Una frase suelta en una conversación de hace un día nos ha llevado hasta un libro de 1937. Un esperantista francés que venía mucho por Valencia, y que en casa de un esperantista valenciano preferían no recibir, había publicado el relato de los seis meses que pasó en una prisión de Franco. El libro existe, se puede leer entero, y lo que cuenta encaja —casi todo— con lo que los archivos han documentado noventa años después.

Cubierta de Seis meses en las prisiones de Franco (Ediciones Españolas, Madrid-Valencia, 1937), en el ejemplar de la Biblioteca Central Militar digitalizado por la Biblioteca Virtual de Defensa.
En tres minutos
Jean Pelletier era un industrial francés de Saint-Jean-de-Luz, católico, veterano de la Primera Guerra Mundial y antiguo capitán de aviación, que en 1936 fabricaba planeadores de madera para niños. El 15 de octubre de ese año embarcó en Bayona rumbo a Bilbao en el Galerna; el barco fue capturado por bous armados franquistas y él acabó seis meses en la prisión de Ondarreta, cuatro de ellos incomunicado. Salió el 22 de abril de 1937 en un canje por un aviador alemán. Ese mismo año publicó lo que había visto: Seis meses en las prisiones de Franco.
Veinticuatro años después, en plena dictadura, el mismo hombre era un visitante habitual del esperantismo español y daba conferencias sobre las Fallas en los Países Bajos. En casa del doctor Rafael Herrero Arroyo, presidente de la federación esperantista española, sabían quién era y preferían que no los visitara: había escrito aquel libro y «podía ser reconocido por alguien».
Ahora el libro se puede leer entero: lo hemos transcrito y lo publicamos aquí.
Si quieres profundizar:
- La frase que abrió todo esto
- El samideano que venía a menudo
- El libro: qué es y dónde está
- Qué le pasó
- Lo que cuenta el libro
- Quién iba en el Galerna
- Qué confirman los archivos, y qué corrigen
- Por qué los mataron
- Cómo hay que leer el testimonio
- Por qué en su casa no lo querían
- Lo que todavía falta
La frase que abrió todo esto
El 27 de agosto de 2026 hablamos con Rafael Herrero García, hijo del doctor Rafael Herrero Arroyo, para completar la biografía de su padre. Era una conversación breve, sobre la vida del grupo en los años cincuenta y sesenta. En medio de ella apareció un nombre francés y una frase de pasada: venía mucho por Valencia, y a su padre no le hacía mucha gracia que viniera por su casa, porque había escrito un libro contra Franco y podían reconocerlo.
No había nada más: ni el título del libro, ni una fecha, ni una editorial. Un apellido muy común y una anécdota de hace sesenta años. Resultó que había suficiente.
El samideano que venía a menudo
Lo primero que aparece es una noticia pequeña. El Boletín de la Federación Española de Esperanto de septiembre-octubre de 1961, en la sección Kroniko, publica una nota titulada «»LAS FALLAS» EN NEDERLANDO»:
«Nia kara samideano Jean Pelletier, el Saint-Jean-de-Luz (Francujo), tiel konata de la hispana samideanaro pro liaj oftaj vizitoj en nian landon, trafis ŝatindan premion en la kurso de sam.o Delaire, en Orléans: vojaĝon en Nederlandon. Li partoprenis la renkontiĝon en Krommenie, okaze de la tabuligo de strato per la nomo de Dr.o Zamenhof, kaj li trovis okazon por prelegi. La temo estis: «Las Fallas de Valencia», festo de arto kaj fajro».

El Boletín de la Federación Española de Esperanto da noticia de Jean Pelletier, «tan conocido del esperantismo español por sus frecuentes visitas a nuestro país» (núm. 129, septiembre-octubre de 1961).
