Cuatro días de septiembre de 1909, reconstruidos con la crónica que el grupo escribió ese mismo año y con los dos diarios de la ciudad: la llegada, la muralla de Sagunto que cayó sobre cinco congresistas y una operación de ojos de la que hay cuatro versiones
Del 14 al 17 de septiembre de 1909, L. L. Zamenhof —el oculista de Varsovia que había publicado el esperanto en 1887— pasó cuatro días en Valencia, invitado por el grupo esperantista de la ciudad. El relato que el movimiento repite desde hace un siglo viene de una compilación de 1959. Aquí lo contrastamos con las dos fuentes de 1909: la crónica que el propio grupo publicó en La Suno Hispana y lo que contaron Las Provincias y La Correspondencia de Valencia día a día. Coinciden en casi todo y se corrigen en cuatro puntos: quién era el alcalde, cuánta gente fue a Sagunto, quién era la valenciana que habló en la sesión y quién se operó de los ojos.

«Notas sobre la visita del doctor Zamenhof a Valencia»: la crónica que el Boletín de la Federación Española de Esperanto compiló en 1959 de la revista La Suno Hispana de 1909, medio siglo después de los hechos.
Boletín de la Federación Española de Esperanto, núm. 118, noviembre-diciembre de 1959.
De dónde sale cada cosa que se cuenta
Tres fuentes, y conviene saber qué es cada una antes de leerlas:
- La crónica del grupo, «La Postkongreso en Valencio», publicada en La Suno Hispana núm. 71, de noviembre de 1909 —dos meses después—, firmada «Postkongresano» y con un informe firmado aparte por el capitán Perogordo. Es la fuente más próxima a los hechos, y es parte interesada: la revista la dirigía Augusto Jiménez Loira, del propio grupo.
- Los dos diarios de la ciudad, Las Provincias y La Correspondencia de Valencia, del 14 al 18 de septiembre. Escriben al día siguiente mismo y para lectores que no saben qué es el esperanto.
- La compilación de 1959, «Notoj pri la vizito de D-ro Zamenhof al Valencio», en el Boletín núm. 118 de la Federación Española de Esperanto, que resume La Suno Hispana medio siglo después. Es la versión que ha circulado desde entonces, y donde se han colado los errores.
Qué hacía Zamenhof en Valencia
El 5.º Congreso Universal de Esperanto —el encuentro anual del movimiento, que cada año se celebra en un país distinto y reúne a miles de personas— se celebró en Barcelona, del 4 al 11 de septiembre de 1909. Acabado el congreso, se organizó un poscongreso en Valencia: una continuación de tres o cuatro días en otra ciudad, algo habitual en estos encuentros.
La excusa la ponía la ciudad: Valencia tenía abierta la Exposición Regional de 1909, y el grupo esperantista local tenía allí un salón de cuarenta metros cuadrados cedido por el Ayuntamiento —la primera exposición de esperanto que se hizo en España—. Zamenhof aceptó la invitación para visitarla.
El grupo de Valencia existía desde 1903 y estaba presidido por Vicente Inglada Ors, capitán de Estado Mayor y sismólogo. El comité organizador del poscongreso lo presidía el exconcejal José Aguilar Blanch, oculista como Zamenhof, que había sido el delegado oficial del Ayuntamiento de Valencia en el congreso de Barcelona. Las Provincias lo describe como «alma con el Sr. Inglada de la organización del Postkongreso».
El viaje: Tarragona, Benicarló, Sagunto
El viaje en tren desde Barcelona ya fue parte del acto. Según la crónica de Las Provincias del 15 de septiembre, en la estación de Tarragona el grupo esperantista local, con el alcalde al frente, salió a saludar a Zamenhof y le entregó un álbum de fotografías de la ciudad. En Benicarló estaba «la población en masa» en el andén; regalaron un ramo de flores a Klara Zamenhof y «lindos bouquets» a las demás señoras de la expedición, y todos los que estaban allí cantaron La Espero —el himno del movimiento— al paso del tren. En Sagunto, los esperantistas del pueblo le dieron una cajita de naranjas.
