas. Cuarenta años después, el problema que describía, la falta de una lengua común, se ha resuelto en gran parte, y en el sentido contrario al que él esperaba: los científicos de los estados pequeños publican en inglés.
El debate de los resúmenes, en 1982
Dentro del movimiento, la discusión más lúcida salió en la Scienca Revuo, la revista de la ISAE, la asociación científica esperantista. En el número 4 de 1982, el biólogo británico C. J. O. Harrison publicó «Esperanto kaj sciencaj resumoj» (copia), «El esperanto y los resúmenes científicos». Su punto de partida es el mismo de este artículo:
Sciencisto devas komuniki ideojn al kiel eble plej multaj homoj, do li preferas ne uzi lingvon de malplimulto.
Un científico tiene que comunicar ideas al máximo de gente posible, y por eso prefiere no usar una lengua minoritaria.
Y de ahí sacaba una propuesta concreta:
Esperantistoj devus profiti el la bezono de la resumoj kaj koncentri sian laboron al la ŝanco prezentita, prefere ol verki originalajn artikolojn en Esperanto.
Los esperantistas deberían aprovechar la necesidad de resúmenes y concentrar en ella su trabajo, en lugar de escribir artículos originales en esperanto.
Tenía razones para pensarlo. Otto Haszpra, en una conferencia sobre el estado de el esperanto en las ciencias publicada ese mismo año por la Internacia Pedagogia Revuo, revista de la asociación internacional de docentes de esperanto, ya decía que «jam multajn ekzemplojn oni povus citi pri la aplikado de Esperanto kiel resumlingvon en fakaj periodaĵoj», que se podían citar muchos ejemplos del esperanto como lengua de los resúmenes en revistas especializadas. Y reconocía el límite: «ni ne povas paroli pri alte evoluinta unueca Esperanta faklingvo, kaj same la scienca literaturo kaj la nombro de scienco-celaj konferencoj estas malgranda», no había una terminología unificada, y la literatura científica y los congresos eran pocos.
Harrison no convenció a todo el mundo. En la misma página, la redacción añadió una nota, firmada por J. Kavka, que discrepaba: los resúmenes por sí solos no dan ocasión de crear la terminología que una lengua científica necesita. Y en el mismo número, Bernard Golden («La malbeno de Babelo en sciencaj publikigaĵoj») respondía que «resumo de scienca artikolo ofte valoras nenion. Por serioza scienca laboro […] oni bezonas la viandon, ne la sukon aŭ la aromon»: el resumen de un artículo a menudo no vale nada; para un trabajo serio hace falta la carne, no el jugo ni el aroma.
Las dos posiciones tenían parte de razón, y ninguna ganó. Los investigadores no hicieron resúmenes en esperanto en masa, y tampoco publicaron artículos en él.
Qué pasó con la Scienca Revuo y con la AIS
La ISAE se fundó en 1906. Su revista, la Scienca Revuo, salía desde 1949 como continuación de otra fundada en 1904. Hoy ya no aparece. El archivo oficial conserva casi todos sus artículos de 1949 a 2015 y explica por qué:
Bedaŭrinde tiu laboro fariĝis pli kaj pli malfacila, ĉar kaj la legantaro kaj la aŭtoraro draste ŝrumpis. Tial nuntempe la revuo ne plu aperadas.
Por desgracia, el trabajo se hizo cada vez más difícil, porque tanto los lectores como los autores se redujeron drásticamente. Por eso ahora la revista ya no aparece.
El otro gran intento fue la AIS, la Akademio Internacia de la Sciencoj, impulsada por Helmar Frank en la República de San Marino a partir de 1983. Organiza cursos y otorga títulos propios de bachiller, máster y doctor, con la «Internacia Lingvo» como única lengua de trabajo. Pero, como recuerda la propia UEA, «AIS ne estas oficiale agnoskita de registaroj»: ningún gobierno reconoce sus títulos, y desde 2020 su personalidad jurídica está en Alemania. Sus actas publicadas son las de las sesiones de estudio; no hemos encontrado ninguna revista suya con revisión por pares. Bernard Golden, en 1985, ya encontraba que, pese a la propaganda, la academia «ankoraŭ estas nur surpapera afero», todavía era una cosa solo sobre el papel (Internacia Pedagogia Revuo 1985/3). Hoy sigue activa: en 2026 adoptó como sesión suya las conferencias de la universidad del congreso mundial de Graz.
Qué dicen los libros
En el catálogo de libros de la UEA, la ciencia y la técnica son el 3,5 % de los títulos, y en la serie que lleva Aleksander Korĵenkov desde 1991, el 5,4 %. Parece muy poco, pero hay que compararlo con algo. En la estadística oficial del ISBN español, los libros «científicos y técnicos» fueron el 6,0 % de los editados en papel en 2025. El esperanto no está tan lejos.
La razón es que la investigación no circula sobre todo en libros. En las ciencias experimentales vive en los artículos de revista, y en informática también en las actas de congresos; solo en las humanidades y en una parte de las ciencias sociales la monografía conserva un peso grande. Contar libros, por tanto, no dice si una lengua hace ciencia. Y en revistas, el mapa es el que hemos visto más arriba: inglés para la investigación, y las lenguas nacionales, cada vez más, para la divulgación y para la enseñanza.
