Las críticas de Kabe al esperanto

El mejor estilista de la primera generación abandonó el esperanto sin dar nunca explicaciones. Los textos que dejó permiten reconstruir qué le parecía defectuoso de la lengua, y por qué Zamenhof no le hizo caso.

El Comité Lingüístico del esperanto reunido en 1907, el año en que Kabe presentó allí su voto particular sobre gargari. Zamenhof está en la fila de sillas.
El Comité Lingüístico del esperanto reunido en 1907, el año en que Kabe presentó allí su voto particular sobre gargari. Zamenhof está en la fila de sillas.

En 1909, en un homenaje a Zamenhof por su cincuenta aniversario publicado en la revista Universo, uno de los mejores escritores que ha tenido el esperanto contaba que había llegado a la «firme conclusión de que diversaj reformoj estas absolute neeviteblaj en Esperanto» —que diversas reformas son absolutamente inevitables en esperanto—, que había presentado sus propuestas al creador de la lengua y que este no había querido aceptarlas. Al propio Zamenhof lo calificaba, y las comillas son suyas, de «terura konservativulo»: un conservador terrible.

Quien lo escribía era Kazimierz Bein, que firmaba Kabe, oftalmólogo de Varsovia, traductor de La Faraono de Bolesław Prus, autor del primer diccionario monolingüe de la lengua y vicepresidente de la Academia de Esperanto. Un año después dejó el esperanto y no volvió nunca. Su nombre acabó convertido en verbo: kabei significa, todavía hoy, abandonar de golpe y sin explicaciones una actividad en la que uno ha destacado.

No conservamos la lista de aquellas reformas. Kabe no la publicó, y cuando un periodista de Literatura Mondo consiguió entrevistarlo, veinte años después, se dedicó a hablar de estilo, de traducción y de escritorios plegables. Pero sí conservamos bastantes textos suyos —un discurso, un voto particular, un diccionario— para reconstruir qué consideraba un uso defectuoso del esperanto y qué principios creía que debían guiarlo.

Reformista, pero no idista

Conviene empezar por una distinción. Cuando estalló la crisis del ido, en 1907 y 1908, una parte de los reformistas consideraba necesario rehacer la ortografía, la gramática, la derivación y el vocabulario del esperanto, y acabó pasándose a una lengua nueva. Kabe no siguió aquel camino: no se adhirió al ido ni dedicó el resto de su vida a promover ningún otro proyecto. Jean Amouroux, que reconstruyó su trayectoria a partir de la correspondencia y de los documentos de la Academia, lo resume en una línea: una lengua rehecha de arriba abajo como el ido no le atraía.

Su posición era otra. El esperanto funcionaba y merecía conservarse; eso no convertía en acertadas todas las decisiones tomadas al crearlo. Una cosa es decir que la lengua está mal diseñada y que hay que hacer otra, y otra bien distinta decir que funciona lo bastante bien como para poder detectar qué funciona peor en ella.

El criterio: escribir internacionalmente

El texto donde Kabe explica mejor cómo entendía la lengua es el discurso que leyó en el primer Congreso Universal de Esperanto, en Boulogne-sur-Mer, en agosto de 1905, publicado ese mismo año en Lingvo Internacia. Formalmente es una defensa de la necesidad de un comité lingüístico y de una federación internacional; por el camino, sin embargo, hace un repaso histórico de la lengua dividido en tres períodos —el ruso, el francés y el multinacional— y a cada uno le atribuye virtudes y vicios.

El vicio del tercer período, el que él estaba viviendo, era este:

Por falta de análisis, por incomprensión del principio de la internacionalidad, los autores de las distintas naciones usan muy a menudo idiotismos de sus idiomas, lo que a veces hace incomprensibles las frases de sus artículos. Esperemos que tampoco aquel período dure mucho, que muy pronto todos los autores comprendan que no basta con escribir en esperanto, sino que hay que escribir internacionalmente: igualmente comprensible y fácilmente comprensible para todas las naciones.

Un idiotismo, en la terminología gramatical de la época, es una expresión propia de una lengua cuyo significado no se deduce de las palabras que la componen: «tomarle el pelo» no tiene nada que ver con coger cabellos. Kabe no discutía si aquellas construcciones eran gramaticales —lo eran—, sino si un lector de cualquier lengua podía entenderlas.

El discurso sigue citando a Théophile Cart y, a continuación, en un párrafo aparte y también entre comillas, la frase que se suele dar como el resumen de su filosofía lingüística: «La principo de la internacieco devas ĉiam superi ĉiujn aliajn», el principio de la internacionalidad debe prevalecer siempre sobre todos los demás. El texto impreso no aclara si sigue citando a Cart o si la frase es suya; lo que sí sabemos es que dos años después Kabe la repite, casi igual, como convicción propia y sin atribuirla a nadie.

