En la Comunitat Valenciana hay dos instituciones que publican gramáticas y diccionarios del valenciano, pero no tienen el mismo estatus. La Acadèmia Valenciana de la Llengua es la institución a la que el Estatuto de autonomía encarga fijar la normativa, y esa normativa es de aplicación obligatoria para todas las administraciones valencianas. La Real Acadèmia de Cultura Valenciana elabora desde 1979 una codificación alternativa —las Normas del Puig— que parte de una premisa distinta: que el valenciano es una lengua independiente del catalán. Cualquiera puede escribir con ella, pero no es la norma oficial.
Publicamos esto en una web esperantista porque el caso valenciano plantea, aquí mismo y con documentos al alcance, las preguntas que han recorrido toda la historia del esperanto: quién tiene autoridad para fijar una lengua, de dónde le viene esa legitimidad, qué pasa cuando una parte de los hablantes deja de reconocerla y qué cuesta mantener dos codificaciones rivales. Son las mismas preguntas de 1894 y del ido, con la diferencia de que aquí el conflicto tiene leyes, presupuestos y escuelas.

Dos columnas sobre un fondo claro. A la izquierda, bajo el título «AVL · normativa oficial», las palabras València, xiquet, jo, organitzar, metge, literatura. A la derecha, bajo el título «RACV · Normes del Puig», las mismas palabras escritas Valéncia, chiquet, yo, organisar, mege, lliteratura.
Dos instituciones, dos estatus distintos
El artículo 41 del Estatuto de autonomía establece que la Acadèmia Valenciana de la Llengua (AVL) es la institución normativa del idioma valenciano y que sus decisiones son de aplicación obligatoria para todas las administraciones públicas de la Comunitat Valenciana. La Ley 7/1998, de creación de la AVL, amplía esa obligación a las instituciones de la Generalitat, al sistema educativo, a los medios públicos y a las entidades y empresas de titularidad o financiación pública.
La Real Acadèmia de Cultura Valenciana (RACV) es otra cosa. Según su propia Secció de Llengua i Lliteratura Valencianes, nació en 1915 por impulso de la Diputación y el Ayuntamiento de València, como Centro de Cultura Valenciana, y hoy pertenece a la Confederación Española de Centros de Estudios Locales del CSIC. Tiene académicos, diccionarios, gramática, corrector, editoriales que publican con su norma y cursos que la enseñan. Lo que no tiene es la competencia que el Estatuto atribuye a la AVL.
Eso no hace ilegal escribir con las Normas del Puig. Un particular, una editorial o una asociación pueden usar la codificación que quieran. La incompatibilidad aparece cuando una administración pretende aplicar una distinta de la fijada por la AVL. Por eso, recuperarlas oficialmente no sería cambiar un manual de estilo: habría que modificar la legislación y, si se quisiera sustituir la autoridad de la AVL, reformar también el Estatuto.
Hablar de «las dos academias» sin más explicaciones esconde esa asimetría. Negar que la RACV exista y produzca obra normativa sería igualmente falso.
No es solo ortografía
Cuando se ven escritas las formas València y Valéncia, xiquet y chiquet, jo y yo u organitzar y organisar, es fácil pensar que se trata de dos maneras de escribir exactamente la misma lengua. La diferencia va más allá de las letras: las Normas del Puig forman parte de una codificación completa, con criterios de pronunciación, morfología, sintaxis y léxico, construida sobre la idea de que el valenciano es una lengua distinta del catalán.
| Aspecto | Normativa de la AVL | Normativa de la RACV |
|---|---|---|
| Concepción de la lengua | El valenciano es la variedad propia de los valencianos dentro de una lengua compartida. | El valenciano es una lengua independiente del catalán. |
| Criterio general | Prioriza formas valencianas y mantiene la cohesión con el resto de variedades. | Prioriza la diferenciación y las formas que considera genuinamente valencianas. |
| Grafías representativas | xiquet, jo, literatura, metge, organitzar, València | chiquet, yo, lliteratura, mege, organisar, Valéncia |
| Modelo oral | Distingue entre pronunciaciones formales, coloquiales y territoriales. | Establece un estándar oral propio y eleva a norma algunas realizaciones coloquiales generales. |
| Ámbito institucional | Obligatoria para la Administración y el sistema educativo valencianos. | Uso voluntario en entidades, editoriales y actividades privadas. |
Conviene deshacer aquí un malentendido fácil: la mayor parte de esas divergencias no cambian cómo suena la palabra. chiquet y xiquet, yo y jo, organisar y organitzar se pronuncian igual en las dos normativas; lo que cambia es la letra con la que se representa el mismo sonido. Y las razones que da la RACV para elegirlas no son la proximidad al habla de la calle: defiende la ch porque simplifica el sistema, porque «és una grafia més difosa internacionalment que la TX» —la tienen el inglés, el castellano y el gallego— y porque la literatura valenciana ya la usaba desde antiguo. Considerarla un castellanismo, dice, «és un erro», y lo argumenta con la autoridad menos sospechosa posible: la Gramàtica catalana de Pompeu Fabra de 1926, que registra que «aquest ch és actualment usat sols a València» («este ch se usa actualmente solo en Valencia»).
