¿Por qué hay tantos informáticos entre los esperantistas?

Quien se acerca al esperanto por primera vez suele notar lo mismo: hay muchísima gente de la informática. Programadores, administradores de sistemas, gente que trabaja en traducción automática. Se nota en los congresos, en los foros y, sobre todo, en quién construye las herramientas que usa la comunidad. La pregunta es si eso es casualidad. Y antes de responderla hay que decir una cosa incómoda.

Una persona programando ante un portátil, con la bandera del esperanto, un mapamundi de puntos conectados y una estrella verde sobre la mesa.
Programar y hablar con todo el mundo: dos cosas que se hacen con reglas claras.

Nadie lo ha contado

No existe ningún censo de las profesiones de los hablantes de esperanto. Ni la Asociación Universal de Esperanto ni ninguna universidad ha publicado un estudio que diga qué parte de la comunidad trabaja en informática. Lo que hay son encuestas sueltas sobre la edad —según los datos de Edukado.net, sólo una décima parte de quienes responden tiene menos de 30 años— y poco más.

Así que la afirmación «hay muchos informáticos entre los esperantistas» es, literalmente, una impresión sin medir. Lo honesto es decirlo antes de intentar explicarla.

Ahora bien: aunque no se pueda contar a las personas, sí se pueden contar las cosas que han construido. Y ahí el rastro es enorme.

Lo que sí se puede medir

La Wikipedia en esperanto se puso en marcha en 2001, impulsada por Chuck Smith, un programador estadounidense. A 30 de agosto de 2026 tiene 388.868 artículos. Para hacerse una idea de lo que significa esa cifra, conviene compararla con la de idiomas que tienen millones de hablantes nativos y un Estado detrás:

WikipediaArtículos
Esperanto388.868
Danés315.618
Griego272.350
Eslovaco261.141
Gallego233.419

¿Y cuántos hablantes de esperanto hay? El cálculo más citado, el del lingüista finlandés Jouko Lindstedt, habla de unas 1.000 personas que lo tienen como lengua materna, 10.000 que lo hablan con soltura y 100.000 capaces de usarlo para comunicarse de verdad. Ethnologue estira la cifra hasta los 2 millones contando cualquier nivel.

Es decir: una comunidad del tamaño de un pueblo grande mantiene una enciclopedia del tamaño de la de un país. Eso no lo hace la buena voluntad sola. Lo hace gente que sabe automatizar.

El mismo patrón se repite en otros sitios. En Tatoeba, la base de datos libre de frases de ejemplo que usan medio mundo los proyectos de traducción automática, el esperanto es la cuarta lengua con 821.013 frases, por delante del alemán, del francés y del castellano. En Duolingo, el curso de esperanto lo montaron voluntarios en 2015 y en año y medio se había apuntado un millón de personas. Y lernu.net, la escuela de esperanto en línea, la creó el 21 de diciembre de 2002 la organización E@I —cuyas siglas significan literalmente Esperanto ĉe Interreto, «esperanto en internet»—, y en octubre de 2018 tenía 320.000 usuarios registrados.

Ninguna de esas cosas la hace alguien que sólo habla el idioma. Las hace alguien que además programa.

Una gramática que se parece a lo que hacen todo el día

La explicación que se da siempre es la de la regularidad, y es cierta, aunque conviene afinarla.

El esperanto se presentó en 1887 con dieciséis reglas de gramática. No tiene verbos irregulares: toda la conjugación se hace cambiando una vocal —-as presente, -is pasado, -os futuro— y el verbo no cambia según quién sea el sujeto. No tiene género gramatical. Y el vocabulario se fabrica combinando raíces con prefijos y sufijos que siempre significan lo mismo. De san (sano) salen sana (sano), malsana (enfermo), malsanulo (un enfermo), malsanulejo (un hospital), malsanuleja (hospitalario). Se aprenden las piezas y se montan.

A quien se pasa el día escribiendo funciones que se llaman unas a otras, esa manera de construir palabras le resulta familiar hasta lo doméstico. No es una metáfora: es la misma operación mental.

Pero hay que quitarle una capa de mito al asunto. El esperanto no es un idioma «lógico» en sentido estricto. Ludwik Zamenhof era oftalmólogo, no matemático, y lo que buscaba era que se aprendiera rápido, no que se pareciera a un sistema formal. De hecho hay excepciones: un puñado de adverbios que son raíces sueltas y no siguen el patrón —hodiaŭ (hoy), nun (ahora), tro (demasiado)—, y modismos que no se deducen de las piezas.