Elrigardi y subaĉeti

En ese mismo discurso, el ejemplo concreto lo había puesto unas páginas antes, al hablar del período ruso. Kabe reconoce todo lo que los eslavos habían aportado al esperanto —la simplicidad de la sintaxis, el orden libre de palabras— y a continuación señala qué habían introducido que no hacía falta:

La riqueza de las lenguas eslavas depende del uso de las preposiciones-prefijos. Dan a la raíz muchísimos significados, que a veces cambian tanto el sentido radical que casi es imposible explicar el porqué del hecho. Además, las preposiciones-prefijos sustituyen en las lenguas eslavas a los tiempos compuestos. De estos dos puntos se olvidan a menudo los esperantistas eslavos y, usando las preposiciones a la manera eslava, se vuelven a veces incomprensibles. Como ejemplo citaré las palabras «elrigardi, subaĉeti», que son terribles idiotismos incomprensibles que claman la venganza del cielo.

Las dos palabras se analizan sin esfuerzo. El- es «de dentro hacia fuera» y rigardi es «mirar»; sub es «debajo» y aĉeti es «comprar». El problema es el significado que se les daba: elrigardi quería decir «tener aspecto» y subaĉeti, «sobornar». Ninguno de los dos se deduce de las piezas.

Y el origen es transparente. En polaco, wyglądać —de wy-, fuera, y glądać, mirar— significa «tener aspecto»; en ruso, выглядеть, igual. En ruso, подкупить —de под, debajo, y купить, comprar— significa «sobornar». Un hablante eslavo podía reproducir la construcción casi mecánicamente.

La crítica, examinada

Ahora bien, presentar elrigardi como una peculiaridad eslava es excesivo, y Kabe estaba en condiciones de saberlo: leía y hablaba alemán. El alemán hace exactamente lo mismo con aussehenaus, fuera, y sehen, ver—, y gut aussehen es «tener buen aspecto». Hay paralelos parecidos en neerlandés, sueco y danés. Con subaĉeti pasa algo similar: la metáfora que asocia lo que está debajo con lo que está oculto y es irregular no es exclusivamente eslava, y en español tenemos «pagar por debajo de la mesa» y «bajo mano».

Eso, sin embargo, no invalida la objeción. La pregunta que Kabe se hacía no era si la extensión de significado es frecuente en las lenguas del mundo, sino si alguien que conoce el- y conoce rigardi puede llegar a «tener aspecto» sin que nadie se lo haya explicado. La respuesta es que no: en alemán aussehen es una palabra convencional que cada hablante aprende como tal, y en polaco wyglądać también. Que el paso de la percepción visual a la apariencia sea cognitivamente natural —el inglés llega al mismo resultado sin ningún prefijo, he looks tired, y el español tampoco lo necesita, «se le ve cansado»— explica por qué tantas lenguas llegan a ello, pero no hace la palabra deducible.

El esperanto acabó resolviéndolo con aspekti, derivado de aspekto, «aspecto». Cuesta una raíz más y la hace transparente para quien la conozca. Es un dilema muy esperantista: menos raíces y más extensiones de significado, o más raíces y significados más estrechos. Kabe elegía siempre la segunda opción.

El prefijo que se hizo gramática

El caso interesante es el que él no criticaba. Kabe aceptaba sin problemas elĉerpi, «agotar», y lo define así en su Vortaro de Esperanto:

Elĉerpi. Vaciar por la acción de extraer hasta el fondo: elĉerpi akvon el la puto [sacar el agua del pozo]. La tuta eldono de la verko jam estas elĉerpita [toda la edición de la obra ya está agotada].

Estructuralmente, elĉerpi y elrigardi son lo mismo: prefijo espacial más verbo, con un significado resultante más abstracto que la suma de las piezas. Y tiene los mismos paralelos nacionales que el otro —el alemán ausschöpfen, el polaco wyczerpać, el ruso исчерпать, el latín exhaurire.

La diferencia la da el propio diccionario de Kabe, en la entrada del prefijo. Ahí el- tiene dos valores: la dirección de dentro hacia fuera, eliri, y la «ĝisfina plenumo de la ago», la ejecución completa de la acción, con los ejemplos ellerni y eltrinki. Aprenderlo todo, bebérselo todo. Eso es lo que salva elĉerpi: no hace falta una convención particular para aquella palabra, basta con una regla productiva que vale para muchas. En cambio, no existe ninguna regla que diga que el- más verbo de percepción dé «aparentar».

