Los hijos de Zamenhof: una familia destruida por el Holocausto

Ludwik Lejzer Zamenhof murió en Varsovia el 14 de abril de 1917, veintidós años antes de la invasión alemana de Polonia. Sus tres hijos —Adam, Zofia y Lidia— fueron asesinados entre 1940 y 1942. Ninguno de los tres llegó al final de la guerra.

Wanda, Adam, Zofia y el joven Ludwik (Louis-Christophe) Zamenhof, hacia 1935. De las cuatro personas de la fotografía, dos serían asesinadas en los siete años siguientes.
Wanda, Adam, Zofia y el joven Ludwik (Louis-Christophe) Zamenhof, hacia 1935. De las cuatro personas de la fotografía, dos serían asesinadas en los siete años siguientes.

Zamenhof dedicó buena parte de su vida a una idea extraordinariamente ambiciosa: reducir las divisiones entre los seres humanos dándoles una lengua común y neutral. Murió a los 57 años, de una insuficiencia cardíaca, tras años de problemas de corazón que se habían agravado durante la Primera Guerra Mundial. El centenario de aquella muerte todavía se conmemoraba en Cheste en 2017.

No vio el final de la guerra, ni la independencia de Polonia, ni el ascenso del nazismo, ni el gueto de Varsovia, ni los campos de exterminio. En un sentido tristísimo, no llegó a saber qué sería de sus hijos.

Él y su mujer, Klara Silbernik —muerta en 1924, y a quien el grupo dedica un premio—, tuvieron tres: Adam (1888-1940), Zofia (1889-1942) y Lidia (1904-1942). Los dos mayores eran médicos, como su padre; la pequeña se licenció en derecho y acabó dedicando la vida a la lengua que él había creado.

Esta historia ya la contamos. El Valencia Luno número 8, de diciembre de 1983 —el número del Día de Zamenhof—, la resumía en un párrafo en esperanto; aquí volvemos sobre ella con las fuentes comprobadas y con los huecos que aquel boletín no podía conocer.

En septiembre de 1939, cuando Alemania invadió Polonia, una bomba alcanzó la casa de los Zamenhof: «germana bombo trafis la hejmon de Zamenhofoj kaj detruis la dokumentojn pri esperanto», contaba aquel número. El archivo esperantista de la familia se perdió antes que sus miembros.

Adam Zamenhof siguió al pie de la letra los pasos profesionales de su padre. Se doctoró en Lausana en 1912 con un estudio sobre el astigmatismo, fue profesor agregado de oftalmología en la Universidad de Varsovia y jefe del servicio de oftalmología del Hospital Judío de Czyste, el más grande y moderno de Varsovia en aquel momento. Asumió la consulta privada de su padre, publicó más de treinta artículos de oftalmología y diseñó un oftalmoscopio barato, de cartón y espejo. También tradujo a Pushkin al esperanto y acompañó a su padre a muchos congresos.

Cuando estalló la guerra, en septiembre de 1939, el director del Hospital Judío abandonó su puesto. Adam, comandante del ejército polaco, decidió quedarse y asumir la dirección.

Su condición de médico no le dio ninguna protección.

El 1 de octubre de 1939, pocos días después de la capitulación de Varsovia, los alemanes lo detuvieron en el mismo hospital. Según el Museo del Gueto de Varsovia, con él detuvieron también a su mujer Wanda y a sus hermanas Zofia y Lidia; las tres mujeres fueron liberadas, él no. Acabó en la prisión de Pawiak y, a comienzos de 1940, fue fusilado en las ejecuciones clandestinas que los alemanes hacían en los bosques de Palmiry, cerca de Varsovia, uno de los lugares más conocidos de la represión contra intelectuales, profesionales y dirigentes políticos polacos. La fecha que se da habitualmente es el 29 de enero de 1940.

Del cuerpo no se supo nunca nada más. No hay tumba.

El hijo del oftalmólogo que había creado el esperanto murió también como médico, en su hospital, asesinado por la ocupación.

Adam tenía 51 años.

Zofia: la médica que subió al tren

Zofia Zamenhof había nacido en Kaunas el 13 de diciembre de 1889. Estudió medicina en Lausana entre 1907 y 1913, aprobó el examen de estado en San Petersburgo en 1914 y se especializó en medicina interna y pediatría. Durante la Primera Guerra Mundial sirvió como médica del ejército ruso, y desde 1922 trabajaba en un hospital de Varsovia.

