Texto completo del reportaje de Jorge Alacid sobre los esperantistas de Valencia que Las Provincias publicó en papel el domingo 25 de octubre de 2026, en las páginas 12 y 13 de la sección Valencia, con fotos de José Luis Bort. La versión web del reportaje, de pago, había salido el 19 de octubre; nuestra entrada sobre ella reproduce los audios de la visita, transcritos.

Las páginas 12 y 13 de Las Provincias del 25 de octubre de 2026. Pulsa la imagen para ampliarla.
El reportaje
Resistentes en Valencia. Un puñado de seguidores del idioma universal creado en el siglo XIX custodian ese legado en su sede, recién recuperada
Jorge Alacid

Raúl Salinas, en la sede de la Fundación, con la bandera esperantista. JOSÉ LUIS BORT
Raúl Salinas dice que lleva cuarenta años de informático, porque a los seis ya empezaba a trastear con los primeros ordenadores que circulaban por su casa. También lleva largo tiempo como esperantista: era un adolescente cuando cayó en sus manos un ejemplar de la revista PC World, que de regalo ofrecía aquel lejano mes de su mocedad un disquette para iniciarse en el idioma pretendidamente universal, que nació con esa vocación de lengua franca para todo el mundo. Una creación del doctor polaco-lituano Ludwik Lejzer Zamenhof, cuyo apellido de algo sonará por Valencia: tiene dedicada una calle por la Petxina, un reconocimiento cuya explicación apunta a la estrecha relación que los seguidores de aquel idioma que se inventó en el siglo XIX guardan con la ciudad. También con la provincia: Cheste, por ejemplo, tiene su propia historia al respecto, como subraya Salinas desde el piso de la calle Duque de Calabria donde tienen su sede los esperantistas valencianos, recién recuperada. Son los herederos de quienes hacia 1934 convencieron al Ayuntamiento republicano de distinguir con esa calle que lleva su nombre a su Sumo Sacerdote, el citado Zamenhof, cuya memoria honran todavía, aunque con su número menguado. Son los resistentes del esperanto. Son gente como el propio Raúl o Joan Catalá, entusiasta fan del idioma nacido con vocación universal.
Salinas ejerce además como una suerte de CEO del esperantismo, su guardián de las esencias porque además se encarga de custodiar el piso que tutela la llamada Fundación de Esperanto de la Comunidad Valenciana, constituida ante notario el 18 de abril de 1988, gracias al decidido impulso de su promotor, Fernando Soler Valls, un valenciano de Albaida, a quien siguió en el empeño su hijo, José Fernando Soler Sempere. Cabe deducir que nunca tuvieron un impacto extraordinario entre la sociedad valenciana, porque el sueño lejano con que Zamenhof alumbró su criatura allá en 1887 nunca terminó de cuajar con su propósito central, casi una utopía: que los seres humanos se pudieran comunicar en un único idioma, una fantasía de bilingüismo universal, porque mantendrían el vernáculo pero añadirían este otro hallazgo denominado con esa palabra elegida porque apuntaba hacia el corazón de las intenciones de su creador. Esperanto viene de esperanzado, el alias que empleaba aquel doctor, cuyas expectativas fueron vanas… hasta cierto punto. No alcanzó el reconocimiento mundial que ansiaba pero al menos en Valencia y el resto del globo cuenta con un grupo de entusiastas adhesiones a su vieja aspiración, la utopía que jamás prosperó.