Martes 14: la Estación del Norte
El trámite estaba anunciado: el diario del día 14 avisaba de que el rápido de Barcelona llegaba a las cinco y cuarenta de la tarde y daba el programa de la velada de esa noche. Bajó del tren Zamenhof con su mujer, Klara, y 102 congresistas, entre ellos el general Sébert, el magistrado Carlo Bourlet —director de la revista La Revuo—, el pintor inglés Felix Moscheles y el barón de Menil, autor de la música de La Espero.
La crónica del grupo detalla quién estaba en el andén: el alcalde con los concejales Sempere, Aranda, Roig, Olsina y Cano y el secretario Jiménez Valdivieso; Tomás Trénor (marqués del Turia) como presidente del Comité de la Exposición, con Ribera y Settier; José Martínez Aloy, cronista de Valencia y exalcalde; tres profesores del Conservatorio, y el grupo esperantista al completo —Aguilar Blanch, Inglada, Jiménez Loira, Marzal, Duyós, Bellido, Escuín, Novejarque, Anguiano, Pérez, Mateu…— más el capitán Perogordo, presidente del grupo de Madrid, el teniente coronel Ayza y el padre Guinart, que había venido de Utiel. La Banda Municipal tocó el himno esperantista y el alcalde entregó un ramo de flores a Klara, «kiu tuj ricevas alian» —que enseguida recibió otro—.
Fue Aguilar Blanch quien hizo las presentaciones cuando Zamenhof y su mujer bajaron del vagón. La comitiva —batidores de la Guardia municipal, los maceros del Ayuntamiento, los coches de la corporación, el de Klara, el del alcalde con Zamenhof dentro— atravesó la ciudad por Sagrario de San Francisco, Sangre, San Vicente, plaza de la Reina y la Paz, hasta el Palace Hotel. La plaza de la Estación estaba llena «hasta el punto de que mucho público se desparramaba por los jardines de San Francisco y calle de Lauria». Zamenhof ocupó el ala derecha del piso principal; en el balcón pusieron la bandera verde y dos tapices de flores con las divisas «Vivu D-ro Zamenhof» y «Vivu Esperanto», y tuvo que salir varias veces a saludar.
A las nueve de la noche —«algo después de la hora anunciada»— se abrió el poscongreso en el Salón de Actos de la Exposición, con los palcos llenos y las barandillas cubiertas de banderas esperantistas. Empezó con el Himno de la Exposición, tocado por la Banda Municipal y cantado por los orfeones de la Vega y del Micalet: es la pieza que hoy es himno oficial de la Comunidad Valenciana. Inglada habló en esperanto; Trénor, en castellano, traducido al esperanto por Ayza.
El alcalde hizo una afirmación que vale la pena guardar:
«pienso hablo en nombre del Ayuntamiento de Valencia, que, como recordó muy bien en el Congreso recientemente celebrado en Barcelona nuestro dignísimo representante el Dr. Aguilar Blanch, este Ayuntamiento ha sido el primero de España que ha dispensado su apoyo moral y material á aquellos que laboran en pró de la difusión de la lengua universal».
Zamenhof cerró recordando que cuando en el congreso de Dresde se propuso España para el siguiente, muchos dudaron de que fuera el momento; que Barcelona había superado las expectativas, y que con Valencia había pasado igual. Terminó con un viva que el diario reproduce para que el público lo contestara: «¡Viva Valencia!»
¿Cuánta gente había? Los diarios cuentan 102 congresistas llegados de Barcelona. En la excursión a Sagunto, los diarios cuentan 130 y la crónica del grupo, «pli ol 200». Fernando Soler Valls, que estaba allí, recordaba cuarenta y dos años más tarde que en Valencia se recibieron «300 gesamideanojn». Ninguna fuente de la época da esa cifra.
Miércoles 15: la ciudad, los retratos y la sesión única
Por la mañana, Inglada y Aguilar Blanch lo llevaron en carruaje a ver la Lonja, la Catedral y la Audiencia, y después la colección paleontológica Botet, donde —según la crónica— se quedó media hora mirando los esqueletos. En el Ayuntamiento se quedó a ver el Archivo, del que hizo notar el orden y la cantidad de volúmenes «como inteligente en la materia».
