Durante casi treinta años, el esperantismo español entregó cada año una medalla a la esposa de un esperantista destacado. No por una trayectoria propia en la lengua, sino por haberlo secundado a él. Se llamaba Klara Silbernik, como la mujer de Zamenhof, y nació en el Año Internacional de la Mujer. Cinco años después ya había esperantistas escribiendo que aquello era una discriminación —y el debate duró hasta el final.

La página del Boletín núm. 210 (julio-agosto de 1975) que cuenta la primera entrega: «F-ino Faustina Martínez transdonas la medalon al S-ino Antonia Galvany de Criach».
1975: una medalla con el busto de la mujer de Zamenhof
El 11 de mayo de 1975, unos doscientos esperantistas se reunieron en Sant Pau d’Ordal, en el Penedés, dentro del programa cultural del Museo Español de Esperanto, «para honrar a la esposa de un esperantista que con más abnegación haya ayudado a su marido en la batalla por el Esperanto». El premio consistía en una medalla con el busto de Klara Silbernik, la mujer de Zamenhof, «como recuerdo y agradecimiento a aquella mujer valiente que tanto ayudó a su marido».
No era una institución internacional del esperantismo, sino una particularidad española, y en origen catalana: lo inició el Museo Español de Esperanto en colaboración con el Centro de Esperanto de Sabadell, y durante años se entregó en el Encuentro Catalán de finales de septiembre. La Federación Española no lo creó: le dio difusión a través de su boletín y, más adelante, sede en los congresos españoles.
El acto tuvo una conferencia que hoy se lee con extrañeza al lado de lo que premiaba: «Esperanto y la mujer», de Silvia Martínez García —la misma que aquel año era pubilla de Sabadell por la entidad esperantista—, que, cuenta la crónica, presentó «la colaboración de Klara Silbernik con su marido, los derechos y la discriminación de la mujer, recordando siempre que este año es el Año de la Mujer».
La primera medalla la recibió Antonia Galvany de Criach, de manos de Faustina Martínez, maestra en Sant Pau d’Ordal. En la comida se entregó una medalla honoraria a Teresa Massana de Hernández, esposa de Luis María Hernández Izal, fundador del Museo Español de Esperanto y creador del premio. «A partir del año que viene el premio será nacional, y cualquier esperantista español podrá proponer candidata», terminaba la crónica.
Fuentes: Boletín de la HEF núm. 210, julio-agosto de 1975, y Sekso kaj Egaleco núm. 3 (julio de 1980) para el origen y la sede de la entrega.
Cómo se explicaba
El boletín volvió a explicarlo en 1982: la idea era «recompensar simbólicamente cada año a la esposa de un esperantista español distinguido, que haya secundado a su marido en su actividad por el Esperanto», y nacía de la ayuda que Klara Silbernik dio a Zamenhof. Hernández Izal lo creó en 1975 porque había encontrado en su propia mujer un apoyo paralelo: fue ella quien, en lugar de una casa cómoda, lo animó a construir un local para el Museo.
La iniciativa quería hacer visible un trabajo que efectivamente no se veía, y que a menudo implicaba esfuerzo, renuncias y dinero. Lo que no hacía era concebirlo en las dos direcciones: siempre de la esposa hacia el marido, que era quien hablaba en público y quien figuraba.
Veinte años después, un artículo del boletín le ponía palabras a la medalla misma: «Yo, Klara Silbernik, como tú, también tuve que tener mucha paciencia, callar y sufrir, junto con mi marido, por muchas cosas relacionadas con el Esperanto, pero todo lo acepté. Recibe la Medalla en nombre del Esperanto».
Fuentes: Boletín núm. 255 (1982) y núm. 365 (marzo-abril de 2004).
Las valencianas
En 1997, en el congreso español, lo recibió Ángeles Fernández, esposa de Jesús Raposo Montero, «por su dedicación y su valioso apoyo a su marido en el ferviente esfuerzo por el esperanto» (Boletín núm. 332). También lo tiene Alicia Ballester Torregrosa, esposa de Augusto Casquero: se lo entregó Gian Carlo Fighiera, que era a su vez el marido de Ada Fighiera-Sikorska, directora de Heroldo de Esperanto durante más de treinta años. Las dos fichas están en la página de biografías.
1980: la primera crítica viene de dentro
La crítica no tardó veinticuatro años en llegar: tardó cinco, y salió de la misma entidad que cocreaba el premio.
En julio de 1980, Sekso kaj Egaleco publicaba en la sección «Discriminación» un artículo de la esperantista francesa Anne Amblès. Aquel boletín feminista internacional en esperanto —con colaboradoras y colaboradores de media Europa, la India, los Estados Unidos y Australia, e incluso con una edición en japonés— lo había fundado y lo redactaba desde Rotterdam una joven británica que trabajaba en la oficina central de la UEA: firmaba Anna Brennan y hoy se la conoce como Anna Löwenstein, novelista, miembro de la Academia de Esperanto desde 2001 y esperantista del año en 2019. La revista salió de 1979 a 1988. Había asistido a la entrega de 1979 y había oído leer el criterio en voz alta: «Se pretende premiar a la esposa de un esperantista que con más abnegación haya ayudado a su marido en su actividad por el Esperanto».
«Esa frase quizá os choca, como me chocó a mí. […] Yo estaba sentada con jóvenes catalanes, a los que, igual que a mí, no les gustaba aquel premio discriminatorio, porque:
— se trata necesariamente de una esposa o una viuda, no de una amiga o de una compañera;
— se trata de una ayuda unidireccional, no de una relación recíproca;
— sobre todo, se trata de una mujer que ayuda con abnegación; dicho de otro modo, que trabaja en la sombra para la gloria de un hombre.
Eso para mí significa claramente una posición subordinada para la mujer.»