Un manual de esperanto, custodiado en su sede valenciana. J.L.B.
Sus simpatizantes valencianos están ahora de enhorabuena. Acaban de recuperar la gestión de la Fundación, cuyos avatares conocieron mil complicaciones hasta que, por fin, Raúl, en compañía de otros miembros del esperantismo local como Ramón Diago y Luis Salag, consiguió recuperar la tutela de la entidad, procedió a la entrada en el piso, convertido en una suerte de museo del esperantismo, y empezó a organizar el mobiliario y demás partes del naufragio, incluido una reliquia de ordenador que, gracias a su destreza como profesional informático, se desencriptó para desvelar los secretos que contiene.
La sede de la Fundación atesora un valioso arsenal de objetos vinculados al esperantismo: es un poco santuario y un poco museo
El resto de piezas que hablan de la historia del esperantismo saludan al visitante de la vivienda mientras se termina de ordenar. hay un antiguo cartel del doctor Zamenhof, retratos de los fundadores de la Fundación, un misterioso piano, archivos, carpetas y papelería varia… Y una bandera, la bandera del esperantismo. Verde, por supuesto, porque ese es el color divisa del movimiento, el de la esperanza. En una esquina figura su otro símbolo, el blanco, que encarna la paz, junto a una estrella de cinco puntas: tantas como continentes. E incluso atesoran una cierta producción bibliográfica, como señalan Salinas y Catalá, pertrechados tras una amplia colección de libros en esperanto.

Enseres heredados de los anteriores gestores de la Fundación. J.L.B.
Y aportan además otra clase de argumentos, en este caso musicales, para defender su idea de que el esperanto no sólo tiene pasado, sino también futuro. Se habla, aunque sea en grupos reducidos, pero también se puede cantar: atentos a este himno titulado Mia loco, obra de una banda llamada Eterna Rima y que en efecto rima. Es una adaptación del idioma de Zamenhof al universo rapero, un bagaje que fortalece la vigencia del esperanto encierra más bien su espíritu, lo intangible. En lo prosaico, su Fundación valenciana dispone ahora de un valioso patrimonio que sus dirigentes pretenden dirigir a extender entre la sociedad los beneficios prácticos que se derivan de la práctica del idioma.
A petición de LAS PROVINCIAS, Raúl explica sus intenciones… en esperanto. Más o menos, se le entiende, cuando se anima junto a Joan a participar en el experimento de leer en la lengua de Zamenhof un artículo de nuestro diario. Y se les entiende más o menos porque el esperanto, carente de una única raíz, se construye como una lengua mixta, donde vierten diversas procedencias, pero el tronco central llega de las lenguas romances: es decir, el latín de toda la vida, el de nuestros ancestros, el papá del castellano, del valenciano y de tantas otras ramas de aquel frondoso árbol. El esperanto es por cierto un idioma carente de género. Así se entiende que el fallecido Fernando Soler bautizara como ‘Verda’ a su perrita, que pudiera haber sido perrito y adoptar el mismo nombre. Raúl sonríe mientras cuenta la anécdota y señala al techo (una estrella decora el pasillo de la casa) y luego al suelo del piso, un piso que es mitad santuario, mitad museo. En efecto, está pintado en una loseta de deslumbrante color… verde.
La visita concluye y el encuentro con Raúl y Joan, también. La casa está a punto de salir al mercado de alquiler, a un precio que la Fundación todavía medita. Raúl se asoma al balcón a saludar. Acaba de contarnos que él, como la mayoría de esperantistas, se decantaron por estudiar el idioma y luego hacerlo suyo porque tenían cierta veta natural políglota. También observa que en los años de auge en Valencia, mediado el siglo pasado, era habitual que se extendiera su uso entre militantes de izquierdas, del socialismo al anarquismo, y entre sindicalistas, una tendencia que puede explicar aquel Ayuntamiento republicano elevara en su día a Zamenhof a su nomenclátor. Sus herederos no comparten esa misma filiación tan acusadamente; el perfil que Salinas cree hoy más habitual es el suyo y el de Catalá, el de adictos a la informática, como afición o como oficio. Pero unos y otros, los pioneros y sus actuales seguidores, están emparentados por un nexo común. No sólo comparten el interés por este idioma sino que se consideran dotados de un sentimiento compartido, la idea de fraternidad. El atributo con que nació, «un sentimiento de humanidad universal».