Eso ya es mucho: Pelletier era de Saint-Jean-de-Luz, en el País Vasco francés, a poco más de quince kilómetros de la frontera; era «tan conocido del esperantismo español por sus frecuentes visitas a nuestro país»; había ganado un premio en el curso de esperanto de Delaire, en Orleans —un viaje a los Países Bajos—, y lo aprovechó para hablar de las Fallas de Valencia en un encuentro en Krommenie, celebrado con motivo de la rotulación de una calle con el nombre de Zamenhof (Boletín de la Federación Española de Esperanto, año XIII, núm. 5 (129), septiembre-octubre de 1961, p. 387).
Un esperantista francés enamorado de Valencia, pues, de los que iban y venían por la frontera y acababan haciendo propaganda de las Fallas en Holanda. Nada que haga pensar en un libro prohibido.

Dónde está el País Vasco, a un lado y otro de la frontera. Saint-Jean-de-Luz, de donde era Pelletier, está a unos quince kilómetros de la raya. Base cartográfica: Natural Earth (dominio público).
El libro: qué es y dónde está
El mismo nombre aparece en un catálogo muy distinto:
Jean Pelletier, Seis meses en las prisiones de Franco: crónica de hechos vividos. Madrid-Valencia, Ediciones Españolas, 1937. 117 páginas, 20 cm.
La cubierta pone el número en cifra —«6 meses en las prisiones de Franco»— y la portada interior con letras, donde el apellido aparece acentuado, «Jean Pélletier». El ejemplar conservado en la Biblioteca Central Militar, signatura FM-1154-C17, está catalogado dentro de lo que allí todavía se llama el «Fondo marxista»: un libro republicano archivado como material del enemigo por quien lo venció.
Y ese ejemplar se puede leer entero. La Biblioteca Virtual de Defensa lo ha digitalizado completo, con licencia CC BY 4.0: ficha y reproducción íntegra. Pero son imágenes: no se puede buscar una palabra, ni copiar una frase, ni lo lee un lector de pantalla. Un libro en ese estado existe, pero no circula.
Por eso lo hemos pasado por reconocimiento óptico de caracteres y hemos recompuesto el resultado entero —prólogo, trece capítulos e índice—, manteniendo la ortografía de 1937. El texto completo, con su ficha y sus advertencias, está aquí:
No es una edición crítica, y lo decimos en la misma página: ante cualquier duda manda el facsímil.
De dónde viene el libro también importa. No hay ningún «original francés» en forma de volumen: el prólogo explica que el diario parisino Ce Soir ya había publicado por entregas el «gran reportaje» de Pelletier y que Ediciones Españolas lo reunió en castellano sin acreditar quién lo tradujo. Vale la pena saber qué periódico era: Ce Soir había salido por primera vez la tarde del 1 de marzo de 1937, siete semanas antes de que Pelletier saliera de la prisión. Era un vespertino popular e ilustrado, nacido por iniciativa de Maurice Thorez para competir con el masivo Paris-Soir, dirigido por los escritores Louis Aragon y Jean-Richard Bloch y ligado al Partido Comunista Francés. Envió dieciocho periodistas y reporteros gráficos a la guerra de España —Robert Capa fue su fotógrafo oficial hasta 1939—. Es decir, que el relato de Pelletier apareció en un diario recién nacido, que necesitaba impacto y que se había jugado la identidad en defender a la República. Euzko-Deya, el portavoz vasco de París, reprodujo fragmentos los días 4 y 11 de julio de 1937. Después corrió: una reimpresión en Buenos Aires en 1938, de la Oficina de Prensa al Servicio de la República Española, y una traducción rusa ese mismo año —Полгода в тюрьме у Франко, Moscú, Judózhestvennaia Literatura, 80 páginas, traducida del castellano por A. Kagarlitski—. No consta ninguna edición francesa autónoma ni ninguna traducción inglesa: los anuncios de anticuario que ofrecen un Six months in prison with General Franco están vendiendo el volumen ruso con el título traducido para el escaparate.
