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Jau el Holandés

En recuerdo de Jau «el Holandés»

Jaime Juan Sendra (Villalonga, 25 de julio de 1959 – 17 de julio de 2026), conocido habitualmente como Jaume y, sobre todo, como Jau «el Holandés», murió tras más de dos años luchando contra un cáncer de páncreas. Esperantista, poeta, músico aficionado y hombre de intereses muy diversos, estuvo vinculado durante décadas al Grupo de Esperanto de Valencia.

El sobrenombre de «el Holandés» procedía de la figura del holandés errante, el navío legendario condenado a vagar eternamente por los mares: una metáfora que, según quienes lo conocían bien, reflejaba la sensación que él mismo tenía sobre su propia vida.

Jau era un hombre sociable, pero de carácter introvertido y más bien reservado. Tenía un mundo interior rico y una vida llena de actividades, inquietudes y proyectos. La poesía, la música, el esperanto, el software libre, los movimientos sociales, la alta sensibilidad y la espiritualidad ocuparon, en diferentes momentos, un lugar importante en su trayectoria.

Los miembros más veteranos del grupo lo recuerdan como una persona independiente y emprendedora, siempre interesada en iniciar proyectos, conocer otros países y establecer amistad con personas de culturas diversas.

En él destacaba una virtud que a menudo pasó desapercibida: nunca se le oyó criticar ni hablar mal de nadie ni de nada. Si algo no le interesaba, simplemente se apartaba, sin reproches por detrás; hacía lo que creía que tenía que hacer. Quizá porque vivía en su propio mundo y no veía el lado malo de las cosas, o quizá porque, sencillamente, lo aceptaba. Poeta y hombre de muchas y buenas virtudes, fue, en buena parte, un gran desconocido.

Una larga vinculación con el esperanto

La relación de Jau con el esperanto venía de muy lejos. En una entrevista concedida en junio de 2025 al programa Valencia Actualitat, de Valencia Capital Radio, explicaba que había comprado su primer manual de esperanto cuarenta o cincuenta años antes. Era un método muy sencillo, prácticamente escrito e ilustrado a mano, que le había costado veinte pesetas.


Entrevista a Jau «el Holandés» en el programa Valencia Actualitat, de Valencia Capital Radio (junio de 2025).

Más adelante continuó estudiando la lengua por su cuenta, hasta que tuvo la oportunidad de asistir a un curso en Valencia. A partir de aquel momento quedó definitivamente vinculado al movimiento esperantista.

Para él, el esperanto no era solo un instrumento de comunicación. Lo asociaba con la denominada idea interna del movimiento: la aspiración a la fraternidad y al entendimiento entre personas de países y culturas diferentes. Participó en congresos internacionales y nunca dejó de considerarse defensor y promotor de la lengua.

Durante muchos años participó activamente en la vida cotidiana del Grupo de Esperanto de Valencia. Se ofrecía para transportar libros, repartir carteles, vender lotería, limpiar y ordenar la sede o atender puestos informativos. También intervenía en las asambleas y en la preparación de actividades, encuentros y congresos.

Jornada de limpieza de la sede del Grupo de Esperanto de Valencia. De izquierda a derecha: Elías Hernández Capdevila, Eduardo Alonso Navarro, Jau y Rosa Zanón.
Jornada de limpieza de la sede del Grupo de Esperanto de Valencia. De izquierda a derecha: Elías Hernández Capdevila, Eduardo Alonso Navarro, Jau y Rosa Zanón.

Seguía con atención los mensajes del grupo y reaccionaba a menudo para dar la bienvenida a los nuevos miembros, felicitar cumpleaños o mostrar apoyo a las iniciativas de los compañeros.

En los últimos años, su presencia en las actividades ordinarias de la asociación se hizo más esporádica. Estaba más vinculado a los colectivos de personas altamente sensibles y tenía otros intereses y proyectos. Esto, sin embargo, no significaba que hubiera abandonado el esperanto.

Cuando se encontraba con otros esperantistas, seguía utilizando la lengua con naturalidad. También hablaba habitualmente en valenciano con las personas valencianohablantes.

Mantuvo el contacto con el grupo casi hasta el final. Su último mensaje, del 1 de julio de 2026 —dieciséis días antes de su muerte—, fue una despedida sobria:

«Bonan vesperon, mi jam ne havas sankondiĉojn. Bonvole, ne sendu al mi mesaĝojn.»