La Nova Gramàtica de la Llengua Valenciana de la RACV no presenta sus grafías como licencias: las integra en un sistema y las justifica por la tradición gráfica, la etimología o la pronunciación. El prólogo empieza diciendo que «el valenciano es una lengua neolatina, consecuencia directa de la romanización» del territorio, y sitúa el valenciano, el catalán y el occitano dentro de un diasistema más amplio que llama occitanovalenciano. No es una preferencia terminológica: es una hipótesis sobre el origen y los límites de la lengua.
La pronunciación lo muestra todavía mejor. La Gramàtica normativa valenciana de la AVL considera propia del estándar «la pronunciación de la d intervocálica en las terminaciones -ada y -ador», y añade que el enmudecimiento «es un fenómeno muy generalizado en el valenciano coloquial». La documentación formal de la ortografía de la RACV dice de la misma terminación que la d «se mantiene en la escritura por tradición, pero no se pronuncia». Las dos codificaciones no representan de manera diferente la misma pronunciación: ponen la frontera entre lo coloquial y lo formal en lugares distintos.
Y ningún estándar reproduce exactamente la calle. Escribir no es transcribir cada elisión ni cada pronunciación local; si lo fuera, una misma palabra se escribiría de manera diferente en Alcoi, en Castelló, en Elx y en la ciudad de València.
Valenciano o catalán: una cuestión de nombre y otra de clasificación
Valenciano es el nombre histórico, estatutario y social de la lengua propia de los valencianos, y usarlo no implica negar ninguna unidad lingüística. En filología, esa lengua recibe habitualmente el nombre de catalán.
La AVL formuló la distinción en su dictamen de 2005: las hablas valencianas, catalanas, baleares, andorranas, norcatalanas, algueresas y las de la Franja y el Carxe forman un mismo sistema lingüístico, y a la vez el nombre valenciano es plenamente legítimo y debe ser preservado. La Sentencia 75/1997 del Tribunal Constitucional anuló las resoluciones que impedían a la Universitat de València emplear catalán como denominación académica: no convertía la filología en competencia judicial, sino que reconocía la autonomía universitaria para usar la denominación científica.
Por tanto, el conflicto no se resume en «unos lo llaman valenciano y los otros, catalán». Muchísimas personas que lo llaman siempre valenciano aceptan que es la misma lengua que se habla en Cataluña y en Baleares. La divergencia real aparece ante otra pregunta: si son variedades de una misma lengua o lenguas independientes.
De las Normas de Castellón a las Normas del Puig
A comienzos del siglo XX los autores valencianos no compartían una ortografía estable. En 1932, escritores, publicaciones y entidades acordaron las Normas de Castellón: no una gramática completa, sino unas bases ortográficas que adaptaban al valenciano el sistema del Institut d’Estudis Catalans. Las firmaron o asumieron instituciones tan diferentes como la Societat Castellonenca de Cultura, Lo Rat Penat y el Centro de Cultura Valenciana, antecesor de la RACV. El preámbulo de la ley de creación de la AVL las describe como un «hecho histórico», y en 2016 fueron declaradas bien de interés cultural inmaterial (ficha del Ministerio de Cultura).
El conflicto actual tomó forma durante la Transición. En 1977 Miquel Adlert publicó En defensa de la llengua valenciana, y la Secció de Llengua i Lliteratura Valencianes de la entonces Academia de Cultura Valenciana elaboró en 1979 una nueva codificación. La propia RACV explica que la hizo por «el carácter provisional de las Normas de Castellón» y por «la necesidad de un modelo más próximo y fiel a la realidad lingüística del Pueblo Valenciano», y que fue ratificada el 7 de marzo de 1981 «por un millar de personalidades», en un acto en el monasterio de Santa Maria del Puig. De ahí viene el nombre popular.