Qué le pasó
El prólogo y el propio relato presentan a Pelletier como un industrial francés fabricante de juguetes, antiguo capitán de la aviación francesa y veterano de la Primera Guerra Mundial, condecorado con la Cruz de Guerra y caballero de la Legión de Honor, católico, casado y con dos hijos, de unos cuarenta años en 1937. Sus juguetes eran planeadores de madera premiados en el Concurso Lépine, y había regalado cincuenta al hospital militar de Bayona cuando el obispo de la ciudad pidió limosnas para los refugiados de la guerra de España. Durante un tiempo la prensa internacional lo confundió con el aviador Pelletier-d’Oisy, y por eso la noticia de su detención corrió por todo el mundo.
El 15 de octubre de 1936 embarcó en Bayona en el Galerna, que él describe como el vapor correo-postal Bayona-Bilbao, un barco de cabotaje de sesenta metros. Iba a intentar vender los planeadores en Bilbao; su condición de antiguo aviador hizo que aquello no se lo acabara de creer nadie, y los historiadores siguen anotándolo como lo que él contaba, no como un hecho comprobado.
Seis bous armados lo interceptaron a la altura de Pasaia, hicieron transbordar a los pasajeros al Alcázar de Toledo con la mar picada y los desembarcaron en Pasaia de noche. Meses después, un juez instructor le explicó por pura vanidad cómo había sido: alguien había telefoneado desde Bayona a Saint-Jean-de-Luz la hora de salida del barco, y desde Saint-Jean-de-Luz habían avisado a Pasaia, de donde salió la orden de rodearlos. El capitán titular del Galerna se había fingido enfermo y no embarcó.
Pasó seis meses en Ondarreta, unos cuatro de ellos incomunicado. Los intentos de canjearlo fracasaron dos veces —en noviembre, por el cónsul de Austria en San Sebastián; en enero, en un intercambio general por Reyes— porque los sublevados ya no tenían vivos a los presos que ofrecían. Salió el 22 de abril de 1937, cambiado por Karl Gustav Schmidt, tripulante alemán superviviente de un Junkers Ju 52 abatido sobre Bilbao.

El viaje del «Galerna», con los lugares del episodio: la salida de Bayona, el punto aproximado donde lo interceptaron, Pasaia, la prisión de Ondarreta y el cementerio de Hernani. Base cartográfica: Natural Earth (dominio público).
El canje se hizo en Saint-Jean-de-Luz, ante el agregado naval francés. El mismo pueblo de donde había salido la llamada telefónica que lo puso en manos de los sublevados; y el mismo desde el que, veinticuatro años después, el Boletín esperantista lo situaba como el samideano que venía a menudo a Valencia.
Lo que cuenta el libro
Son trece capítulos, cada uno encabezado por una frase del propio relato que resume su contenido. La lista del índice ya es, entera, un documento.
El patio de Ondarreta, donde los presos esperaban la noche:
«Los hombres que van a morir juegan a la pelota vasca con entusiasmo… Me acerco al muro, que está lleno de agujeros. ¡Horror!, se ven cabellos y trozos de cerebro. Es el muro ante el que fusilan o han fusilado… Y ellos juegan animadamente a la pelota».

La apertura del capítulo V en el ejemplar de 1937.
La tortura del abate Ariztimuño, «Aitzol», que Pelletier oyó desde el vestíbulo de al lado antes de verlo salir —el pasaje que Euzko-Deya reprodujo en París en julio de 1937:
«Oí gritar y el ruido sordo de los vergajazos sobre un cuerpo. En la habitación próxima torturaban a un hombre. Oír cómo se pega a un animal es ya impresionante, pero oír pegar a un hombre es espantoso. […] El suplicio duró lo menos una hora. Se abrió una puerta. Apareció la víctima. Era el inteligente abate Ariztimuño, mi amigo del «Galerna». Resultaba difícil conocerle. La sangre le nublaba la vista y no podía verme».