Es decir: «Buenas tardes, ya no tengo condiciones de salud. Por favor, no me enviéis mensajes».

Las ferias alternativas y la difusión del esperanto

Durante muchos años, Jau procuró asistir a tantas ferias alternativas como pudo. Aquellos espacios reunían muchas de sus inquietudes sociales, ecologistas y culturales, pero también le permitían conversar con personas muy diferentes y dar a conocer el esperanto.

La Feria Alternativa de Valencia tuvo una importancia especial en su actividad esperantista. Durante varias ediciones participó en la preparación del puesto del grupo, ayudó a adquirir la carpa, colaboraba en los gastos y se preocupaba por el seguimiento de las personas que habían mostrado interés por aprender la lengua.

Su implicación no era solo simbólica. Participaba en las cuestiones prácticas y estaba dispuesto a asumir la parte de trabajo o de gasto que le correspondiera.

Jau aprovechaba con naturalidad las ocasiones que se le presentaban para hablar del esperanto. No imponía el tema ni resultaba molesto, pero era fácil que la lengua apareciera en una conversación, una feria, un viaje o un encuentro.

El esperantista Dennis Keefe recuerda otras aportaciones de Jau, que quizá solo él conoce del todo. Antes de la pandemia, Jau ayudó a atraer nuevos alumnos colocando carteles de los cursos de esperanto por su barrio y por otros lugares, y presentó la lengua en el Festival de Lenguas de Cheste. Además, durante varios años hizo de guía (ĉiĉerono) de alumnos venidos de China, Japón y Corea durante el Esperanto-Plaĝo, y los acompañó en excursiones de un día a Gandía y a diversos lugares de Valencia.

De izquierda a derecha: Pepe Manzanera (Cheste), Dennis Keefe, Luis Salag Laguarda, Elías y Jau.
De izquierda a derecha: Pepe Manzanera (Cheste), Dennis Keefe, Luis Salag Laguarda, Elías y Jau.

Miembros del proyecto Esperanto-Plaĝo, de Dennis Keefe.
Miembros del proyecto Esperanto-Plaĝo, de Dennis Keefe.

Esta actitud queda bien resumida en una frase que escribió en 2011:

«Semante oni rikoltas. Ni devas disvastigi ĉion ĉie.»

Es decir:

«Sembrando se cosecha. Debemos difundirlo todo por todas partes».

Inquietudes sociales y pacifismo

Durante una etapa importante de su vida, Jau mostró una marcada sensibilidad social, pacifista, ecologista y altermundista. Era contrario a las guerras y a la industria armamentística, defendía a los animales y se interesaba por las consecuencias sociales y ambientales del modelo económico dominante. Se mostraba especialmente crítico con el sionismo.

Mostró afinidad con el movimiento del 15M y con sus demandas de democracia más participativa, justicia social y limitación del poder de la banca y de los mercados financieros. Durante las movilizaciones de mayo de 2011 difundió convocatorias relacionadas con Democracia Real Ya que proponían acciones colectivas y no violentas.

También apoyó la llamada revolución islandesa, que interpretaba como un ejemplo de respuesta pacífica de la ciudadanía ante la crisis financiera.

Compartía a menudo libros, documentales, convocatorias y artículos sobre pacifismo, ecologismo, banca ética, energías renovables, cooperativismo, defensa de los animales, explotación de recursos naturales o alternativas al sistema económico. Consideraba que difundir las ideas era también una forma de activismo.

Con el paso de los años, estos intereses más políticos y sociales fueron dejando paso a una búsqueda cada vez más centrada en la alta sensibilidad, el desarrollo personal y la espiritualidad. No abandonó sus ideales humanistas y pacifistas, pero empezó a expresarlos desde una perspectiva más personal.

La alta sensibilidad

Jau fue una de las personas que contribuyó a dar a conocer el concepto de la alta sensibilidad entre gente de su entorno.

Su interés por las personas altamente sensibles venía de años atrás. En 2019 preguntó al Grupo de Esperanto de Valencia si se podía ofrecer la sede de la asociación para los encuentros de un colectivo de personas altamente sensibles de la ciudad. También propuso que una persona conocedora del tema diera una charla para el grupo.

Con el tiempo, su vinculación con estos colectivos se intensificó y, durante los últimos años, estuvo más presente en ellos que en las actividades esperantistas habituales.

Una vida profesional dura

Durante muchos años, Jau trabajó como funcionario de prisiones, en un entorno marcado por situaciones humanas difíciles y a menudo violentas.

