Esperanto y software libre: dos ideas que hablan el mismo idioma

A primera vista no tienen nada que ver: una lengua publicada en 1887 para que gente de países distintos pudiera entenderse, y una forma de escribir y repartir programas de ordenador que nació casi cien años después. Las separa un océano de tecnología. Y aun así las dos empiezan por el mismo gesto: alguien que podía quedarse con algo y decidió no quedárselo.

Un ordenador portátil con la pantalla partida en dos mitades: a la izquierda, sobre verde, el esperanto con la estrella de cinco puntas; a la derecha, sobre fondo oscuro, el software libre con el pingüino de Linux y las cuatro libertades: usar, estudiar, modificar y distribuir. Alrededor, un cartel de esperanto, una taza con la estrella verde, libros y una figurita del pingüino.

1887 y 1983: dos veces la misma renuncia

Cuando Zamenhof publicó el Unua Libro, el 26 de julio de 1887, no se limitó a presentar una gramática. Escribió, negro sobre blanco, que la lengua no era suya:

«Internacia lingvo, simile al ĉiu nacia, estas propraĵo socia, kaj la aŭtoro por ĉiam forcedas ĉiujn personajn rajtojn je ĝi.»

«La lengua internacional, igual que cualquier lengua nacional, es propiedad social, y el autor cede para siempre todos sus derechos personales sobre ella.»

No fue una frase suelta. El 9 de agosto de 1905, en el primer congreso universal de Boulogne-sur-Mer, los esperantistas reunidos lo pusieron por escrito otra vez en el punto 4 de la Declaración de Boulogne: el autor renunció desde el principio y para siempre a todo derecho y privilegio sobre la lengua, y por eso el esperanto «no es propiedad de nadie», ni material ni moralmente.

Casi un siglo después, el 27 de septiembre de 1983, Richard Stallman anunció el proyecto GNU. En 1985 fundó la Free Software Foundation y en 1989 apareció la primera licencia GPL, que hace con el código lo mismo que la Declaración de Boulogne con la lengua: lo entrega a todo el mundo y prohíbe que alguien vuelva a cerrarlo.

El parecido no está en que las dos cosas sean «abiertas», que es una palabra que hoy se usa para casi todo. Está en algo mucho más concreto: en los dos casos hay un autor con nombre y apellidos que renuncia de forma explícita y pública a un derecho que la ley le daba.

«Libre» no quiere decir «gratis»

Un programa libre no es simplemente un programa que no cuesta dinero. Es un programa que respeta cuatro libertades concretas, tal y como las define la Free Software Foundation:

  • Libertad 0 — usarlo para lo que quieras.
  • Libertad 1 — estudiar cómo funciona y cambiarlo, lo que exige poder ver el código fuente.
  • Libertad 2 — repartir copias a quien quieras.
  • Libertad 3 — repartir copias de tu versión modificada, para que la mejora llegue a los demás.

En inglés esto da un problema famoso: free significa a la vez «libre» y «gratis», y hay que explicarlo cada vez que se nombra. En esperanto ese problema no existe, y no es una opinión de esperantista: lo tiene apuntado el propio proyecto GNU en su glosario de traducciones. En esperanto se dice libera programaro para el software libre, senpaga programaro para el que sólo es gratuito y mallibera programaro para el privativo. Tres palabras distintas para tres cosas distintas. La definición de software libre de GNU está, de hecho, traducida al esperanto.

Es un detalle pequeño, pero dice algo: una lengua construida a propósito puede permitirse el lujo de tener una palabra para cada idea.

Un núcleo que no se toca

Hay un tercer parecido que casi nadie menciona y que es el más interesante de todos: los dos movimientos protegieron su base con un documento.

En el esperanto ese documento es el Fundamento, aprobado en aquel mismo congreso de 1905: una gramática de dieciséis reglas, un ejercicio y un vocabulario que se declararon intocables. La lengua puede crecer —se añaden palabras, cambia el estilo, la Academia aprueba cosas nuevas—, pero nadie puede cambiar el suelo. Gracias a eso, un texto de 1910 se lee hoy sin diccionario.