El recuento del clero vasco fusilado por los que decían hacer una cruzada:
«Encontré en la prisión de Ondarreta diez y siete sacerdotes; todos fueron ejecutados en siniestros amaneceres, contra el muro de la prisión o en el cementerio de Hernani».
Y el final, ya libre, con el encargo que le hicieron los que se quedaban: salvar a la tripulación del bou armado Nabarra, hundido por el crucero España cuando defendía al vapor Galdames, apresada y encerrada en Ondarreta a la espera de un consejo de guerra que pedía para ellos la pena de muerte. Su delegado ante los carceleros, Javier Basarto, había pedido un último honor: dar él mismo la voz de «fuego» el día que los fusilaran. Pelletier cierra el libro publicando los nombres de los marineros, uno por uno.
Quién iba en el Galerna
La prensa franquista los presentó como un cargamento de rojos. No lo eran. Las listas que han reconstruido las investigaciones municipales de Hernani muestran otra cosa: el barco llevaba correo, documentación y gente muy diversa entre Bayona y la zona republicana.
| Quién | Quién era |
|---|---|
| José Ariztimuño, «Aitzol» | Sacerdote, escritor y promotor cultural; nacionalista vasco católico, próximo al PNV. Recopilador de poesía vasca y defensor del Estatuto. |
| Raimundo Gamboa | Contratista de maderas, católico y nacionalista vasco. |
| Higinio Francisco Saizar Múgica | Médico, militante de EAE/ANV —nacionalismo vasco republicano y aconfesional— y correo entre Bilbao y Bayona. |
| Juan Luis Ruiz-Dana Ibarra | Trabajador de Correos; mantenía el enlace postal con la zona republicana. |
| Salvador Echenique Iriarte | Delegado del Gobierno Vasco a bordo. Pelletier lo toma por el capitán. |
| José Cerdán Murillo | Presidente de Socorro Rojo. |
| Juan Miranda Alduarte | Trabajador de la Diputación, militante del Partido Comunista. |
| José Jurico Zaro | Pelotari, sin militancia conocida. |
| Jean Pelletier | Francés católico, industrial, se declaraba neutral. |
Había, además, mujeres y niños. Nacionalistas católicos, nacionalistas de izquierda, comunistas, funcionarios y civiles sin adscripción conocida: exactamente la pluralidad de la coalición que sostenía el Gobierno Vasco. Civiles desarmados, todos. Que algunos tuvieran responsabilidades políticas o administrativas no los convierte en combatientes, y no explica qué les hicieron.
Qué confirman los archivos, y qué corrigen
Aquí es donde el testimonio deja de ser solo un testimonio. Dos investigaciones municipales de Hernani —la dirigida por Mikel Aizpuru en 2007 y la de Irati Zuriarrain Asurmendi en 2024— han trabajado el mismo episodio con documentación penitenciaria, registros civiles, expedientes militares y libros de cementerio. La de 2007 dice expresamente que la documentación coincide sustancialmente con la versión que da Pelletier.
Lo que queda confirmado:
- El Galerna fue capturado el 15 de octubre de 1936 y los pasajeros, encerrados en Ondarreta.
- Varios pasajeros fueron asesinados sin juicio alguno.
- La fórmula administrativa de la «puesta en libertad» se usaba, efectivamente, para sacar a los presos hacia el lugar del fusilamiento.
- En Hernani hubo una represión sistemática: alrededor de doscientas personas fusiladas.
- Parte de la tripulación fue juzgada y condenada a penas largas, tal como él cuenta.
Lo que corrigen:
- No los mataron a todos la misma noche. Pelletier escribe que fusilaron a todos los pasajeros; los archivos muestran ritmos distintos. Juan Luis Ruiz-Dana fue sacado la noche del 17 de octubre y fusilado en la madrugada del 18; el médico Saizar quedó en la prisión hasta la noche del 22 y lo mataron en Hernani el día 23. La familia pudo recuperar su cuerpo y enterrarlo en Polloe.