A las once, el fotógrafo valenciano Novella lo invitó a su estudio, junto a la oficina del poscongreso, y le hizo unos cuantos retratos; por deseo de Zamenhof, uno de ellos es con Inglada. Por la tarde, en la arena de la Exposición, se hizo una fotografía de grupo de todos los congresistas —Zamenhof no sale en ella—.
Visitó al capitán general Jiménez Castellanos y al alcalde; el gobernador civil no lo pudo recibir porque estaba en una reunión sobre el puerto. El alcalde lo recibió «plej afable» e invitó a todos los esperantistas al té de la noche siguiente. Mientras los demás recorrían los palacios de la Exposición, Zamenhof y los Sébert se sentaron en la terraza de la Fuente Luminosa, donde la señorita Lacruz —dice la crónica— le daba aire con el abanico y hacía reír a todo el mundo.
La sesión estaba convocada a las seis y nadie quería levantarse de la silla. Aguilar Blanch e Inglada no se atrevían a decírselo a Zamenhof, «ĉar li ŝajnas agrable ripozi sur la teraso» —porque parecía que descansaba a gusto en la terraza—. Empezó a las siete y media.
La sesión única del poscongreso
La abrió Aguilar Blanch, diciendo que era solo una reunión íntima y que lo que se pretendía era convencer al público de que el esperanto se entiende. Inglada leyó las adhesiones: dos telegramas del secretario de la sociedad española, una carta del mayor Huecas de Gerona y una del presbítero Lorenzo G. Sempere, que se quedaba en Xàtiva por obligaciones religiosas. Y un telegrama de Ricardo Codorniu que dice, en la crónica de 1909, que el gobierno tiene la intención de condecorar a Zamenhof como comendador de Isabel la Católica — lo mismo que los diarios publicaban como «trabajos realizados cerca del gobierno». La compilación de 1959 lo convierte en un hecho consumado; la historia completa de la condecoración es otra.
Hablaron, todos en esperanto: Moscheles por los ingleses; el doctor Talens, por los grupos de Carcaixent y Tavernes; Ferri, de Dalmacia; la señorita Lacruz; Bourlet; el padre Guinart; el doctor Mibs, presidente del congreso de Dresde; el capitán Perogordo por el grupo de Madrid; Douglas, por Irlanda; Alfonso Sabadell, vicepresidente del congreso de Barcelona, y Tellini, por Italia.
De tres de esas intervenciones vale la pena saber más.
El regalo de Talens. Los dos diarios dicen que regaló a Zamenhof «una colección de fotografías de todos los cónsules de España», y la frase es extraña porque no lo era. La crónica del grupo explica qué era en realidad: una sola fotografía, hecha por él mismo, con la estrella de cinco puntas en medio de las nubes, la cara de Zamenhof dentro de la estrella y, formando un rectángulo alrededor, los retratos de todos los cónsules esperantistas de España —los representantes locales del movimiento— con el nombre y la ciudad debajo de cada uno.
La señorita Lacruz. Los dos diarios la hacen «de Oviedo». La revista imprime su retrato con el pie «F-ino Julia Lacruz — Utiel, (Valencia) Hispanujo»: era de Utiel, y ya en 1907 la misma revista la llamaba «nia klera samideanino» por unos artículos suyos en El Ideal de Utiel. Pidió a las valencianas que aprendieran esperanto, y a mitad del discurso se trabó:
«…pardonu, mi ne trovas la ĝustan vorton!»
«…¡perdonad, no encuentro la palabra justa!»
La crónica cuenta que esa naturalidad entusiasmó al público más que el discurso, y que los aplausos casi no la dejaban continuar.
La gallina de Iriarte. El padre Guinart elogió a Zamenhof, pero recordó la fábula de Iriarte sobre los huevos: en un país que no los conocía, los fueron cocinando de muchas maneras y todo el mundo alababa al cocinero de turno, hasta que alguien protestó porque se olvidaban de quien había traído las gallinas. Guinart lo dijo por Jiménez Loira, «kiu alportis tien ĉi la esperantajn kokinojn» —quien trajo aquí las gallinas esperantistas—.