En el software libre ese documento es la licencia. La GPL no impide que el programa cambie: impide que alguien coja el trabajo de todos, le ponga un candado y lo venda cerrado. A eso se le llama copyleft.

Y las dos comunidades tienen hasta la misma cicatriz: la bifurcación. En 1907, un grupo de esperantistas destacados se llevó la lengua a una versión reformada, el ido, y se abrió la mayor crisis de la historia del movimiento; la mayoría de los hablantes se quedó con el Fundamento. En el software libre eso pasa cada semana y tiene nombre propio: un fork. La diferencia es que allí se considera un derecho y no una traición, precisamente porque la libertad 3 existe para eso.

Lo que se construye entre muchos: los números

Todo lo anterior sonaría a filosofía si no se pudiera medir. Se puede:

  • Vikipedio, la Wikipedia en esperanto, arrancó en 2001 y a 30 de agosto de 2026 tiene 388.872 artículos. Es la mayor enciclopedia del mundo en una lengua construida, y está por delante de bastantes lenguas nacionales con millones de hablantes.
  • Tatoeba, la base de datos libre de frases de ejemplo que usan traductores y programas de inteligencia artificial, tiene 821.013 frases en esperanto: es el cuarto idioma de todo el proyecto, detrás sólo del inglés, el ruso y el italiano, y casi el doble que el castellano, que anda por 444.782.
  • LibreOffice tiene su interfaz traducida al esperanto al 99 %, con 28 personas apuntadas en el equipo de traducción.
  • WordPress, el programa con el que está hecha esta misma web, va por el 91 % en esperanto y tiene comunidad propia en eo.wordpress.org.
  • Mastodon, el programa del fediverso, trae la traducción al esperanto dentro del propio código, como un idioma más.
  • Debian, una de las distribuciones de GNU/Linux más veteranas, tiene desde hace años una lista de correo dedicada a traducirse al esperanto.
  • El Reta Vortaro, el diccionario de esperanto que más se usa en internet, nació en 1997 de la mano de Wolfram Diestel y se publica con licencia GPL: el mismo permiso que un programa libre.

Ninguna de esas cosas la pagó un ministerio. Las hicieron voluntarios repartidos por el mundo, exactamente igual que se hace un programa libre: cada uno pone su trozo y el resultado es de todos.

Hasta dónde llega el parecido

Conviene no estirar la comparación más de lo que da, porque hay tres diferencias reales:

  • Una licencia se puede llevar a juicio; una declaración, no. La GPL es un texto con efectos legales y se ha defendido ante los tribunales. La renuncia de Zamenhof es un compromiso moral que sostiene la comunidad, no un juzgado.
  • Todas las lenguas naturales son también «de nadie». Nadie es dueño del castellano. Lo llamativo del esperanto no es que sea libre, sino que alguien que legalmente podía ser su dueño dijera que no.
  • El software libre mueve muchísimo dinero —hay empresas enteras que viven de él— y el esperanto no. Son dos escalas muy distintas de un mismo principio.

Por qué esto nos toca de cerca

Esta web está hecha con software libre de arriba abajo: WordPress, sus extensiones y las piezas que hemos programado nosotros. Publica en el fediverso a través de Mastodon, que también lo es. Y está escrita en tres idiomas, uno de los cuales sólo existe porque un oculista nacido en Białystok decidió, hace 139 años, que aquello no era suyo.

El esperanto propone una lengua común. El software libre propone un conocimiento que se puede compartir. Son dos caminos distintos que apuntan a la misma idea: lo que se construye entre todos puede quedarse al alcance de todos.

Si te interesa cualquiera de las dos cosas, en Valencia nos vemos.


De dónde sale cada dato: la renuncia de Zamenhof, del Unua Libro, 26 de julio de 1887; el punto 4 de la Declaración de Boulogne, 9 de agosto de 1905; las cuatro libertades y las palabras en esperanto, de «Qué es el software libre» —que también está en esperanto— y del glosario de traducciones de GNU; el Fundamento y el ido; los artículos de Vikipedio y las frases de Tatoeba, consultados el 30 de agosto de 2026; los porcentajes de traducción, de Weblate de LibreOffice y de translate.wordpress.org; y el Reta Vortaro de Wolfram Diestel.

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