Él mismo hablaba de la necesidad de convivir profesionalmente con la desconfianza, la mentira reiterada y comportamientos fuertemente manipuladores. Aquella experiencia le había dado una visión dura y directa de algunos aspectos de la conducta humana.

Fuera del trabajo, sin embargo, mostraba una personalidad mucho más sentimental y sensible. El contraste entre la dureza de su vida profesional y la riqueza de su mundo interior marcó buena parte de su trayectoria.

Un hombre polifacético

La música era otro de los intereses de Jau. Durante un tiempo dio clases de guitarra a cambio de recibir ayuda para aprender a utilizar Linux.

Jau en su faceta de guitarrista.
Jau en su faceta de guitarrista.

Jau con su Gibson. Esta imagen es la portada de Las camelias del amanecer, cedida por su hermana, Inma.
Jau con su Gibson. Esta imagen es la portada de Las camelias del amanecer, cedida por su hermana, Inma.

Su interés por Linux no era exclusivamente técnico. Le atraían especialmente los principios asociados al software libre: la libertad de los usuarios, el control sobre las propias herramientas informáticas y la soberanía tecnológica frente a las grandes empresas.

También tenía la costumbre de compartir informaciones prácticas que pensaba que podían resultar útiles a personas concretas. Cuando encontraba una actividad, una propuesta o una oferta de trabajo que podía interesar a alguien de su entorno, se la hacía llegar.

Su curiosidad por las propuestas alternativas se extendía igualmente a la alimentación, la salud, la meditación y diversas terapias.

Las camelias del amanecer

La poesía fue uno de los grandes hilos conductores de la vida de Jau.

En 2024 publicó, con el nombre literario de Jau «el Holandés», el poemario Las camelias del amanecer.

El libro reunía poemas escritos a lo largo de prácticamente toda su vida. Algunos procedían de la adolescencia y otros eran mucho más recientes. Jau consideraba el poemario una síntesis de su trayectoria personal.

La obra estaba dividida en dos grandes etapas. La primera estaba marcada por la melancolía, el dolor y la oscuridad. La segunda tenía un carácter más luminoso y se abría a la gratitud, la esperanza y el amor.

El título expresaba precisamente esta evolución. Según explicaba, la camelia podía simbolizar una vida que se rompe o se apaga de repente, mientras que el amanecer representaba un nuevo comienzo.

En la entrevista de Valencia Capital Radio, Jau comparaba el conjunto del poemario con un viaje iniciático, un regreso a casa parecido al de Ulises en la Odisea.

Su poesía estaba influida por intereses muy diversos. Sentía una fascinación especial por la Occitania medieval, los trovadores, el amor cortés, los cátaros y los templarios. Él mismo reconocía, con humor, que aquella época se había convertido casi en una obsesión.

También recordaba que, alrededor de los diecisiete años, había escrito con un compañero un largo poema titulado Tus viajes tetradimensionales, con el que obtuvieron un premio. Años después recuperó aquel texto y se planteaba incorporarlo a una posible segunda edición del poemario.

El médico del búfalo

El 6 de mayo de 2026, poco más de dos meses antes de morir, publicó su segundo libro, El médico del búfalo.

Los dos libros habían sido preparados y publicados con una celeridad poco habitual. Según una amiga suya, la explicación estaba en la enfermedad: al verse con un cáncer que normalmente solo le habría permitido vivir unos pocos meses, Jau se volcó en sacarlos adelante, y aquel empeño, decía ella, le dio ganas de vivir.

La obra estaba concebida como un diario íntimo de regresiones a vidas pasadas y reflejaba el peso creciente que la espiritualidad había adquirido en la última etapa de su vida. Jau relataba experiencias que situaba en diferentes épocas y lugares, desde las civilizaciones orientales o la Occitania de los cátaros hasta la Florencia renacentista y la Guerra Civil española.

El libro no se presentaba tanto como una imposición de certezas, sino como una invitación a plantearse preguntas sobre la memoria, la identidad y la reencarnación. Tres de sus capítulos estaban relacionados con el esperanto, según explicó él mismo al grupo poco después de la publicación.

El médico del búfalo mostraba con claridad la evolución de sus intereses hacia una interpretación cada vez más espiritual de la existencia, sin que el esperanto dejara de formar parte de su universo personal.