Cuando se creó el gueto, quedó confinada en él y continuó atendiendo enfermos en unas condiciones sanitarias catastróficas. En el verano de 1942 comenzó la Grossaktion Warschau, la deportación masiva de los judíos del gueto hacia el centro de exterminio de Treblinka, y Zofia acabó en la Umschlagplatz, el punto de concentración desde donde cargaban los trenes.

Allí, por su condición de médica, tenía la posibilidad de no subir al convoy. No la usó. La Fundación Zofia Zamenhof lo cuenta así: «Como era médica, tenía la oportunidad de no subir al tren, pero no quiso dejar a sus pequeños pacientes y se fue con ellos a Treblinka». El Museo del Gueto de Varsovia lo formula en positivo: decidió subir «para ayudar como médica».

Murió en Treblinka, casi con toda seguridad en una cámara de gas poco después de llegar allí, como la inmensa mayoría de los deportados.

Tenía 52 años.

Lidia: la hija que continuó la obra

Lidia Zamenhof, nacida en Varsovia el 29 de enero de 1904, es la más conocida de los tres dentro de la historia del esperanto. Se licenció en derecho, pero acabó dedicándose de lleno a la lengua de su padre: fue profesora, traductora y propagandista, recorrió Europa y los Estados Unidos enseñando con el método Cseh y tradujo literatura al esperanto, entre otras obras el Quo vadis de Sienkiewicz.

En 1925, en Ginebra, se hizo bahá’í. La fe bahá’í compartía con el homaranismo de su padre una insistencia muy parecida en la unidad del género humano por encima de las divisiones nacionales y religiosas, y Lidia tradujo al esperanto algunos de sus textos fundamentales —entre ellos el libro de divulgación de la fe, que había empezado Martha Root—. Esa relación entre la religión y la lengua viene de lejos y tiene una historia propia: por qué la fe bahá’í recomienda el esperanto, y por qué nunca lo ha adoptado.

No volvió a Polonia porque quisiera

A finales de 1937 se fue a los Estados Unidos, invitada por la asamblea nacional bahá’í, a enseñar esperanto y a hablar de su religión. Estuvo allí más de un año, y no se marchó por voluntad propia: la hicieron salir.

El servicio de inmigración estadounidense le denegó la prórroga de estancia alegando que había «trabajado» en el país con un visado de visitante que no lo permitía, porque había cobrado por las clases de esperanto. John T. Dale, abogado de inmigración, lo resumía así en una nota de 1996: «the Immigration Service denied a request for an extension of stay because, in its opinion, she had «worked» in the US while on a non-working visitor’s visa by having been «paid» for teaching Esperanto classes». Las gestiones para revertirlo solo consiguieron una prórroga corta, y en diciembre de 1938 Lidia embarcó rumbo a Polonia.

Nueve meses después, Alemania invadía el país. Blanca Villarroya lo escribió sin circunloquios en un artículo del Diario de Teruel del 30 de marzo de 2018: «Esta expulsión fue su sentencia de muerte: tuvo que volver a Polonia, país que muy pronto fue conquistado por el ejército nazi».

Conviene ser exactos sobre qué sabemos y qué no: que le denegaron la prórroga y que volvió en diciembre de 1938 lo cuentan todas las fuentes que hemos consultado, y todas remiten, directa o indirectamente, a la biografía de Wendy Heller, que no hemos visto. Que aquella decisión administrativa la mató es una conclusión, no un documento — aunque cuesta mucho encontrarle objeciones.

También quedó encerrada en el gueto, donde continuó dando clases y manteniendo contacto con esperantistas y amigos del extranjero. Diversas personas —esperantistas polacos, bahá’ís de fuera— le ofrecieron ayuda para escapar. Las rechazó todas. En la que se considera su última carta conocida escribió a quien quería sacarla:

No pienses en ponerte en peligro; sé que debo morir, pero siento que es mi deber quedarme con mi pueblo.

El 5 de agosto de 1942 la sacaron de casa. Fue deportada a Treblinka y asesinada allí.

Tenía 38 años.

La familia no fueron solo los hijos

El título se queda corto. En el mismo Treblinka donde murieron Zofia y Lidia murió también Ida Zamenhof (1879-1942), hermana de Ludwik y tía de ellas dos: la pequeña de las cuatro hermanas, de casada, Zimmermann. El mismo camino, el mismo año, el mismo lugar.

De los nueve hermanos Zamenhof, tres —Aleksander, Feliks y Leon— habían sido esperantistas activos, con seudónimo incluido: Azo, Ger y Lozo, como recordaba nuestro boletín en 1983. Los tres murieron antes de la guerra. Ida llegó a ella.