Lo que sí funciona: explicar la ciencia
La Internacia Kongresa Universitato, la IKU, organiza conferencias de nivel universitario dentro de cada congreso mundial de esperanto; la del congreso de Graz, en 2026, fue la 79.ª sesión. Su reglamento dice que su objetivo es «popularigi ĉiujn sciencajn kaj artajn branĉojn», popularizar todas las ramas de la ciencia y del arte, y los textos se pueden leer en línea desde 1998.
La Wikipedia en esperanto, con 389.490 artículos a 3 de octubre de 2026, es el otro gran corpus de divulgación en la lengua. No hay investigación original, pero tampoco la hay en la Wikipedia en catalán, y nadie deduce de ello que el catalán no sirva para la ciencia.
Nuestra lectura
Lo que sigue es opinión nuestra, no un dato.
La pregunta «¿se puede hacer ciencia en esperanto?» tiene respuesta desde hace mucho: sí. La que importa es otra: ¿quién necesita leer esto en esperanto? Para un artículo sobre bases de datos distribuidas o sobre un ensayo clínico, la respuesta es casi nadie, porque sus lectores naturales existen fuera del esperanto y leen en inglés. Pedir a un investigador que publique en esperanto es pedirle que renuncie a ser leído, y no tiene sentido.
La propuesta literal de Harrison, hacer del esperanto la lengua de los resúmenes científicos, no arraigó, y hoy los resúmenes que recogen las bases de datos internacionales ya están en inglés. Pero detrás había una intuición que sigue valiendo, y que la IKU practica desde hace décadas: aprovechar lo que saben los esperantistas para hacer circular la ciencia dentro de la comunidad. Que quien sabe algo lo explique en esperanto a quien quiere escucharlo. Un médico, una informática o un historiador pueden publicar en inglés y, además, ser médico, informática o historiador en esperanto: dar una charla en línea de media hora para gente de diez países, escribir un resumen de cinco minutos de su último trabajo, contestar preguntas. No hace falta revista, ni consejo editorial, ni competir con el sistema científico mundial. Solo hace falta que haya veinte personas con ganas de escuchar.
Una cosa es que el esperanto pueda expresar cualquier ciencia, y otra que tenga una función en la comunicación profesional entre científicos. La primera está ampliamente demostrada; la segunda no se ha consolidado, y no hace falta que lo haga para que la primera valga la pena.
Y hay un trabajo que nadie más hará por nosotros: conservar y hacer buscable lo que ya se ha escrito. Sesenta y seis años de Scienca Revuo están en línea gracias a alguien que decidió digitalizarlos. Eso sí es patrimonio científico en esperanto, y si no lo conserva la comunidad esperantista, probablemente no lo conservará nadie: la historia de cómo una comunidad pequeña intentó hablar de todo.
Fuentes
Nuestras (documentos)
- F. Navarro. «Esperanto ne taŭgas por la scienco». Valencia Luno n.º 11, junio de 1984, pp. 4-5. Texto e imágenes · facsímil en el Internet Archive
- Otto Haszpra. «La stato kaj la tendencoj de la aplikado de Esperanto en la sciencoj kaj fakoj en majo 1981». Internacia Pedagogia Revuo 1982/1, pp. 6-14. PDF · índice
- Bernard Golden. «Kion bezonas la sciencistoj: la lingvon «Esperanto» aŭ la kodon «Internacia Lingvo»?». Internacia Pedagogia Revuo 1985/3, pp. 72-74. PDF · índice
La Scienca Revuo y las entidades
- C. J. O. Harrison. «Esperanto kaj sciencaj resumoj», con la nota de la redacción de J. Kavka. Scienca Revuo vol. 33 (1982), n.º 4 (142), pp. 119-120. Archivo de la Scienca Revuo · copia
- Bernard Golden. «La malbeno de Babelo en sciencaj publikigaĵoj». Scienca Revuo vol. 33 (1982), n.º 4 (142), pp. 121-123. Archivo de la Scienca Revuo
- Archivo de la Scienca Revuo. scienca-revuo.info, con la nota sobre el final de la revista.
- Estraro de ISAE. Nota en La Ondo de Esperanto, 27 de abril de 2014 (fundación en 1906, revista desde 1949).
- UEA. Lista de asociaciones temáticas · «AIS» · reglamento de la IKU · libros de la IKU
- AIS San Marino. Preguntas frecuentes · noticias
Investigación y estadística
- Liu, Weishu. «The changing role of non-English papers in scholarly communication: Evidence from Web of Science’s three journal citation indexes». Learned Publishing, 30(2), 2017, pp. 115-123. doi:10.1002/leap.1089
- Kulczycki, Emanuel, y otros. «Multilingual publishing in the social sciences and humanities: A seven-country European study». Journal of the Association for Information Science and Technology, 71(11), 2020. Texto completo
- Sivertsen, Gunnar. «Balanced multilingualism in science». BiD, 40, 2018. Texto completo
- Gordin, Michael D. Scientific Babel: How Science Was Done Before and After Global English. University of Chicago Press, 2015. Ficha de la editorial · reseña en Scientific American
- Ministerio de Cultura. Estadística de la Edición Española de Libros con ISBN, tabla 14.2 (datos de 2025).
- Vikipedio. Estadísticas, consultadas el 3 de octubre de 2026.
Las traducciones al castellano de las citas en esperanto y en inglés son nuestras.
Véase también
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