El idioma que sí se diseñó sobre la lógica de predicados fue otro: Loglan, inventado por James Cooke Brown en 1955, y su descendiente Lojban, desarrollado desde 1987. Y ahí sí que la comunidad es casi enteramente técnica. Lo cual sugiere que la regularidad explica una parte de la atracción, pero no toda: si fuera sólo eso, los informáticos estarían en Lojban y no en el esperanto.

Cuarenta años usando el esperanto como pieza de máquina

Ésta es la conexión que casi nunca se cuenta, y es la más sólida de todas: hay informáticos que no llegaron al esperanto por afición, sino por trabajo.

Entre 1985 y 1990, la empresa neerlandesa BSO, de Utrecht, desarrolló el proyecto DLT (Distributed Language Translation) junto al fabricante de aviones Fokker y la Asociación Universal de Esperanto. La idea era traducir en dos saltos: del idioma de origen a una lengua intermedia, y de ésa al idioma de destino. Así, para conectar diez idiomas no hacen falta noventa traductores distintos, sino veinte. La lengua intermedia elegida fue un esperanto modificado, precisamente porque su falta de ambigüedad facilitaba el paso automático. El sistema llegó a un 95 % de acierto en textos técnicos y un 50-60 % en textos generales. Se abandonó en 1990 sin terminar, por falta de financiación.

Veintidós años después, el 22 de febrero de 2012, Google añadió el esperanto a su traductor: fue el idioma número 64. En el anuncio —titulado en esperanto, Tutmonda helplingvo por ĉiuj homoj— el equipo reconoció que la calidad les había sorprendido, porque idiomas como el alemán o el castellano tienen «más de cien veces» más material de entrenamiento, y otros idiomas con tan poco material como el esperanto no alcanzaban ese nivel. Su explicación fue que el esperanto se construyó para que a un humano le resultara fácil, y eso también parece ayudar a la máquina.

Y hay un tercer capítulo, que además nos toca de cerca. Apertium, el motor libre de traducción automática, nació en la Universitat d’Alacant y tiene pares de esperanto con el castellano, el catalán, el inglés y el francés, mantenidos por voluntarios y publicados como software libre. Es decir: a hora y media de aquí hay un laboratorio universitario donde el esperanto lleva años siendo materia de trabajo informático.

Seis letras con sombrero y treinta años peleando con los ordenadores

Hay otra razón, mucho más prosaica y bastante divertida: durante décadas, escribir esperanto en un ordenador fue un problema técnico de verdad.

El alfabeto tiene seis letras que no están en el inglés: ĉ, ĝ, ĥ, ĵ, ŝ y ŭ. Zamenhof eligió el acento circunflejo por una razón muy práctica de 1887: las máquinas de escribir francesas ya lo llevaban como tecla muerta. Lo que no pudo prever es lo que pasaría un siglo después, cuando llegaron los ordenadores y esas seis letras no existían en ninguna parte.

La comunidad respondió inventando soluciones de programador. El sistema h sustituía las letras por dígrafos con hache (ch, gh, jh, sh); el sistema x hacía lo mismo con equis (cx, gx, jx, sx, ux). El sistema x acabó ganando por un motivo que sólo se le ocurre a quien programa: la equis no existe en el alfabeto del esperanto y va al final del alfabeto latino, así que no rompe la ordenación alfabética y permite convertir el texto a la ortografía correcta de forma automática y sin ambigüedad. Después llegó la codificación Latin-3 (ISO 8859-3), y finalmente Unicode, que resolvió el problema para siempre.

Durante treinta años, cualquiera que quisiera escribir esperanto con normalidad tuvo que entender qué es una codificación de caracteres, instalarse distribuciones de teclado y arreglarse la vida. Eso selecciona público. Y también lo forma: mucho esperantista aprendió de codificaciones de texto porque no le quedó más remedio.

Una red antes de que existieran las redes

La tercera explicación es la más repetida, y es correcta: cuando llegó internet, la comunidad esperantista ya estaba organizada exactamente igual que internet.

