Entre 1920 y 1923, trescientos treinta niños y niñas de Austria vivieron un año o más en casas de once provincias españolas. No los llevó ningún gobierno ni ninguna gran organización humanitaria: los llevó una red de gente que se conocía porque se escribía en esperanto. El gobierno austriaco dijo que era una misión imposible y no ayudó; las autoridades locales españolas criticaron que se gastara dinero en «pobres extranjeros». Veintinueve de aquellos niños no volvieron nunca a Austria.

Mapa de la península con los lugares del operativo «Kinder nach Spanien» (1920-1923). En rojo, los pueblos con cifra documentada: Vic y Manlleu 15, Cheste 14, Pedralba 7, Valencia 4, Burriana 4, Carcaixent 3, Nules 1. En blanco, los lugares que las fuentes nombran sin decir cuántos niños fueron: Barcelona, Sabadell, Terrassa, Girona, Olot, Ripoll, Reus, Zaragoza, Ainzón, Huesca y Teruel. Mapa base de NordNordWest (Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0); esta versión, con la misma licencia.
De dónde sale
En enero de 1920, el grupo esperantista de Graz —la capital de Estiria, una región montañosa del sur de Austria— escribió a los grupos esperantistas de otros países pidiendo que acogieran temporalmente a sus niños. Quien lo impulsaba era Karl Bartel, presidente de la sociedad.
Austria era una de las perdedoras de la Primera Guerra Mundial y el Tratado de Saint-Germain-en-Laye (1919) la había dejado reducida y económicamente desarticulada: hiperinflación, paro, y niños con desnutrición, raquitismo y tuberculosis. El llamamiento no fue el único —entre 1919 y 1923 hubo 247.000 estancias de niños austriacos en el extranjero, sobre todo en los Países Bajos y en Suiza—, pero sí fue el único que se movió por la red de una lengua planificada.
La petición viajó por los delegados de la Asociación Universal de Esperanto, la UEA, que desde 1908 mantiene una persona de contacto en cada localidad donde hay alguien que hable la lengua. Eso explica por qué la carta llegó a lugares donde ningún ministerio habría buscado: pueblos de dos o tres mil habitantes con un delegado que recibía correspondencia de medio mundo.
La respuesta se centralizó en Zaragoza, donde la sociedad Frateco creó un Patronato para Niños Austriacos. Lo presidió el abogado Emilio Gastón Ugarte, uno de los fundadores de Frateco en 1908, que Antonio Marco Botella describe como «político federalista republicano» y difusor de las aspiraciones autonomistas de Aragón. Su nieto, Emilio Gastón Sanz, sería el primer Justicia de Aragón después del franquismo.
Cómo se elegía a un niño
Aquí es donde el operativo deja de ser un gesto genérico y se ve la maquinaria. Según ha explicado el historiador José Vicente Castillo García, en Graz había un programa de preparación que incluía enseñarles esperanto, y unos criterios de clasificación concretos:
- si el niño era católico o no;
- si era huérfano;
- la «buena conducta»;
- el estrato social y la profesión de la familia, para que la casa de acogida fuera de condición parecida;
- y el conocimiento de esperanto.
Dos tercios de los elegidos eran de la ciudad de Graz y un tercio, de otros lugares de Estiria.
La otra cara de esos criterios se ve en las solicitudes que rellenaban los vecinos de aquí. Las trece de Cheste, de 27 de mayo de 1920, piden un niño «de padres labradores» —el labrador pidiendo hijo de labrador—, y sobre la religión no se ponen de acuerdo entre ellos: dos exigen expresamente que el niño no sea católico y otros lo quieren católico, en la misma hoja. Siete de los trece piden que sepa esperanto, porque contaban con entenderse con él.
El viaje
Las negociaciones no fueron fáciles: Italia y el Imperio austrohúngaro habían sido enemigos hasta hacía dos años. Los niños embarcaron en Génova y Trieste hacia Barcelona, y desde allí se repartían.
El primer contingente llegó al puerto de Barcelona el 10 de octubre de 1920, «después de innumerables gestiones y sacrificios de todo tipo del Patronato a lo largo de seis meses, no sólo ante nuestras autoridades sino también ante las extranjeras», cuenta Marco Botella. El segundo grupo llegó diez días después.
Conviene retener cómo había cambiado la propuesta por el camino. El llamamiento que el diario El Pueblo publicó en febrero de 1920 hablaba de «alojar en sus casas por unas cuantas semanas, en primavera ó en verano» a niños «de ocho á catorce años». Lo que se pidió de verdad a las familias fue acoger a criaturas de 10 a 14 años por un período no inferior a un año. En Cheste estuvieron diecisiete meses.