Los que sobrevivieron

La descendencia no se extinguió. Adam estaba casado desde 1923 con Wanda Frenkiel (1893-1954), oftalmóloga como él, que trabajó a su lado muchos años; el padre de Wanda había sido compañero de escuela y de universidad de Ludwik Zamenhof, y se cree que ella había sido paciente suya de pequeña. En 1925 tuvieron un hijo y le pusieron el nombre del abuelo: Ludwik Krzysztof Zamenhof, nacido el 23 de enero.

Madre e hijo quedaron atrapados dentro del gueto —Wanda trabajó allí en un hospital judío— y durante las deportaciones de 1942 escaparon por poco. El joven Ludwik sobrevivió escondido bajo una identidad polaca falsa, Krzysztof Zaleski, con la ayuda del sacerdote Marceli Godlewski. Conservó aquel apellido después de la guerra, en recuerdo de aquello, y pasó a llamarse Louis-Christophe Zaleski-Zamenhof.

Hizo carrera como ingeniero civil y marítimo en Polonia y, desde los años sesenta, en Francia. Mantuvo siempre la relación con el movimiento esperantista, aunque evitó los cargos. Murió en París el 9 de octubre de 2019, a los 94 años. Sus hijas, Hanna y Margaret Zaleski-Zamenhof, continúan la familia.

Tres hijos, tres víctimas

Adam Zamenhof 1888-1940 Oftalmólogo. Detenido el 1 de octubre de 1939, fusilado en Palmiry a comienzos de 1940.
Zofia Zamenhof 1889-1942 Internista y pediatra. Deportada desde la Umschlagplatz y asesinada en Treblinka.
Lidia Zamenhof 1904-1942 Profesora de esperanto, traductora y bahá’í. Sacada de casa el 5 de agosto de 1942 y asesinada en Treblinka.

Qué contaba de ella el movimiento de aquí

De las tres muertes, la de Lidia es la única que dejó rastro en la prensa esperantista española y valenciana, y el rastro dice cosas.

Mientras estaba viva, nuestro boletín dio noticia de ella. El Valencia Luno número 15, de junio de 1985, reproducía en la sección «antaŭ 50 jaroj…» una nota de junio de 1935:

F-ino Lidja Zamenhof, la filino de la aŭtoro de Esperanto, sukcesplene daŭrigas sian apostolan laboron en Francujo. En ĉi tiu monato ŝi finos la grandajn kursojn en Lyon, Villeurbanne kaj Oullins kaj en julio komencos instrui en Villefranche. Poste ŝi partoprenos en la Roma kongreso. En Septembro ŝi gvidos kurson en Haguenau.

La señorita Lidja Zamenhof, la hija del autor del esperanto, continúa con éxito su tarea apostólica en Francia. Este mes terminará los grandes cursos de Lyon, Villeurbanne y Oullins, y en julio empezará a enseñar en Villefranche. Después participará en el congreso de Roma. En septiembre dirigirá un curso en Haguenau.

Es una noticia de agenda, de las más ordinarias, y por eso mismo vale: siete años antes de Treblinka, Lidia Zamenhof era una profesora que iba de ciudad en ciudad dando cursos.

Después, cuando la memoria ya se había formado, el movimiento español se equivocó en el lugar. El Boletín de la Federación Española de Esperanto número 255, de 1983, anunciaba el estreno del drama Ni vivos! de Julian Modest en el 68.º Congreso Universal de Budapest, en el cuarenta aniversario de la muerte de Lidia, y la situaba así:

Lidia Zamenhof, kiu dediĉis sian tutan vivon al Esperanto, pereis kune kun siaj familianoj en Varsovia geto dum la Dua Mondmilito.

Lidia Zamenhof, que dedicó toda su vida al esperanto, murió junto con sus familiares en el gueto de Varsovia durante la Segunda Guerra Mundial.

No murió en el gueto: la deportaron y la mataron en Treblinka. Ni murió «junto con sus familiares»: Adam llevaba tres años muerto, fusilado lejos de allí, y Zofia había salido del gueto en otro tren. La frase no es malintencionada —es el resumen apresurado de una nota de agenda—, pero muestra cómo funciona la memoria de un movimiento: el gueto de Varsovia se convirtió en el nombre genérico de todo lo que pasó, y los lugares concretos, que son lo que queda cuando no hay tumbas, se perdieron por el camino.

Una esperanza que no bastaba

Hasta aquí, las fuentes. Ahora viene nuestra lectura.