Una esperanza en la fraternidad

En Las camelias del amanecer, la poesía de Jau se relacionaba también con su ideal esperantista.

Uno de los textos que destacaba en la entrevista era la Oda al futuro. Jau expresaba en ella su convicción de que los movimientos basados en la fraternidad y la unidad humana habían sido sofocados repetidamente por el poder a lo largo de la historia, pero que no habían fracasado definitivamente.

Estaba convencido de que aquel sentimiento de fraternidad acabaría imponiéndose algún día y de que la humanidad se encontraba más cerca de conseguirlo de lo que habitualmente pensábamos.

Su intervención en Valencia Actualitat permite escucharlo hablando con su propia voz sobre la poesía, el esperanto, su trayectoria personal y su visión del futuro:

Escuchad la entrevista completa en Valencia Capital Radio

También podéis leer la transcripción completa de la entrevista.

Dos poemas de Las camelias del amanecer

Una lectora dejó que el libro se abriera «por donde quisiera», y aparecieron estos dos poemas. Los reproducimos en la lengua original en que Jau los escribió.

Paz en las redomas

| He consumado la obra, | el universo encendido apagó las sombras, | se escondieron los silencios | detrás de las redondas. | | De la copela voló el ave, | de la cendra, la paloma. | Amé a Luz de Luna, | la del canto de Verona. | | En el crisol lucía el oro, | en el corazón, la redoma. | En el iris brillaba el cosmos, | en los labios, la corona.

Himne de germanor

| Som llavor que escampa el vent | una il·lusió solcant la nit, | som la veu del riu del temps. | | Som lletres d’un alfabet | que escriuen el llibre infinit: | tau, xin, caf, nun i àlef. | | Som roses del teu carrer | perfumant el gessamí; | som roses del Gran Roser. | | Som maons de l’univers | construint ponts a l’ésser; | som arrels fent el bé. | | Som notes d’un instrument | diluviant llum sota el cel; | som germans, fraternitzem. | | Som llavor que escampa el vent | una il·lusió solcant la nit, | som la veu del riu del temps.

El poema «Himne de germanor», tal como aparece impreso en Las camelias del amanecer.
El poema «Himne de germanor», tal como aparece impreso en Las camelias del amanecer.

En recuerdo de Jau

Las personas que lo conocieron recordarán facetas diferentes de Jau: el funcionario acostumbrado a situaciones humanas extremas; el esperantista veterano; el poeta fascinado por los trovadores; el guitarrista; el usuario de Linux interesado por el software libre; el hombre vinculado a los colectivos de personas altamente sensibles; el altermundista atento a los movimientos sociales, o la persona que durante los últimos años se acercó cada vez más a la espiritualidad.

Era un hombre sociable pero introvertido, reservado en algunos aspectos y dotado de un mundo interior muy rico. También era polifacético, de convicciones fuertes y dispuesto a implicarse en los proyectos que consideraba importantes.

Con la muerte de Jaime Juan Sendra, conocido por todos nosotros como Jaume o Jau «el Holandés», el movimiento esperantista valenciano pierde a un miembro veterano y a un defensor constante de la lengua internacional.

Las personas que lo conocieron pierden también una figura singular, difícil de resumir en una sola actividad o en una única etapa de su vida.

La esperantista veterana Ana Montesinos recuerda su entrega:

«Quizá vale la pena mencionar lo entregado que fue siempre. Recuerdo muy bien cuando, a pesar de estar ya muy enfermo, se ofreció para ayudar durante el Congreso Español de Esperanto (HEK) en Cheste, guiando a los congresistas por el recinto, aprovechando que conocía a fondo el lugar, donde había estudiado durante sus años de colegio. Era su manera de ayudar al congreso y, al mismo tiempo, dar a conocer un lugar del que conservaba recuerdos muy bonitos: entregado en ambos sentidos.»

Una compañera del colectivo de personas altamente sensibles con quien compartía encuentros lo despidió así:

«Me vienen a la memoria tantos momentos bonitos y alegres compartidos con él —en nuestros encuentros, charlas y paseos con el grupo—: momentos de cine, de música, de profundizar en conversaciones y también de reír. Y sus maravillosos poemas, que guardaremos siempre con todo el cariño en el corazón. Sus palabras, su esencia y su aura, tan afable y especial, permanecen. Jau, descansa en paz.»

El funeral tuvo lugar el sábado 18 de julio de 2026, a las 17 h, en la parroquia de los Santos Reyes de Villalonga, su pueblo natal.