La RACV añade que sus normas «son las únicas que han sido reconocidas oficialmente hasta la creación de la AVL», que el primer Estatuto de autonomía se publicó con sus criterios y que en los primeros años de la democracia fueron las usadas en la enseñanza pública. Esa fase, breve y políticamente convulsa, acabó cuando el gobierno autonómico salido de las elecciones de 1983 consolidó el uso administrativo de la normativa derivada de las Normas de Castellón.
No conviene proyectar hacia 1932 la división de ahora. Lo Rat Penat y el Centro de Cultura Valenciana participaron en aquel consenso, y algunas figuras que después se convirtieron en referentes del secesionismo habían defendido antes la unidad de la lengua. El conflicto contemporáneo no es la continuación inmutable de una disputa medieval: es, en buena parte, un producto político y cultural de las últimas décadas del siglo XX.
Particularismo no es secesionismo
Dentro de quienes aceptan la unidad de la lengua hay también modelos diferentes: uno más convergente, vinculado a la tradición del Institut d’Estudis Catalans y del Institut Interuniversitari de Filologia Valenciana, y otro más particularista, desarrollado por la AVL, que da preferencia a las formas valencianas. Un texto que use este, eixe, tindre, hui, dos o huit no está a medio camino de las Normas del Puig ni está mal escrito: puede seguir escrupulosamente el modelo oficial valenciano.
Eso se puede medir. La tesis de Miguel Vázquez-Sanchis, hecha con una muestra ponderada de 1.090 residentes de las 33 comarcas valencianas de entre 18 y 70 años, encontró que los hablantes no perciben el modelo particularista y el convergente como dos bloques compactos y excluyentes: los combinan, tienden a la indiferencia y muestran «una leve preferencia global por el modelo de la AVL». Las elecciones no responden a un único eje identitario, y no se pueden reducir a una dicotomía entre «valencianistas» y «catalanistas».
El blaverismo: más amplio que unas normas
Las Normas del Puig son el componente lingüístico más visible del blaverismo, pero los dos conceptos no son sinónimos. El blaverismo es un movimiento político e identitario surgido con fuerza durante la Transición, y toma el nombre de la franja azul de la Senyera. Vicent Flor, que le dedicó la tesis doctoral, lo describe como un regionalismo valenciano anticatalanista, generalmente conservador e insertado sin conflicto en la identidad nacional española.
En ese relato, Cataluña aparece como la amenaza principal a la personalidad valenciana, mientras que la presión histórica y presente del castellano recibe mucha menos atención. Eso produce una asimetría: una forma compartida con Cataluña puede ser denunciada como ajena, y un castellanismo muy extendido puede pasar por expresión espontánea del valenciano del pueblo.
El nombre del territorio forma parte del mismo conflicto. El preámbulo del Estatuto de 1982 lo dice sin rodeos: la autonomía nace donde «la tradición valenciana proviniente del histórico Reino de Valencia se encuentra con la concepción moderna del País Valenciano», y el artículo 1 resuelve la disputa con un tercer nombre, Comunitat Valenciana, que es el que consta como denominación oficial. País Valenciano es la forma que usa habitualmente el valencianismo que asume la unidad de la lengua y la que el blaverismo rechaza, y Reino de Valencia la que reivindica el sector particularista. El nombre oficial es, por tanto, un acuerdo negociado, y no una casualidad administrativa: en este artículo lo usamos por eso.
Conviene no convertir eso en una caricatura de todos los defensores de las Normas del Puig. El movimiento ha tenido escritores, juristas y periodistas, y una producción editorial documentada. Tampoco toda preferencia por un modelo más particularista es secesionista.
Cuando el sentimiento sustituye al argumento
Un rasgo del discurso blavero ha sido el antiintelectualismo, y hay que precisar qué quiere decir eso: no que sus partidarios tengan poca formación —el movimiento ha tenido académicos y ha publicado gramáticas y diccionarios—, sino que se niega la autoridad de los especialistas cuando sus conclusiones contradicen una convicción identitaria previa.
«La lengua es del pueblo, no de los filólogos» contiene una verdad y una confusión. Los hablantes tienen derecho a nombrar su lengua, a sentir una identidad y a aceptar o rechazar las recomendaciones de un estándar. Pero el sentimiento no resuelve por sí solo una cuestión histórica o comparativa: de «yo me siento valenciano y no catalán» no se deduce que valenciano y catalán tengan orígenes independientes.
El mecanismo aparece cuando el especialista que sostiene la unidad de la lengua deja de ser alguien con quien se discrepa y pasa a ser un enemigo. Si la mayor parte de los departamentos universitarios coincide, el consenso se puede reinterpretar como prueba de infiltración, y el razonamiento se vuelve incontrastable: el experto vale si confirma la conclusión inicial y queda descalificado si la contradice.