Vale la pena detenerse en lo que eso implica. El valor completivo de el- no es original: nace del paso de «sacar» a «sacar hasta que no queda nada», y la misma evolución la han hecho el aus- alemán, el wy- polaco, el ut sueco, el ki- húngaro y el ex- latino. Es decir, también llegó al esperanto por la puerta de los hábitos nacionales. La diferencia entre un calco que hay que condenar y una regla de la lengua depende, en parte, de cuántas palabras lo adoptan: cuando son bastantes, los hablantes dejan de interpretar cada caso como una metáfora y aprenden una función nueva del prefijo. Dónde poner la raya no es una cuestión que la lógica resuelva sola.

Gargari: la propuesta que sí está documentada

Para un caso, al menos, no dependemos de inferencias. El 24 de febrero de 1907, en una carta a Théophile Cart recogida en las Lingvaj Respondoj, Zamenhof fijaba el significado del verbo gargari:

«Gargari» = lavar sacudiendo el líquido; por lo tanto se puede gargari no solo la garganta, sino también un vaso, etc.

Cinco meses después, el 14 de julio de 1907, la comisión polaca del Comité Lingüístico —formada por Kabe y Antoni Grabowski— entregaba la revisión de las traducciones polacas del Universala Vortaro, y Kabe hacía constar allí un votum separatum, un voto particular, contra el criterio de su compañero:

Es decir: solo se puede decir gargari de la garganta; gargari tolaĵon [hacer gárgaras con la ropa] es una expresión completamente incorrecta, la palabra justa falta en esperanto, y gargari no la puede sustituir, porque si no la palabra multinacional y onomatopéyica gargar significaría lo que no significa en ninguna lengua. Incluso en una lengua artificial la arbitrariedad debe tener límites, y no olvidemos nunca que el principio de la internacionalidad debe prevalecer sobre todos los demás.

El argumento no es que gargari la ropa sea ilógico, sino que la raíz gargar- viene de un sonido, el de hacer gárgaras, y que recogerla de las lenguas naturales comporta aceptar lo que significa en ellas. Si al esperanto le faltaba un verbo para enjuagar, había que buscar otro, no ensanchar el que ya tenía. Al lado, en el mismo voto, Kabe pedía mantener sobra como «moderado en la comida y la bebida» y malsobra como «inmoderado», sin que pasara a significar simplemente «borracho», porque para eso la lengua ya tenía ebria —y, apuntaba, al aceptar ebria el propio Zamenhof ya había cambiado el significado de las otras dos.

Portada del Vortaro de Esperanto de Kabe (Hachette, 1911), el primer diccionario que define el esperanto en esperanto: allí escribió las palabras como él defendía que debían ser.
Portada del Vortaro de Esperanto de Kabe (Hachette, 1911), el primer diccionario que define el esperanto en esperanto: allí escribió las palabras como él defendía que debían ser.

Los dos votos los perdió: el Fundamento daba a malsobra el sentido de «ebrio» y el significado amplio de gargari es el que ha llegado a los diccionarios modernos. Pero cuando Kabe publicó su propio diccionario los escribió como él quería. Gargari es allí «lavar la boca, la garganta con un líquido que se sacude en ella mediante el aire espirado»; sobra es «que come y bebe moderadamente»; ebria, «que está bajo la influencia del alcohol». Y ni elrigardi ni subaĉeti aparecen allí en ninguna parte.

Los «Beaufront’ismos»

Kabe también combatía el vicio contrario, el de una lengua demasiado sistemática, y tiene nombre y apellido en el discurso de 1905. Louis de Beaufront había escrito la primera gramática extensa y el primer diccionario amplio de esperanto en una lengua nacional, y Kabe se lo reconoce sin reservas: «podemos decir con todo el derecho que codificó el esperanto», porque los libros anteriores apenas explicaban los afijos y no tenían sintaxis. Ahora bien:

Si en los primeros años nos faltaba la teoría, tras la aparición de los manuales franceses se empezó a preocupar demasiado por la teoría, se procuraba escribir demasiado claramente y se introdujo un estilo muy pesado. El abuso de los tiempos compuestos y otros Beaufront’ismos son el rastro del período francés.

«Escribir demasiado claramente» suena paradójico hasta que se mira qué significa. El esperanto permite construir mi estis aminta, mi estos aminta, mi estus aminta, y todo eso es perfectamente regular; pero entre kiam li venis, mi estis jam manĝinta y kiam li venis, mi jam manĝis, el adverbio jam y la lógica del relato ya dicen que la acción era anterior. Poder construir una forma y necesitarla son cosas distintas.

