SPR! 2007: el encuentro de esperanto sin programa de Callosa d’en Sarrià

Del 16 al 22 de julio de 2007, unas sesenta personas acamparon en las Fuentes del Algar para un encuentro de esperanto en el que el programa lo hacía la gente.

En corto: del 16 al 22 de julio de 2007, unas sesenta personas de diez lugares de Europa acamparon junto a las Fuentes del Algar, en Callosa d’en Sarrià, para la SenPrograma Renkontiĝo (SPR!), el encuentro de esperanto sin programa. El programa, la comida y la fiesta los hizo la propia gente que asistió. Contamos quién lo organizó, cómo funcionaba, qué se hizo allí y cómo lo recibió el pueblo.

¿Qué fue la SenPrograma Renkontiĝo?

Una acampada de esperanto de una semana, del 16 al 22 de julio de 2007, en un camping de las Fuentes del Algar, en Callosa d’en Sarrià, en la Marina Baixa. En esperanto se llamaba SenPrograma Renkontiĝo, «el encuentro sin programa», y su web en catalán lo llamaba «l’Aplec Sense Programa».

Lo organizaron la Joventut Catalana d’Esperanto y la Joventut Valenciana d’Esperanto —en esperanto, Kataluna Esperanto-Junularo y Valencia Esperanto-Junularo— con Varsovia Vento, de la juventud esperantista polaca.

¿Cómo funcionaba un encuentro sin programa?

Según la crónica que publicó La Ondo de Esperanto, no había ningún programa estricto: la gente que iba decidía qué se hacía y cómo. Cada día, equipos distintos se encargaban de las actividades, el bar, el rincón tranquilo, la música, el ambiente y la comida.

La web del encuentro lo explicaba así antes de empezar: el programa lo decidiría la gente que participara, y también la comida, el ambiente y todo lo que hiciera falta. Se cocinaría allí mismo: cada día se formaría un equipo para comprar, cocinar y limpiar, y cada persona tenía que apuntarse al menos un día de su estancia. De eso se encargaría gente esperantista con experiencia en cocina para grupos, con menús de cocina de la zona y platos vegetarianos.

Lo que sí estaba preparado era el sitio: el camping tenía duchas, aseos y barbacoas, y el equipo organizador pensaba montar un aula, una cocina, un rincón tranquilo para tomar un té y un bar. La inscripción pedía una cuota obligatoria de 9 euros. Para la comida, cada persona elegía: hacérsela por su cuenta o apuntarse al fondo común, a 9 euros por día. Y cada cual llevaba su tienda, su saco de dormir y su esterilla; quien tocaba algún instrumento, también el instrumento.

¿Quién fue?

Unas sesenta personas de Portugal, España, el País Vasco, los Países Catalanes, Occitania, Francia, Bélgica, los Países Bajos, Polonia y Rusia. La mayoría tenía veintitantos años, pero había gente de todas las edades: la persona más joven tenía 15 y la mayor, 59.

Casi la mitad de la gente iba por primera vez a un encuentro de esperanto. Para la autora de la crónica, la más joven, era su primer encuentro internacional: cuenta que ganó soltura en esperanto y que volvió a casa contagiada por el «virus verde».

¿Qué se hizo allí?

Sin programa no quiso decir sin actividades. La crónica cuenta muchas:

  • Lenguas. Cada día, Irek Bobrzak dio un curso de esperanto con el método directo para quien empezaba. Otras personas esperantistas organizaron por su cuenta cursos de catalán y de euskera, y hubo un taller de toki pona, donde se aprendió lo básico de esa lengua y para qué sirve.
  • Cultura del lugar. La gente de aquí enseñó danzas tradicionales y costumbres como beber en porrón, y hubo un taller de castells, las torres humanas, aunque solo dos personas del grupo tenían experiencia.
  • Juegos y naturaleza. Un torneo de ajedrez, una exposición de las plantas aromáticas de la zona para aprender sus nombres en esperanto, excursiones por la sierra, baños en el río y, para quien quería, la playa, bastante cerca en coche.
  • Las noches. Según la crónica, era el momento más animado y divertido: cada noche se montaba una fiesta espontánea, con salidas al río, charlas, cartas, juegos y concursos de porrón, que consistían en contar en voz alta mientras alguien bebía. También había un bar y un sitio para bailar. Había gente que tocaba la guitarra, el acordeón, la mandolina, el violín y el flabiol, la flauta tradicional catalana, y hubo duelos de canciones improvisadas y canto a coro.

Una noche hubo una velada nada solemne para hacer el encuentro más internacional: cada persona quemó en el fuego la bandera de papel de su país o de su nación —y las hubo de ciudades, de regiones y de equipos de fútbol— mientras se cantaba su himno.

¿Cómo lo recibió Callosa d’en Sarrià?

Con toda solemnidad, el ayuntamiento recibió a una representación de cada país, y desde la alcaldía se dedicaron palabras amables al esperanto. La gente esperantista de aquí le regaló al pueblo una edición especial de los cantos de amor de Ausiàs Marc, con los versos originales y, al lado, la traducción al esperanto de Abel Montagut. La representación polaca le regaló una botella del mejor vodka.

El ayuntamiento, por su parte, dejó entrar gratis a las zonas de baño del río, a la piscina municipal y al polideportivo a toda persona que llevara la chapa del encuentro, y le dio a la SPR! todas las facilidades que pudo. Canal 9 envió dos cámaras y a una persona de la redacción, y conectó en directo cuatro veces con el camping.

¿Se podría volver a hacer?

Ninguna de las fuentes que hemos encontrado dice si la SPR! se repitió otros años. La receta, eso sí, cabe en pocas líneas: un camping junto a un río, un fondo común para la comida, equipos que se turnan cada día y un programa que pone la gente. Si quieres volver a probarlo, escríbenos.

Fuentes

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