La revista feminista que no pudimos comprar

Entre 2005 y 2015 existió una revista trimestral en esperanto que se declaraba feminista y que llevaba en el subtítulo un aviso: no era solo para mujeres. Se llamaba Femina, se imprimía en Suiza y se presentaba como la única revista feminista que había entonces en esperanto. En diciembre de 2020 el Grupo Esperanto de Valencia intentó comprar la colección para su biblioteca. Costaba 330 euros y el grupo no los tenía.

La portada de Femina del otoño de 2015, uno de los últimos números impresos. Los derechos de la imagen son de la editorial; la reproducimos para ilustrar el artículo que habla de ella.
La portada de Femina del otoño de 2015, uno de los últimos números impresos. Los derechos de la imagen son de la editorial; la reproducimos para ilustrar el artículo que habla de ella.

Una revista que duró once años

El primer número salió en marzo de 2005. La propietaria era el Feminisma Esperanta Movado (FEM); la editaba y la administraba, por contrato, la Kooperativo de Literatura Foiro (LF-koop), con sede en La Chaux-de-Fonds, en la Suiza francófona. Tenía ISSN propio —1661-3309—, salía cuatro veces al año y la suscripción anual costaba 36 francos suizos.

El subtítulo era una declaración de intenciones y, a la vez, una precaución: Revuo en Esperanto, ne nur por virinoj, «revista en esperanto, no solo para mujeres».

El primer año la dirigió Agneta Emanuelsson, con Malvina Monteggia en la parte gráfica. Desde 2006 y hasta el final, la redactora jefa fue Perla Martinelli, con las portadas de rolfo hasta 2012. El empujón económico inicial vino de Kep Enderby, abogado australiano que había sido fiscal general de su país y que presidía la Universala Esperanto-Asocio cuando la revista se estaba gestando.

Fuentes: ficha de Femina en la Wikipedia en esperanto, ficha italiana y el archivo de Literatura Foiro.

No empezaba de cero

Femina se presentaba como la única revista feminista de la lengua, y en su momento lo era; pero no fue la primera. De 1979 a 1988 había salido Sekso kaj Egaleco, un boletín feminista internacional en esperanto con colaboradoras y colaboradores de media Europa, la India, Estados Unidos y Australia, e incluso con una edición en japonés. Lo hacía desde Róterdam una joven británica que trabajaba en la oficina central de la UEA y que ese mismo 1979 entraba en la comisión de mujeres de la asociación: firmaba Anna Brennan y hoy se la conoce como Anna Löwenstein, autora de La ŝtona urbo y miembro de la Academia de Esperanto.

La portada de Sekso kaj Egaleco núm. 3 (julio de 1980), con el título repetido en japonés. Veinticinco años antes de Femina, y firmada por Anna Brennan.
La portada de Sekso kaj Egaleco núm. 3 (julio de 1980), con el título repetido en japonés. Veinticinco años antes de Femina, y firmada por Anna Brennan.

Aquella publicación es, precisamente, la que puso en circulación la crítica al premio que se daba a las esposas: en su número 3, de julio de 1980, publicaba el artículo de Anne Amblès que calificaba la medalla Klara Silbernik de discriminatoria. El feminismo esperantista, pues, no nace en 2005: Femina continuaba una línea documentada desde los años setenta —y que también había durado una década justa.

Qué había dentro

Femina no era un boletín de actividades. Trabajaba por dosieres monográficos: mujeres e islam, mujeres y literatura, filosofía, cine, las premiadas con el Nobel, poesía. Formato grande, unas treinta páginas, parte en color.

En la asamblea de FEM celebrada en Bruselas en 2008, la organización acordó por unanimidad que la revista era el servicio más importante que prestaba. Por encima de la lista de correo, del apoyo a las autoras y de las relaciones exteriores —FEM llegó a tener presencia en el comité de escritoras del PEN Internacional y a dar los primeros pasos hacia UNIFEM.

