El primer libro de esperanto no pedía que aprendieras la lengua. Llevaba ocho papeletas recortables para prometer que la aprenderías si lo prometían diez millones de personas más. Es la primera vez que el esperantismo intentó contarse, y dos años después iba por el 0,01 % de la cifra.

La papeleta de la promesa impresa en la Unua Libro de 1887. Zamenhof separaba los morfemas con comas para que quien no sabía la lengua pudiera buscar cada pieza en el diccionario.
El 26 de julio de 1887 Zamenhof publicó en Varsovia la Unua Libro. Al final del folleto había ocho papeletas iguales, pensadas para recortarlas y enviarlas por correo a «D-ro Esperanto», que era el seudónimo tras el que se ocultaba. Decían esto:
Promeso. Mi, subskribita, promesas ellerni la proponitan de d-ro Esperanto lingvon internacian, se estos montrita, ke dek milionoj personoj donis publike tian saman promeson. Subskribo:
Es decir: «Yo, abajo firmante, prometo aprender la lengua internacional propuesta por el doctor Esperanto, si se demuestra que diez millones de personas han hecho públicamente esta misma promesa.» En el dorso se escribían el nombre y la dirección.
El problema que intentaba resolver
La papeleta no es una ocurrencia de propaganda. Es la respuesta a la objeción más razonable que se le podía hacer a un idioma recién publicado: ¿quién quiere aprender una lengua que no habla nadie? Aprenderla es un trabajo de meses que no sirve de nada hasta que hay alguien al otro lado, y ese alguien tampoco tiene motivos para empezar. Sin hablantes no hay motivo para aprenderla; sin gente que la aprenda no hay hablantes.
Zamenhof lo había entendido perfectamente. Lo resume bien Anna Löwenstein:
«Sin embargo, ¿quién querría aprender una lengua si no la habla nadie más? Zamenhof comprendió que una lengua no consiste solo en palabras y gramática; necesita también una comunidad. Por eso no pidió a la gente que aprendiera inmediatamente la lengua nueva, sino solo que prometieran aprenderla cuando un número lo bastante grande de personas prometiera lo mismo.»
La papeleta, pues, no pedía un esfuerzo: pedía un compromiso condicional. Nadie tenía que estudiar nada hasta que estuviera garantizado que el esfuerzo valdría la pena. Firmar era gratis y no obligaba a nada.
Había dos casillas más, y las dos son interesantes. Quien estuviera dispuesto a aprenderla de inmediato, pasara lo que pasara, podía escribir «Senkondiĉe» —sin condiciones—. Y quien fuera contrario a la idea misma de una lengua internacional, o pensara que era imposible, podía devolver la papeleta firmada «Kontraŭ». Zamenhof recogía también los votos en contra.
Por qué no podía salir bien
Diez millones era una cifra imposible, y la aritmética del propio folleto lo demuestra. Löwenstein lo ha calculado: si cada ejemplar de la Unua Libro llevaba ocho papeletas y todas se rellenaban, había que vender más de un millón de ejemplares del libro para llegar a los diez millones de firmas. Pocos best-sellers alcanzan esa cifra; un opúsculo de gramática de un oftalmólogo desconocido, ninguno.
Y la realidad quedó todavía más lejos. Según Aleksander Korĵenkov, hasta 1889 el número de prometientes no llegó al millar: el 0,01 % de la cifra mágica. Diez millones no se alcanzaron nunca, ni un millón tampoco.
Pero el mecanismo funcionó igual
Aquí es donde la historia se vuelve interesante, porque el fracaso del recuento no impidió lo que el recuento debía hacer posible.
Las papeletas empezaron a volver, y muchas venían firmadas «senkondiĉe». Aquellos que no esperaban a nadie fueron los que hicieron el movimiento. En enero de 1888, seis meses después de la Unua Libro, Zamenhof ya podía publicar la Dua Libro, escrita entera en esperanto. La condición no se había cumplido y la lengua ya tenía hablantes.
Y con aquellos nombres se hizo la primera lista. Según la Enciklopedio de Esperanto, los primeros mil prometientes incondicionales constituyeron, en 1889, el primer Adresaro —el registro numerado de personas que habían aprendido la lengua, que llegó hasta el número 21.915 antes de dejar de publicarse. Esa historia la contamos aparte.
Vale la pena detenerse un momento: la promesa condicional fracasó, y lo que quedó de ella fue un censo de los que no pusieron condiciones.
Tres errores en el documento fundacional
Un detalle que hace gracia a quienes ya saben la lengua. La papeleta de 1887 contiene, según las reglas que el esperanto acabó teniendo, tres cosas que hoy se corregirían:
se estos montritadebería sermontrite, porque ese verbo no tiene sujeto;dek milionoj personojdebería serdek milionoj **da** personoj, porque miliono es un sustantivo y no puede ir seguido de otro;Mi, subskribitadebería sersubskribinta: el firmante no es firmado, ha firmado.
No es ningún escándalo. En 1887 las reglas de la lengua todavía no estaban fijadas y muchas de estas decisiones se tomaron después —de hecho, la Enciklopedio de Esperanto transcribe la papeleta con Mi subskribinto, que es una tercera forma distinta de la del facsímil. La lengua planificada también tuvo que aprender a hablarse. Sobre cómo se fue decidiendo todo eso, la reforma que se votó en 1894 es el capítulo gordo.
El epílogo
Los diez millones de Zamenhof siguen siendo una cifra curiosa. La estimación por órdenes de magnitud del lingüista Jouko Lindstedt sitúa en diez millones las personas que en algún momento se han acercado a los rudimentos del esperanto.
Es una coincidencia, y no queremos sacarle más de lo que da: una estimación por potencias de diez no es un recuento, y compararla con una cifra de 1887 es un juego. Pero el juego apunta a algo real. Si Lindstedt no va desencaminado, el umbral que Zamenhof pedía quizá se ha acabado alcanzando —repartido a lo largo de ciento cuarenta años en lugar de todo a la vez.
Y esa era exactamente la parte difícil. Lo que la papeleta intentaba comprar no eran diez millones de personas: eran diez millones de personas el mismo día.
Fuentes
- Löwenstein, Anna. «Promes-slipoj», uea.facila, 4 de diciembre de 2019. De aquí vienen el texto de la papeleta, el cálculo del millón de ejemplares y la cita sobre la comunidad. En los comentarios del mismo artículo, Aleksander Korĵenkov es citado desde su libro Homarano para la cifra de los mil prometientes en 1889. Las traducciones al castellano son nuestras.
- Vikipedio. «Promesoj», que recoge la entrada de la Enciklopedio de Esperanto con las opciones «senkondiĉe» y «kontraŭ» y el origen del primer Adresaro; y «Unua Libro» para el número de papeletas.
- Facsímil de la papeleta: Wikimedia Commons, dominio público.
- La escala de Lindstedt y todo lo que sabemos sobre el número de hablantes está en «¿Cuánta gente habla realmente esperanto?».
Leer en:
Esta entrada todavía no tiene ningún comentario. Sé la primera persona en comentarla desde el fediverso.