No era una preferencia pasajera. En 1909, como presidente del jurado de prosa de los primeros Juegos Florales Internacionales, envió un mensaje escrito —no pudo asistir— donde lo dejaba dicho en dos líneas: «el buen estilo se basa sobre todo en la simplicidad y la naturalidad, y por eso en esperanto el mejor recurso es evitar con destreza los sufijos, las palabras compuestas y los tiempos innecesarios». Y todavía en 1931, en la única entrevista que concedió tras abandonar la lengua, lo recordaba como una decisión de escritor: «evitaba en mis obras, siempre que podía, las formas compuestas estas -inta, estis -inta, y usaba el simple -is».

Aquella preferencia acabó imponiéndose en la prosa esperantista sin que ninguna academia tuviera que prohibir nada. Es la otra manera de reformar una lengua: no tocando las reglas, sino dejando de usar lo que sobra.

Por qué Zamenhof no le hacía caso

Para entender el desacuerdo hay que recordar qué había vivido Zamenhof antes de que Kabe entrara en el movimiento, en 1903. En 1894, siete años después del primer manual, el esperanto ya había pasado por una crisis reformista completa: propuestas de eliminar el acusativo, de cambiar el alfabeto, de sustituir los correlativos, de modificar el vocabulario. Zamenhof llegó a preparar un proyecto de reforma radical y a someterlo a votación, y la comunidad votó conservar la lengua tal como estaba.

En 1905, con el Fundamento, llevó la lección hasta el final: la base de la lengua debía quedar intocable, con sus errores incluidos. No porque la considerara perfecta, sino porque había concluido que una lengua eternamente perfectible no llega a ser una lengua. Había colocado la estabilidad por encima de la perfección.

Kabe podía llegar con una observación razonable —esta construcción no es lo bastante internacional, esta distinción se podría organizar mejor— y Zamenhof podía oír otra cosa: que volvían a empezar. Kabe miraba problemas concretos del sistema; Zamenhof, el problema de mantener una lengua compatible consigo misma a lo largo de las décadas. La consecuencia más importante de aquella crisis no había sido conservar unas terminaciones: había sido que Zamenhof desarrollara anticuerpos contra el reformismo. Y un anticuerpo no examina los argumentos de cada propuesta —reacciona igual ante una bien fundamentada y ante una que no lo está—, que es exactamente lo que le pasó a la de Kabe. Según el relato de Kabe en 1909, la conversación acabó: decidió no discutir más de reformas con Zamenhof y esperar que algún día comprendiera su error.

Conviene no redondear el retrato. Ese mismo año, en el mensaje de los Juegos Florales, Kabe acababa el párrafo sobre el estilo con un grito que no es el de un reformista: «Viva, pues, el simple y natural esperanto zamenhofiano». Criticaba la lengua y admiraba a quien la había hecho, y las dos cosas las escribió el mismo año.

Lo que pensamos

Hasta aquí lo que dicen los documentos. Lo que viene a continuación es una lectura nuestra.

El caso de Kabe se suele contar como un duelo entre un reformista lúcido y un fundador testarudo, y el reparto de papeles no se sostiene. Kabe optimizaba coherencia, internacionalidad y calidad semántica; Zamenhof optimizaba estabilidad, compatibilidad y confianza de los usuarios, después de haber visto de cerca cómo una comunidad puede disolverse discutiendo. Los dos problemas son reales y entran en conflicto directo. La diferencia es que el de Kabe tiene soluciones parciales y el de Zamenhof no tiene ninguna: no hay manera de decidir qué propuesta es lo bastante buena sin reabrir todas las demás, y en 1894 eso ya había estado a punto de matar la lengua.

Hay, además, una ironía que el propio expediente de Kabe pone encima de la mesa. Las tres cosas que más defendía —evitar los tiempos compuestos, preferir aspekti a elrigardi, escribir simple— acabaron ganando, y ninguna de ellas necesitó una reforma. Los buenos escritores dejaron de usar lo que sobraba y la lengua se movió. Lo que Kabe pedía por decreto lo iba consiguiendo por el uso, y probablemente por obra suya más que de nadie: la prosa esperantista aprendió a escribir leyendo sus traducciones.

Eso no significa que la rigidez saliera gratis. En 1931, cuando le preguntaron, Kabe no habló de gramática: dijo que se había ido porque el esperanto no avanzaba y porque los esperantistas no sabían su propia lengua —«los que más necesariamente tienen que aprender el esperanto son los propios esperantistas», había dicho ya desde la tribuna de un congreso. El desacuerdo lingüístico no fue la única causa ni, por lo que sabemos, la principal. Pero formaba parte del cuadro, y el resultado es el que es: el esperanto conservó la estabilidad que probablemente lo salvó y perdió, por el camino, al mejor prosista que tenía.

Fuentes

La portada del Vortaro de Esperanto (1911) y la fotografía del Comité Lingüístico (1907) provienen del Bildarchiv Austria a través de Wikimedia Commons; es de dominio público.

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