Inglada cerró con un poema propio, que tuvo que recitar tres veces —en esperanto, en castellano y otra vez en esperanto—:
En urb’ de la floroj, per lingv’ Esperanto, Regadas nun vera konsento, La homoj kunvivas kredante sin fratoj, Dum korojn batigas amsento.
En la ciudad de las flores, por medio de la lengua esperanto, reina ahora un acuerdo verdadero: la gente convive creyéndose hermanos, mientras el sentimiento de amor les hace latir el corazón.
Terminó Zamenhof, que agradeció a Alfonso XIII «la protección que dispensa á la propagación del Esperanto» y, refiriéndose a una personalidad valenciana que había dudado públicamente de que los esperantistas se entendieran entre ellos, dijo: «Este acto le demostrará lo contrario». La sesión acabó con La Espero cantada de pie, dirigida por el barón de Menil.
Esos mismos días, otro congreso. La Correspondencia de Valencia del 16 de septiembre relata, en la misma página que la sesión esperantista, la clausura de un congreso obrero y mercantil que se celebraba también en Valencia, presidido por Sanchis Tamarit. Entre los acuerdos aprobados ese día está el de «propagar por todos los medios posibles el Esperanto en las sociedades obreras como medio de entenderse con los obreros extranjeros». No consta que tuviera nada que ver con el poscongreso.
Jueves 16: la muralla de Sagunto
Zamenhof no fue a Sagunto. La crónica es explícita: él y los Sébert se quedaron en Valencia y pasaron la mañana en la Exposición con Aguilar Blanch, Jiménez Loira e Inglada, porque la lluvia había impedido la excursión al puerto que tenían prevista.
A Sagunto fueron, a las siete y veinticinco de la mañana y por el ferrocarril Central de Aragón, más de doscientos excursionistas según la crónica —los diarios dicen 130—, con Bourlet, Menil, Moscheles, Tellini, Mibs, Ayza, Perogordo, Duyós, Sabadell, Marzal y un buen grupo de mujeres, entre ellas la señorita Lacruz. En la estación los esperaban el alcalde Ramón López y el secretario Francisco Pizcueta, con el pueblo aplaudiendo por las calles.
Subieron al castillo y se dividieron en grupos. Lo que pasó después lo cuenta el propio capitán Perogordo en un informe firmado en Madrid el 29 de septiembre de 1909 que la revista reproduce entero:
«kaj terure ni vidis, ke la remparo falis trenante kvin; du virinojn kaj tri virojn, unu, S-ro Mattés, kuŝis sanganta apud la vojo inter grandaj ŝtonoj rulantaj kun li, virino estis ĉe la murkrutaĵo tute senmova ĉar kiu ajn moveto povus ruligi ŝin, la aliaj en la unua parto de la falinta muro.»
«y vimos, horrorizados, que la muralla se había derrumbado arrastrando a cinco: dos mujeres y tres hombres; uno, el señor Mattés, yacía sangrando junto al camino entre piedras grandes que rodaban con él; una mujer estaba al borde del precipicio, completamente inmóvil, porque cualquier movimiento la podía hacer rodar; los demás, en la primera parte del muro caído.»
En cinco minutos llegó la Cruz Roja de Sagunto con camillas. El herido —«D. José Maties Llanos, natural de Barcelona», según Las Provincias— fue llevado a la casa consistorial, y allí pasó algo que el movimiento contó durante décadas:
«tie, kiel la kuracisto ne parolis esperante, mi estis devigata traduki la paroladon inter la vundito, la kuracisto kaj la juĝisto, kiu faris juĝenketon; pro tio mi unuafoje kaj oficiale tradukis esperantan paroladon, ĉar mi subskribis mian deklaron kaj tiujn de la vundito kaj de tri virinoj kiuj akompanis lin.»
«allí, como el médico no hablaba esperanto, me vi obligado a traducir la conversación entre el herido, el médico y el juez, que instruía unas diligencias; por eso traduje por primera vez y oficialmente una declaración en esperanto, porque firmé mi declaración y las del herido y de tres mujeres que lo acompañaban.»
