En enero de 1994, Augusto Casquero de la Cruz pidió a la Consejería de Educación que su hijo de diez años pudiera estudiar esperanto en vez de inglés en el colegio público, y se ofreció a dar él las clases gratis. La Consejería dijo que no. Él anunció que acudiría a los tribunales, al Defensor del Pueblo y al Parlamento Europeo. Levante lo contó el 27 de enero; una semana después, Las Provincias le publicaba la carta donde lo explicaba todo.

La noticia de Levante-EMV, página 20, el 27 de enero de 1994.
Lo que publicó Levante
La noticia, sin firma, se titulaba «Un profesor reclama el derecho de su hijo a estudiar esperanto en un colegio público» y salía de un escrito que Casquero había enviado a la redacción.
Contaba que era profesor de EGB y de esperanto, que su hijo de diez años estudiaba en un colegio público, y que había presentado la petición ante la Consejería de Educación sin ningún resultado:
«La consejería se ha limitado, dicho de manera coloquial, a cerrarnos la puerta en las narices, tanto a la petición que presentamos como al recurso, dando como razones que el centro escolar no está autorizado a enseñar ese idioma.»
Y fundamentaba la reclamación en dos textos:
«Creemos que tenemos todos nuestros derechos, según la Carta de las Naciones Unidas y la Constitución Española —afirma Augusto Casquero— en la que se consagra la no discriminación en función del idioma, y que los padres elijan para sus hijos la educación que consideren más adecuada, que las autoridades educativas atiendan nuestra solicitud, máxime cuando ello no comporta para las diversas instancias competentes ningún tipo de exigencia, sino la mera convalidación.»
Ante la imposibilidad de que la Consejería pusiera un maestro, se había ofrecido al colegio y al departamento autonómico para dar él mismo las clases «sin ningún tipo de cargo económico ni para el centro escolar ni para las instituciones educativas».
Fuente: Levante, el mercantil valenciano, 27 de enero de 1994, página 20 (Bitoteko).
La carta a Las Provincias
El 4 de febrero Las Provincias le publicaba una carta al director, firmada «A. Casquero (Valencia)», con el caso contado de cabo a rabo y con nombres y fechas.

La carta al director de Las Provincias, 4 de febrero de 1994, página 37.
El niño es Augusto Casquero Ballester, que había cumplido diez años el 20 de enero. Llevaba dos años estudiando esperanto y «se desenvuelve con bastante soltura». Gracias a la lengua había ido a dos congresos infantiles internacionales —el padre escribe Melk (Austria) en 1992 y Alborache (Valencia) en 1993— donde se había entendido con niños de todo el mundo, y había viajado con los padres por Europa haciendo amistad con esperantistas.
Dentro de un año el currículo escolar le obligaba a empezar una lengua extranjera, que en aquel colegio sería el inglés. La petición era de convalidación y sustitución, y el ofrecimiento del padre, detallado: como el centro no tenía profesor de esperanto,
«yo mismo me comprometo, sin ningún tipo de cargo económico ni para el centro escolar ni para las instituciones educativas, a continuar con la enseñanza del esperanto al niño, ya que poseo todas las titulaciones pertinentes para desarrollar adecuadamente esta tarea, porque soy licenciado en Ciencias de la Educación, además de profesor de EGB y profesor de esperanto durante 17 años.»
La Consejería respondió que el centro no estaba autorizado a enseñar ese idioma y que él tampoco estaba autorizado a enseñarlo, de manera que el hijo tenía que estudiar inglés obligatoriamente.
Y el final de la carta es lo que le da el tono:
«Además, nos negamos rotundamente a que se le enseñe el inglés, por considerar en el momento actual el idioma inglés, como en un pasado lo han sido otros, una correa de transmisión y de imposición de una lengua y una cultura ajenas a nosotros, que está produciendo la desaparición de lenguas y culturas minoritarias (como pasó con el español en Filipinas, y en mucha mayor medida con lenguas y culturas más débiles). No podemos costear que otra cultura, ajena a nosotros, sirva para eso. Como decía Nebrija, «la lengua es compañera del imperio«, y nosotros defendemos un mundo justo y solidario, en el que todos estemos en situación de igualdad. Creemos que eso se consigue mejor con el estudio del idioma esperanto que con cualquier otro.»
Fuente: Las Provincias, cartas al director, 4 de febrero de 1994, página 37 (Bitoteko).
Lo que no sabemos
No hemos encontrado ningún rastro posterior del recurso. Ni si se llegó a presentar ante los tribunales, el Defensor del Pueblo o el Parlamento Europeo, ni qué respuesta hubo. Si alguien lo sabe, o conserva papeleo de aquello, que nos escriba.
Hay una cosa en la que los documentos no se ponen de acuerdo. El padre escribe que los congresos infantiles fueron en Melk (1992) y Alborache (1993); el boletín de la Federación sitúa el de 1992 en Gresten y el de 1993 en el colegio CEU San Pablo de Moncada. Los dos lugares austriacos son de la Baja Austria y los dos valencianos, de la misma comarca; no sabemos cuál de las dos versiones es la buena.
Augusto Casquero de la Cruz (Plasencia, 1945 – Valencia, 2023) y su mujer, Alicia Ballester Torregrosa, tienen su ficha en la página de biografías.
Entrada incorporada retrospectivamente el 24 de agosto de 2026. La fecha de la entrada corresponde al documento original.
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