- Tampoco era el único superviviente de todo el barco. El estudio de 2007 concluye que eso no se puede afirmar.
- Las cifras no cuadran. Él habla de unos treinta y cinco pasajeros; las listas oficiales dan más de cuarenta, y La Voz de España publicó que a bordo iban unas ochenta personas: veintiocho tripulantes y unos cincuenta pasajeros.
- Echenique no era el capitán. Era el delegado del Gobierno Vasco. El capitán titular era Germán Gómez, y quien parece haber ejercido el mando efectivo, Jorge Martín Posadillo.
- Los ochocientos. El libro afirma que ochocientos presos de Ondarreta fueron fusilados sin proceso, y no lo dice solo la presentación de Ce Soir: lo escribe Pelletier en el capítulo XI, y le pone fechas —entre el 15 de octubre y el 15 de noviembre de 1936, en su mayoría vascos—. El problema es otro: el mismo libro usa la cifra de ochocientos dos veces más, pero para decir cuántos presos había dentro de la prisión (capítulos IX y XIII). Un mismo número que sirve para la población reclusa y para los fusilados de un mes no se sostiene, y además era una cifra que él no podía contar desde una celda.
- La historia no acaba en los fusilamientos. Se han identificado al menos veinticinco tripulantes. Varios fueron condenados a treinta años; Victorino Corino murió a manos de la policía franquista en mayo de 1938 y Ramón Alonso, en la prisión, en julio de 1939.
Por qué los mataron
El episodio desmonta una explicación fácil. No murieron por rojos ni por anticlericales: entre las víctimas había sacerdotes y nacionalistas vascos profundamente católicos. Aitzol es el caso más claro —compartía la religión de los requetés que lo cogieron—, y el sacerdote septuagenario José de Adarraga, sin militancia destacada, fue fusilado acusado de nacionalista.
Lo que pesaba era otra jerarquía: primero, la lealtad al bando sublevado; después, la unidad política y territorial de España; después, la eliminación de las organizaciones republicanas, obreras y nacionalistas; y el catolicismo, siempre que estuviera subordinado a los anteriores. Ser católico no protegía a quien era considerado vasquista. La captura del barco tenía, además, un componente militar y de comunicaciones: el Galerna enlazaba Bayona con Bilbao y llevaba correo y documentación al Gobierno Vasco.
Cómo hay que leer el testimonio
Es una fuente primaria de primera mano, escrita inmediatamente después de los hechos por un extranjero que había estado encerrado en Ondarreta, y los historiadores la siguen utilizando: Pedro Barruso la cita en su estudio sobre la represión en el País Vasco durante la guerra, y el trabajo de Aizpuru sobre los fusilamientos de Hernani lo cuenta entre los testimonios directos del Galerna.
Y es, a la vez, un libro de denuncia publicado en medio de una guerra. Ce Soir era un diario próximo al Partido Comunista Francés, la edición argentina salía de una oficina de prensa de la República y la rusa de una editorial estatal soviética. Eso no invalida lo que cuenta —el testimonio directo es lo que es—, pero explica por qué las cifras globales se inflan y por qué algunos episodios los conoció de oídas dentro de la prisión. Del caso de Saizar, por ejemplo, él mismo admite que lo supo después por indiscreciones de los carceleros.
En resumen: no es un libro inventado ni una falsificación propagandística. Es un testimonio auténtico y sustancialmente fiable, escrito con prisa, indignación e información incompleta. Para lo que él vivió y vio, Pelletier es la mejor fuente que tenemos; para cifras, identidades, cargos y cronologías, son mejores Aizpuru y Zuriarrain.