De izquierda a derecha: José Sempere † (antiguo presidente del Grupo de Esperanto de Valencia), Elías, Augusto Casquero † (activista incansable del grupo) y Jau.
De izquierda a derecha: José Sempere † (antiguo presidente del Grupo de Esperanto de Valencia), Elías, Augusto Casquero † (activista incansable del grupo) y Jau.

Ripozu en paco, kara samideano.

Fotografías recopiladas por Elías Hernández Capdevila. La fotografía principal la aportó Dennis Keefe. Gracias por compartirlas.

Referencias


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«Las camelias del amanecer»: entrevista con Jau «el Holandés» en Valencia Capital Radio

El 30 de junio de 2025, Jau «el Holandés» fue entrevistado en el programa Valencia Actualitat, de Valencia Capital Radio, para presentar su poemario Las camelias del amanecer. Reproducimos aquí la transcripción de la conversación, en la que Jau habla de poesía, de su vinculación con el esperanto y de su visión del futuro.

Transcripción de la entrevista emitida en el programa Valencia Actualitat, de Valencia Capital Radio, el 30 de junio de 2025. Presentaba Abel Martí. Podéis escuchar el audio original en la página del podcast.

Escuchar o descargar el audio completo

La transcripción se ha realizado de forma automática y podría contener errores. Si detectáis alguno, os agradeceríamos que nos lo comunicarais.

La entrevista

Abel. Lo primero de todo: ¿qué significa para ti publicar Las camelias del amanecer en este momento de tu vida?

Jau. En realidad, al principio, en la adolescencia, me impresionaron mucho las poesías de Baudelaire y de Rimbaud. De Rimbaud, Una temporada en el infierno; de Baudelaire, Las flores del mal. Yo quería unir un poco las dos cosas y ponerle un título parecido. Pero como el libro está estructurado en dos etapas —una más oscura de mi vida y otra más luminosa—, pensé: ¿por qué me tengo que centrar en lo oscuro? Voy a hablar de lo positivo. Por eso lo titulé Las camelias del amanecer: porque hubo un amanecer en mi vida, una segunda parte más bonita que la primera.

Abel. ¿Cómo nace tu conexión con la Occitania medieval y con la poesía trovadoresca?

Jau. Es una obsesión que tengo con la Occitania medieval: aquellos trovadores, aquellos juglares, el amor cortés, los templarios, los cátaros. Tengo pasión por leer libros sobre el tema; me encanta.

Abel. La camelia simboliza una vida que se apaga de golpe.

Jau. Sí. La camelia llega un momento en que se cae, y ya está. Como que mi vida fue una camelia que se rompió… y luego hubo otro amanecer.

Abel. ¿Qué papel juega el esperanto en tu obra poética y en tu visión del mundo?

Jau. A mí siempre me ha gustado el humanismo. En el mundo esperantista hay dos opiniones: que es solo una lengua, o que es una lengua con una idea interna. Para mí es una lengua con una idea interna de fraternidad, de unidad universal, y eso siempre me ha fascinado. En cuanto tuve ocasión aprendí la lengua, y ahí estoy: en el Grupo de Esperanto de Valencia, asistiendo a congresos internacionales. Es también una parte de mi vida.

Abel. ¿De cuántos años de vinculación con el esperanto hablamos?

Jau. Me compré hace cuarenta o cincuenta años un libro en El Corte Inglés; me costó veinte pesetas. Era un método prácticamente escrito a mano, con dibujitos de colores. Ese libro, por desgracia, lo perdí. Luego me compré otro método, hasta que tuve ocasión de asistir a un curso aquí en Valencia. Y ahí me vinculé ya definitivamente con el esperanto. Por cierto, los cursos de esperanto son gratuitos.

Abel. Eso te iba a preguntar, porque tiene su complicación…

Jau. Es la lengua más fácil del mundo.

Abel. Fíjate: el inglés o el castellano tienen unos 400 verbos irregulares.

Jau. El esperanto tiene cero. Sus reglas no tienen excepciones, así que se aprende muy rápidamente.

Abel. Como mínimo nos has despertado el interés, para quien nos esté escuchando. Decías que la primera parte del poemario está marcada por la melancolía. ¿Fue complicado, doloroso, revivir esos momentos al escribir?

Jau. No, porque lo escribí al mismo tiempo que lo vivía. Los primeros poemas son de la adolescencia y los últimos no tienen muchos años. Es una síntesis de toda mi vida, de lo que ha sido mi vida.