Adam, Zofia y Lidia no murieron por una barrera lingüística. Los judíos alemanes hablaban un alemán perfecto; los polacos, polaco; muchos dominaban varias. No importó: el régimen había convertido el origen en una categoría biológica y había decidido que con eso bastaba.

En eso, la esperanza lingüística de Zamenhof era insuficiente, y él mismo la había hecho nacer de lo que vio de niño en Białystok, donde las personas dejaban de ser personas para convertirse en rusos, polacos, alemanes o judíos. Pero detrás de aquella esperanza había una intuición que cuesta más considerar ingenua: el peligro que aparece cuando una persona deja de ser vista como un individuo y pasa a ser vista como miembro de un grupo. Primero se deja de ver a la persona; después solo se ve la etiqueta.

El hombre que dedicó la vida a rebajar la frontera entre «nosotros» y «ellos» tuvo tres hijos que murieron porque un régimen había decidido que ellos eran, irrevocablemente, los otros.

Nota sobre las fuentes

Los hechos de esta historia se cuentan con mucha más seguridad de la que dan los documentos. Conviene decir dónde ceden.

La muerte de Adam. La fecha del 29 de enero de 1940 circula por todas las fichas biográficas, pero el estudio de Andrzej Grzybowski en Survey of Ophthalmology —el trabajo más detallado sobre la familia— dice que fue asesinado «a comienzos de 1940, probablemente en Palmiry», y añade que «las circunstancias detalladas de su muerte no se han revelado, su nombre no figuraba en ninguna lista de ejecución y el lugar de su entierro continúa siendo desconocido». En Palmiry se hicieron exhumaciones después de la guerra y se identificaron unos dos mil cuerpos; él no estaba. Que lo mataron, no se discute; el día y el lugar exactos, sí.

La fecha de la detención. El Valencia Luno de diciembre de 1983 sitúa en 1940 la detención de Wanda, Zofia y Lidia y el fusilamiento de Adam. Las fuentes polacas la sitúan el 1 de octubre de 1939. No hemos encontrado de dónde sacó la fecha el boletín; dejamos constancia de las dos.

Zofia en la Umschlagplatz. Que renunció a salvarse para acompañar a sus pacientes lo dicen la Fundación Zofia Zamenhof y el Museo del Gueto de Varsovia, y ninguna de las dos cita de dónde lo saca. Las fechas tampoco coinciden: la Fundación sitúa la deportación en agosto de 1942 y la Wikipedia da el 12 o el 13 de septiembre. Las dos caen dentro de la Grossaktion, que duró del 22 de julio al 21 de septiembre de 1942.

La muerte de Lidia. El 5 de agosto de 1942 es la fecha en que la sacaron de casa, y viene del recuerdo de una vecina, Ewa Toren, recogido por el Museo del Gueto de Varsovia. El día de la muerte no consta en ninguna parte: la Wikipedia se limita a decir que murió «en algún momento después del verano de 1942».

El libro que deberíamos haber leído. La biografía de referencia de Lidia es Lidia: The Life of Lidia Zamenhof, Daughter of Esperanto, de Wendy Heller (Oxford, George Ronald, 1985), y no la hemos visto: el ejemplar del Internet Archive está restringido y el libro sigue en catálogo. Todo lo que aquí contamos de Lidia remite a ella, por una vía o por otra. Importa especialmente para el último punto: la traducción al esperanto de Bernhard Westerhoff (Lidia. La vivo de Lidia Zamenhof, filino de Esperanto, Amberes, FEL, 2007, 389 páginas) anuncia en la descripción editorial correcciones y datos nuevos sobre los últimos días de Lidia en 1942 — precisamente la fecha que aquí damos por desconocida. Quien tenga ese libro a mano puede llenar el hueco.

La acusación. La Wikipedia inglesa, citando a Heller (págs. 234-235), dice que la detuvieron acusada de haber ido a los Estados Unidos a hacer propaganda antinazi. No hemos podido comprobarlo ni saber a cuál de las dos detenciones corresponde —la de octubre de 1939, de la que la soltaron, o la de agosto de 1942—, así que lo dejamos aquí por lo que es: una cita de segunda mano.

De toda la familia, el único que tiene sepultura es el padre. Ludwik y Klara Zamenhof están enterrados en el cementerio judío de Okopowa, en Varsovia. Adam no tiene tumba conocida. Zofia, Lidia e Ida murieron en Treblinka, donde no hay tumbas individuales de nadie.


Fotografía: la familia Zamenhof hacia 1935 (Bildarchiv Austria, dominio público). De izquierda a derecha: Wanda, Adam, Zofia y Ludwik (Louis-Christophe) Zamenhof.