Por qué en su casa no lo querían
Volvamos a Valencia. Rafael Herrero García recuerda a Pelletier como alguien que «venía mucho por Valencia, por todo el mundo», y recuerda también que a su padre no le hacía mucha gracia que viniera por su casa: porque había escrito aquel libro y «podía ser reconocido por alguien». Él mismo, en cambio, estuvo invitado en casa de Pelletier, en Francia, unos veinte días. Y añade un detalle que los papeles confirman: que Pelletier había sido piloto de guerra. Barruso, cuando lo cita, lo llama directamente «el aviador francés Jean Pelletier».
La escena vale por sí misma. En la Valencia de los años cincuenta y sesenta, el esperantismo era una red internacional que funcionaba por encima de las fronteras y de las ideologías: en la tertulia de la horchatería Chaume discutían católicos y comunistas «pero en el plano de la amistad», y el doctor Herrero —de ideas sociales más bien de izquierdas, según su hijo, pero sin manifestarse nunca políticamente— era el médico de Luis Hernández Lahuerta, comunista declarado, hasta su última hora.
Al mismo tiempo, esa red sabía perfectamente dónde estaban los límites. Recibir en casa a un francés que había publicado un libro contra Franco era un riesgo concreto, y se gestionaba con la misma naturalidad con que se asistía a los congresos: no le cerraban la puerta al movimiento, pero preferían no tenerlo en el comedor. Y el libro no era el de un revolucionario: lo había escrito un católico condecorado que contaba curas fusilados. Eso no lo hacía menos peligroso para quien lo alojara.
Lo que todavía falta
- La serie de Ce Soir. Tuvo que salir después del 22 de abril de 1937, pero no sabemos los números, ni las fechas, ni el titular francés, ni cuántas entregas fueron. Un aviso para quien quiera hurgar: buscar su nombre en la colección digitalizada da un homónimo —un Jean Pelletier que el 29 de junio de 1937 dona cincuenta francos a una suscripción para los niños vascos—, que no tiene nada que ver con el reportaje.
- Su vida. Del Pelletier anterior a 1936 y del posterior a 1961 no sabemos nada: ni cuándo se hizo esperantista, ni cuándo murió. El nombre es muy común.
- Las visitas a Valencia. Quién lo alojó, a qué congresos vino, si quedan fotografías.
- La transcripción. La hemos revisado por muestreo, no entera. Quien detecte un error en un nombre o en una fecha nos hace un favor si nos lo dice.
Si alguien tiene noticia de él —una carta, una foto, un ejemplar del libro—, escribidnos.
Fuentes: Boletín de la Federación Española de Esperanto núm. 129 (septiembre-octubre de 1961); ficha y reproducción digital completa de Seis meses en las prisiones de Franco en la Biblioteca Virtual de Defensa (Biblioteca Central Militar, FM-1154-C17, CC BY 4.0), de donde salen la cubierta, las reproducciones de páginas y todas las citas del libro, por medio de nuestra transcripción; Mikel Aizpuru (dir.), El otoño de 1936 en Guipúzcoa. Los fusilamientos de Hernani (Hernani, 2007), cap. VII; Irati Zuriarrain Asurmendi, Hernani 1936-1959. Violencia, represión y violación de los derechos humanos durante la Guerra Civil y el primer franquismo (Hernaniko Udala, 2024), ap. 4.5.1.1 «El caso del barco Galerna»; Pedro Barruso Barés, «La represión en las zonas republicana y franquista del País Vasco durante la Guerra Civil», Historia Contemporánea 35 (2007), p. 97; The French Presence in the Spanish Military (Ministerio de Defensa, 2022), para el intercambio; el catálogo de la Biblioteca Herzen de San Petersburgo y el catálogo bibliográfico de la Universidad de Mykolaiv, para la edición rusa; el catálogo de la Universidad de Barcelona, para la reimpresión de Buenos Aires; y notas de una conversación con Rafael Herrero García y su mujer, Amparo Martínez Esteve, el 27 de agosto de 2026.
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