Conviene decir también de dónde salía: los cinco miembros del comité de FEM eran senadores de la Esperanta Civito, la estructura paralela que desde finales de los noventa disputaba a la UEA la representación del esperantismo. Eso situaba a la revista, quisieran o no, dentro de uno de los dos bandos de un conflicto interno que duraba décadas.

Fuente: HeKo 363 3-B, 30 de julio de 2008.

El final

La edición impresa se detuvo en 2015. En 2016 se intentó continuar solo en línea y no salió bien. La propia Martinelli lo explica así:

«Femina vivió diez años, aunque boicoteada por la UEA, que nunca informó de su existencia. Nuestra idea en 2016 era continuarla en línea, pero hubo problemas y yo, redactora jefa, propuse con éxito que el tema lo heredara Literatura Foiro, con la que siempre he colaborado y de la que ahora vuelvo a ser responsable. Naturalmente no es lo mismo que toda una revista, pero LF se lee mucho y eso importa.»

Hoy la colección no se puede leer en línea: el archivo de Literatura Foiro la tiene fichada, pero la anuncia como «próximamente disponible». Quien quiera leerla entera sigue dependiendo del papel.

La acusación de boicot es suya y no la hemos contrastado. El contexto de la Civito ayuda a entenderla; al lado, está el hecho de que el primer dinero de la revista lo puso un hombre que había presidido la UEA pocos años antes.

El intento valenciano

En noviembre de 2020 Dennis Keefe habló de Femina en una de las reuniones del grupo. Raúl Salinas-Monteagudo, entonces presidente, escribió a la dirección de FEM preguntando si la revista existía aún y si se podía enlazar la colección desde una sección «Esperanto y feminismo» de la web. Martinelli respondió pidiéndole que se presentara.

En la carta de presentación, del 10 de diciembre de 2020, el presidente escribía: «Lamento que apenas haya mujeres en el movimiento esperantista; esa falta de energía femenina tiene consecuencias negativas y es un círculo vicioso».

La respuesta llegó el mismo día, y traía una oferta doble. La primera:

«Si quieres, algún día yo u otra mujer de FEM podría visitarlo para dar una charla sobre Femina, cuando la plaga del covid se disipe.»

Y la segunda:

«Se pueden comprar colecciones de Femina: la completa, con un 10 % de descuento, costaría 330 euros. Quizá vuestro grupo podría afrontar el gasto; sería, entre otras cosas, una manera concreta de expresar apoyo al feminismo. Creo que no os arrepentiríais. Y después podríais utilizar los números para una presentación en línea; nosotras lo permitiríamos.»

No se compró. Aquellos años el grupo ingresaba poco más de mil euros al año en cuotas: 330 euros eran casi una tercera parte del presupuesto anual. Tampoco llegó la charla. Poco después el grupo alquiló la sede: sigue siendo propiedad suya, pero dejó de ser su casa. El problema, pues, ya no era pagar la colección, sino dónde ponerla.

Lo último que dijo

En esa misma carta hay un párrafo que vale por todo lo demás. El presidente le había dicho que defendía el riismo —la propuesta de usar en esperanto un pronombre ri sin marca de género—. Ella, redactora jefa de la única revista feminista de la lengua, le contestó:

«Yo personalmente, por razones lingüísticas simples, no soy amiga del riismo, pero eso no importa en realidad. Los problemas de las mujeres no son lingüísticos, sino, desgraciadamente, mucho más concretos, también en Esperantujo

Lo escribía en 2020, dieciséis años después de la última medalla documentada a la esposa del esperantista destacado.


Los fragmentos de la correspondencia con Perla Martinelli se publican traducidos del esperanto; los originales se conservan en el archivo del grupo.

Y si te ha interesado: también contamos el premio que se daba a las esposas y cuando los congresos elegían una «Fraŭlino Esperanto».

Raúl Salinas Monteagudo
Raúl Salinas Monteagudo
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