Abel. Y la segunda parte se abre a la gratitud y a la esperanza.

Jau. Sí, es una poesía más bonita, más luminosa, escrita en otra clave de sentimiento y de humor.

Abel. Entonces, estos poemas se han ido escribiendo a lo largo de toda una vida y ven la luz ahora. Cuando los revisitas, es también una manera de viajar al tú de hace años.

Jau. Es que es un viaje, tal cual. Una odisea: Ulises hace su viaje iniciático y vuelve a casa. En ese sentido, es el viaje de Ulises de vuelta a casa.

Abel. Imagino que mucha gente puede verse reflejada en lo que plasmas.

Jau. Evidentemente. Todos somos humanos y compartimos emociones, sentimientos, vivencias. Es la vida de una persona más.

Abel. ¿Cómo fue el proceso de escritura de la Oda al futuro y qué representa dentro del poemario?

Jau. La Oda al futuro es un anhelo. En la historia de la humanidad ha habido muchos movimientos positivos, de hermandad, universales… y siempre han sido sofocados por el poder. La Oda al futuro es como decir que estoy convencidísimo de que ese sentimiento de hermandad triunfará algún día en la humanidad. No es que haya fracasado: lo han ido sofocando a lo largo de los siglos, pero algún día triunfará. Estoy segurísimo. Y creo que estamos más cerca de lo que pensamos, pese a lo que nos envuelve.

Abel. Que no es poco. ¿Hay algún poema del libro que te cueste releer por lo que significa para ti?

Jau. No, más bien los disfruto.

Abel. Tu poesía está cargada de imágenes evocadoras. ¿De dónde nace esa sensibilidad tan visual y simbólica?

Jau. No lo sé. En la pubertad escribí algún poema malísimo —afortunadamente no hay ninguno de esos en el libro—. Pero luego, a los diecisiete años, con un compañero escribimos un poema de varios folios titulado Tus viajes tetradimensionales, y nos dieron un premio. A partir de ahí, el nivel de mi poesía subió. No sé por qué; será la madurez de la adolescencia.

Abel. ¿Te sorprende cuando lees ese poema?

Jau. Ese no está incluido, porque lo tenía extraviado.

Abel. ¿Pero lo has encontrado?

Jau. Lo he encontrado finalmente, sí.

Abel. ¿Y no te planteas publicarlo, o ampliar la publicación?

Jau. Sí, seguramente en una segunda edición; me lo estoy planteando.

Abel. Esto nos hace estar atentos al futuro. ¿Te ha sorprendido leer tu prosa de diecisiete años y decir «pues no estaba tan mal»?

Jau. Sí. Tuve que cambiar algunas cosas —había repeticiones de palabras— y pensé: he madurado. Me corregí a mí mismo.

Abel. Es bueno mirar atrás. Ya por acabar, Jau: ¿qué le dirías a alguien que se acerca a la poesía por primera vez con tu libro entre las manos?

Jau. Que lo disfrute. Tengo un compañero con quien estudié en la adolescencia, con un amplio conocimiento de la literatura universal; siempre lo admiré. Para ganarse la vida hizo Empresariales y, luego, Filología Hispánica, que era su pasión. Le envié el poemario y tardaba en contestarme. Pensé: «tarda tanto que no le ha gustado, le da apuro decírmelo». Y la semana pasada me escribió: «estoy disfrutando bastante con tu poemario, voy por la tercera lectura; está muy bien elegida la rima en los poemas cortos, me recuerda a los viejos cancioneros». Yo pensé: «¡qué bonito, he vuelto a Occitania otra vez!». Si a este compañero, que es especialista, le ha gustado, digo yo que no está tan mal el libro.

Abel. Al final, ese feedback es el más veraz y transparente: el que viene de la gente cercana. Jau, muchísimas gracias por acompañarnos. La gente ya puede adquirir el poemario. ¿Dónde?

Jau. Las librerías grandes se decantan más por los clásicos, pero a veces lo tienen en el almacén; las pequeñas suelen exponerlo. También está en Amazon. Las camelias del amanecer.

Abel. Pues ahí queda apuntado. Muchísimas gracias, Jau; hemos aprendido mucho contigo sobre esta poesía. Nosotros continuamos aquí, en Valencia Capital Radio.


Véase también el obituario «En recuerdo de Jau el Holandés».

Referencias


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