Perogordo añade que el médico —presidente de la Cruz Roja local— y los suyos vieron «materialmente» para qué servía la lengua y prometieron aprenderla. Al mediodía llevaron al herido en camilla dentro de un vagón de equipajes hasta su hotel de Valencia, con Perogordo dentro para traducirle lo que pidiera. Y una nota final: «Mi faris ankaŭ raporton de tia okazintaĵo al Generalo Priou» —que también informó del caso al general Priou—.
En Valencia, la noticia llegó antes que la gente: los vecinos de Sagunto vieron caer el muro sobre cinco personas y la nube de polvo, y el primer telegrama a Valencia hablaba de un muerto y varios heridos. Zamenhof y los suyos fueron directos a la estación; allí ya estaban el gobernador civil, la Cruz Roja y media ciudad. Mattés llegó pálido en la camilla y Zamenhof lo consoló. Un hermano suyo vino de Barcelona y se lo llevó a casa unos días después.
Por la noche, como la lluvia obligó a suspender la traca y el castillo de fuegos, lo que quedó del programa fue el té que el Ayuntamiento ofreció en el Palacio Municipal de la Exposición: comida, helados y champán, brindis de Zamenhof, del alcalde y de Bourlet, y después baile en el Gran Casino. Allí pasó algo pequeño y muy explicativo: los músicos querían sorprender a los esperantistas tocando La Espero y no se la sabían; encontraron un libro del congreso, que lleva la partitura, y la sacaron.
Y una conferencia de farmacéuticos. La noche del 16, mientras la Exposición se quedaba sin fuegos, el doctor Bartomeu —que había llegado con el grupo de Barcelona— daba una charla en el local del Colegio de Farmacéuticos de Valencia sobre la Internacia Esperantista Farmacia Asocio, la asociación internacional de farmacéuticos esperantistas. Las Provincias del 18 da la junta entera: la presidía el doctor Levanzin, abogado y farmacéutico de Malta, con Van-Schoor (Bélgica), Bartomeu (España), Rouseau (Francia) y Heiberg (Noruega), y tenía como órgano oficial Farmacia Stelo, dedicada «exclusivamente á dar á conocer los inventos y novedades científico-profesionales en idioma Esperanto». Fue ovacionado, y allí mismo acordaron nombrar un delegado para la región.
Llovió cuatro días. La crónica se lo toma como una ofensa personal: los excursionistas «kiuj pensante pri Hispanujo revis pri lando sunriĉa» —que pensando en España soñaban con un país lleno de sol— se encontraron en Valencia un tiempo «indan je Londono», digno de Londres; y la revista hace notar que desde mayo no había caído una gota.
Los ojos: cuatro versiones
De todo lo que se cuenta de la visita, el episodio más repetido es que Zamenhof, que era oculista, operó a alguien en Valencia. Las cuatro fuentes no dicen lo mismo.
La crónica de 1909, la más próxima, es también la más concreta. Sitúa la escena la mañana del 16, en el Palace Hotel, mientras los demás estaban en Sagunto:
«En la Palace Hôtel, kie loĝis D-ro Zamenhof, ia familio sin prezentis, kun la peto, ke la aŭtoro de Esperanto operaciu malsanulon je la okuloj, jam kuracitan sen sukceso de aliaj kuracistoj. […] Feliĉe D-ro Aguilar Blanch, kiu estas ankaŭ okulisto, proponis sian ĉambron kaj ilojn al D-ro Zamenhof, kiu en la domo de S-ro Aguilar kaj helpata de li, faris tre sukcese la petitan operacion.»
«En el Palace Hôtel, donde se alojaba el doctor Zamenhof, se presentó una familia con la petición de que el autor del esperanto operara de los ojos a un enfermo, ya tratado sin éxito por otros médicos. […] Por suerte el doctor Aguilar Blanch, que también es oculista, le ofreció su sala y sus instrumentos, y Zamenhof, en casa del señor Aguilar y ayudado por él, hizo con mucho éxito la operación pedida.»
