El 8 de marzo de 2003, La Vanguardia publicó una carta titulada «El esperanto» que proponía la lengua internacional en lugar de la campaña para que el catalán fuera oficial en la Unión Europea. Tres semanas después, el mismo diario publicaba la réplica de la Associació Catalana d’Esperanto. Dos esperantistas, el mismo periódico y la misma pregunta: para qué sirve una lengua neutral.
El debate del 23 de febrero
Conviene saber a qué contestaba aquella carta. El domingo 23 de febrero de 2003, La Vanguardia dedicó su «Temas de debate» a «Las lenguas de Europa», con el subtítulo «La próxima ampliación de la UE en el 2004 requiere una reorganización lingüística». Eran dos artículos: un análisis de Josep Vicenç, economista y licenciado en Filología Catalana, titulado «Las lenguas oficiales y el Espíritu Santo», y una descripción de la situación a cargo de Isidor Marí, de la Universitat Oberta de Catalunya, titulada «La realidad del multilingüismo integral».
Hablaban del régimen lingüístico de las instituciones europeas, del artículo 290 del Tratado, de la Carta Europea de las Lenguas Regionales o Minoritarias y de lo que pasaría con la ampliación de 2004. En ningún momento mencionaban el esperanto: la palabra no aparece ni una sola vez en toda la doble página.
La carta
El sábado 8 de marzo, en «Cartas de los lectores», contestaba un lector desde Badalona. Fue él quien llevó el esperanto a la discusión.

La carta «El esperanto», en La Vanguardia del 8 de marzo de 2003, página 26.
El esperanto
Tengo ante mí las páginas que dedica La Vanguardia del día 23/II/2003 al problema de las lenguas de Europa. La impresión que saco no puede ser más caótica, aparte de adivinarse perfectamente cuál es la finalidad con que están escritas estas columnas: que el catalán sea una más con carácter oficial en la babel que se avecina.
Hay que buscar soluciones más imaginativas aunque sean difíciles y sólo se puedan conseguir a la larga. Para que Europa pueda sentirse unida necesita un lenguaje fácil, neutral, lógico y rico que, sin menoscabo de sus infinitas lenguas maternas, le permita relacionarse sin dificultad desde Fisterra hasta Vladivostok. Está inventado desde hace más de un siglo y, aunque no haya tenido éxito, no ha muerto. Se llama esperanto. No sería cuestión de un día como el euro, pero su implantación paulatina es necesaria.
Dediquemos nuestros esfuerzos a ello en vez de propugnar un aldeanismo tribal.
VICENTE MARTORELL Badalona
La respuesta
El domingo 30 de marzo, en la página 38, contestaba Hèctor Alòs i Font, secretario de la Associació Catalana d’Esperanto. Lo hizo en catalán, en un diario que entonces se imprimía solo en castellano.

La réplica «Moltes llengües», en La Vanguardia del 30 de marzo de 2003, página 38.
Moltes llengües
Crec convenient puntualitzar les afirmacions de la carta de Vicente Martorell (8/III/2003).
El problema no és la inclusió del català com a llengua oficial de la UE, sinó que tot sembla indicar que en l’actualitat és econòmicament inviable la inclusió de totes les llengües parlades en l’àmbit de la Unió, cada cop més àmplia.
La solució que se’ns proposa és menystenir certes llengües, començant per aquelles que no tenen suport estatal. Des del moviment esperantista considerem això injust i perillós: no es tracta només d’una qüestió simbòlica, prou important, sinó que privilegiar certes llengües per damunt d’altres posa en perill la diversitat lingüística, com bé sabem a casa nostra. La inclusió del català, o del maltès o l’estonià, és un dret, un dret que convé demanar, fins i tot exigir.
La solució passa per un canvi de model en les relacions entre les llengües, els pobles i els ciutadans; no pas per la discriminació dels més febles, com en pretenen fer creure.
HÈCTOR ALÒS I FONT Assoc. Catalana d’Esperanto Barcelona
Dos maneras de entender lo mismo
Las dos cartas defienden el esperanto y no dicen lo mismo ni de lejos.
Para la primera, el esperanto es una alternativa a las lenguas pequeñas: si todos habláramos la neutral, sobraría discutir si el catalán debe ser oficial, y pedirlo es «aldeanismo tribal».
Para la segunda, el esperanto es una garantía para esas mismas lenguas: si privilegiar unas por encima de otras es el problema, la solución no puede ser empezar por apartar las que no tienen un estado detrás. Es la posición clásica del movimiento —Zamenhof la formuló diciendo que el esperanto sería la segunda lengua de todos y de nadie la primera— y la que el esperantismo catalán ha sostenido siempre.
Es una discusión vieja y no se ha cerrado. Vale la pena tenerla documentada.
Quién firmaba la primera
Vicente Martorell Eixarch (hacia 1939 – 13 de enero de 2026) era notario, y ejercía en Badalona desde 1998 hasta su traslado en 2003, el año de la carta. Fue socio del Grup d’Esperanto de València.
En 1987 había ido de número cinco en la candidatura del Frente Nacional, el partido de Blas Piñar, a las elecciones al Parlamento Europeo. Y en el boletín de la Federación Española de Esperanto escribió dos veces defendiendo el régimen de Franco: en 1988, protestando por un artículo de Juan Régulo Pérez, y en 2007, diciendo que la Guerra Civil se contaba siempre «desde el punto de vista del gobierno republicano o rojo» y que, al afirmar que Franco había sido el salvador de España, él solo reparaba el equilibrio. El director del boletín se la publicó y le respondió a continuación, recordando que la Federación pertenece al movimiento neutral y que hay «tantas opiniones distintas dentro de la Federación como personas».
Lo recogemos porque forma parte de la historia del grupo. En más de ciento veinte años ha pasado gente de toda clase, y una historia en la que solo aparecen las personas admirables no es una historia: es propaganda. Que dos esperantistas discutieran esto en la prensa no dice nada malo del esperanto; dice que compartir una lengua no es compartir una idea del mundo.
Fuentes: La Vanguardia, «Temas de debate» del 23 de febrero de 2003, página 26; cartas del 8 de marzo de 2003, página 26, y del 30 de marzo de 2003, página 38, sección «Cartas de los lectores»; las dos cartas se reproducen en el idioma original. El intercambio lo reseñó Kataluna Esperantisto núm. 326 (2003). Las cartas al Boletín de la Federación están en los núms. 285 (marzo-abril de 1988) y 378 (marzo-abril de 2007). La candidatura de 1987, en el BOE de 12 de mayo de 1987; los datos profesionales, en el BOE de 17 de enero de 2005. Más sobre el firmante, en Biografías.
Entrada incorporada retrospectivamente el 23 de agosto de 2026. La fecha de la entrada corresponde al primero de los dos documentos originales.