En 1966, el argentino Rubén Feldman González puso en marcha el Pasporta Servo: una lista de esperantistas dispuestos a alojar gratis en su casa a otros esperantistas de paso. Sin dinero de por medio, por confianza, con un libro impreso como directorio. Hoy tiene unos 2.257 anfitriones. Couchsurfing se fundó en 2004: el Pasporta Servo le lleva casi cuarenta años de ventaja.

Una comunidad de cien mil personas repartidas por todo el planeta, que ya se escribía cartas, ya tenía un sistema de alojamiento distribuido y ya había normalizado hablar con desconocidos de otro continente, no tuvo que aprender nada nuevo cuando aparecieron las listas de correo. Sólo tuvo que mudarse. Y se mudó pronto: en 1999 ya existía una organización dedicada exclusivamente a eso.

Internet no le dio a los esperantistas una manera nueva de relacionarse. Le dio una manera barata de hacer lo que ya hacían.

1887: el primer proyecto de código abierto

Y queda la afinidad de fondo, que merece decirse con todas las letras.

El 26 de julio de 1887, en las primeras páginas del folleto con el que presentó el idioma, Zamenhof renunció a todos sus derechos sobre él y lo declaró propiedad de la sociedad: escribió que una lengua internacional, como cualquier lengua nacional, es propiedad común. Nadie es dueño del esperanto. Cualquiera puede usarlo, enseñarlo, publicar en él o hacer negocio con él sin pedir permiso ni pagar nada.

Eso es, en términos de hoy, poner algo en el dominio público. Y ocurrió cien años antes de que Richard Stallman escribiera la primera licencia GPL.

No es de extrañar que la gente que dedica su tiempo libre a Wikipedia, a Linux o a traducir LibreOffice reconozca el patrón: algo valioso que se construye entre muchos, que no pertenece a nadie y que mejora porque cualquiera puede meterle mano. El esperanto es eso desde el primer día.

Lo que esta explicación no explica

Conviene no pasarse de listo. Hay al menos tres cosas que matizan todo lo anterior:

  • Sesgo de a quién vemos. Quien encuentra el esperanto hoy lo encuentra por internet, y quien está cómodo en internet tiende a ser más técnico que la media. Puede que no haya más informáticos esperantistas, sino que sean los más visibles, porque son quienes montan las webs, los foros y las aplicaciones donde miramos.
  • La comunidad es pequeña. En un grupo de cien mil personas, que veinte programadores muy activos construyan la mitad de la infraestructura basta para dar la impresión de que «esto está lleno de informáticos».
  • No es exclusivo del esperanto. El mismo perfil aparece en el mundo del rol, en la ciencia ficción, en la música antigua o en la fotografía analógica. Cualquier afición minoritaria que exija constancia y tenga una estructura interna que aprender atrae al mismo tipo de persona.

Una última curiosidad

En Silicon Valley hay una empresa de microprocesadores que se llama, literalmente, Esperanto Technologies. La fundó Dave Ditzel, coautor junto a David Patterson del artículo de 1980 que dio nombre a la arquitectura RISC, y fabrica chips con 1.092 núcleos RISC-V en una sola pastilla de silicio. No hemos encontrado ninguna declaración de la empresa explicando el nombre, así que queda como lo que es: una coincidencia muy sugerente.

En resumen

La respuesta corta es que el esperanto y la informática comparten tres cosas: una manera de construir cosas complejas a partir de piezas regulares, la costumbre de trabajar con gente a la que no verás nunca en persona, y la idea de que lo que se hace entre todos no debería ser de nadie.

La informática construye sistemas para conectar máquinas. El esperanto construyó uno para conectar personas. Y las dos cosas se hicieron con la misma herramienta: reglas claras y mucha gente dispuesta a arrimar el hombro gratis.

Si eres de las que programan y esto te suena, en Valencia nos vemos.


De dónde sale cada dato: número de hablantes, cálculo de Jouko Lindstedt y cifras de Ethnologue; artículos de las Wikipedias, de la lista de Wikipedias, consultada el 30 de agosto de 2026; frases de Tatoeba, mismo día; el proyecto DLT; el anuncio de Google, «Tutmonda helplingvo por ĉiuj homoj», 22 de febrero de 2012; Apertium y sus repositorios de esperanto; los sistemas h y x, de la ortografía del esperanto; el Pasporta Servo; lernu.net y E@I; la renuncia de derechos de Zamenhof, del Unua Libro, 26 de julio de 1887; y Lojban.

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