Sería un error, sin embargo, ignorar las responsabilidades del otro lado. Una parte del valencianismo cultural ha usado a veces un tono de superioridad, ha menospreciado preocupaciones identitarias reales o ha presentado como necesaria una identidad catalana que muchos valencianos no comparten. Eso ayuda a entender por qué el blaverismo encontró público; no valida sus hipótesis filológicas.
Defender una lengua sin hablarla
El valenciano puede funcionar como lengua de comunicación o como emblema identitario, y las dos funciones no siempre van juntas. Flor ha hablado, en una entrevista de 2012, de un uso retórico del valenciano dentro de un regionalismo sobre todo cultural. No tenemos, eso sí, ningún censo que permita decir qué proporción de los partidarios de las Normas del Puig las usa cada día: sabemos que hay una producción editorial sostenida, cursos de Lo Rat Penat, diccionarios, corrector y gramática, y también es fácil observar espacios donde el valenciano se defiende principalmente en castellano.
En todo caso, el problema sociolingüístico principal no es cómo se escribe una consonante, sino si el valenciano se transmite, se habla y ocupa espacios. La encuesta de conocimiento y uso social de 2021 y el barómetro de 2023 muestran una presencia del castellano muy superior en muchos ámbitos personales, profesionales y públicos.
Aquí hay una paradoja que un esperantista reconocerá enseguida: acercar el estándar al habla facilita la identificación de los hablantes, pero romper la compatibilidad con el resto del dominio lingüístico reduce el mercado editorial, los recursos educativos, los medios y las herramientas digitales disponibles. Es exactamente el cálculo que decidió la suerte del ido.
València o Valéncia: una letra convertida en política
El debate sobre el nombre oficial de la ciudad condensa casi todo el conflicto. Los valencianohablantes de la ciudad pronuncian normalmente la e tónica cerrada. La AVL lo reconoce, pero mantiene la grafía tradicional València como excepción ortográfica; la RACV considera que el acento debe reflejar la pronunciación y escribe Valéncia. El desacuerdo no es sobre cómo lo dice la gente: es sobre si el topónimo debe conservar una grafía histórica compartida o ajustarse al vocalismo local.
El gobierno municipal de PP y Vox abrió expediente para sustituir la denominación oficial València, aprobada por decreto en 2017, por la forma bilingüe Valencia/Valéncia. La AVL informó desfavorablemente el cambio y, en 2026, rechazó también las alegaciones municipales. Cuando escribimos esto, el topónimo oficial sigue siendo València y el expediente depende de la tramitación de la Generalitat.
¿Un conflicto con salida?
La creación de la AVL en 1998 intentaba cerrar una disputa que había bloqueado durante décadas la política lingüística valenciana, y lo hacía combinando tres elementos: el nombre oficial valenciano, una institución normativa propia y la continuidad con las Normas de Castellón. No convenció al secesionismo —Vox ha pedido las «modificaciones legislativas necesarias» para recuperar las Normas del Puig, y Lo Rat Penat reclama la reversión de la ley de creación de la Academia—, pero sí que permitió construir diccionarios, gramáticas y criterios oficiales con mucha más presencia de formas valencianas.
Probablemente no hay ninguna fórmula que elimine las discrepancias identitarias. Sí que se puede discutir con más claridad:
- decir valenciano no significa negar la unidad de la lengua;
- preferir formas valencianas no obliga a adoptar las Normas del Puig;
- una forma coloquial puede ser genuina sin ser adecuada para todos los registros;
- la RACV tiene una producción normativa real, pero no es una segunda autoridad oficial;
- escribir privadamente con las Normas del Puig es legítimo; aplicarlas en la Administración exigiría cambiar el marco jurídico;
- y la vitalidad del valenciano depende mucho más de su uso y de su transmisión que de la victoria simbólica de una grafía sobre otra.
El esperanto pasó por eso mismo a una escala pequeña y sin estado: una comunidad que discute si la norma la fija una academia, el uso o el fundador; una parte que se va porque no reconoce la autoridad común; y, al final, el descubrimiento de que el coste de romper la compatibilidad lo pagan los hablantes. Las lenguas no se gobiernan solas, y quién las gobierna nunca es solo una cuestión de gramática.
Fuentes
Legislación, jurisprudencia y documentos institucionales
- Corts Valencianes. Estatuto de autonomía de la Comunitat Valenciana, artículo 41.
- BOE. Ley 7/1998, de 16 de septiembre, de creación de la Acadèmia Valenciana de la Llengua.