La portada de Sekso kaj Egaleco núm. 3 (julio de 1980), con el título repetido en japonés: la revista preparaba una edición en aquella lengua. En este número salió la crítica de Anne Amblès al premio.
No dijeron nada durante el acto «para no causar un escándalo», explica, «y más aún porque ocurría durante el banquete anual, y por tanto en un ambiente alegre». El escándalo vino después: el Centro de Esperanto de Sabadell le había pedido un artículo sobre el Encuentro Catalán para su boletín, y ella escribió allí que el modelo de la esposa de Zamenhof «ya no puede servir en nuestra época». «Los tradicionalistas reaccionaron con dureza, sin entender mi punto de vista», cuenta. La cosa se convirtió en «una batalla entre jóvenes y mayores» dentro del comité catalán y del esperantismo catalán. La redacción de Sekso kaj Egaleco añadía que algunos comentarios de los lectores del boletín de Sabadell habían sido «bastante agudos, incluso ofensivos».
Amblès terminaba pidiendo una cosa concreta: «Quiero informar a todos los esperantistas, especialmente a las mujeres, de la existencia de un premio así, y conocer la reacción de los esperantistas no catalanes».
Fuente: Sekso kaj Egaleco núm. 3, julio de 1980; la colección entera está en la Gazetoteko.
1999: el debate llega al boletín de la Federación
Diecinueve años después, la reacción que Amblès pedía se publicó en el Boletín de la HEF. En el núm. 341, de mayo-junio de 1999, Jorge Camacho escribía:
«Respeto plenamente a la señora Ángeles Martínez y a todas las demás señoras que antes han recibido el premio. […] Pero en la España de 1999 es absurdo y vergonzoso premiar a una mujer porque «siempre estuvo al lado de su marido, a quien dio todo su apoyo». […] Cuando se premia a una esposa silenciosa y anónima por los méritos del marido que habla y es conocido, lo que se otorga de hecho es un premio por parentesco. Mucho más positivo sería premiar a la mujer más activa de España desde el punto de vista del esperanto, y por sus propios méritos.»
La premiada de aquel año era Ángeles Martínez Liĉvana —no confundirla con Ángeles Fernández, la valenciana de 1997—. Y la defensa que se hizo de ella en el número siguiente es, sin querer, el argumento más fuerte contra el premio. Miguel Gutiérrez escribía que ella precisamente no era «esa esposa paciente que durante años toleró y aceptó con resignación la actividad del marido acompañándolo a cada acto esperantista, en absoluto»: era «una mujer valiente que nunca se conformó con una actitud pasiva» y que, ya abuela, «con evidente esfuerzo se apropió la lengua». Para defender el premio, había que argumentar por los méritos propios de ella.
En el mismo número, Ana Manero fue más lejos:
«Me alegro mucho de que sea un hombre quien haya hecho notar la inadecuación actual de esta iniciativa. […] El premio es, por su naturaleza, esencialmente injusto para la mujer que lo recibe y para su marido. Para el marido, porque se trata del reconocimiento de su actividad meritoria por el esperanto, pero no lo recibe él, sino ella. Para la esposa, porque los méritos que se le reconocen son el aguante, el silencio, la pasividad y el anonimato. Como si no fuera capaz de nada más.»
«No existe un premio paralelo para el hombre «que siempre estuvo al lado de su mujer». […] Y los solteros y las solteras no recibirán nunca ningún reconocimiento por su dedicación. […] Que yo sepa, no hay ningún otro país donde se premie el hecho de que una mujer esté al lado. Quizá España es también el país donde menos mujeres son activas.»
Manero y Amblès no se leyeron la una a la otra —ni consta que lo supieran— y escribieron las mismas tres objeciones con diecinueve años de diferencia: el vínculo matrimonial en lugar de la actividad, la dirección única de la ayuda y la inexistencia del premio inverso.
El debate continuó en los números siguientes, y la Federación llegó a preguntárselo directamente a una premiada. En el núm. 344, de enero-febrero de 2000, el entrevistador se lo plantea a Francisca Jiménez Valenzuela sin rodeos: «Algunos opinan que eso simboliza simplemente la sumisión de la esposa al marido. ¿Qué opináis?». La respuesta: «Solo puedo deciros que mi marido y yo tenemos la misma opinión. Nos consideramos con los mismos derechos, cosa que nos da un gran entendimiento». Rechazaba, pues, que su relación fuera de sumisión; el criterio con el que el premio elegía a quién premiar quedaba donde estaba.
Fuentes: Boletín núm. 341 (mayo-junio de 1999), núm. 342 (septiembre-octubre de 1999), núm. 343 y núm. 344 (enero-febrero de 2000).
2004: cerrar la lista
El último rastro que encontramos es de marzo-abril de 2004. Joaquín Bielsa Vispe propone una última candidata y escribe que con ella «se complete la lista que una vez abrió el señor Luis Hernández Izal y que hoy, con la aprobación de todos, cierran la señora Teresa Massana de Hernández y Rafael Hernández Massana en nombre del Museo».
La trayectoria documentada del premio va, pues, de 1975 a 2004: del Año Internacional de la Mujer a un cierre discreto, con un cuarto de siglo de discusión de por medio que el movimiento publicó sin recortar —primero en un boletín feminista de Rotterdam, después en el suyo propio.
Este artículo se ha hecho repasando la colección del Boletín de la Federación Española de Esperanto y el boletín Sekso kaj Egaleco. Si recibiste la medalla, o la recibió alguien de tu familia, y quieres que lo contemos mejor —o que no lo contemos—, escríbenos.
Y si te ha interesado: también contamos cuando los congresos elegían una «Fraŭlino Esperanto» y la revista feminista en esperanto que no pudimos comprar.
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