Salinas, en el balcón de la finca. J.L.B.
Prueba del auge que tuvo el idioma, sobre todo entre la izquierda, es la calle que el Ayuntamiento republicano dedicó a su inventor
Cheste, la activa Compostela de los esperantistas valencianos
J.A.L.
La historia del esperanto en Valencia no se puede desprender de los avatares que distinguen la biografía de uno de sus principales artífices. Francisco Máñez, un vecino de Cheste, que durante el pasado siglo difundió los beneficios de un idioma al que había llegado de manera autodidacta. Fruto de su entusiasmo, entabló vínculos muy estrechos con otros esperantistas europeos, hasta el punto de que movilizó a toda la localidad para acoger a 400 niños austriacos, llegados a la población huyendo de la I Guerra Mundial. Como tantos esperantistas, Máñez, agricultor de profesión, era de izquierdas. Miembro activo del PSOE, tras la Guerra Civil, fue detenido y condenado a muerte en Consejo de Guerra, pero su sentencia fue conmutada por 30 años de reclusión. Estuvo preso en San Miguel de los Reyes hasta su libertad condicional en 1943, cuando se trasladó a residir a Zaragoza, donde falleció… aunque no del todo.
Al menos su memoria vive, fresca todavía, en su localidad natal, una suerte de Compostela valenciana para los seguidores del esperantismo valenciano. Agrupados en entidades como el Ateneo La Alianza, organizan encuentros, editan publicaciones y mantienen una serie de actividades con proyección pública: en algunos puntos de la localidad se instalan incluso placas que reivindican a Cheste como núcleo esperantista. También acogió recientemente el congreso nacional de los seguidores del idioma, como explica Rosa Zanón, alma máter del colectivo y activa (y ejemplar) militante en el propósito central de los seguidores de Zamenhof y Máñez: «Que el esperanto continúe teniendo la importancia que siempre ha tenido en nuestro pueblo».
Diferencias con la versión web
El texto impreso no es idéntico al de la web: está editado para el papel, y no recoge las correcciones que la versión digital recibió el mismo 19 de octubre en cuatro pasajes:
- La constitución de la Fundación en 1988. En papel, «gracias al decidido impulso de su promotor, Fernando Soler Valls, un valenciano de Albaida, a quien siguió en el empeño su hijo, José Fernando Soler Sempere». En la web, «gracias al decidido impulso de José Fernando Soler Sempere, hijo del principal promotor del esperantismo, Fernando Soler Valls, un valenciano de Albaida, a cuyo descendiente ayudaron en este empeño otro dos aficionados al idioma, Rafael Herrero y Juan Bautista Fontecha».
- La sede. En papel, el piso es donde «tienen su sede los esperantistas valencianos». En la web, es la «sede de la Fundación que agrupa a buena parte de los esperantistas valencianos, recién recuperada, que convive con la que ocupa el Grupo Esperanto de Valencia, una entidad que existe desde el año 1903».
- Los niños austriacos. En papel, Cheste acogió a «400 niños austriacos, llegados a la población huyendo de la I Guerra Mundial». En la web, a «una decena de niños austriacos, llegados a la población huyendo del hambre que siguió a la I Guerra Mundial en Centroeuropa». Sobre esos niños, véase Catorce niños austriacos en Cheste.
- Zaragoza. En papel, Máñez «se trasladó a residir a Zaragoza»; en la web, «se trasladó desterrado a Zaragoza».
Fuente
- Jorge Alacid, «Los guardianes del esperanto, herederos de una utopía», Las Provincias, domingo 25 de octubre de 2026, págs. 12-13 (Valencia); fotos de José Luis Bort. Transcrito de un ejemplar en papel, cuyas dos páginas están al principio de esta página. Los derechos son de Las Provincias.
- Jorge Alacid, «Herederos del doctor Zamenhof: los guardianes del esperanto en Valencia», Las Provincias, 19 de octubre de 2026 — la versión web, de pago.
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