Adónde fueron
Aquí es donde la documentación se hace delgada, y vale la pena decirlo antes que nada: cuando escribimos esto no tenemos la cifra de todos los pueblos. De unos cuantos sí, y esos son los que van aquí.
En el País Valenciano, gracias al vaciado que hizo Castillo, fueron treinta y tres: catorce a Cheste, siete a Pedralba, cuatro a Valencia, cuatro a Burriana, tres a Carcaixent y uno a Nules. En Osona fueron quince, la mayor parte a Vic y a Manlleu, según el estudio de Lurdes Cortès i Braña. En Teruel fueron cuatro, que es una cifra que da Serafín Aldecoa a partir de la prensa local.
Del resto tenemos los nombres de los lugares y poco más. El Boletín informativo de la Barcelona Esperanta Societo de mayo de 1922 habla de los «Sub-Comités de Barcelona, Cheste, Gerona, Huesca, Manlleu, Olot, Sabadell, Tarrasa, Valencia, Vich, etc.», y ese «etc.» es todo lo que sabemos.
Y la lista no acaba ahí. Enric Llopis, citando también el boletín de la sociedad barcelonesa, da una más larga que incluye Valladolid y Asturias, y dice que la mayoría de los niños se repartieron por «Aragón, Cataluña, Madrid, Asturias y el País Valenciano». El número de mayo de 1922 que hemos podido leer no lleva esos tres nombres, o sea que la lista larga viene de otro sitio que no hemos identificado. Lo dejamos dicho porque importa: si Madrid, Asturias y Valladolid estaban, el operativo no es solo un asunto de la Corona de Aragón, que es como se suele explicar.
Hay una coincidencia aritmética que conviene mirar con precaución, porque es una lectura nuestra y no una afirmación de ninguna fuente: las once provincias que da Cortès cuadran exactamente con Barcelona, Girona y Tarragona, Valencia y Castellón, Zaragoza, Huesca y Teruel, y Madrid, Asturias y Valladolid. Cuadra, pero que cuadre no quiere decir que sea.
Quién abría la puerta
Lo que más sorprende al leer los nombres es que no hay un perfil, hay muchos, y a menudo incompatibles entre ellos.
En Vic el comité lo presidía el obispo, con los párrocos de las tres parroquias, los superiores de todos los colegios de la ciudad, dos jueces, un militar, un maestro y los directores de los tres semanarios. Quienes acogían eran industriales y viudas de casa bien que pedían «niñas católicas de buena familia que hablaran esperanto».
En Manlleu, a quince kilómetros, el presidente del grupo esperantista escribía a Zaragoza: «[n]uestro grupo está compuesto todo de obreros manuales», y se excusaba de no poder presentar más solicitudes porque los ricos del pueblo no vivían allí. «¡Maldita sea la pobreza!».
En Cheste no había comité: había un labrador soltero, delegado de la UEA, que organizaba todo el territorio valenciano y que cuando le tocó rellenar su solicitud pidió «un niño que sepa esperanto para que sirva de intérprete a todos los de esta comarca».
En Teruel no fueron a ninguna casa: las dos niñas quedaron internas en el colegio de las Terciarias Franciscanas y los dos niños en el de los Franciscanos.
En Burriana los recibió Luis Barberá, que era presidente de la Cruz Roja local y a la vez miembro de la Sociedad Teosófica, un movimiento espiritual fundado en 1875 cuyo lema es que no hay religión más elevada que la verdad.
En Pedralba, uno de los acogedores era Narciso Poimirao, que enseñaba a leer a jóvenes y analfabetos en el casino La Obrera y que, acabada la Guerra Civil, fue fusilado después de un juicio sumarísimo.
Contra corriente
El operativo fue en contra de casi todo.
El gobierno austriaco no ayudó: tenía su propio plan y calificó la misión esperantista de casi imposible. Cuando los de Graz enviaron al farmacéutico Gustav Teltschik a Viena, le contestaron: «¿Por qué los quiere enviar a España? Todos los meses sale un tren con niños vieneses hacia los Países Bajos, Suiza, etc. Esperen y ¡también estarán los suyos!».
Aquí los criticaban por ayudar a extranjeros. El patronato de Zaragoza tuvo que contestarlo por escrito: «Que nuestros necesitados continúen siendo asistidos; que, si es preciso, se mejore y se amplíe la asistencia a nuestros desgraciados, pero como el espíritu de caridad es inagotable, no duda el Patronato que, de ese espíritu, algo quedará en beneficio de los niños miserables cuya asistencia recomienda».
