Un fin de semana de esperanto en Sueca, en julio de 2015

El 2 y el 3 de julio de 2015, un grupo de algo más de una docena de personas pasó un fin de semana aprendiendo esperanto en Sueca. Costó 25 euros por persona y recaudó unos 300. El local lo consiguió Vicent-Lluís Gimeno i Fuset, esperantista de Sueca; el curso lo organizó Enric Baltasar, de Oliva. Habían pasado dos meses del congreso de Cullera, y este curso no formaba parte de él: era una actividad aparte.

Foto de grupo del curso: catorce personas de pie ante una pizarra blanca, en un aula con mesas, y dos niñas en el centro sosteniendo la bandera del esperanto. En la pizarra, la lista de nombres de los asistentes y las frases del ejercicio.
Foto de grupo del curso: catorce personas de pie ante una pizarra blanca, en un aula con mesas, y dos niñas en el centro sosteniendo la bandera del esperanto. En la pizarra, la lista de nombres de los asistentes y las frases del ejercicio.

La foto la conserva Enric Baltasar. El hombre del extremo izquierdo es Vicent-Lluís Gimeno i Fuset, quien consiguió el aula.

Qué se ve en la foto

La única imagen que tenemos del fin de semana es esta, de mala calidad, pero con la pizarra a la vista, que es lo que la hace valiosa. A la izquierda está la lista de los nombres de los asistentes —Ana, Maria, Vicent, Marta, Elena y, en otra columna, Javi—, escritos como se hace el primer día de cualquier curso. A la derecha, el ejercicio: «Kion vi volas diri en Esperanto?», «¿qué queréis decir en esperanto?», con las frases que la gente iba pidiendo y que después se resolvían entre todos. En la parte de arriba, un correo y una dirección web que no llegan a leerse.

Es una manera de dar clase que Baltasar ha defendido siempre: que la gente construya frases desde el primer momento y adivine qué quieren decir las palabras, en lugar de empezar por la gramática.

Cuánta gente había

En la foto se cuentan catorce personas, dos de ellas niñas. Baltasar conserva también una lista donde constan diez, y él mismo lo explica diciendo que en la foto hay más de las que se apuntaron por escrito: una parte de la gente se sumó sobre la marcha, como pasaba siempre en estas convocatorias.

Lo que no sabemos

Dónde se hizo exactamente. Baltasar lo recuerda como un espacio cedido, y le viene a la cabeza la escuela oficial de idiomas, pero no lo asegura; el aula de la foto, con mesas de aulario, pizarra blanca grande y un ordenador al fondo, es de un centro de enseñanza, y eso es todo lo que se puede decir. Tampoco sabemos quiénes son la mayor parte de las personas retratadas.

La fotografía, de hecho, le constaba como «curso Cullera» hasta que, buscando en el correo, encontró el horario del fin de semana de Sueca y contó la gente de la imagen: el número coincidía.

Por qué importa un curso de doce personas

Porque es exactamente el modelo que aquel ciclo valenciano intentaba: cursos cortos, intensivos, de pago —poco, pero de pago— y pensados para que la gente se conozca. Baltasar lo explicaba así años después: si consigues que unas pocas personas pasen un fin de semana juntas, pagan más que por una clase suelta, se relacionan entre ellas y vuelven a la siguiente actividad; y como el local lo cede una institución y la asociación no tiene ánimo de lucro, el dinero se puede reinvertir en traer a más gente la próxima vez.

De aquel ciclo —el del encuentro de Oliva de 2013, el de la Asociación Valenciana de Esperanto y el del congreso de Cullera— este fin de semana era una de las piezas pequeñas, y es la que menos rastro había dejado.

Fuentes

  • Enric Baltasar. Entrevista por videoconferencia, 13 de septiembre de 2026; notas nuestras. De ahí vienen la fecha, el precio, la recaudación, quién consiguió el local y la fotografía.
  • Fotografía conservada por Enric Baltasar, reproducida aquí con su permiso.

Véase también

Entrada incorporada retrospectivamente el 13 de septiembre de 2026. La fecha de la entrada corresponde al documento o actividad original.

Referencias

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