La familia quiso pagar; él se negó; ante la insistencia aceptó los honorarios y los dio a la caja del grupo de Valencia, para propaganda. La crónica no dice ni el sexo ni la edad del enfermo, ni de qué lo operaba.
La compilación de 1959 repite eso mismo en resumen, pero pierde la familia y los médicos anteriores, y dice que fue «al la malsanulo» —al enfermo—, inmediatamente después de contar el accidente de Sagunto, cosa que invita a leer que el paciente era el herido. No lo era: Mattés tenía heridas en la pierna y en el vientre.
El recuerdo de Soler Valls, en una entrevista del Boletín núm. 29 de 1951 —cuarenta y dos años después, y él tenía setenta y ocho—, lo concreta mucho más de lo que ninguna fuente permite:
«sin prezentis al li malriĉa virino petante, ke li operaciu ŝin pri katarakto, kion tre volonte li faris tre sukcese ĉe kliniko de lia samideano D-ro Aguilar Blanch».
«se le presentó una mujer pobre pidiéndole que la operara de cataratas, cosa que él hizo de muy buen grado y con mucho éxito en la clínica de su correligionario el doctor Aguilar Blanch.»
La prensa del día (Las Provincias, 17 de septiembre) no habla de operación, sino de consulta, y ni siquiera lo da como información propia:
«A pesar de obedecer el viaje del Dr. Zamenhof á Valencia, exclusivamente al Congreso Esperantista que se está celebrando, dice un colega que no ha podido sustraerse á ejercer su profesión de médico y ayer actuó como tal reconociendo á una distinguida señorita, que deseaba consultar á dicho doctor, alentada por el renombre de éste como notable oculista».
Las cuatro hablan del mismo día. Lo que no cuadra es qué pasó: una operación a un enfermo al que otros médicos ya habían tratado sin éxito, una operación de cataratas a una mujer pobre, o un reconocimiento a una señorita distinguida que lo había pedido. La fuente más antigua y más detallada es la primera, y es también la que menos dice sobre quién era el paciente.
Viernes 17: la despedida
La despedida fue en la Estación del Norte, hacia las nueve de la mañana. Estaban el alcalde, Aguilar Blanch, representantes del Comité de la Exposición y de la agrupación esperantista. Se cantaron vivas y La Espero, y cuando el tren arrancó Klara Zamenhof lanzó una rosa por la ventanilla a Inglada, que la cogió. La crónica del grupo cierra esa escena con un verso: «Rozujo sovaĝa, simbolo de l’amo…» —rosal silvestre, símbolo del amor—.
Antes de irse, Zamenhof encargó a Las Provincias que transmitiera al pueblo valenciano, a las autoridades y a la prensa su agradecimiento por cómo los habían tratado. El diario lo publicó al día siguiente.
No todos se fueron ese día. El 18 de septiembre un grupito embarcó hacia las Baleares, y el padre Guinart, Ayza, Perogordo y Soler Valls se quedaron unos días más: los valencianos les hicieron una cena de despedida en el Miramar, junto al mar.
El epílogo: el retrato de Klara
Dos meses después, la redacción de La Suno Hispana se atrevió a pedirle a Klara Zamenhof un retrato para publicarlo. Ella lo envió, con una carta de la que la revista cita la despedida:
«…koregan saluton al vi kaj al ĉiuj niaj valenciaj amikoj.»
«…un saludo muy cordial para usted y para todos nuestros amigos valencianos.»
El número 71, el de noviembre de 1909, abre con ese retrato a toda página y con el título «Niaj juveloj / Nuestras joyas». La redacción explica que ha guardado el retrato y la carta «en ĝian juvelujon» —en su joyero—, junto a las postales que les había enviado Zamenhof, y que los esperantistas valencianos, que recordaban al matrimonio cada día desde la visita, «de nun kaj por ĉiam sin sentos fieraj ne esti forgesitaj de ili» —desde ahora y para siempre se sentirán orgullosos de no haber sido olvidados por ellos—.