Y competían por la caridad. Esos años nacían las organizaciones humanitarias profesionales —la Cruz Roja, Save the Children— y la Iglesia había monopolizado la beneficencia durante siglos. Cortès habla de una «concurrencia por la caridad» y de una competencia por sus beneficios de imagen pública. Gastón lo veía venir: «Me temo que los responsables eclesiásticos, al no ver nuestra empresa como asunto de iglesia, no se entusiasmarán por ella, quizá reservando sus fuerzas para beneficencia propia».
En Teruel eso pasó literalmente. La acogida se presentó en la prensa como una obra de caridad cristiana de la Iglesia, y un mes después de llegar los cuatro niños recibieron la comunión del obispo en la capilla del Palacio, después de haber sido «preparados y confesados convenientemente por un padre franciscano». Aldecoa lo dice sin rodeos: detrás estaban los esperantistas, «aunque fuera la Iglesia la que se aprovechase de la buena imagen».
La vuelta, y los veintinueve que se quedaron
Las repatriaciones se hicieron por grupos, escalonadamente, desde el verano de 1921. La última salió del puerto de Barcelona el 24 de abril de 1922 en el vapor Re Vittorio, y fueron a despedirla el gobernador civil en representación, el cónsul de Austria, un diputado a Cortes, concejales y los jefes de los comités.
Pero no volvieron todos. Según Aldecoa, un grupo de veintinueve decidió, de acuerdo con sus familias y con quienes los habían acogido, quedarse para siempre en España. De esos veintinueve conocemos a dos con nombre:
- Rosa Url, de Graz, acogida por el sacerdote Antoni Ribas en Vic. Volvió a Austria con los demás y el 1 de enero de 1923 regresó a Vic, reclamada por sus antiguos acogedores a instancias de ella misma, porque en Austria no podría estudiar ni aprender violín. Se quedó en Cataluña para siempre y murió en Barcelona en 2001, a punto de cumplir noventa y cinco años.
- Franz Schleich, acogido en Pedralba por Agustín Sánchez, que murió mientras lo tenía en casa. La viuda continuó: le enseñó a escribir a máquina, lo alojó en Valencia y le buscó trabajo en una fábrica de lámparas.
El balance: salvaron a los niños y perdieron lo que buscaban
Los esperantistas querían dos cosas y solo consiguieron una. Lo escribió el propio Karl Bartel:
«Un objetivo de la empresa fue alcanzado con éxito: la ayuda a los niños. El segundo objetivo, la propaganda en favor del esperanto, por las circunstancias económicas en Austria, no pudo ser alcanzado. El dinero se devaluó hasta la diezmilésima parte, se extendió el desempleo, no quedaba tiempo para ideales, pues cada uno tenía que conseguir trabajo por todos los medios. […] Sin embargo, para nosotros, colaboradores en España y Austria, nos ha quedado la certeza de que hemos podido hacer, en tiempo oportuno, una buena acción con la ayuda del ESPERANTO.»
El conocimiento de esperanto de los niños era demasiado pobre para servir ni de comunicación ni de propaganda. El hijo de Rosa Url lo resumió con una frase que vale por toda la historia: «Todos los que pasaban hambre se pusieron a estudiar esperanto».
La Memoria del operativo, que Gastón reclamaba con insistencia a sus compañeros, no se llegó a imprimir nunca. Gastón murió tres años después de que todo acabara. La dedicatoria que quedó escrita dice:
«[…] antes que nosotros, nadie se atrevió a organizar un acogimiento amoroso de niños, y nadie, cuando nos sentimos agotados por el trabajo, se atrevió a continuar nuestra obra, aun cuando así lo suplicamos […]. [A]un cuando el auxilio a los niños que se reseña, fué muy pequeño en atención a la necesidad del país auxiliado, resultó inmenso en relación a nuestra pequeñez.»
Lo que no cuadra
Cuatro cosas que las fuentes no dicen igual, y que dejamos sin resolver.
Cuántos niños. Cortès da 330 por la vía esperantista en once provincias, y 427 por una operación oficial del gobierno austriaco en esos mismos años, que es una cosa distinta. La cifra que circula en la prensa y en la promoción editorial valenciana es «más de 400», que se parece mucho a la de la operación oficial. Puede que las dos se hayan mezclado, o puede ser otra contabilidad.