- BOE. Ley orgánica 5/1982, de 1 de julio, de Estatuto de autonomía de la Comunitat Valenciana, texto consolidado, de donde salen el preámbulo y el artículo 1 sobre la denominación del territorio.
- Tribunal Constitucional. Sentencia 75/1997, de 21 de abril.
- Acadèmia Valenciana de la Llengua (2005). Dictamen sobre els principis i criteris per a la defensa de la denominació i l’entitat del valencià, en el DOGV.
- Acadèmia Valenciana de la Llengua (2006). Gramàtica normativa valenciana, de donde sale la cita sobre la d de -ada y -ador (§ 1.3.2.1.1).
- Acadèmia Valenciana de la Llengua. Criteris d’elaboració del Diccionari ortogràfic i de pronunciació del valencià.
- BOE. Decreto 16/2017, de 10 de febrero, por el que se aprueba València como denominación oficial del municipio.
- Ministerio de Cultura. Normas de Castellón, inventario del Patrimonio Cultural Inmaterial.
- Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Normes de Castelló (1932): facsímiles y documentación.
- Generalitat Valenciana (2021). Coneixement i ús social del valencià.
- Generalitat Valenciana (2023). Baròmetre d’usos personals, professionals i públics del valencià.
Documentos de la RACV y de Lo Rat Penat
- Secció de Llengua i Lliteratura Valencianes de la RACV. Sobre la normativa de la RACV, de donde salen las citas sobre el origen de las normas y la ratificación de 1981.
- RACV. Nova Gramàtica de la Llengua Valenciana: prólogo y uso de las consonantes.
- RACV (2020). Documentació formal de l’Ortografia de la Llengua Valenciana, 3.ª edición, de donde sale la cita sobre la d de la terminación -ada; presentada en la página de la Ortografia de la Llengua Valenciana i Estàndart Oral Valencià.
- RACV (2005). Resposta de la RACV al dictamen de l’AVL sobre la llengua valenciana.
- RACV. Informe sobre el topònim Valéncia.
- RACV (2012). Informe sobre la llengua valenciana i propostes de revalencianisació.
- López i Verdejo, Voro. Canvis ortogràfics dels últims 25 anys.
- Lo Rat Penat (2025). Lo Rat Penat recolza al seu president i exigix la reversió de la llei de creació de l’AVL.
- Calpe, Àngel (2005). La producció editorial en les Normes de la RACV (1979-2004).
Estudios
- Climent-Ferrando, Vicent (2005). L’origen i l’evolució argumentativa del secessionisme lingüístic valencià.
- Flor i Moreno, Vicent (2009). L’anticatalanisme al País Valencià: identitat i reproducció social del discurs del «blaverisme», tesis doctoral, Universitat de València.
- Flor i Moreno, Vicent (2011). El regionalisme anticatalanista i la construcció de la identitat valenciana autonòmica.
- Vázquez-Sanchis, Miguel (2025). Els valencians accepten la unitat de la llengua? Comparativa sistemàtica de formulacions, Treballs de Sociolingüística Catalana.
- Vázquez-Sanchis, Miguel (2026). El cas valencià: estàndard i actituds lingüístiques en una varietat no dominant d’una llengua pluricèntrica en conflicte, tesis doctoral. Los datos de la muestra y la conclusión sobre la leve preferencia por la AVL, tal como los resume Lletraferit.
Prensa y debate público
- Lillo i Usechi, Manuel (2023). «Però, què són les Normes del Puig?», Diari La Veu, centrado en el origen y las grafías.
- Editorial Afers (2012). Entrevista a Vicent Flor: «El blaverisme ha estat un dels factors clau que han donat la majoria social al PP».
- VilaWeb (2022). Entrevista a Vicent Flor: «El blaverisme, el regionalisme anticatalanista, és hegemònic al País Valencià».
- Vox (2022). «Vox pide recuperar las Normas del Puig por ser lo más cercano a la realidad lingüística de los valencianos».
- À Punt (2026). «L’Ajuntament de València aprova les al·legacions contra l’informe que rebutja canviar el topònim».
- VilaWeb (2026). «L’AVL tomba totes les al·legacions de l’Ajuntament de València per canviar el topònim».
Las citas de la AVL y de la RACV están traducidas del valenciano; los originales, con la ortografía de cada institución, se pueden consultar en los enlaces.
Véase también
- 1894: cuando Zamenhof intentó reformar el esperanto y los esperantistas le dijeron que no
- Ido: cuando reformar el esperanto significaba dejar de hablar esperanto
- Volapük: la lengua internacional que triunfó antes que el esperanto — y casi desapareció
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