1931 – Madrid, 14 de octubre de 2015
Nunca fue socio del grupo de Valencia, y está aquí por una razón sencilla: durante ocho años fue una de las personas que más hizo para que el grupo estuviera conectado con el resto del mundo. Lo hizo desde Madrid, por correo electrónico, cuando ya pasaba de los setenta y cinco años.

Darío Rodríguez López de Silva. Fotografía publicada por la Kataluna Esperanto-Asocio al dar noticia de su muerte, en octubre de 2015.
Nació en 1931 y vivió en Madrid casi toda su vida. Según la semblanza que publicó la Kataluna Esperanto-Asocio, se crió en un ambiente profundamente religioso y, muy joven, sintió rechazo por la dictadura franquista, y ese rechazo lo llevó a aprender catalán y esperanto. En 1961 trabajó un año en Perpiñán; después volvió a Madrid. La Ondo de Esperanto lo sitúa activo en el movimiento desde 1954.
Su segunda etapa, la que lo hizo conocido, empieza en 1997, cuando retomó el contacto con el movimiento y comenzó una actividad intensa en internet. Fue uno de los usuarios de esperanto más conocidos de la red, sobre todo en el grupo de Usenet soc.culture.esperanto y en decenas de listas de correo. La KEA destaca lo que él mismo se puso como tarea: construir puentes entre los esperantistas catalanes y los españoles. En 2008, en el 34.º Congreso Catalán de Esperanto de Sabadell, la KEA le reconoció la trayectoria. En 2013 formó parte del comité organizador del 86.º Congreso de SAT, en Madrid.
Lo que hizo por nosotros
Aquí es donde lo podemos documentar de primera mano, porque está en la correspondencia del grupo. Entre 2008 y 2015 fue una presencia constante en todas las listas que el grupo usaba —nia_listo, iberia-esperantistaro, satenhispanio, Maldekstro kaj Esperanto— y en la lista propia del grupo, EsperantoValencia, de la que fue administrador.
Esa tarea de administración es pequeña e invisible, y es exactamente la que mantiene viva una lista: aceptar altas, reenviar lo que no llegaba, avisar de direcciones muertas. En mayo de 2015 todavía pedía que le aprobaran el alta de Dennis Keefe porque, escribía, «para mí esa tarea es un poco complicada, mis 83 años pesan cada vez más». Cuando Augusto Casquero no conseguía publicar en la lista de Valencia, era Darío quien le transcribía los mensajes: así llegó al grupo, en octubre de 2014, la petición de ayuda para Flama Floro, una joven esperantista vietnamita que estudiaba en Murcia y venía a Valencia.
Y llevaba a la lista lo que pasaba cerca: la exposición de esperanto de la CGT en Gandía (enero de 2014), una charla en Castellón (octubre de 2014). Al revés también: cuando en diciembre de 2013 se cerró la radiotelevisión pública valenciana, fue él quien llevó el tema a la lista de SATeH, donde lo mantuvo abierto semanas.
Fuera de eso, lo que circulaba por las listas gracias a él era un goteo constante: el servicio en esperanto de Radio Polonia, Le Monde Diplomatique en esperanto, La Ondo de Esperanto —que leyó y recomendó durante más de diez años—, novedades de Apertium y de la Wikipedia, convocatorias, artículos de prensa y cartas al director.
De SATeH fue miembro activo hasta el final: en enero de 2014 participaba en la discusión del logotipo de la asociación, y en junio de 2015, ya sin fuerzas para desplazarse, envió su representación para la reunión en la sede de la Federación Española, disculpándose por la ausencia de «este viejecito de 83 años».
El veto a la KEA
La causa a la que dedicó más energía en esos años, sin embargo, fue otra. En 1996, cuando la KEA pedía que la UEA la aceptara como asociación nacional, la Federación Española se había opuesto por carta. Darío lo supo en 2007 y, a propuesta suya, la junta de la Federación votó si escribía a la UEA y a la KEA para decir que no vetaba a la asociación catalana: tres votos a favor, tres en contra y una abstención, y la carta no se envió (Boletín 380). Darío se dio de baja de la Federación en protesta, aunque siguió llevándole, desde fuera, la sección de noticias de la web. Escribió sobre el tema un dosier que tuvo colgado en su web personal, y en 2012 entró en un grupo de Facebook creado para pedir la retirada del veto, donde lo dejó también. El presidente de la Federación, Pedro Hernández, sostenía en 2010 que una asociación nacional no tiene ningún derecho de veto y que la decisión era solo de la UEA.
Él mismo explicaba de dónde le venía. Se decía «centprocente hispano», nacido en Madrid de madre madrileña y padre manchego, y contaba que, de joven, en un autobús de Salou a Tarragona, un hombre había gritado «hablad en cristiano» a los viajeros que hablaban catalán, y que todo el autobús había callado hasta el final: «desde entonces tiemblo de indignación ante cualquier ataque al catalán» (abril de 2013). En agosto de 2011 ya se daba por vencido —«al final me declaro vencido y sé que mi esfuerzo ha fracasado»—, y en abril de 2015, medio año antes de morir, escribía que lamentaba tener 83 años «y, por tanto, poca esperanza de vivir el día en que se levante ese veto».
Cómo era
Tenía un estilo reconocible, cordial y burlándose de sí mismo. En enero de 2015, en una discusión sobre redes sociales, escribía que prefería los foros de toda la vida, «cosa congruente con mi vejez de 83 años», y lamentaba que los foros clásicos se quedaran vacíos mientras conocidos suyos se lo pasaban bien en Facebook.
El último mensaje suyo que hay en la correspondencia del grupo es del 7 de agosto de 2015. Murió el 14 de octubre. La noticia llegó a la lista de SATeH el 26 de octubre, cuando alguien preguntó si el Darío del Bitbulteno era «el nuestro». La respuesta fue que sí, que hacía tiempo que estaba enfermo pero que seguía activo desde casa, y que era «un hombre luchador».
Fuentes
Fuentes: nota necrológica de la Kataluna Esperanto-Asocio (octubre de 2015), de donde sale también la fotografía; nota necrológica de La Ondo de Esperanto (octubre de 2015); y la correspondencia del grupo y de las listas esperantistas (2008-2015); sobre el veto, el Boletín 380 (2007) y sus mensajes a nia_listo (2010 y 2013), esperanto_madride (2011) y Maldekstro kaj Esperanto (2015). Las dos notas necrológicas no coinciden en la edad que tenía al morir —84 la KEA, 85 La Ondo—; él mismo se decía de 83 años en sus correos de 2014 y 2015.
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