Cuántas expediciones de vuelta. El Boletín de la Barcelona Esperanta Societo dice que la del 24 de abril de 1922 fue «la tercera y última», y Llopis lo repite; Cortès dice que fue la sexta y enumera seis transportes, cinco desde Barcelona y uno desde Vigo. Ese transporte desde Vigo es, además, el único rastro que hemos encontrado del operativo en el noroeste.
Qué once provincias. Ya hemos dicho que Llopis pone Madrid, Asturias y Valladolid y que el boletín que tenemos no.
Cuántos se quedaron. Aldecoa da veintinueve; Cortès y Alcalde dicen «algunos» sin cifra.
Dónde están los papeles
Todo esto sale de un solo fondo: el ANAE (Acogimiento de niños austriacos en España), los papeles del patronato de Zaragoza, más de tres mil documentos. Los tomos llevan en la cubierta el sello del patronato —una cruz con la palabra PAX y la leyenda «Patronato para Niños Austriacos · Zaragoza-España»— y uno de ellos se titula «Correspondencia entre D. Emilio Gastón, Director, y Subdirectores en España».
Cuando Cortès lo trabajó era un archivo privado en manos de un nieto de Gastón. Hoy está depositado en el Archivo Histórico Provincial de Zaragoza, encuadernado en siete tomos, y se puede consultar con cita previa.
Queda trabajo. Las cifras pueblo por pueblo que aquí faltan están en esos tomos y no las ha publicado nadie.
Véase también
- Catorce niños austriacos en Cheste: las trece solicitudes de 1920, nombre por nombre
- «Por los niños austríacos»: la carta en esperanto que publicó El Pueblo en 1920
Fuentes
- Lurdes Cortès i Braña, «Els nens austríacs acollits a Osona (1920-1923)», AUSA, XXV, núm. 167 (2011), pág. 209-247. Texto completo en acceso abierto en RACO. Es el estudio de referencia: de ahí salen las cifras de 330 y 427, las cartas de Bartel y de Gastón, el comité de Vic, la carta de Campdelacreu de Manlleu y la historia de Rosa Url. La misma autora leyó en 2016 la tesis doctoral Ayuda humanitaria a los niños europeos víctimas de la Primera y Segunda Guerra Mundial, que no hemos consultado.
- Enric Llopis, «Niños austriacos en el estado español, una historia de solidaridad», Rebelión, 19 de septiembre de 2018, publicado con licencia Creative Commons. De ahí salen los criterios de selección de Graz, la ruta por Génova y Trieste, la lista larga de subcomités y las fotografías de las cubiertas del ANAE.
- Serafín Aldecoa, «Los esperantistas y la acogida de niños austriacos», Diario de Teruel, 19 de enero de 2020, sección «Crónicas turolenses». Ejemplar en la Bitoteko. De ahí salen los cuatro niños de Teruel —Irene y Amanda Reindhart, Rodolfo Stockinger y Román Yager—, el papel del canónigo José María Lozano y de Julio Belenguer, y la cifra de veintinueve que se quedaron.
- «Repatriación de los niños austriacos», Boletín informativo de la Barcelona Esperanta Societo, año I, núm. 2 (mayo de 1922), pág. 2. Ejemplar completo en la Bitoteko; el núm. 1, de abril de 1922, también habla de la campaña.
- Javier Alcalde Villacampa, «Cuando Aragón acogía a refugiados de Austria», Diario del Alto Aragón, 19 de septiembre de 2015. Ejemplar en la Bitoteko.
- José Vicente Castillo García, Los trenes de la esperanza. Esperantistas solidarios: niños austriacos en la región valenciana, 1920, Ayuntamiento de Cheste, 2019, ISBN 978-84-09-10065-1, para las cifras del País Valenciano. Ficha comercial en Todos tus Libros.
- Antonio Marco Botella, Un siglo de esperanto en Aragón, Frateco, Zaragoza, 2000, citado aquí a través de Llopis y de Aldecoa: no lo hemos consultado.
- José Rico de Estasen, «Un pueblo español cuyos ocho mil vecinos hablan Esperanto», Estampa, 1932, reportaje sobre Cheste con una fotografía de Máñez rodeado de nueve de los catorce niños austriacos. Citado aquí a través de Llopis; el ejemplar está en la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España, que no hemos podido abrir.
- Fondo Archivo familiar Gastón Ugarte, que contiene la documentación del ANAE en siete tomos, en el Archivo Histórico Provincial de Zaragoza. Ficha en DARA, el portal de archivos de Aragón.
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