La portada de La Suno Hispana núm. 71, de noviembre de 1909, con el retrato que Klara Zamenhof envió a la revista y el texto bilingüe «Niaj juveloj / Nuestras joyas». En ese mismo número sale la crónica del poscongreso.
La Suno Hispana, año VI, núm. 71, noviembre de 1909, pág. 149.
El alcalde no era Pedro Aliaga
La compilación de 1959 dice dos veces que el alcalde que recibió a Zamenhof en la estación y que habló en la velada era «S-ro Pedro Aliaga». La crónica de 1909 no lo nombra nunca: dice siempre «la urbestro», «S-ro Urbestro», sin nombre. El nombre, por tanto, lo añade el compilador medio siglo después.
Y es equivocado. Los dos diarios de la ciudad, los días 15, 17 y 18, dicen siempre Maestre, y el del 15 reproduce el discurso en que habla «en nombre del Ayuntamiento que me honro en presidir». El alcalde de Valencia en septiembre de 1909 era José Maestre Laborde-Boix, que lo fue desde 1907 y que dimitió en el otoño de 1909. Pedro Aliaga Millán fue alcalde de Valencia unos meses de 1910, según la lista de alcaldes de la ciudad: unos meses después de la visita.
Quién lo había contado antes
La visita no es inédita. El blog Valencia en blanco y negro la contó en abril de 2022, siguiendo la crónica de Las Provincias de la llegada, y el periodista Luis Fernández le dedicó una sección de Callejeando en Radio Valencia (Cadena SER) en diciembre de 2016, conservada en la Bitoteko. Lo que añadimos aquí es el contraste entre las tres fuentes —la crónica del grupo de 1909, los dos diarios y la compilación de 1959—, que es lo que permite ver dónde se han torcido las cosas.
Véase también
- Historia del esperanto en Valencia, donde la visita se inserta en el resto del siglo y se describe el estand de la Exposición Regional.
- La calle del doctor Zamenhof: la ciudad puso su nombre a una calle del barrio de la Petxina en 1934.
- La protección que dispensa: qué había detrás del agradecimiento de Zamenhof a Alfonso XIII y qué pasó con la condecoración.
Fuentes
Crónica del grupo, 1909: «La Postkongreso en Valencio», La Suno Hispana, año VI, núm. 71 (noviembre de 1909), págs. 150-162, firmada «Postkongresano», con el informe «Esperanto, Ruĝa-Kruco kaj ĝia enketo» firmado por Josefo Perogordo en Madrid el 29 de septiembre de 1909. También en la Bitoteko. El estand de la Exposición, en el núm. 69 (septiembre de 1909).
Prensa valenciana de 1909 (Biblioteca Virtual de Prensa Histórica): Las Provincias, 14 de septiembre (anuncio de la llegada, programa y nota biográfica); Las Provincias, 15 de septiembre (el viaje, el recibimiento, la comitiva y la velada); Las Provincias, 16 de septiembre (el día 15 y la sesión única); La Correspondencia de Valencia, 16 de septiembre (la sesión única, la excursión a Sagunto y el congreso obrero); Las Provincias, 17 de septiembre (Sagunto, el té del Ayuntamiento y la consulta de oculista); Las Provincias, 18 de septiembre (la despedida y el estado del herido).
Compilación de 1959: «Notoj pri la vizito de D-ro Zamenhof al Valencio», Boletín de la Federación Española de Esperanto núm. 118 (noviembre-diciembre de 1959), compilado de La Suno Hispana; el estand de la Exposición, en el núm. 115 (mayo-junio de 1959).
Recuerdo de Soler Valls: entrevista de J. Juan Forné en el Boletín núm. 29 (mayo de 1951).
Julia Lacruz en 1907: La Suno Hispana núm. 48 (diciembre de 1907).
Alcaldes de Valencia: José Maestre Laborde-Boix y el Anexo: alcaldes de Valencia.
Relatos anteriores: Julio Cob, «El Dr. Zamenhof en Valencia», Valencia en blanco y negro, 7 de abril de 2022; Luis Fernández, «El doctor esperanzado», Callejeando, Radio Valencia (Cadena SER), 7 de diciembre de 2016.
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